La batalla del Ebro en Pingüinos en París II

Tal día como hoy, hace setenta y ocho años, terminaba la Batalla del Ebro. Era el principio del fin para la II República Española. En mi novela se cuentan estos hechos acaecidos en la madrugada del 16 a 17 de noviembre del 36, concretamente a las 4.30 con la voladura del puente de hierro de Flix, último bastión republicano en la orilla occidental del río Ebro. En la foto de Dimitry Terekhov  el  avión ruso polikarpov i 15 presente en la batalla.

 

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La compañía permaneció en su puesto, su deber era proteger la retirada de los restos de la brigada. En la cercana Flix, aprovechando las sombras nocturnas, la XI y la XV cruzaron por la pasarela tendida en Ribaroja y por el puente de hierro. Los blindados y la brigada 31 se retiraron por la pasarela tendida al sur del pueblo, mientras la 33 lo hacía por la pasarela del norte de Ascó. Los jefazos, es decir, el general Tagüeña, el comisario Fusimaña y Soroka el consejero soviético, pasaron con la XI brigada al otro lado del Ebro.

A las once de la noche dieron a la XIII la orden de replegarse sobre Flix. Aprovechando las sombras nocturnas se apostaron entre las ruinas del pueblo a la espera de un ataque inmediato. Sin embargo, el enemigo avanzó por el lado opuesto para tomar Ascó, oyeron los cañonazos desde sus posiciones y luego un silencio sepulcral. Flix, embolsada sobre el meandro del río, era la última posición republicana al oeste del Ebro.

Fragmento de Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)

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Al Al día siguiente recibieron la orden de replegarse y atravesaron el puente que les devolvería a las posiciones de donde habían partido casi cuatro meses antes. La XIII fue la última en pasar. En la batalla, la República había dejado miles de sus mejores combatientes muertos o prisioneros. Se replegaron en orden, aprovechando una extraña calma en el frente, parecía como si los franquistas les permitieran huir. Tal vez pensaban que no había prisa y que aquel puñado de hombres caería tarde o temprano. La suerte, lo sabían todos, estaba echada.

A las cuatro y media de la madrugada del 17 de noviembre, los pontoneros de la 35 división del Ejército Popular prepararon la voladura del puente de Flix. Hugo y sus hombres pasaron al otro lado, retrocediendo de espaldas para que no les sorprendiera el enemigo. Hugo y Pietro cruzaron los últimos. Cinco minutos después, un estampido les forzó a volver el rostro hacia el puente. Cegados por un gran resplandor apenas pudieron apreciar cómo todo el armazón gemía al ceder la estructura metálica. Tramos y piezas caían con estrépito a las aguas del Ebro. Con aquel puente volaban también las últimas esperanzas. En el aire se escuchaban los acordes de una guitarra lejana para acompañar una canción popularizada en el Jarama con otra letra y que en su origen hablaba de un río rojo, como el Ebro, teñido con la sangre de los valientes: Mira el río y el valle que has dejado, y a este corazón que ahora guarda, la pena tan amarga de tu despedida. La República había perdido la guerra.

Fragmento de Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)

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Presentación de Pingüinos en París, en la Casa de Castilla la Mancha en Zaragoza

Este domingo día 20 de noviembre a las 19h., presentaré la novela en la Casa Regional de Castilla la Mancha. Tengo dos motivos muy importantes: El primero porque en la Casa tengo un montón de amigas y amigos; el segundo porque en la novela aparece uno de los pueblos castellano manchegos en la guerra civil. Se trata de Argamasilla de Calatrava. Allí le pilla la derrota republicana a Martín Bernal.

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Fotos de La Voz de Puertollano

Llegaron al pueblo a eso de las nueve de la noche. Entraron por la carretera de Puertollano que atravesaba la población, dejando atrás las tapias del cementerio. Un escalofrío les recorrió la espalda al pasar frente a ellas. “Solo es un presentimiento”, pensó Martín.

 Un niño, de apenas seis años, empezó a gritar en cuanto aparecieron por las primeras casas.

  • ¡Los nacionales, llegan los nacionales!

Salieron algunos vecinos y pronto se dieron cuenta de que era un grupo de republicanos.

  • Pero ¿qué hacéis por aquí, hijos?, los moros están de todas partes – dijo un anciano.
  • ¿También en Puertollano?
  • Si no han entrado, están a punto.

Llegó hasta el grupo un guardia de asalto de aspecto corpulento.

  • ¿Sois de la CNT?
  • Sí – respondieron confiados.
  • Yo también, compañeros, me llamo Emilio. “Andaros” con mucho ojo. La radio ha dicho que en Ciudad Real y en Puertollano las tropas republicanas se desintegran y los soldados vuelven a sus casas. Y el “parte” de los de Franco pide a todos los soldados que entreguéis las armas y os rindáis.
  • ¿Hay algún lugar en el que podamos dormir sin comprometeros?

Los paisanos se miraron unos a otros, Emilio les recomendó llegarse a los olivares de Sierra Alta a la salida del pueblo al otro lado del río Tirteafuera. Una mujer les ofreció unos chorizos y otra una hogaza de pan; de lo que dieron buena cuenta en cuanto se apostaron entre los olivos manchegos.

Fragmento de Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)

 

La Batalla del Ebro en Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)

 

Uno de los grandes escenarios de la novela es el de las tierras altas del Ebro durante la famosa batalla. La madrugada del jueves día 17 de noviembre se cumple el aniversario de la finalización de esta batalla en la que algunos de  los personajes de Pingüinos en París son sus actores.

La batalla del Ebro fue la más encarnizada de la Guerra Civil Española. El frente estaba dividido por el río Ebro, que servía de frontera natural a los dos ejércitos. El ejército republicano inició una gran ofensiva el día 25 de julio de 1938, con el objetivo de obligar al ejército franquista de Levante, que asediaba a Valencia, para que desviara su atención hacia el frente del Ebro.

 

Algunas fotos de la Batalla del Ebro

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La 46 División avanzando (Foto ABC). Holandeses que luchaban dentro de la  XI Brigada mixta. El oficial que, con gorra de plato y pistola en mano, guia esa escuadra es Piet Laros, que durante los años de la ocupación nazi de los Paises Bajos lucho en la resistencia, y -siendo capturado- fue enviado al campo de concentracion de Buchenwald. Sobrevivió a todo eso, y falleció de muerte natural en 1997. Datos aportados por: Francisco Javier Narbaiza Solozabel.

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El paso del Ebro ( Foto de El Periódico)

El mismísimo general Rojo coordinaría personalmente la batalla. Como capitán de su compañía, pidieron a Hugo que seleccionara entre sus hombres a los mejores nadadores para instruir a sus compañeros; el contraataque sería a través del río. Se incorporaron a la división jóvenes de 18 años y brigadistas internacionales supervivientes de otras unidades. Los hombres bajo el mando de Hugo, encuadrados en la XIII Brigada, pertenecían a media docena de nacionalidades y a españoles de la Quinta del Biberón. Pietro fue uno de los instructores que, junto a los infantes de marina acuartelados en el Delta, enseñaron a remar al resto de la compañía. Reinaba un ambiente de buen humor y las caídas desde las barcas de los improvisados remeros, fruto de su inexperiencia en tales lides, provocaban las carcajadas de sus compañeros; los chapuzones no venían mal entre los calores de julio.          

La madrugada del día 25 cesaron las bromas. Barcazas, pasarelas, hombres y maquinas atravesaron el Ebro. Pasaba un cuarto de hora de la medianoche. El trabajo de los pontoneros había resultado magnífico. En silencio y prestos al encuentro con el enemigo, la brigada cruzó por distintos puntos entre Mequinenza y Amposta. Las tierras del Ebro, repletas de viñedos y olivos, mostraban sus campos que todavía no habían sido arrasados. La luna, escondida aquella noche, apenas alumbraba los peñascos y las sierras que a partir de este momento estarían para siempre ligadas a la batalla. Las alturas de Pàndols y de Cavalls, desde las que se dominaba gran parte del discurrir final del río, contemplaban a las fuerzas republicanas alcanzar la orilla izquierda.

Fragmento de Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)

El frente se extendió a lo largo de sesenta kilómetros, desde Amposta (Tarragona), hasta Mequinenza (Zaragoza). Al exitoso ataque inicial republicano siguió un combate posicional donde ambos ejércitos luchaban ferozmente por cada trinchera y por cada cota. Las muertes entre ambos contendientes superaron la cifra de veinte mil. Muchos cadáveres quedaron dispersos entre las sierras y barrancos de la zona y, todavía hoy, se encuentran restos de osarios y restos de armamento en lugares como El Pinell, Miravert, Ribarroja, Flix, Ascó, la Fatarella o en las Sierras de Pàndols,  Cavalls, Lavall y  en las trincheras de las Cotas 496, la 481 (El grano), o la 705. Todos estos nombres pasaron a la historia de la batalla.

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Fotos de Internet: batallasdeguerra.com

Al despuntar la mañana siguieron avanzando y antes de anochecer habían conquistado Mora de Ebro. A pesar de que el enemigo había provocado una crecida de dos metros del Ebro, abriendo los embalses de Lérida para dificultar el paso del armamento y avituallamiento, el Ejército Popular se sentía fuerte y decidido. Algunos bimotores Tupolev SB-2 Katiuska bombardeaban tenazmente las posiciones golpistas y los Polikarpov se adueñaban del aire. Todo parecía ir sobre ruedas.

De nada sirvieron los contraataques enemigos del día siguiente y su incesante bombardeo a las pasarelas del Ebro. Los pontoneros republicanos fabricaban falsos puentes hechos con alambres y cartón, que se convirtieron en el inútil objetivo de los aviones de la Legión Cóndor. Las pasarelas auténticas, mediante un original mecanismo, permanecían sumergidas en el agua durante el día y eran elevadas a la superficie por la noche para recibir suministros y evacuar a los heridos. Quedaba abierto un frente de más de cuarenta kilómetros de ancho. Capturaban a tantos prisioneros que superaban ampliamente el número de los atacantes.

Tres días después, la brigada alcanzaba las sierras de Pàndols y Cavalls; las planicies del Matarraña quedaban a la vista. Fuerzas de otras divisiones conseguían tomar los montes de la Fatarella. Les mandaron avanzar hasta Gandesa y para ello tenían que tomar la cota 481, en la zona de Puig del l’Áliga que era vital para el control de la zona. Una bandera de la Legión resguardaba la posición.

Se ordenó al batallón británico ocupar la cota. Ascendieron por la colina mientras una lluvia de granadas caía sobre ellos. Las explosiones machacaban a británicos y estadounidenses. Los legionarios gritaban enardecidos. Se repitieron los asaltos hasta en cuatro ocasiones, la mortandad no les asustaba y habían derrochado valor y dignidad, pero la bandera de la Legión seguía sobre la colina…

Fragmento de Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)

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http://www.elmundo.es/elmundo/2011/09/30/galicia/1317404752.html

http://elpais.com/diario/2011/09/25/catalunya/1316912838_850215.html

http://ccaa.elpais.com/ccaa/2012/04/21/catalunya/1335038752_872001.html

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Foto y reconstrucción fotográfica del famoso «Charli», restos encontrados en la Fatarella, que corresponden a un soldado republicano, probablemente catalán. Según fotos e informe bajo la dirección de intervención de Alfredo González Ruibal  y Mª Carmen Rojo Ariza del magnífico trabajo:  EL ÚLTIMO DÍA DE LA BATALLA DEL EBRO
INFORME DE LAS EXCAVACIONES ARQUEOLÓGICAS EN LOS
RESTOS DE LA GUERRA CIVIL DE ,Raïmats, LA FATARELLA
(TARRAGONA). Según publicación del CSIC del 2011 (CONSEJO DE INVESTIGACIONES CIENTÍFICAS)

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BUNKER. Foto El Mundo

Una medianoche, los requetés del Tercio de Nuestra Señora de Montserrat recibieron la orden de atacar la cota 481 desde sus posiciones de la 421. Lo hicieron sin ninguna cobertura, a pecho descubierto, tratando de cortar las dos líneas de alambradas entre la oscuridad. La decena de carros de combate detuvo su avance sin poderles ofrecer cobertura, dos de ellos fueron incendiados desde las trincheras por sendos cócteles Molotoff. Fue una carnicería, las bombas de mano y las ametralladoras de los defensores diezmaron a los asaltantes. Los requetés caían a docenas mientras trataban de esconderse entre viñedos y pedruscos paralizados de terror. No podían ni avanzar ni retroceder, durante nueve horas permanecieron atrapados bajo el fuego de los brigadistas. Hugo Martínez advirtió que eran fuerzas catalanas. La sección que había atacado las posiciones de su compañía estaba aniquilada, aquí y allá los cuerpos de los requetés permanecían inmóviles, aunque algunos todavía seguían con vida; sus ayes lastimeros se escuchaban mientras el día agonizaba. A propuesta de Hugo sus superiores autorizaron un alto el fuego para que los asaltantes pudiesen retirar a sus muertos y heridos. Se asomó por la trinchera con una bandera blanca y ofreció la tregua a los requetés. Como sombras, fueron levantándose de sus parapetos vegetales y minerales y en silencio de muerte recogieron a sus camaradas heridos y moribundos.

Fragmento de Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)

 

 

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Restos de otro combatiente.

Noticia: Hallan los restos de un combatiente de la Batalla del Ebro

Investigadores del CSIC y de la Universitat de Barcelona (UB) encontraron en la línea fortificada de La Fatarella los restos de un soldado republicano que, al parecer, murió sepultado en la trinchera en la que combatió hasta el último momento, cuando aseguraba el repliegue de sus compañeros, que volvieron a cruzar el río derrotados, cinco meses después de lanzar la que fue su última ofensiva.

Leer mas: http://www.europapress.es/catalunya/noticia-hallan-aldover-tarragona-restos-combatiente-muerto-batalla-ebro-20131003185647.html

 

El Ebro fluía tranquilo, el silencio era total cuando los hombres de la 35 División aprovecharon la oscuridad para abandonar el pueblo de la Fatarella. Había que retirarse hacia Flix. Su puente de hierro todavía estaba en condiciones de uso. Los pontoneros tenían camufladas entre arbustos y matorrales tres pasarelas que podían tender en cuanto oscureciera.

En el llamado balcón del macizo de Montredon, una amplia colina áspera, desierta y rocosa, sobre la que se apoya a modo de escalones el enriscado del macizo, la XIII brigada cubría la retirada de las fuerzas propias. La aviación y la artillería fascista les bombardeaban constantemente, protegiendo a las tropas franquistas que avanzan para desalojarles. La compañía de Hugo,      reforzada con soldados españoles procedentes de otras que habían sido diezmadas, ocupaba la vanguardia de las defensas del Montredon. Al atardecer oyeron ruido de aviones, afortunadamente eran los chatos y los moscas republicanos. Cuarenta y cinco aparatos iniciaron su vuelo rasante y ametrallaron a los atacantes; el enemigo se detuvo en seco. Al caer la noche, el macizo se convirtió en un teatro de sombras que jugaban con el cuarto creciente de la luna…

Fragmento de Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)

La batalla del Ebro contada en dos partes por TVE

 

Museo de la Batalla del Ebro en Fayón

 

El «casino» de madame Sitrì en Pingüinos en París

Como ya os he contado, en la bella ciudad de Livorno existió un famoso «casino», es decir, un burdel de lujo que no tenía nada que envidiar a los de París. Su propietaria, madame Sitrì era una bella mujer que regentó el lugar desde 1927 hasta  su cierre definitivo en 1958. El «casino» y madame Sitrì son una parte muy importante en el desarrollo de la novela.

Una reseña rememorando el lugar hecha por el periodista   Italo Cucci  en L’Indipendente, decía:

la Sitrì, dalle parti dei Quattro Mori, luogo di delizie borghesi frequentato soprattutto dai cadetti di marina che noi chiamavamo baccalà perché andavano tutti impettiti nelle eleganti divise blu con gli spadini. Mille lire e l’accogliente Signora di quel sito tante volte sognato che ti offriva anche lo spumante, e le ragazze erano più sciccose, più morbide, forse senza storie strappalacrime.

Que traducido dice más o menos.

El casino de madame Sitrì, cerca de la plaza de los Cuatro Moros (1), lugar de delicias burguesas, frecuentado sobre todo por los cadetes navales a quienes llamaban «bacalaos», ya que todos acudían con sus uniformes azules y sus elegantes espadines. Mil liras, y la acogedora dama les ofrecía en aquel lugar, tantas veces soñado, vino espumoso, y a sus pupilas, que eran las más elegantes, las más suaves; sin desgarradoras historias que contarles.

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Madame Sitrì , por el pintor Renato Natali (Livorno 1883-1979)

(1) diez minutos andando.

Tal vez una de las chicas del «casino». Retrato al pastes de Renato Natali

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MADAME SITRI, tomado de la página de la Comuna de Livorno

 http://www.comune.livorno.it/_cn_online/index.php?id=441
La Sitrì, come la ricordano i livornesi, fu una celebre maitresse che gestì per anni una delle case chiuse più lussuose della città. Chi la conobbe, la ricorda come una donna di un fascino particolare, elegante, ottima manager.
Erano diverse le case di piacere a Livorno prima dell’entrata in vigore della Legge Merlin nel 1958, ma la più famosa fu sicuramente quella gestita da Madame Sitrì in Piazza Mazzini dove, come ha ricordato lo stesso Enzo Biagi «Era anche il tempo dei casini […]. C’è ancora chi li ricorda con rimpianto. Diciamo che a Livorno; in quello gestito da Madame Sitri; si era formato il meglio della nostra flotta».
I frequentatori del casino della Sitrì erano di estrazione sociale elevata – qui arrivavano cadetti e rampolli di casa Savoia – come elevati erano, del resto, i suoi costi (si arrivava a pagare perfino mille lire). Il servizio però era esclusivo: camere con tutti i comfort e ragazze controllate settimanalmente da un medico.
Madame Sitrì accoglieva i giovanotti e se, dopo essersi trattenuti sui divani con le sue dipendenti non si decidevano a salire in camera, era lei a convincerli in qualche modo.
I sigilli sul bordello più  famoso di Livorno – cantato anche dall’artista Bobo Rondelli  nel bellissimo testoMadame Sitrì – arrivarono, come sui portoni di tutte le case di piacere italiane, il 20 settembre 1958, con l’entrata in vigore della Legge Merlin (dal nome della senatrice senatrice socialista Lina che la propose).

Que traducido dice más o menos:

La Sitrì, tal y como la recordamos los livorneses, fue una famosa señora que dirigió  durante muchos años uno de los más lujosos  burdeles de la ciudad. Aquellos que la conocieron la recuerdan como una mujer con un encanto especial, elegante y excelente gestora.

Existían varias  casas de placer de Livorno, antes de la entrada en vigor de la Ley Merlin en 1958, pero el más famoso fue sin duda el dirigido por la señora Sitrì en la Piazza Mazzini, donde, como recuerda  Enzo Biagi :»Aquel fue el tiempo de los  casinos. Todavía hay quienes los recuerdan con nostalgia». Decíamos en Livorno que  en el casino de madame Sitrì  «se había formado lo mejor de nuestra flota «. Los clientes del casino  eran de clase alta  – entre los que se contaban cadetes y vástagos de la Casa de Saboya –  y sólo aquellos que  podían permitírselo  (costaba mil liras por servicio). Pero este era exquisito y exclusivas sus habitaciones que gozaban de todas las comodidades. Las meretrices eran controladas semanalmente por un médico. Madame Sitrì daba la bienvenida a los jóvenes y si, después de haber sido atendidos en los sofás por sus pupilas, decidían no subir a las habitaciones, madame Sitrì buscaba el modo de convencerlos. El cierre del burdel más famoso de Livorno –  cantado por el artista Bobo Rondelli en el bellísimo texto de su canción, Madame Sitrì – llegó, como el de todas las casas de placer italianas, el 20 de septiembre de 1958, con la entrada en vigor de la Ley Merlin. 

 

Kristallnacht II ¿Qué fue de Herschel Grynszpan? todo en Pingüinos en París

Herschel Grynszpan cometió un crimen de amor y esto desencadenó la noche del 9 al 19 de noviembre la Kristallnacht. Pero ¿qué fue de él?

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Herschel fue detenido y conducido a la cárcel de Fresnes cerca de París, más tarde cuando los nazis ocuparon París se lo llevaron a Alemania, donde Hitler quería dar un gran ejemplo de cómo tratar a los judíos.

Herschel Grynszpan sintió el tremendo estallido de una bomba inglesa alcanzar una ala del edificio de la cárcel de Magdeburgo. Se sentó en el suelo y comenzó a temblar como cuando sus guardianes venían a buscarle para someterle a tortura. Hacía ya meses que esto no sucedía, sus celadores tenían otras cosas más importantes que hacer. Pensó que se habrían olvidado de él y tal vez tuviese razón; su pecado de amor, que le había conducido al asesinato, ni siquiera era ya recordado por los nazis; bastante tenían con organizar la defensa de su territorio ante el avance de los rusos por el este y el de los norteamericanos, ingleses y franceses por el oeste. Conocía los penúltimos sucesos del frente por otros compañeros de cautiverio y por algunas conversaciones de sus guardianes, las cosas no le iban demasiado bien al Reich de los mil años. Habían tratado de juzgarle en diversas ocasiones, de hecho el mismísimo Goebbels le prometió a Hitler un proceso y un castigo que escarmentara a los judíos. Sin embargo, el peligro de que el joven hablara de las relaciones íntimas con su víctima, hizo que se aplazara continuamente su presencia ante un tribunal especial y, a estas alturas, el caso Grynszpan había sido relegado al baúl de los recuerdos. 

Fragmento de Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)

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PARA SABER MÁS DE SU HISTORIA NO LO ENCONTRARÉIS EN SUS BIOGRAFÍAS PERO SÍ EN LA NOVELA…

La noche de los cristales rotos (Kristallnacht) en Pingüinos en París

La noche del 9 al 10 de noviembre de 1938 se recuerda como La noche de los cristales rotos o  Kristallnacht. Fueron  una serie de asaltos y ataques combinados en Alemania y Austria  llevados a cabo contra ciudadanos judíos y negocios de propiedad judía, incluida la quema de Sinagogas, por las Tropas de Asalto  de las SA, apoyadas por parte de la población civil. Los hechos se relatan en la novela y también la excusa para tales atropellos, que fue la del asesinato de un diplomático alemán tal día como mañana 7 de noviembre ( en 1838).  Ernst vom Rath era el secretario de la embajada alemana en París  y su asesino  un joven judío polaco de origen alemán llamado Herschel Grynszpan. En la novela podréis encontrar esta historia, incluido  qué paso con Herschel Grynszpan después de los hechos.

 

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Miles de nazis se lanzaron a la calle en una reacción supuestamente espontánea contra el suceso de París. Aquella fue la “Noche de los cristales rotos” o Kristallnacht. Las calles de Berlín se cubrieron de una alfombra de vidrios rotos que chispeaban bajo la luz de las antorchas, y las sinagogas de varias ciudades ardieron con el fuego purificador de los intolerantes. El “mártir”, como ya llamaban los alemanes a Ernst vom Rath, había sido vengado. Europa consentía a Hitler sus atrocidades, muy pronto lo pagaría.

Fragmento de Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)

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El diplomático alemán Ernst vom Rath

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Herschel Grynszpan

 

Transcurridos varios días, Herschel aún no tenía noticias de Ernst. Ni siquiera le había llamado. Fue a verle a la embajada. El alemán lo llevó a una terraza cercana.

– Por Dios Herschel, me comprometes. No sabes cómo están las cosas… soy miembro del partido.

– Ya, si saben que te acuestas con un judío, se acabó tu carrera política.

– Así es, no quiero… no puedo verte más, Herschel. Olvídame.

El joven polaco se marchó. Todo su mundo se había venido abajo. No sabía si le dolía más la situación de su familia o la actitud cobarde de Ernst.  Ya en casa de sus tíos, escribió una carta para sus padres:

Queridos padres, no puedo hacer otra cosa. Que Dios me perdone. Mi corazón sangra cuando oigo hablar de la tragedia de 17.000 judíos. Debo protestar para que el mundo entero me escuche…  Perdónenme. Herschel

  A la mañana siguiente salió de casa antes de las nueve, compró un revólver y munición por algo más de doscientos francos y se dirigió a la embajada alemana. Ernst vom Rath le recibió visiblemente furioso.

– Ya te dije que no quería verte más.

Herschel sacó el revólver de su gabardina.

– Solamente eres un sucio boche – dijo y disparó cinco tiros, tres de ellos dieron en el abdomen del alemán; la cristalera que quedaba a su espalda saltó hecha pedazos.

Herschel se quedó allí plantado, sin soltar el arma y viendo cómo Ernst se retorcía de dolor. Así le encontró la policía. No opuso ninguna resistencia cuando le arrestaron. Inmediatamente fue enviado a la cárcel juvenil de Fresnes, cercana a París. Una ambulancia trasladó al diplomático alemán al hospital…

Fragmento de Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)

Lili Marleen, una de las canciones que aparecen en Pingüinos en París

Un símbolo de la II Guerra Mundial fue la canción Lili Marleen. En la novela se explica el momento en que la canción pasa a ser patrimonio de todos los combatientes. De uno y otro bando. Su interprete ideal fue la actriz Marlene Dietrich.

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Mientras tanto, como una promesa de que los pueblos podrán entenderse mejor con la música que con la guerra, una canción escrita durante la Gran Guerra y  basada en el poema “La canción de un joven soldado de guardia” del alemán Hans Leib,  armonizada por Norbet Schultze, se estaba popularizando en el frente africano entre las tropas del Afrika Corps. A través de las ondas, diariamente a las 21.57, recorría trincheras y frentes, salvando la barrera de los idiomas, las patrias y las necedades, contando simplemente la historia de amor de un hombre y una mujer. Lili Marleen, sería el canto de paz de millones de combatientes de una u otra bandera. La radio había hecho un nuevo milagro.

Fragmento de Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)

Con un de los mejores subtítulos en español que he encontrado.

 

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Luise Rainer, ganadora de dos Oscar, en Pingüinos en París

Luise Rainer, ganadora de dos Oscar es otro de los personajes que aparecen en la novela. Aquí os dejo algo de su historia y algún párrafo de sus apariciones en el libro.

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Haceros seguidores de esta página pulsando en el recuadro correspondiente. Sabréis mucho sobre la novela y sus personajes.

Luise Rainer fue una estrella del cine y del teatro nacionalizada en Estados Unidos pero nacida el 12 de enero de 1910 en Düsseldorf (Alemania). En 1935 se mudó a Hollywood por  temor a su ascendencia judía. Su primera película en el cine americano fue en Escapade. En sus  dos películas siguientes ganó sendos Oscar consecutivos. El primero de ellos por El gran Ziegfeld (1936) donde interpretaba a  Anna Held y el segundo por La buena tierra (1937), donde interpretaba a la resignada campesina O-Lan. Fue una entusiasta defensora de la República Española, recogiendo fondos  para ayudar a los niños españoles. Falleció en Londres el 30 de diciembre de 2014.

 

 

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En una de las mesas del Biltmore Hotel, Louis B. Mayer todavía confiaba en que la Metro se llevaría alguna de las estatuillas. Hubiera querido que Luise estuviese allí, no consideraría ninguna vergüenza que su pupila fuese derrotada por la Lombard, además confiaba en que El Gran Ziegfeld obtuviera el premio a la mejor película. Comentaba nerviosamente con su esposa Margaret Shenberg y con el jefe de publicidad de la MGM, Howard Strickling, los pormenores de la velada. Desde el improvisado escenario, el maestro de ceremonias George Jessel iba anunciando los premios. Al llegar al de mejor actriz pidió a Bette Davis, vencedora el año anterior, que hiciera la entrega de la estatuilla a la nueva ganadora. El nombre de Luise Rainer sonó fuerte y potente en toda la sala. Mayer pegó un brinco y ordenó a Howard que saliera pitando para traerse a Luise a la ceremonia, mientras rogaba a Jessel que continuara con el resto de los premiados hasta que llegara su actriz.

Fragmento de «Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)»

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Su boda en 1945

Nicoletta Cervi trató de imaginar el rostro de su amiga: sereno y sonriente a la par, dos cualidades que la habían convertido en su día en una gran estrella del teatro y del celuloide. Notó la impaciencia de su interlocutora a través del auricular y prosiguió con la narración para que su amiga no perdiera detalle.

        –     Están formadas varias unidades del ejército y la banda de L’Armée interpreta una nueva pieza. Espera, ahora llega Anne Hidalgo, ¿recuerdas que te hablé de ella?

          –   Imagino lo orgullosa que se sentirá. ¿Y nuestra bandera?

          –   Sí, Luise, ondea junto a la francesa como en los dos años anteriores, hay estandartes de regimientos franceses y de asociaciones de combatientes…

Escuchó gemir al otro lado del teléfono. – No llores Luise, es todo muy bonito.

            –  Perdona Nicoletta, cuando superas la centena cada vez cuesta más retener las lágrimas… de alegría. Me viene a la memoria una frase de aquel director sueco…  

            –  ¿Ingmar Bergman?

            –  El mismo. Solía decir poco más o menos que envejecer es como escalar una gran montaña: mientras se sube las fuerzas disminuyen, pero la mirada es más libre y la vista más amplia y serena.

Fragmento de «Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)»

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Segundo Oscar

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Primer Oscar

 

Aquel año habían sido nominadas para mejor actriz una pléyade de estrellas hollywoodienses que eclipsaban a las celestiales, entre ellas Carole Lombard por su interpretación en la película Al servicio de las damas. Algunos medios de comunicación pronosticaban su triunfo; iba a conseguir su primer trofeo de la Academia. En el salón del Biltmore Hotel de Los Ángeles, todos los invitados estaban pendientes de la actriz. Su papel en el film merecía muchos menos elogios que su imagen encantadora y radiante que había conseguido cautivar al mismísimo Clark Gable, desde que habían coincidido en el rodaje de Casada por azar.   

En su casa, Luise Rainer, observaba a lo lejos las luces del Pueblo de Nuestra Señora la Reina de los Ángeles del río Porciúncula, como la bautizaron sus fundadores españoles, y a la que ahora todo el mundo conocía como Los Ángeles. Imaginaba la Grand Avenue repleta de un público enfervorizado y a los invitados al acto impacientes por conocer a los ganadores. Su jefe Louis B. Mayer había insistido hasta la saciedad para que asistiera a la entrega de premios, no en balde ella también estaba nominada a la mejor actriz por El Gran Ziegfeld. Sin embargo, convencida de que el premio recaería en Carole, prefería disfrutar de una velada tranquila con su esposo Clifford. Sus certidumbres tenían una base sólida, pese a estar muy satisfecha con su papel. Era, tan solo, su segunda película, el primer musical, y la Lombard una rutilante estrella con docena y media de exitosas películas en su haber y convertida en protagonista de La reina de Nueva York.  Sabía que Hollywood era un mundo difícil y ella apenas hacía dos años que había aterrizado en los Estados Unidos. Por otra parte, era conocida por su apoyo a la causa republicana española y el mundo del cine desconfiaba de su ascendencia alemana. Un coctel demasiado explosivo para ser saboreado sin atragantarse por el público americano, complaciente con divorcios, infidelidades y escándalos, pero poco indulgente con los temas políticos y las ideas progresistas.  

Fragmento de «Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)»

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La famosa foto que le hizo Capa frente L’Opera  Garnier de París

Les propuso acompañarle a un reportaje fotográfico para Luise Rainer, una estrella de Hollywood, alemana y judía como Gerda, ahora residente en los Estados Unidos donde había ganado dos Oscar en los años 1936 y 1937. Ellos aceptaron gustosos la invitación, conocían la fama de Luise como ferviente defensora de la República Española y que gracias a su ayuda Joris Ivens había podido rodar en el 37, Spanish Earth, un documental sobre la guerra española y que costó una discusión entre sus dos guionistas John Dos Passos y Ernest Hemingway, quien, además, prestaría su voz como narrador.

Fragmento de «Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)»

 

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Frente a su estrella en el Paseo de la Fama de Los Ángeles.

 

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Con Albert Einsten

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Con otras estrellas

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Con Charlie Chaplin

 

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Miguel Hernández en Pingüinos en París

Hoy es el aniversario del nacimiento del poeta, 30 de octubre de 1910 en Orihuela.

Aunque no es un personaje principal, el poeta Miguel Hernández aparece en la novela. Él es quien escribe un bello poema para los brigadistas internacionales en su despedida de España  por los acuerdos de Ginebra. La participación en la guerra de ciudadanos de diferentes estados extranjeros vulneraba las estipulaciones firmadas por el pacto de no-intervención. El compromiso suponía la repatriación de los combatientes foráneos en la contienda española, una cifra que se estimaba en alrededor de diez mil hombres por cada bando y que el bando franquista no cumplió.

Si hay hombres que contienen un alma sin fronteras,

una esparcida frente de mundiales cabellos,

cubierta de horizontes, barcos y cordilleras,

con arena y con nieve, tú eres uno de aquellos.

Poema de Miguel Hernández para los brigadistas internacionales.

 

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Negrín y Companys precedieron al resto de autoridades que fueron ocupando posiciones en la tribuna mientras eran vitoreadas por la población congregada, eran las cuatro y media de la tarde. El general Rojo y el doctor Negrín se dirigieron en coche al palacio Presidencial para recoger a Manuel Azaña, jefe de Estado. Se inició el desfile bajo un enorme entusiasmo popular. Nicoletta se alejó unos metros del bullicio, pensaba en Hugo ¿Seguiría vivo? ¿Qué peligros y calamidades estaría soportando? La aviación lanzó de nuevo octavillas, esta vez era un poema dedicado a los brigadistas, firmado por un tal Miguel Hernández. Era emotivo, hasta hermoso. Tal vez Hugo y Pietro lo habían leído antes que ella, el último verso decía:

«A través de tus huesos irán los olivares

desplegando en la tierra sus más férreas raíces,

abrazando a los hombres universal, fielmente.»

Fragmento de Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)

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ELEGIA A RAMÓN SIJÉ

(En Orihuela, su pueblo y el mío, se me ha
muerto como del rayo Ramón Sijé, con quien
tanto quería.)

Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.
.
Alimentando lluvias, caracoles
Y órganos mi dolor sin instrumento,
a las desalentadas amapolas
.
daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler me duele hasta el aliento.
.
Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.
.
No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.
.
Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.
.
.Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.
.
No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.
.
En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofe y hambrienta
.
Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte
a parte a dentelladas secas y calientes.
.
Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte
.
Volverás a mi huerto y a mi higuera:
por los altos andamios de mis flores
pajareará tu alma colmenera
.
de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.
.
Alegrarás la sombra de mis cejas,
y tu sangre se irá a cada lado
disputando tu novia y las abejas.
.
Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.
.
A las aladas almas de las rosas…
de almendro de nata te requiero,:
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.

 

 

Pingüinos en París: Livorno, el casino de madame Sitrì

Parte de la acción de la novela ocurre  en Livorno donde una de mis personajes, madame Sitrì, regenta el más famoso «casino»de la Toscana.

 

 

 

Aquella noche de vino y conversación política derivó, casi sin pretenderlo, en la proposición de Pietro para hacer una visita al famoso Casino de Madame Sitrì.  Hugo no precisó traducción puesto que cuando algo iba mal o cuando hablaban de los gobiernos del Duce, la frase preferida de sus amigos era: “Questo è un casino”, es decir, “esto es una casa de putas”. Por tanto, el español supuso, y con toda la razón, que la casa de madame Sitrì no sería ningún lugar de recogimiento. Por el camino le detallaron que el prostíbulo gozaba de todas las bendiciones, no eclesiásticas, pero sí de sus clientes, entre los que se contaban los “camisas negras” más influyentes, la aristocracia toscana, algunos obispos y un par de cardenales. Lo más granado de la clientela eran los “bacalaos” y no se trataba de ningún influyente noruego, los así llamados eran los oficiales y cadetes de la cercana Academia Naval. Acudían a la mansión de meretricio embutidos en sus brillantes uniformes azules de guardiamarinas y con su espadín protocolario ceñido al cinto. Todo un espectáculo.

Extracto de «Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)»

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Los tres muchachos permanecían embelesados, conmocionados por los vapores del “hada verde”, con la mirada puesta en todos los movimientos de aquellas ninfas. Los grandes espejos multiplicaban sus pasos, cadenciosos y volátiles como el de nubes con ligueros. Allí, en la pared, enmarcado en dorados como los azogues y los bellos cuadros, un cartel anunciaba el Casino da Madame Sitrì en letras grandes y en otras más pequeñas se leía: Qui non si fa franella, ma si tromba, allí no se iba charlar ni tampoco a pasear el palmito; pero se trompeteaba, es decir, se hacía el amor…

Extracto de «Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)»