Hitler en París

En Pingüinos en París se cuenta la visita que hizo Adolfo Hitler a París, después de la toma de la ciudad por los alemanes.

El dictador alemán visito la capital francesa un 28 de junio de 1940, por lo que el próximo jueves se cumplirán 78 años de la indeseada visita. Algunos historiadores nominan este día como: El día de la bestia.

 

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En París ondeaban las banderas de la esvástica.

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En la novela se detalla esta visita y la impresión que causo a franceses, residentes en la capital y ocupantes.

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París, totalmente vigilado.

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Un sueño hitleriano.

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Sin embargo, su primera parado fue la Opera Garnier

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Visitando la tumba de Napoleón I

Un reportaje francés cuenta esta visita.

 

 

La visita contada por los alemanes:

Ocupación alemana de París

Tal día como mañana, 14 de junio, en 1940 el Gobierno francés declaró París ciudad abierta. Los alemanes iniciaban así una larga ocupación de más de cuatro años que se relata en varios momentos de Pingüinos en París.

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Lo imposible ha sucedido: París ocupado.

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Las fanfarrias alemanas resuenan en la capital francesa.

 

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Los parisinos lloran el momento.

 

La bandera nazi ondea en París y los periódicos alemanes presumen de ello.

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“Recuerdo cada detalle. Los alemanes vestían de gris. Tú vestías de azul” (Casablanca)

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Cuartel general nazi en el hotel Maurice en la rue de Rivoli.

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Tardarían cuatro años en marcharse, no voluntariamente. La Nueve, la novena compañía de la 2DB, la división Leclerc, liberaría París el 24 de agosto de 1944.

 

Una larga ocupación que se convertiría en uno de los destinos preferidos de los soldados alemanes.

 

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Mirando souvenirs…

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Haciendo turismo…

La situación de los judíos en el París ocupado por los nazis

 

Disfrutando de las terrazas…Paris, deutsche Soldaten vor dem Moulin Rouge

Confraternizando…

Amor y sexo durante la ocupación Documental

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Divirtiéndose…

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Persiguiendo…

y en eso llegó La Nueve y se acabó la diversión.

Almiral Buiza, Manuel Morillas

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Ocupación alemana de París según un reportaje alemán de:

 

 

Los personajes de la novela Pingüinos en París

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Agradezco a todos los lectores que han elogiado muy mayoritariamente a Pingüinos en París. Los motivos han sido muy diversos: por la calidad, entretenimiento, estructura, dinámica, realidad histórica, ficción bien argumentada… pero me llena de orgullo los comentarios sobre la credibilidad y tratamiento de sus personajes, ya sean protagonistas o no.

Precisamente eso es lo que pretendía al escribir la novela: relatar sentimientos y vivencias de distintas mujeres y hombres que, a lo largo de la obra, aparecen entre sus páginas.

Por eso hoy os recomiendo la visualización de todos estos personajes que están a vuestra disposición en esta página y en el siguiente enlace: Personajes de la novela

La actriz Luise Rainer; la  famosa Madame Sitri; el fotógrafo Robert Capa y la fotógrafa Gerda Taro; el poeta Giorgio Caproni; el rey Alfonso XIII; el polaco Herschel Grynszpan “responsable” de La Noche de los cristales rotos; la  fundadora de la Maternidad de Elna, Elisabeth Eindenbenz; Joan Pujol el mejor espía del siglo XX; el locutor Ignacio Bowen y su esposa Celia Tobal; el general  Georges Patton; el cantante David Devriès; el general Miguel Cabanelles Ferrer;  el fraile Martín Zubeldía Inda  (Gumersindo de Estella); los grandes poetas Antonio Machado y Miguel Hernández; los espías Miguel Piernavieja del Pozo y Ángel Alcázar de Velasco; el general Leclerc comandante en jefe de la 2DB; el general Charles De Gaulle, el escritor Ernest Hemingway; el atleta Luz Long; el mejor ametrallador del día D, Heinrich Severloht; el director de cine John Huston; la rapada de Chartreuse, Simone Touseau; el último gobernador alemán de París, Dietrich von Choltitz; los componentes de La Nueve, encabezados por su capitán Raymond Dronne y su segundo Amado Granell y su gran héroe Martín Bernal,  todos dejaron su huella en la Historia.

En la novela aparecen  junto a otros personajes, supuestamente ficticios, con de igual protagonismo y que también, tal vez con otros nombres, fueron parte de la historia, sobre todo la relatada en la novela. Así encontraréis datos sobre el oficial de la Nueve Hugo Martínez; el resistente Vicenzo Zanetti, el mejor ametrallador de La Nueve,  David Sitrì; los habitandes del pueblo de San Giovanni: Vittorio San Giovanni, Alfonso de San Giovanni, Don Mateo, Desiderata y Cornelio San Giovanni; la intrigante Claudia Angelini y su hijastro Pietro Angelini; y en especial la bella Fiorella Colonna y la protagonista principal: Nicoletta Cervi.

De todos ellos encontraréis referencias y fotografías en la página. Espero que lo disfrutéis.

 

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Las canciones de Pingüinos en París

En mi novela aparecen muchas canciones que podemos escuchar virtualmente entre sus páginas. No obstante, en la página he ido colgando versiones de estas melodías que tienen que ver con la novela para que las escuchéis y sintáis en directo.

 

Todas las canciones de la novela

 

Unas cuantas versiones de Lili Marleen

 

Nuevas versiones de Lili Marleen

 

Una nube hispana de Serge Utgé Royo

 

Ua canción de Quintín Cabrera en homenaje a La Nueve

 

Paris en Colerè, Mireille Mathieu

 

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Dietrich von Choltitz en Pingüinos en París.

En la novela se relatan las difíciles  decisiones  que tuvo que tomar  Dietrich von Choltitz, general en jefe de la guarnición alemana en París, ante la llegada de los aliados. El día 9 de noviembre se cumplirán 123 años del nacimiento del militar prusiano en Laka Prudnika en la actual Polonia. El pasado 5 de noviembre se cumplieron 51 años de su muerte en Baden- Baden(Alemania). Von Choltitz sobrevivió muchos años a su posible muerte en un París incendiado y destruido (un nuevo Stalingrado) como pretendía Adolfo Hitler.

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En Pingüinos en París se cuentan sus últimos momentos de libertad antes de que La Nueve entrara en la capital parisina la tarde del 24 de agosto de 1944.

Fragmento de Pingüinos en París:

Dietrich von Choltitz, desde el hotel Maurice, ordena que aquella noche no se perpetren más ataques y que las fuerzas solo se limiten a defenderse, incluida la Gestapo y los partidarios de Vichy, pretende disfrutar de una velada en calma; ha decidido no dinamitar la ciudad. Sin embargo, conoce al estado mayor de Hitler y sabe que en cuanto sepan que la orden de incendiar París no se ha cumplido será destituido y arrestado, y le consta que su sustituto, si le dan tiempo, no tendrá ninguna contemplación ni con la ciudad ni con él. Pide que le sirvan una copa de Henri IV Dudognon Heritag en el salón, bajo la cúpula acristalada del Jardín de Invierno. Su ayudante trata de permanecer a su lado, pero con un gesto de su mano le indica que prefiere estar solo. Aspira profundamente el aroma del coñac con cien años de cautiverio en barrica, lo saborea lentamente y se felicita de que los aliados ya estén en la capital; aunque, con toda seguridad, esto represente su última noche en libertad, incluso su última velada; es consciente de que, cualquier otro retraso de los aliados, hubiera tenido consecuencias catastróficas para la capital. Pide otro coñac y sube a la habitación, desde su ventana contempla la Torre Eiffel entre las sombras nocturnas, erguida y a salvo; levanta su copa y brinda por París.

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Dietrich von Choltitz, fue arrestado por tres españoles.

Se trataba de un extremeño llamado Antonio Gutiérrez, el aragonés Antonio
Navarro y Francisco Sánchez, sevillano de pura cepa. Atravesaron
el lujoso hall y subieron al primer piso donde encontraron al general con su Estado Mayor. Los alemanes viéndose encañonados se rindieron al trío de españoles. Uno de los oficiales les dijo en francés algo sobre las leyes de la guerra. Gutiérrez no entendió del todo el discurso del alemán y respondió con el argumento que le pareció más persuasivo. “Somos españoles y si nos os rendís os pegamos cuatro tiros”, les dijo. Entonces intervino Von Choltitz y dirigiéndose al extremeño solicitó rendirse a un oficial francés de rango. Entraron Hugo y Pietro y sin dejar de encañonarles esperaron la llegada de comandante La Horie. A partir de aquel momento, el general alemán cursó la orden para el alto el fuego a la guarnición alemana de París. Desde las 12.30 ya ondeaba en la Torre Eiffel la bandera tricolor francesa.
Se encomendó a los tres españoles que le habían detenido, el traslado del gobernador militar a la prefectura en L’Ille de France. Antes de salir del Maurice, en aquellos salones que le habían hecho soñar, Von Choltitz, ya un tanto más reposado, se quitó el reloj de la muñeca y se lo entregó a Gutiérrez.

– Es mi regalo por saber respetar las reglas de guerra – le dijo.

Fragmento de Pingüinos en París

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Con el general Leclerc, comandante de La 2DB la División donde estaba integrada La Nueve.

Firmando la rendición.

La última foto de Robert Capa

Capa es uno de los personajes principales de mi novela Pingüinos en París. Su relación con Gerda y con la fotografía – sus dos grandes amores – son instantes de que aparecen entre las páginas del libro, como surgen las mágicas instantáneas de su cámara.

El 22 de octubre de 1913 nacía en Budapest y un 25 de mayo de 1954 moría en Thái Bình, entonces Indochina francesa y hoy República de Vietnam. Su última foto la hizo aquel mismo día antes de pisar la mina asesina.

 

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Son conocidas y admiradas muchas de sus fotografías. En otras entradas de esta misma página aparecen unas cuantas.

Primera parte: Fotos primeras y Guerra Civil Española

Segunda parte: Fotos Segunda Guerra Mundial

Tuve ocasión de visitar en París el apartamento de Gerda y Robert. Podéis ver las fotos de Ana Elisa Martínez

El apartamento de Gerda y Robert Capa

 

Algunas de sus últimas fotos:

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Robert Capa por Henri Cartier Bresson (1953)

 

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En el baño, leyendo a Simenon. Foto Magnum

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Con Steinbeck. Autorretrato.

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De bailoteo en Hollywood. Magnum fotos.

 

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Con “Chim” Seymour. Foto de Henri Cartier Bresson.

Algunas de los momentos de la liberación de París que aparecen en la novela:

Amado Granell en Pingüinos en París I

Uno de los personajes que aparecen por mérito propio en mi novela es Amado Granell, el primer “soldado norteamericano” que entró en París en agosto de 1944. Ayer, viernes 12 de mayo, fue el aniversario de su fallecimiento por accidente automovilístico ocurrido en Sueca el año 1972.

Este es la primera parte sobre su vida hasta la entrada en París de La Nueve. La próxima semana habrá la segunda entrega. Espero que os guste-

Amado Granell en Pingüinos en París. Fragmento de la novela.

Fue el teniente Amado Granell quien les comunicó que partían aquella mañana para Temara, una playa atlántica del Marruecos francés, cercana a Rabat, donde los americanos les entregarían los nuevos uniformes, los vehículos y las armas con que estaría dotada la división y que tan bien ya conocían. Frente a él estaban formados los ciento sesenta componentes de la compañía, en sus manos llevaba un puñado de pequeñas banderas republicanas.
– Os he traído para cada uno de los españoles una insignia republicana para que la cosáis en el nuevo uniforme. Así sabrán con quien se las van a ver.
– Olé tus “güevos” – contestó el gaditano Manuel Lozano. Los demás se echaron a reír y aplaudieron el gesto de su teniente.
Al día siguiente la Deuxième Division Blindée llegaba a Temara; la temperatura era muy alta, a pesar de que la brisa atlántica y los bosques al sur de la ciudad la atenuaban. Aquel martes 24 de agosto se tomaría como la fecha de la creación oficial de la división, no lo sabían pero era toda una premonición.
Los M4 Sherman bajaron majestuosamente por las rampas de las barcazas, mientras sus futuros servidores se hacían cargo de ellos con la ilusión de un niño a quien le acaban de regalar un juguete de treinta toneladas. Los semiorugas no defraudaron, las pruebas realizadas en el desierto habían demostrado a los batallones mecanizados la multifuncionalidad de los half – track. Los rápidos y versátiles jeeps, los potentes camiones GMC y las camionetas Dodge les parecieron una maravilla. La Nueve se hizo cargo de sus vehículos entre la alegría y las expresiones castizas. Se sentían ya una unidad de infantería motorizada dispuesta a todo. Ahora había que hacerse con el material, convertirse en centauros de la mecánica y de las orugas tractoras, en expertos apuntadores y artilleros, en parte del engranaje de las máquinas de guerra. La preparación debería ser larga y paciente, hasta establecer la perfecta simbiosis entre hombres e instrumentos. Los españoles se enfundaron en sus nuevos uniformes, iguales al de otras unidades de infantería norteamericana.
Muchos se cosieron en las cazadoras la bandera que les diera en Djidjelli, Amando Granell.

                                    Amado Granell

Amado Granell es uno de los personajes más carismáticos de los componentes de La Nueve y uno de los personajes de “Pingüinos en París (Bajo dos tricolores) “. No era un aventurero aunque su vida, incluso su muerte, podría formar parte de una novela de aventuras.

Amado Granell Mesado, nació en Burriana (Castellón) el 5 de noviembre de 1898, año del Desastre. Era hijo de Juan Bautista Granell Sabater y de María Francisca Mesado Monzonís. Su padre era importador de madera.

Tras el desastre de Annual en Marruecos, que costó la vida a 13.000 españoles, Granell se alistó en el tercio español de la Legión, era 1921, y como preludio de lo que sería una vida azarosa. Se le destinó en la 18ª Compañía de la Quinta Bandera. Sin embargo,  a requerimiento de su padre y aduciendo que era menor de edad cuando se alistó, algo bastante extraño puesto que ya tenía 23 años, le obligó a dejar el tercio Duque de Alba, ya con los galones de sargento, y regresar a Burriana el 5 de julio de 1922.

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La ficha donde se le licencia por menor el 5 de julio. Foto de: aulamilitar.com/agranell.hts

Se casó con su primera mujer, Aurora, y juntos montaron una tienda de bicicletas en Orihuela. Sus inquietudes políticas le llevaron a afiliarse a la U.G.T. y a ser concejal por Izquierda Republicana. Al estallido de la Guerra Civil en julio del 36 se inscribió en el Comité de Enlace Antifascista. Como hombre de acción el 16 septiembre ya se había alistado al recién creado Ejército Voluntario y destinado al batallón Levante en Valencia,  y más tarde, al Batallón de Hierro hasta el 10 de diciembre, alcanzando el grado de alférez. En el mes octubre la unidad de Granell pasó a llamarse Batallón Motorizado de Ametralladoras. Amado ya es capitán desde noviembre y en diciembre el batallón será la  base para la formación de la Brigada Motorizada de Ametralladoras, que el 22 de abril de 1937 se convertiría en el Regimiento Motorizado de Ametralladoras. La unidad, en su evolución, había pasado de los 136 miembros iniciales a 1.200 al mando de Granell. Combatieron en Toledo y en la defensa de Madrid. El regimiento fijó su cuartel general en un convento de la capital. Allí prosiguieron con la edición de la revista  Hierro, órgano del regimiento, y que dirigía el pintor José Vela Zanetti.

 

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En diciembre de 1938,  y con el grado de comandante, es el jefe de la 49 Brigada Mixta, formada por los batallones 193, 194, 195 y 196, que combaten a los golpistas para evitar la ocupación de la provincia de Castellón.

Consumada la derrota republicana fue uno de los últimos en huir del avance de las fuerzas franquistas. En vísperas de la derrota republicana se encontraba atracado en Alicante, a la espera de cargar una partida de naranjas, un barco carbonero británico de nombre Stanbrook; su capitán, un galés llamado Archibald Dickson, viendo el peligro que se cernía sobre los miles de republicanos esperando medio de transporte, decidió socorrer a los refugiados. Dickson zarpó del puerto de Alicante el 28 de marzo de 1939 con 2.638 personas a bordo y sorteando los proyectiles lanzados por el crucero Canarias que bloqueaba el puerto. Como anécdota, Amado tenía dos plazas en el buque con los números 2.073 y 1.928. A pesar de ir el barco cargado hasta los topes, más de 15.000 republicanos quedaron en el puerto de Alicante sin poder embarcar. Después de 22 horas de travesía el Stanbrook llegaba a Orán.

 

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El Stanbrook en el puerto de Alicante.

Al llegar a Orán, Granell fue internado, junto con otros combatientes republicanos, en un campo de concentración francés. Por fortuna, fue reclamado por su hermano Vicente que había llegado un par de meses antes y vivía ya en el barrio español de Babel-Oued. Allí permaneció hasta diciembre de 1942. El 8 de noviembre se había iniciado la operación Torch y los norteamericanos habían desembarcado en el norte de África.

Granell se alistó en Argel en los “Corps Francs d´Afrique”, al mando del general De Monsanbert de las Fuerzas Francesas Libres (FFL), y que acompañan al ejército británico en el avance a Bizerta y en la Batalla de Túnez contra las fuerzas del Afrika Korps de Romel, en alguno de los numeroso combates que vivió fue herido en la cabeza e ingresado en un hospital argelino. En la batalla de Túnez consiguió el grado de teniente y coincidió con varios de los futuros compañeros de La Nueve.

 

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En la Nueve.

Terminada la campaña de Túnez, los Cuerpos Francos tenían que incorporarse al nuevo cuerpo de ejército comandado por el general Henri Giraud. El general francés antiguo combatiente en Marruecos y en la Primera Guerra Mundial, había sido hecho prisionero en  Wassigny por tropas alemanas en mayo de 1940, pero logró huir en 1942 y tras numerosas vicisitudes llegar a Argelia, donde mantuvo una ambigua posición con los generales fieles a Vichy y con los aliados. Muchos de los integrantes de los Cuerpos Francos y de la Legión Extranjera, sobre todos los españoles, desertaron de las tropas al mando de Giraud para enrolarse en la nueva División Blindada que estaba formando el general Leclerc. Uno de ellos fue Amado Granell quien, además, animó a numerosos compatriotas a alistarse en la que sería la llamada División Leclerc.

En verano de 1943 se formó en Tripolitania la División, consta como fecha de su fundación el 24 de agosto. De los 16.000 hombres que la formaban, 2000 eran españoles, a quienes todos llamaban “los Pingüinos”. Amado quedó asignado a la novena compañía del Tercer Batallón del Regimiento de Marcha del Chad como teniente. La compañía estaba formada casi exclusivamente por soldados españoles (144), su idioma oficial era el castellano y el nombre por el que la conocían todos: La Nueve. El mando se le asignó al capitán francés Raymond Dronne.  Después de su formación en tierras africanas fueron enviados, junto el resto de las tropas de Leclerc  a Inglaterra, concretamente a Pocklington  en Yorkshire a 39 Km. de York.

La División permaneció en Inglaterra hasta su desembarco en Normandía el 3 de agosto de 1944. Antes, Dronne, había nombrado al teniente Amado Granell su segundo en el mando por su valor y su carácter flexible y conciliador entre una tropa muy veterana y un tanto indisciplinada. Los Cosacos, como llamaban a los componentes de La Nueve, también fue el nombre del half-track de mando, que comandaba el propio Granell. La campaña a través de Normandía fue extremadamente dura y Granell destacó por su temeridad y arrojo en todas las batallas, significándose como uno de los mejores oficiales de la División.

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Granell en Écouché

París

De Gaulle tenía la intención de que las Fuerzas Libres Francesas fuesen las que liberaran la capital. Ante la incertidumbre de los aliados que preferían seguir avanzando y dejar a París embolsado en retaguardia, De Gaulle ordenó al general Leclerc que avanzara con su División. La tarde del 24 de agosto de 1944, el general Leclerc se encontraba a 10Km. de París sabiendo que una guarnición de 20.000 alemanes les esperaba. Ordenó a Dronne que se adelantara con su compañía hacia la capital. La Nueve entró por la antigua Puerta de Italia y ante los vítores de la población llegaron los a las 21.20 al Ayuntamiento parisino. Allí les esperaban los jefes de la Resistencia. El primero en llegar a la alcaldía fue Amado Granell.

Fragmento de Pingüinos en París

Los paisanos que han salido al encuentro de la cabeza de la compañía, advierten a Granell que parte de la avenida de Italia está ocupada por unidades del ejército alemán y muchas calles están batidas por el fuego enemigo; entonces decide desviarse por la rue Baudricourt. La columna atraviesa la place Nationale y giran por la calle del mismo nombre. Dronne ordena entonces dirigirse al ayuntamiento. Algunos miembros de la Resistencia les saludan alborozados, hace ya demasiados días que luchan solos para liberar la capital. Robert Millet, un abogado norteamericano residente en la ciudad, ve aparecer al Santander frente al portal de su casa en la plaza Pinel, reconoce los uniformes y les grita en inglés creyendo que son compatriotas. ¡Welcome boys! ¿Yankee? le preguntan, el americano sonríe y afirma con la cabeza. “Nosotros somos españoles”,
contesta Sanchís para sorpresa del abogado. A la altura de la rue Squirol las gentes les abrazan y empiezan a entonar la Marsellesa,
Hugo les acompaña en sus cantos revolucionarios, siente que sus recuerdos de infancia vuelven transportados por el tiempo y acunados por las palabras de su padre: Es la tierra de la Libertad…

El teniente Granell atraviesa el primero con su automóvil Tatra el puente de Austerlitz para asegurarse de que no está minado y llega a las cercanías del ayuntamiento parisino; informa que, al parecer, el edificio ha sido ya tomado por la Resistencia
y que no hay alemanes a la vista. Dronne y el resto van en su pos, desde una ventana arrojan flores sobre el jeep de mando, la alsaciana se asusta, podría haber sido una bomba. Siguiendo a Dikran atraviesan a su vez el puente de Austerlitz, cruzan el Sena, llegan al boulevard Henry IV y protegidos por los muelles fluviales desembocan
en la place de l’Hôtel de Ville. Se escuchan detonaciones lejanas. El peculiar ruido de las orugas parece acompasar los gritos de la población, es un run run que parece gritar algo así como: libertad, libertad. Se escucha el tableteo de una ametralladora, al final de la calle un par de confiados civiles caen heridos sobre el pavimento. Los “cosacos” responden al fuego haciendo enmudecer los fusiles alemanes. Están más que preparados, ansiosos de revancha,de ganar esta guerra para poder olvidar la que perdieron en su patria; han luchado en tantos frentes que ni siquiera recuerdan los nombres, pero sí cada rostro amigo o enemigo que han visto morir, o eso imaginan en sus pesadillas.
Las campanas empiezan a tocar, el gran Bourdon de Nuestra Señora responde a sus hermanas. Cantan a la liberación. ¡París libéré!, gritan las gentes, los componentes de la columna sienten el amparo del pueblo, algunos lloran emocionados. La avanzadilla llega a la plaza, el primero es el Guadalajara; una joven parisina de doradas trenzas se sube al half – track y besa en los labios a Juan Rico, él la corresponde entusiasmado. Los otros semiorugas que siguen al Guadalajara toman posiciones para evitar un ataque alemán. Las gentes les abrazan y vitorean. El reloj de la fachada marca una hora histórica las 21.22.

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Al día siguiente  el periódico Liberation, publicaba en su portada la llegada de las tropas aliadas y la foto del primer “americano” en llegar a París. Era Amado Granell, de Burriana.

Foto histórica para publicar

París 25 de agosto de 1944. El capitán Dronne, el teniente Amado Granell, a su derecha, y el subteniente Martín Bernal, a la izquierda y el soldado Pirlian, al fondo, preparan el asalto a la telefónica.

Fragmento de Pingüinos en París

En aquel mismo momento y en la plaza del ayuntamiento, Dronne distribuía a sus hombres. El periódico Libération publicaba en su portada un titular con la leyenda de Ils sont arrivés, acompañada de una foto de Granell con Bidault y el prefecto de París, y en cuyo pie rezaba: “El prefecto de la ciudad felicitando a un oficial de la División Leclerc” y se destacaba a Granell como “le premier soldat américain”; difícil encontrar una ciudad norteamericana llamada Burriana.
Pasado un cuarto de hora de las nueve de la mañana, la prefectura parisina pidió a Dronne que liberara la central telefónica de la rue des Archives, situada a menos de cien metros de la plaza. Trazaron un plan. El capitán ordenó a Granell permanecer en el ayuntamiento y en principio dispuso que Hugo asaltara el edificio de la telefónica desde la rue du Temple, mientras Michard con Garcés lo harían por la rue des Archives; pero cambió de opinión y envió a Elías a la telefónica, ordenando a Hugo que tratara de capturar al Estado Mayor alemán en el Maurice.

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Amado Granell a bordo de su Tatra 57 encabezando el desfile de celebración de la liberación de París el día 26 de agosto de 1944.

Fragmento de Pingüinos en París

Amado Granell con su sufrido Tatra 57 K encabezaría al resto de los semiorugas de la compañía capitaneados por Hugo. Todo un honor para La Nueve. Detrás, un grupo de jeeps conduciría a los periodistas y fotógrafos.
La escolta se puso en marcha. Desfilaron entre vivas y ovaciones de los ciudadanos y de los resistentes de las FFI convertidos en activos espectadores. Los cantos de la Marsellesa repetían: “Libertad, libertad querida…”, y los feroces soldados de La Nueve marchaban por la Avenida de los Campos Elíseos. Los días de gloria habían llegado. Entre el público alguien desplegó una bandera republicana española de veinte metros. La emoción recorrió la médula espinal de aquellos hombres. “¡París, Berlín, Barcelona… Madrid!”, empezaron a gritar. Era la esperanza de los hijos de otra patria, lejos de sus casas, con el solo deseo de volver y echar al dictador de sangre impura. Los Guernica, Teruel, Guadalajara, Madrid, Ebro o España Cañí no pedían venganza sino justicia. Capa iba captando instantáneas de la emoción popular, de las caras de alegría y los rostros
de felicidad. Disparaba y disparaba la Contax, que tanto había visto por su obturador y que, sin embargo, seguía asombrándose del poder de expresión de los humanos, capaces de dibujar en sus miradas el estado de sus almas. Fotos de De Gaulle sonriendo a una multitud enfervorizada, de paisanos entusiasmados, de gendarmes impotentes para contener a la gente, de mujeres jóvenes y no tan jóvenes, encaramándose a los vehículos para besar a los soldados. No era el único, docenas de fotoreporteros dejaron constancia del paso de los vehículos de La Nueve bajo el Arco del Triunfo. Las futuras generaciones tendrían que cantarlo algún día, al igual que las contemporáneas lo festejaban hoy. París era libre, gracias a muchos y al arrojo de unos cuantos.

Continuará…