La Nueve en la Sexta

Ayer la Sexta hizo un interesante programa de los españoles que lucharon en la II Guerra Mundial. Entre el relato general se hizo hincapié en la liberación de París por parte de La Nueve, hechos que aparecen relatados en  “Pingüinos en París”.

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https://www.lasexta.com/programas/sexta-columna/noticias/paris-fue-liberada-por-soldados-espanoles-la-parte-de-la-historia-que-francia-borro-durante-60-anos_201810195bca3a710cf2fd517384fc84.html

La Sexta

El programa contó con la aparición de mi amiga Evelyn Mesquida autora de La Nueve y prologuista de mi novela.

Fue un programa reivindicativo y muy entretenido con algunos errores de bulto, pero muy significativo después de tantos años de olvido. Uno de los gazapos de los guionistas de la Sexta fue insistir e insistir en llamar tanques a los carros de combate y a los half track que eran los que llevaban nombres españoles en sus carrocerías. Podéis verlos a todos en esta misma página en el siguiente enlace.

Los vehículos de La Nueve

Almiral Buiza, Manuel Morillas

 

Otro de los gazapos de la Sexta fue el de hablar de “olvidos injustos” cuando mencionaron a Armando Granell, segundo de La Nueve, mostrando una foto con el capitán Dronne preparando el asalto a la Telefónica de París  y “olvidaron” que otro de los oficiales que aparecen en la misma foto era Martín Bernal, apodado Garcés, un zaragozano que recibió varias cruces de guerra, una de ellas por el asalto que estaban planeando y que, posteriormente, fue nombrado caballero de la Legión de Honor por sus heroicidades en la Segunda División Blindada de Leclerc y concretamente  en La Nueve. 

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El jeep de Dronne, con gorra de oficial, a su derecha, apoyado en el vehículo, Martín Bernal; a su izquierda, de pie, Amado Granell y el soldado Perlian. (foto archivo autor)

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Amado Granell encabezó el desfile del día 26 a bordo de su Tatra, seguido del Santander. Algo más atrás estaba Martín, a bordo del half- track Teruel.

Para conocer la historia de Martín Bernal

 

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14 de septiembre en la Cartuja Baja, Zaragoza.

Hoy 14 de septiembre es el aniversario de unas muertes dolorosas e inútiles ocurridas en el barrio de la Cartuja Baja de Zaragoza. En Pingüinos en París relato esta historia y quiero que sirva de homenaje a los que murieron y para que jamás vuelva a repetirse.

 La Cartuja, Zaragoza, 1936. La huida

Manuel Garcés, Martín y Paco prepararon lo imprescindible para escapar de la Zaragoza ocupada. Sabían que, apenas una docena de kilómetros al este, se encontrarían con las milicias anarquistas procedentes de Barcelona que pretendían reconquistar la capital maña. Así que decidieron tratar de llegar a Pina de Ebro en poder de la Columna Durruti. Hablaron con el alcalde socialista del barrio, Vicente Martínez.
– Deberíamos irnos todos, esta gente fusila a mansalva – le dijo Martín.
– No podemos abandonar a nuestras familias. Supongo que, después
de este agosto de pesadilla, se les habrá calmado la sed de sangre.
No hemos hecho nada, salvo tener ideas propias – respondió el alcalde.
– Ahí les duele. Cualquier idea que no sea fascista no la entienden.
– Hasta ahora no ha habido represalias en La Cartuja.
– Sí, aunque los falangistas de María de Huerva buscan acojonar a toda la periferia.
– Eso es cierto, aun así, nos quedamos. Solo puedo desearos que tengáis cuidado con las patrullas y mucha suerte.
– Lo intentaremos.

Martín lo tenía ya hablado hacía varias semanas con Carmen, ella y las niñas abandonarían La Cartuja y se trasladaría a la calle Triana de Zaragoza en el barrio de Torrero, donde vivían los padres de Martín. Besó a las niñas y prometió a Carmen que en cuanto terminara la guerra volverían a estar juntos en una República consolidada y libre de golpistas. Se reunió con Paco y Manuel y empezaron a andar hacia aquella frontera que separaba dos concepciones de vida; el barrio cartujano fue quedando escondido entre las primeras penumbras.
Tenían que recorrer unos cuarenta kilómetros, siempre paralelos a la carretera de Castellón, sin acercarse demasiado a las poblaciones. Seguirían la ribera del Ebro por la zona de los galachos y pasarían al otro lado por un frente de guerra que partía en dos todo Aragón. Era una primera línea de combate que dividía dos mundos radicalmente opuestos en una franja de apenas cinco o seis kilómetros.
En el oeste, los sublevados imponían el terror del régimen fascista de Burgos, devolviendo las tierras y los privilegios a gentes que nunca las habían amado, por lo menos no tanto como los agricultores.
Un mundo piramidal cuyo símbolo era la cruz y la espada,
dos dignos iconos que, en manos equivocadas, son el tripalium entendido como instrumento de explotación y tortura para obreros y campesinos, como en la antigua Roma lo fue para los esclavos. En el este, pueblos que abrazaban las ideas más avanzadas del comunismo libertario, colectivización, anulación de la propiedad y agnosticismo o ateísmo y cuyo símbolo era la bandera negra y roja del anarquismo y que entendían el tripalium como la etimología de la palabra trabajo.

En La Cartuja, Teodoro Moreno Ginés, jornalero y militante de la CNT, se hallaba de visita a sus hermanos para ayudarles en unas obras familiares. Vivía en Barcelona hacía ya unos cuantos años, y pasar un tiempo en su lugar de origen le pareció una excelente idea. La sublevación militar le pilló tomándose unos vinos en el Casino Republicano con los Clavería, amigos de infancia y de charanga. No podía regresar a Barcelona sin atravesar aquella frontera que separaba dos concepciones sociales radicalmente opuestas y decidió esperar acontecimientos.
El lunes 14 de septiembre amaneció tranquilo y despejado. El barrio zaragozano olía a pan recién hecho. Un hombre lo traía de Zaragoza para que su cuñado lo vendiera en la pequeña panadería del barrio. Era un tipo sencillo que todavía no tenía claro cuál era la situación que estaba viviendo la ciudad; él se limitaba a hacer su trabajo diario.
Sobre las diez de la mañana apareció una camioneta con varios hombres con monos de guardias civiles que traían una lista con nombres, a buen seguro fruto de una delación. Primero fueron a por el alcalde Vicente Martínez y le detuvieron. Luego, se dirigieron a la tienda que regentaba Florentín Clavería, en la que se vendía desde una aguja hasta un tonel, le pillaron entre tomates y verduras que ofrecía a unas clientas. Corrió la alarma por todo el barrio. Los supuestos componentes de la Benemérita encaminaron sus tristes pasos a la vivienda de los Moreno, conocidos cenetistas. La casa estaba al otro lado de la carretera entre dos graveras de cerca de cinco metros de profundidad y del tamaño de un campo de fútbol. Era una casa de campo de un solo piso, como las que representa cualquier niño en la escuela. Techo de tejas rojas de dos vertientes, una puerta central, una ventana superior en la fachada y una gran higuera al lado.

Advertidos por algunos vecinos los Moreno se escondieron en las ramas protectoras de la higuera. El suboficial al mando llamó al portón con brusquedad. Abrió una mujer con aspecto asustado.
– ¿Eusebio Gómez y Manuel Moreno? – dijo, sin tan siquiera identificarse.
– Están regando los campos… En el Pedregal o en Peñas Abantos.
El cabecilla de grupo la miró con incredulidad. Toda la escena era contemplada desde la higuera por Eusebio y Manuel que apenas respiraban. El suboficial hizo una señal para que dos de sus hombres entraran en la casa. Al cabo de unos minutos aparecieron de nuevo.
– No hay nadie – dijeron, encogiendo los hombros.
– Bien, en cuanto aparezcan que se presenten en la plaza. Si no, volveremos a por ellos – amenazó el sargento a las asustadas esposas.
Salió el grupo, un tanto frustrado por lo infructuoso de la búsqueda,
y como una burla del destino se toparon con Teodoro que iba a advertir a sus hermanos.
Una camioneta de puertas amarillas, custodiada por dos números de la benemérita, esperaba en la plaza. Obligaron a subir al alcalde y a los otros dos arrestados. Apareció otro piquete con el presidente y el secretario del Casino Republicano y el panadero zaragozano que, por un error de identidad y pese a su insistencia de que estaba allí solo de paso, había sido también apresado, “Yo soy Eduardo”, repetía atemorizado. Por último, cumplimentaron su ingrato cometido con la detención del practicante del barrio Manuel Gutiérrez, que era miembro del PCE. Se les dijo que iban a ser interrogados en Zaragoza. Mientras tanto, Manuel Moreno y Eusebio Gómez
bajaron del árbol, cogieron cuatro cosas y escaparon a Torrecillas para intentar llegar a la zona republicana.
La camioneta con los presos tomó dirección a la capital, hacia el barrio de Torrero. Los prisioneros sintieron una incontenible angustia al ver la silueta de cárcel. Sin embargo, la comitiva prosiguió su marcha por la carretera de Valencia. Atravesaron varias localidades hasta llegar a María de Huerva, entonces se desviaron dejando atrás los arrabales del pueblo. El camión se detuvo en el lado izquierdo del llamado Barranco Salado en un punto de la intersección de la vía del ferrocarril. Los pretendidos guardias civiles descendieron del vehículo, abrieron el portón para que bajasen los detenidos y sin mediar palabra fusilaron a todos los prisioneros.
En aquel mismo momento Manuel Garcés, Martín y Paco Bernal
llegaban a un meandro de escasa profundidad, pese a la crecida
que había tenido lugar aquella primavera. Una vez en la orilla republicana, entre Osera y Pina, esperaron los primeros destellos del amanecer; hubiese sido muy arriesgado tratar de encontrar a las milicias por la noche. Así que, al aparecer las primeras luces, enarbolaron una bandera blanca y otra cenetista y caminaron unos cientos metros hasta que una patrulla de la columna Durruti les dio el alto. “Salud, camaradas, tierra y libertad”, gritó Martín. Apenas dos horas después ya eran miembros de las fuerzas anarcosindicalistas de Aragón.
Por su parte, Manuel Moreno y Eusebio Gómez tuvieron menos suerte. Se despertaron al amanecer para proseguir su camino. Habían dormido al raso y estaban entumecidos. Cargaron el macuto y prosiguieron en dirección este; desconocían el fatal final de sus parientes y vecinos. Les pareció ver una nube de polvo que se acercaba por el camino y se escondieron en un desnivel cercano.
La polvareda tomó la forma de un vehículo. Detuvieron el latir de sus corazones con la esperanza de que, quien fuese, pasara de largo y pudieran proseguir su huida. Por fatalidad uno de los ocupantes de la camioneta les vio. Trataron de correr campo a través, pero otro grupo de guardias civiles uniformados les cerró el paso. Cabizbajos,
subieron a la camioneta que ronroneó sobre la tierra seca mientras daba la vuelta en dirección Zaragoza. Esta vez el destino fue la cárcel de Torrero, donde les esperaría una parodia de juicio y la pena de muerte. Años después, podrían contar a sus hijos sus estancias carcelarias, la sorprendente conmutación de la máxima pena y la angustia de aquel terrible día. El destino les permitió ser la voz de los otros seis, injustamente ejecutados.
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La toma del Nido del Águila de Hitler.

Aunque la novela Pingüinos en París termina con la liberación de la capital francesa por La Nueve, la famosa compañía siguió combatiendo por Europa hasta el final de la guerra. Uno de sus últimos episodios fue la llegada de la 2DB hasta Berchtesgaden en los Alpes Austriacos, y la toma de Berghof y el Nido del Águila del dictador nazi, ahora hará setenta y tres  años.

 

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Hitler desde su atalaya de Berghof

Recostada sobre el cerro Obersaizberg y cercana a la ciudad bávara de Berchtesgaden, situada a más de  1.800 metros de altura, se encuentra Berghof, el lugar donde el Partido Nazi (Martín Bormann fue el gran maestro de obras) modernizó el antiguo chalet de Hitler convirtiéndolo en el segundo cuartel general de dictador. En los mismos parajes y con ocasión de su 50 cumpleaños, le obsequiaron con el famoso chalet Adierhorst (Nido del Águila), situado en la cumbre del monte Kehistein, a 2000 metros. El Berghof y el  Adierhorst estaban comunicados por un camino asfaltado de 7 kilómetros y  se ascendía al Nido del Águila por un ascensor adicional enclavado en la roca viva, provisto de ventilación especial.

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Entrada de Berghof en Obersaizberg.

Existe mucha controversia sobre quienes fueron los primeros en alcanzar la residencia del jerarca nazi. Los franceses asegurar que fue el capitán Touyéres de la 2DB quien llegó el primero a la residencia hitleriana. Esta versión queda ampliada cuando la crónicas cuentan que las secciones 1 y 2 de La Nueve le acompañaron a su llegada a Berghof.  Como así cuenta Moreno y Martín Bernal, jefes de ambas secciones.

El caso es que, por aquel entonces, ya sólo restaban 16 españoles en La Nueve de los 146 que desembarcaron en Utah en julio del 44. Algo más de setenta de ellos curaban sus heridas en distintos hospitales aliados y el resto descansaba eternamente en los frentes de batalla desde Écouché a Inzell y Weissbach .

Dicen los franceses:  Sin perder tiempo, en cuanto se le autorizó, el capitán Touyéres tomó el volante de su Jeep “FRANCE”, conducido por François Borg, un francés de Túnez,  sube a OBERSALZBERG por una carretera muy sinuosa. No hay rastro de ninguna presencia estadounidense.,,

El capitán Touyéres  y el brigada Borg continúan la ascensión. Encuentran una columna de las Juventudes Hitlerianas con 30 componentes blandiendo una bandera blanca. Touyéres   les hace tirar sus armas al barranco y bajar a Berchtesgaden…

Touyéres  y Borg continúan su ascenso y llegan al corazón mismo de la guarida de Hitler en Berghof.

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Berghof Foto: Librería del Estado de Baviera.

 

Por su parte, los norteamericanos aseguran que:  El 4 de mayo, el Tercera División de Infantería llegó a la ciudad balneario de Berchtesgaden y de allí tomó un camino estrecho, girando a unas pocas millas hasta Obersalzberg,  Y manifiestan que cuando llegaron los franceses el 7º regimiento de la 3ª Division de Infantería, ya estaba allí.

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Tropas norteamericanas en el Nido del águila

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Según Pratt Sherman, el teniente coronel de Ejército de los EE.UU. comandante de la compañía L del 7 reg. de Infantería, los franceses llegaron 4 horas después y los de la airborne101, 16 horas mas tarde. Los norteamericanos quedaron como fuerza de ocupación de Obersalzberg y  convierten la zona y en particular Berghof en un lugar de reposo para las tropas  yankees.

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El caso es que Federico Moreno y Martín Bernal cuentan que sus secciones tienen que vencer una dura resistencia en el pueblo de Inzell y destruir un puente en Weissbach y luego (probablemente el 3 de mayo) llegan con Touyéres  con sus secciones a Berghof y al Nido del Águila, donde Bernal se desbebe en el sillón de Hitler, ese floreado que aparece en todos los reportajes, anécdota contada repetidamente a sus familiares de Zaragoza ,que a su vez me la han contado a mí.  Otro componente la La Nueve se queda con el ajedrez del dictador, que luego vende a un soldado norteamericano. Ángel Rodriguez Leira, López Cariño, el mejor cañonero de  La Nueve, se quedó con las sábanas de Hitler. También me costa, porque me lo ha contado su hijo, residente en la Isla de la Reunión, que su padre, Sanchís,  guardó un juego de té de Berghof que él todavía conserva.  Lo que demuestra que los de La Nueve fueron de los primeros en llegar… o los más rápidos.

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Dibujo del propio Hitler del interior del Nido del águila, con el famoso sillón floreado de Bernal.

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El sábado 5 de mayo una gran bandera tricolor cuelga, al fin, sobre el Nido del Águila.

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El lugar en la actualidad.

 

Easy Company

Los personajes de la novela Pingüinos en París

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Agradezco a todos los lectores que han elogiado muy mayoritariamente a Pingüinos en París. Los motivos han sido muy diversos: por la calidad, entretenimiento, estructura, dinámica, realidad histórica, ficción bien argumentada… pero me llena de orgullo los comentarios sobre la credibilidad y tratamiento de sus personajes, ya sean protagonistas o no.

Precisamente eso es lo que pretendía al escribir la novela: relatar sentimientos y vivencias de distintas mujeres y hombres que, a lo largo de la obra, aparecen entre sus páginas.

Por eso hoy os recomiendo la visualización de todos estos personajes que están a vuestra disposición en esta página y en el siguiente enlace: Personajes de la novela

La actriz Luise Rainer; la  famosa Madame Sitri; el fotógrafo Robert Capa y la fotógrafa Gerda Taro; el poeta Giorgio Caproni; el rey Alfonso XIII; el polaco Herschel Grynszpan “responsable” de La Noche de los cristales rotos; la  fundadora de la Maternidad de Elna, Elisabeth Eindenbenz; Joan Pujol el mejor espía del siglo XX; el locutor Ignacio Bowen y su esposa Celia Tobal; el general  Georges Patton; el cantante David Devriès; el general Miguel Cabanelles Ferrer;  el fraile Martín Zubeldía Inda  (Gumersindo de Estella); los grandes poetas Antonio Machado y Miguel Hernández; los espías Miguel Piernavieja del Pozo y Ángel Alcázar de Velasco; el general Leclerc comandante en jefe de la 2DB; el general Charles De Gaulle, el escritor Ernest Hemingway; el atleta Luz Long; el mejor ametrallador del día D, Heinrich Severloht; el director de cine John Huston; la rapada de Chartreuse, Simone Touseau; el último gobernador alemán de París, Dietrich von Choltitz; los componentes de La Nueve, encabezados por su capitán Raymond Dronne y su segundo Amado Granell y su gran héroe Martín Bernal,  todos dejaron su huella en la Historia.

En la novela aparecen  junto a otros personajes, supuestamente ficticios, con de igual protagonismo y que también, tal vez con otros nombres, fueron parte de la historia, sobre todo la relatada en la novela. Así encontraréis datos sobre el oficial de la Nueve Hugo Martínez; el resistente Vicenzo Zanetti, el mejor ametrallador de La Nueve,  David Sitrì; los habitandes del pueblo de San Giovanni: Vittorio San Giovanni, Alfonso de San Giovanni, Don Mateo, Desiderata y Cornelio San Giovanni; la intrigante Claudia Angelini y su hijastro Pietro Angelini; y en especial la bella Fiorella Colonna y la protagonista principal: Nicoletta Cervi.

De todos ellos encontraréis referencias y fotografías en la página. Espero que lo disfrutéis.

 

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Martín Bernal, un héroe de La Nueve

MARTÍN BERNAL PERSONAJE DE PINGÜINOS EN PARÍS (BAJO DOS TRICOLORES) En la foto es el primero por la izquierda de la primera fila.

El día 30 de este mes se cumple el aniversario del nacimiento de un gran héroe de La Nueve.

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Foto del artículo-libro de Pons Prades

En su libro Carnets de Route, concretamente en la página 259 de Editions France-Empir de 1984, Raymond Dronne, capitán de La Nueve, describe así a Martín Bernal:

El sargento-jefe y futuro alférez Garcés, cuyo verdadero nombre es Martín Bernal, es un aragonés de Zaragoza. Este coloso- Bernal medía más de un metro ochenta -, de ritmo tranquilo y señorial  había comenzado una carrera de torero; su nombre de matador era Larita II. Fue hecho prisionero por los franquistas al final de la guerra civil, pero pudo evadirse. Atravesó gran parte de España a pie, escondiéndose de día y caminando de noche para evitar ser visto. Según él mismo me contó, guiándose por la estrella polar, pudo  llegar al Pirineo y entrar en Francia en septiembre de 1939. Arrestado por los gendarmes, las autoridades francesas le proponen ingresar en el ejército francés o ser devuelto a la frontera española. En aquella época, Garcés, no hablaba francés. La palabra francesa “armée” – ejército – le sonaba como si le propusieran ingresar en la armada francesa. “Yo no puedo ingresar en la armada, repuso Bernal, jamás he subido a un barco (…)” Por su clase, por su valor y tranquilidad, además de su buen humor y simpatía, Bernal se ganó rápidamente a sus camaradas. Después de la guerra, aprovechó sus conocimientos de zapatero para instalar con su hermano, liberado de Mauthausen, un prospero negocio de zapatería en las afueras de París.

Estas son las palabras con las que Raymond Dronne define a uno de sus mejores hombres: el zaragozano Martín Bernal, conocido por sus compañeros de La Nueve como “Garcés” o como “el Maño”.

Martín Bernal Lavilla nació en Garrapinillos (Zaragoza) el 30 de enero de  1912, un reportaje del Heraldo de Aragón de Zaragoza, publicado el 22 de agosto de 2004 con motivo del 60 aniversario de la liberación de París, sitúa erróneamente su nacimiento en La Cartuja de la Inmaculada, un barrio zaragozano cercano a la capital y donde, al parecer, trabajaron durante algún tiempo Martín y su hermano Paco y donde se afiliaron a la CNT a instancias de un viejo cenetista llamado Pedro Blasco.

La verdadera pasión de Martín en aquellos tiempos era el toreo. Su admiración por Larita le hizo bautizarse profesionalmente como Larita II; su apoderado era Miguel Grimal. Vivía en el barrio zaragozano de Torrero en el 13 de la calle Triana, en la misma calle donde todavía viven sus sobrinos y a los que visitó en varias ocasiones a partir de los años 70. Durante su época de novillero, que truncaría la guerra civil, se hizo amigo de otro novillero llamado Manuel Garcés Navarro, nacido en Fuentes de Ebro el 3-5-1910 – y que con el tiempo se convertiría en su cuñado, ya que  Martín formó pareja – fue el amor de su vida – con Carmen Garcés, hermana de Manuel, con la que tuvo dos hijas llamadas Carmen y María y posteriormente ya en París un hijo: Andrés –Dedé –  terminada la II Guerra Mundial.

Fotos del archivo familiar, proporcionadas al autor

En el año 1938, Martín, su hermano Paco y su cuñado Manuel escaparon de Zaragoza, donde había triunfado el golpe militar, y se incorporaron a las columnas cenetistas que pretendían liberar la capital maña. Combatieron más tarde en la Batalla de Teruel. Al final de la guerra, Martín, fue apresado por el ejército franquista en una población manchega. De allí fue conducido a un campo de concentración en un antiguo monasterio cartujo llamado Porta Coeli cercano a Liria (Valencia). Se las apañó para escapar del campo y huir a Francia cruzando por un valle pirenaico:  para entonces había perdido el contacto con su hermano, que acabó en Mathausen, y con su cuñado Manuel que terminó con sus huesos en Carabanchel.

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Porta Coeli, magnífica fotografía de TONYMAN. http://www.minube.com/fotos/rincon/2177104/7534889

Ya en Francia, las autoridades francesas le “invitaron” a incorporarse a la Legión Extranjera y embarcó rumbo al África central. Combatió en el Senegal y en 1942 en la campaña del Norte de áfrica y en la Batalla de Túnez en el 43 contra el Afrika Korps de Rommel y en la que fue herido por primera vez – lo sería en otras dos ocasiones -.  Por su comportamiento en los combates recibió la Medalla Colonial de la República Francesa, una de las distinciones militares más preciadas.

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FOTO DE AUTOR DESCONOCIDO. ARCHIVO FAMILIAR

Enterado de que el general Leclerc, pretendía organizar una división acorazada de la Francia Libre, no lo dudó ni un solo momento y se alistó, junto con muchos otros españoles, en la que más tarde sería la famosa División Leclerc. Muchos de los que se incorporaron a la nueva división cambiaron sus nombres para poder “desertar” de otras unidades francesas, así, Martín se registró como Garcés – el apellido de Carmen – en la nueva unidad.

La flamante división fue equipada por el ejército norteamericano y conducida a Inglaterra para su preparación ante el inminente asalto a la Europa continental. Martín fue incorporado a la novena compañía del III Regimiento de Marcha del Chat de la División Leclerc. Su compañía fue pronto conocida por todos los divisionarios como La Nueve, así en español,  ya que la mayoría de sus hombres (146) eran españoles. En el censo de la división había más de un millar y medio de españoles, conocidos como los Pingüinos. Su lugar de entrenamiento en Inglaterra fue en la ciudad de Pocklington.

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Sentado sobre el capó de su half-track Teruel

La división desembarcó en Utah beach  a principios de agosto y participó en la liberación de Écouché y en gran número de combates como la toma del puente sobre el Sarthe y la de Alençon o en la reducción de la bolsa de Falaise; hasta llegar a las cercanías de París. En todos ellos se distinguió Bernal. La tarde del 24 Leclerc ordenó al capitán Dronne que avanzará con su compañía hacia París, defendida por más de 20.000 alemanes. La Nueve entró la primera en la ciudad, con sus half tracks de nombres de evocación española, por la Puerta de Italia. Martín al mando del HT Teruel y comandando una de las secciones fue uno de los libertadores que primero llegaría al ayuntamiento parisino, eran la 21.22 de la tarde del 24 de agosto de 1944.

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Foto actual tomada en ÉCOUCHÉ

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Foto del día 25. El capitán Dronne esta preparando con sus oficiales el asalto a la telefónica; a su derecha de la foto Amado Granell a la izquierda Martín Bernal; al fondo el soldado Pirlian.

Al día siguiente entraba el resto de la División y Martín se batía en las calles reduciendo los focos de resistencia alemanes, siendo citado en la orden del día por su valor:

“Suboficial de una alta valía militar y moral. Posee tanto valor bajo el fuego como sentido de la responsabilidad en la retaguardia. Ha sido citado varias veces. Actuando como subjefe de sección, el 25 de agosto, en París, se hizo cargo de la misma cuando su jefe fue gravemente herido; mandándola con notable autoridad”

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Desfile del día 26 de agosto de 1944

Continuó con la compañía ascendiendo a alférez, luchando en los Vosgos y en territorio alemán hasta llegar al Nido del Águila, el Kehlsteinhaus, en los Alpes Bávaros,  para entonces sólo 16  españoles  de La Nueve seguían en la compañía; más de cincuenta yacían enterrados en los campos de Europa y el resto se recuperaba en una docena de hospitales aliados. Martín había recibido  La Croix de Guerre avec palme y había sido herido en otras dos ocasiones. También había recibido la Medalla militar. Al llegar a la que fuera la casa predilecta de Hitler, Martín se desbebió en el sillón del dictador alemán.

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La toma del Nido del Águila

Terminada la II Guerra Mundial, Martín instaló con su hermano Paco – liberado de Mathausen – una zapatería en  Choisy-le-Roi, a 18 km de París, donde tenía su residencia, concretamente en el número 3 de la calle Pablo Ruiz Picasso. El domingo 18 de octubre de 1987 se le nombró Caballero de la Legión de Honor. Falleció el 29 de julio de 1991 y está enterrado en el cementerio de Choisy-le-Roi (Val – de – Marne). Por aquel entonces la hazaña de  La Nueve todavía permanecía “convenientemente” olvidada.

 

Galería de fotos familiares proporcionadas al autor:

 

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Frente a su zapatería en Choisy-le-Roi

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Con su esposa Carmen Garcés.

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Recibiendo la Legión de Honor.

Martín Bernal (Garcés) es uno de los protagonistas de mi novela

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