La batalla del Ebro en Pingüinos en París II

Tal día como hoy, hace setenta y ocho años, terminaba la Batalla del Ebro. Era el principio del fin para la II República Española. En mi novela se cuentan estos hechos acaecidos en la madrugada del 16 a 17 de noviembre del 36, concretamente a las 4.30 con la voladura del puente de hierro de Flix, último bastión republicano en la orilla occidental del río Ebro. En la foto de Dimitry Terekhov  el  avión ruso polikarpov i 15 presente en la batalla.

 

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La compañía permaneció en su puesto, su deber era proteger la retirada de los restos de la brigada. En la cercana Flix, aprovechando las sombras nocturnas, la XI y la XV cruzaron por la pasarela tendida en Ribaroja y por el puente de hierro. Los blindados y la brigada 31 se retiraron por la pasarela tendida al sur del pueblo, mientras la 33 lo hacía por la pasarela del norte de Ascó. Los jefazos, es decir, el general Tagüeña, el comisario Fusimaña y Soroka el consejero soviético, pasaron con la XI brigada al otro lado del Ebro.

A las once de la noche dieron a la XIII la orden de replegarse sobre Flix. Aprovechando las sombras nocturnas se apostaron entre las ruinas del pueblo a la espera de un ataque inmediato. Sin embargo, el enemigo avanzó por el lado opuesto para tomar Ascó, oyeron los cañonazos desde sus posiciones y luego un silencio sepulcral. Flix, embolsada sobre el meandro del río, era la última posición republicana al oeste del Ebro.

Fragmento de Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)

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Al Al día siguiente recibieron la orden de replegarse y atravesaron el puente que les devolvería a las posiciones de donde habían partido casi cuatro meses antes. La XIII fue la última en pasar. En la batalla, la República había dejado miles de sus mejores combatientes muertos o prisioneros. Se replegaron en orden, aprovechando una extraña calma en el frente, parecía como si los franquistas les permitieran huir. Tal vez pensaban que no había prisa y que aquel puñado de hombres caería tarde o temprano. La suerte, lo sabían todos, estaba echada.

A las cuatro y media de la madrugada del 17 de noviembre, los pontoneros de la 35 división del Ejército Popular prepararon la voladura del puente de Flix. Hugo y sus hombres pasaron al otro lado, retrocediendo de espaldas para que no les sorprendiera el enemigo. Hugo y Pietro cruzaron los últimos. Cinco minutos después, un estampido les forzó a volver el rostro hacia el puente. Cegados por un gran resplandor apenas pudieron apreciar cómo todo el armazón gemía al ceder la estructura metálica. Tramos y piezas caían con estrépito a las aguas del Ebro. Con aquel puente volaban también las últimas esperanzas. En el aire se escuchaban los acordes de una guitarra lejana para acompañar una canción popularizada en el Jarama con otra letra y que en su origen hablaba de un río rojo, como el Ebro, teñido con la sangre de los valientes: Mira el río y el valle que has dejado, y a este corazón que ahora guarda, la pena tan amarga de tu despedida. La República había perdido la guerra.

Fragmento de Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)

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