CRÍTICAS Y ENTREVISTAS

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En esta página iré añadiendo comentarios, reseñas, entrevistas y críticas de la novela.

 

Página de CELAN DIGITAL

Pingüinos en Paris, de Jordi Siracusa

Para no repetir la Historia

Cuando divagamos sobre el pasado más reciente de nuestro país o del resto de Europa, y, concretamente, alrededor de causas que han vivido nuestros abuelos y o nuestros propios padres, siempre solemos incidir con mayor rigor nuestra atención en los años en los que hubo conflictos bélicos, como la Guerra Civil Española o la Segunda Guerra Mundial. Principalmente porque todos estos acontecimientos trágicos se repiten demasiado a menudo en el trascurso de la Historia, cada vez que un autor se plantea escribir algo sobre el pasado, aunque sea de los más recientes como los sucedidos en el siglo pasado, se ve abocado a basar algunas de sus obras en algunos de estos hechos trágicos o a incluirlos de alguna manera en sus relatos, cuentos o novelas, aunque solo sea de manera trivial. Así que resulta difícil encontrar novelas, donde dentro de su trama, no haya algún momento trágico, o de situación violenta sobre ellos. Por otra parte son también muchos los testimonios, terribles, de estos hechos que hemos escuchado de la propia voz de los protagonistas que tuvieron la mala suerte de verse en medio de las batallas, o dentro de los campos de concentración durante esas guerras del siglo pasado, por lo que pudieron ser testigos directos de las escenas horribles que siempre provoca una guerra y que nunca borraron -les fue imposible borrar- de su memoria. No solo en los libros de Historia que  se encuentran en las bibliotecas de todo el mundo, nos podemos informar y o documentar también sobre estos acontecimientos, sino que, además, últimamente aparecen bien detallados en documentales de cine o de la televisión, para que nos podamos hacer una idea, más o menos razonable de cómo pudo haber sido el trascurso de esas tragedias que, de cuando en cuando, y de manera muy lamentable asolan un territorio concreto del planeta, dejando en el paisaje y en la memoria de los que los vivieron, la imagen de miles de heridos y muertos tirados como basura en medio de las ciudades desoladas.

En la novela “Pingüinos en París”, de Jordi Siracusa, yo he podido adentrarme de nuevo en los años en los que mi padre deambulaba por las Alpujarras Granadinas durante la Guerra Civil Española con su fusil al hombro y su traje de miliciano, siempre acompañado de aquellos soldados rusos pertenecientes a las Brigadas Internacionales que lucharon en favor de la Segunda República, y que él, me decía con su voz de trueno, se atrevía a bañarse en pleno invierno, rompiendo el hielo de algunas de las balsas que hay por la sierra granadina, como si esa fuese la única tragedia que nos pudiese contar. Él calló la verdadera guerra, no nos la quiso narrar, pues seguramente el dolor y el ansia que le provocaron, se lo llevó a la tumba. Mi padre, por compararlo con unos de los personajes de esta historia, era en cierta medida como Martín, el torero de La Cartuja (Zaragoza), pero deambulando en aquellos años por otro territorio, hacia el sur, de esta Península Ibérica, aunque no fuera de la influencia que tuvo para él ser partícipe también de hechos tan lamentables y violentos que inevitablemente forjaron su manera de ser, o su personalidad.

El relato o conjunto de relatos que nos cuenta el autor, muy bien documentados y sobre todo muy bien narrados, empieza en la época actual (veinticinco de agosto del año dos mil catorce) con una llamada telefónica entre dos de los protagonistas mientras en la plaza del Ayuntamiento  de París se está celebrando el aniversario de la toma de la ciudad por parte de las Fuerzas Aliadas, casi al final de la Segunda Guerra Mundial, en el que se le hace un homenaje a republicanos españoles que participaron en la Segunda División Blindada,  del general Leclerc, la compañía conocida como La Nueve. A continuación, y desde el punto de vista del narrador omnisciente el autor nos va narrando, en tramos de textos que en principio parecen historias independientes, las descripciones tanto de los diferentes personajes que van apareciendo y participando activamente en la trama de las dos guerras (la civil española y la mundial), como también de las ciudades o lugares donde estas se van a ir desarrollando. Tras estas descripciones no demasiado largas, pero que nos van dejando el deseo de volver a encontrarnos con el personaje o personajes, o también con la ciudad o ciudades donde trascurren los hechos,  la historia sigue en otra serie de tramos de textos un tanto más largos (aunque no siempre) donde las acciones violentas y las tragedias en los dos conflictos se van haciendo cada vez más notorias, evidentes y complicando de una manera tan gráfica en la redacción, que el lector tiene la sensación de estar dentro del guión de una película, pues es como si se tratase de escenas cinematográficas que tu cerebro llega a dilucidar incluso en blanco y negro, como en las viejas películas de la época. Si sigues leyendo, pues sin duda la historia engancha, el texto se va haciendo también cada vez como más denso, y tan preciso en algunos detalles, que de alguna manera es como si en realidad estuvieses también llenando tu cabeza de mucha información sobre la Historia Contemporánea, pues hay personajes muy reales como el General Patton o el Rey Alfonso XIII, que directamente se encuentran involucrados dentro de la ficción con otros personajes que nunca existieron. El relato, o los relatos, pues en realidad son muchos sucesos, conjugados en una sola historia que los vincula, están narrados de una manera cronológica en su mayor parte, por lo que primero, como era de esperar, la lectura te va adentrando en cada una de las fases por las que trascurrió la Guerra Civil Española, analizando sus posibles causas en la parte documentada; y así, poco a poco, como un ratón de biblioteca, te parece percibir  la huida de los refugiados republicanos hacia Francia, mientras vas entrando, como si de un solo conflicto se tratase, en los inicios de lo que ha sido denominado en los libros de Historia como la Segunda Guerra mundial. Son muchos los pasajes, sobre todo en la primera parte de la novela, en los que, con personajes como el fotógrafo Robert Capa, o su compañera Gerda, voy descubriendo, en imágenes que asumo también como fotográficas en blanco y negro, y que mi cerebro dibuja con bastante precisión, cómo fueron los hechos de todo tipo, crueles y también felices aunque cueste creerlo,  que acontecieron en este larga etapa de conflictos bélicos en Europa; y, aunque no necesariamente tenga que sentirme como un ser que se traslada en el tiempo de una manera real, haciéndome partícipe  de ellos, sí que me hago una idea casi real de todo lo que fue ese dolor, esa violencia, esa incertidumbre… y de todo ese sufrimiento que padecieron muchos de esos ciudadanos españoles, y de otros países de Europa, en las diferentes ciudades de este país y o de otros países de Europa que fueron participes de la guerra, de la única gran guerra mundial, que empezó en España un dieciocho de julio de mil novecientos treinta y seis.

La novela, como muchas de las que he leído sobre este tipo de conflictos, me ha dejado esa sensación amarga sobre que, por mucho que conozcamos los humanos nuestro pasado o nuestra Historia, siempre volvemos a caer en los mismos errores que nos llevan a repetirla tal y como si estuviésemos programados genéticamente para hacerlo de esa manera. Llegar a esta conclusión, aunque no se sea algo científicamente probado, no es nada baladí, pues son tantas las coincidencias en las que concuerdan las causas y los hechos de otros conflictos bélicos en España, como por ejemplo, los acaecidos en la Guerra de Sucesión o en las Carlistas, en las que también se enfrentaron españoles contra españoles, que, sin lugar a dudas, deja al menos la idea de que como seres sociales no somos los que más podemos dar ejemplo con respecto a otros animales, mucho más pacíficos en su comportamiento, mientras deambularon y aún deambulan por los mismos que territorios que nosotros. Quizá el problema esté en que realmente los humanos no sabemos funcionar muy bien como sociedades y o pueblos que buscan o basan sus vidas en intereses muy parecidos, sino más bien como seres independientes que de cuando en cuando necesitamos unirnos para sacar ventaja de una situación que nos resulta, o nos puede resultar provechosa para la mejora de nuestra economía, sobre todo, y también tal vez como una forma de acentuar el Poder y el dominio que podemos ejercer sobre otros seres humanos, y por ende de otros animales.

©Mariano Martínez Luque

Pingüinos en Paris

Jordi Siracusa

ISBN:9788416565108
Editorial: Comuniter Editorial

 

Comentario de: Peroquelocuradelibros.

Pingüinos en París es la historia de un pueblo, de unos españoles que una vez derrotados siguen luchando contra el abuso del poder, las injusticias y la barbarie de la guerra, venga de donde venga.
La novela tiene una estructura maravillosa, junto a los personajes centrales que protagonizan un capítulo, siempre vienen después otros capítulos con personajes secundarios que tienen que ver con la trama principal y que están llenos de matices, que nos cuentan muchas cosas increíbles de sí mismos y del todo de la historia, que contribuyen a que una novela tan larga, resulte entretenida, de ágil lectura y muy, muy íntima…
Un libro de Jordi Siracusa y Editorial Comuniter.

seguid leyendo en:

http://peroquelocuradelibros.blogspot.com.es/…/pinguinos-en…

 Reseña de: Mi rincón de reseñas. Loli Ambit

Entrevista en Radio Internacional día 21-04- 17 a partir de 1.22 Entrevista Radio Internacional

Cazarabet conversa con Jordi Siracusa:

-Amigo Jordi, qué te ha hecho  aproximarte a rendir, a mi parecer, homenaje a la Memoria Histórica de todos los que cimentaron, defendieron marcharon al exilio  y lucharon contra el fascismo en Europa hasta llegar a luchar contra él de manera tan directa que fueron los primeros que entraron en París para liberarlo…

-Era un tema apasionante y que debía ser contado. Miles de republicanos españoles cayeron en Europa después de haber sido derrotados – no vencidos – en nuestra incivil guerra; devolverlos del olvido, en particular los de La Nueve, ha sido un placer, aunque no solo es mérito mío.

-Todos preguntan siempre el por qué de llamarles “pingüinos”, explícanos..

-En general a los españoles que combatían en las filas francesas se les llamaba “pingüinos”. La razón es semántica.  El gentilicio “ilest espagnol” en francés, suena  parecido a “il est pingouin” y así  les bautizaron.

-¿Cómo era la vida de estos componentes de La Nueve antes de liberar París y cómo les fue después de ello con la desilusión, imagino, de ver cómo se volvía a abandonar a España a la suerte del particular fascismo de Franco..?

-Eran luchadores republicanos, la mayoría prisioneros en los feroces campos de exiliados  en las playas francesas, o huidos a África durante la diáspora republicana. Por ese motivo se alistaron en el ejército francés, en su legión extranjera o en las unidades de trabajo; algunos forzados por las circunstancias y otros por seguir combatiendo a las dictaduras. Lucharon en muchos lugares de Europa y de África antes de converger en la División Leclerc. Concretamente, la novena compañía del Regimiento de Marcha del Chat, la famosa Nueve, estaba formada casi exclusivamente por españoles. Combatieron desde las costas de Normandía hasta el Nido del Águila de Hitler con la ilusión de que el conflicto continuara en España hasta derrocar al dictador. No fue así, al final de la contienda europea tuvieron que quedarse en Francia, frustrados por la actitud de los Aliados. Unos pocos regresaron para combatir a Franco como maquis y murieron en el intento; otros se alistaron en el ejército francés de Indochina y los más, se dedicaron a distintas profesiones en Francia a la espera de un regreso que tardó en llegar y no en la forma que ellos imaginaron.

-Bueno, ha costado y mucho que a estos luchadores se les reconociese, por qué lo cree?

-El chauvinismo francés ha tratado de “olvidar” que los primeros en París aquel 24 de agosto de 1944 fueron españoles en su mayoría, conduciendo semiorugas con nombres tan significativos como  Guadalajara, Teruel, Belchite, Don Quijote, El Ebro o España Cañí, por citar algunos. Durante más de 60 años  lo ocultaron. E el 2008 una periodista y amiga, EvelynMesquida, que prologa mi novela, escribió un libro sobre estos hombres titulado: La Nueve (Los  españoles que liberaron París), en el que entrevistaba a ocho de los supervivientes y que sacó de ese olvido a los héroes de La Nueve. Más tarde, con el apoyo de la actual alcaldesa de París Anne Hidalgo, nacida en Cádiz, el reconocimiento se hizo público y notorio.

-Pero este es un libro con muchas más historias, con multitud de personajes. Una novela de novelas. ¿Lo ves también así?

-Sí, se trata de una novela coral. La conquista de París es un hecho final muy significativo. Pero antes  viviremos con los protagonistas del libro, amores, desamores, miedos y luchas en la búsqueda de la libertad y de la felicidad, tanto social como particular. Cada uno de los personajes que aparecen merecería su propia novela. Por eso se me ha ido el texto a 650 páginas, contando con la benevolencia, el entusiasmo y las ganas de saber y compartir vivencias de las lectoras y de los lectores.

-Lo concebiste como, no sé… ¿con la intención de una gran novela, con la caricatura de un best-seller?

-Es una creación íntima y sincera. No tengo intención de que sea un best-seller, solo que la lean los que quieran sentir. Los primeros lectores dicen que se trata de una gran obra, yo prefiero que me digan que rieron o lloraron leyéndola. Que se emocionaron con los paisajes de la Toscana o de Barcelona, que vibraron en el Madrid republicano, que sintieron  el frío de los combatientes de Teruel, la sed y el miedo en las sierras del Ebro. Que llegaron A París antes que nadie acompañando a La Nueve.

-¿Qué cree que debería significar La Nueve para todos nosotros?

-Es un hito importante. No por su significación militar, que la tuvo, lo es porque recupera la memoria de aquellos que jamás se rindieron en un tiempo y un momento en el que las dictaduras trataron de denominar el mundo. Y esa lucha continua, tal vez sin la presencia de dictadores de opereta, pero sí con la utilización que hacen los poderosos de todos nosotros. Se pueden volver a liberar París de los opresores, aunque nuestro París hoy se llame con mil nombres distintos.

-Pero volvamos a esa atmósfera tan absorbente de personajes, vivencias, entresijos, tramas, vicios, miserias. ¿Cómo te lo has hecho para poder retratarlos, darles como una tercera dimensión a todos y a cada uno de ellos?;¿Qué te apasiona de estos personajes?(creo que la palabra fundamental es “pasión”)

-Pasión elevada al cubo. Porque, como dices, cualquiera de los personajes retratados se multidimensiona y no entenderemos la pasión de Hugo por Nicoletta sin aceptar el amor sin reservas; tampoco la de Pietro por Claudia aunque desafíe todos los convencionalismos. Ni la de Robert Capa por Gerda Taro, hasta que ella murió aplastada por un tanque en Brunete o la de Alfonso XIII por el tabaco y por todas las mujeres que se cruzaban en su camino. Mezclar dos docenas de estas historias sin artificios para que suenen a realidad ha sido como dirigir una gran orquesta de muchos instrumentos y conseguir que ninguno de los sonidos oculte a otros y que suene armonioso y bello.

-Bueno es, además de apasionante, un compromiso acercarse a personas como Gerda Taro, Robert Capa…

-Lo es, tratar a personajes que han dejado huella en la historia como los mencionados y tan complejos como madame Sitrì, Martín Bernal, Patton, John Huston, Ernest Hemingway, Elisabeth Eindebenz o el espía Joan Pujol, compromete. Porque cuento episodios de sus vidas que no aparecen en las biografía oficiales y eso es fruto de la lectura y de la investigación… y de un poquito de osada imaginación.

-Y luego están los diferentes escenarios de Barcelona a París, pasando por Budapest, Roma, Livorno, La Habana. Creo que siempre debe ser de lo más difícil saber situar escenarios, describirlos lo que es más importante, humanizarlos. ¿Qué nos puedes comentar y reflexionar al respecto?

-Ha sido un placer personal seleccionar esos escenarios. La mayoría visitados antes o durante la creación de la novela, imaginando paisajes y enclaves de  setenta años antes. Como un cineasta he procurado seleccionar exteriores para contarlos al lector y dar la mayor veracidad a la obra. La totalidad de los lugares descritos son reales y todavía conservan las huellas de mis personajes.

-Lo de las novelas corales me recuerda mucho a las novelas que me guardaba a leer en tiempo de vacaciones, sean invernales o veraniegas, y de plumas muy diversas y con estilos también muy dispares desde García Márquez a Tolstoi o al contemporáneo Ken Follet…¿Qué te ha inspirado a escribir una novela tan densa, casi barroca, de personajes?

-Un momento de la historia como el que cuento precisa de muchas esencias, porque es un homenaje a las que se perdieron en aquellos años. Has citado tres de mis escritores preferidos, muy dispares como dices, pero todos obligados e interesados en retratar almas y personalidades. He querido que los lectores puedan conocer y elegir sus personajes favoritos, porque así les rescatan del olvido o del anonimato y que no los imaginen como lo cuentan los libros de historia, sino como ellos se sintieron en algún momento de sus vidas.

-¿Cómo y de qué manera te has documentado con la gran cantidad de acontecimientos históricos?

-He tardado cuatro años en documentarme a pesar de que solo se trata de una novela. Sin embargo, pretendo que los lectores, mientras imaginan paisajes, disfrutan o sufren con los personajes, conozcan o contrasten pasajes de la historia de Europa para que no vuelvan a repetirse. Hablar de la Rafle delVelòdrom d’Hivern, los campos de exiliados como el de Argelès-sur-Mer, la maternidad de Elna, la batalla de Écouché, la Noche de los cristales rotos o la propia liberación de París, precisaron de una investigación personal al margen de los escritos “oficiales”, interesados en contar las cosas según convenga. Buscar a los familiares de algunos de los personajes para que me facilitaran datos, anécdotas y documentación ha sido emocionante.

-¿Cómo fue y desarrollaste la metodología de trabajo?

-Eso sí fue duro y aquí me gustaría contar con la indulgencia del lector. Imaginé primero el tiempo y los lugares, luego la situación de los protagonistas en ese marco y más tarde lo llené de personajes, históricos y supuestamente ficticios, que fueran interesantes y que encajaran en el contexto. Fue tan abrumadora la cantidad de lugares y acciones que tal vez alguna de ellas despierte dudas sobre la veracidad de lo escrito. Por ello quedo a la disposición de cualquier lectora o lector interesados que precisen de aclaraciones o de fuentes. Siempre teniendo en cuenta las oportunas y necesarias licencias literarias.

-Pero creo que no deja de ser, ésta, una novela de “vencidos” entre vencedores ¿cómo se desarrolla esto?; ¿cómo te apañas ante esta dicotomía?

-Como te decía antes, ninguno de mis personajes está vencido. Como todos nosotros, cargan con algunas derrotas a sus espaldas, pero todos tratan de superar sus miedos y sus descalabros con mayor o menor fortuna. Quizás alguien vea, en la imposibilidad del regreso a España, una derrota después de tantas luchas, pero el tiempo ha superado esta vez al olvido y la memoria y la reparación han llegado, tal vez tarde, pero han llegado, a pesar de ser, mis protagonistas, los olvidados de aquella victoria.

-Aunque les respaldaban dos banderas, las dos tricolores con los valores de fraternidad, igualdad y solidaridad…

-Sí, pero el agradecimiento es solo patrimonio de los generosos y a pesar de haber defendido la tricolor francesa en los campos de África y Europa el chauvinismo no fue ni fraterno ni solidario. En su discurso radiofónico del día 25 de agosto, De Gaulle, quiso dejar muy claro que París había sido liberado por Francia y por los franceses, olvidando no solamente a los españoles de la División Leclerc, también a los cientos de combatientes no franceses de la Resistencia. Sin embargo, rectificó al día siguiente y pidió que, durante el desfile de la liberación, le escoltara la ya famosa novena compañía, es decir: La Nueve. Numerosos reportajes cinematográficos y fotográficos dejaron para la historia los nombres de “Les Cosaques”, el nombre que recibían los de La Nueve; “Les Pingouins”, el adjetivo de todos los españoles de la División; el Madrid y el Don Quijote, seguidos por el Admiral Buiza, el nombre del último almirante republicano y los Guadalajara, Teruel, Santander, España Cañí, Brunete, Ebro y muy probablemente Belchite. Algunos de ellos llevaban durante este desfile la bandera republicana, otros la tricolor francesa.

-¿Cuánto tiempo, amigo, has invertido en esta “gran novela” de historias que se unes, enlazan, entrelazan…?

-Como te decía he tardado cuatro años en recopilar los datos, y he ido compaginando este tiempo con el desarrollo de la novela, luego he necesitado un año más para perfeccionar y corregir; y media hora para convencer a mi editor.

-En estos momentos creo que estás en plena difusión y promoción de la novela, pero también, seguro, que pensando en alguna otra trama o tramas, con multitud de personajes para convertir en novela ¿nos puedes avanzar algo o dar alguna pista?

-Te voy a dar una pequeña pista. Para descansar de tanto dato histórico y de tantos personajes que deben encajar, estoy pensando en escribir una novela contemporánea, de pocos personajes y de muchos sentimientos… Algo tan simple y a la vez tan complicado como el amor.

Cazarabet es el “alter ego” de la librería de El sueño igualitario de Mas de las Matas en Teruel

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PINGÜINOS EN PARIS. Bajo dos tricolores / Jordi Siracusa / Editorial Comuniter

RESEÑA U OPINIÓN DE ‘PINGÜINOS EN PARÍS’ del blog. Peroquelocuradelibros.
 
<<La mejor novela que he leído en mucho tiempo>>.
Pingüinos en París es la historia de un pueblo, de unos españoles que una vez derrotados siguen luchando contra el abuso del poder, las injusticias y la barbarie de la guerra, venga de donde venga.
La novela tiene una estructura maravillosa, junto a los personajes centrales que protagonizan un capítulo, siempre vienen después otros capítulos con personajes secundarios que tienen que ver con la trama principal y que están llenos de matices, que nos cuentan muchas cosas increíbles de sí mismos y del todo de la historia, que contribuyen a que una novela tan larga, resulte entretenida, de ágil lectura y muy, muy íntima.
Crees que la cantidad de personajes con los que empieza la novela te va a abrumar, pero a lo largo de sus 650 páginas, te das cuenta de que sin ellos el amplio recorrido por la historia de España y de Europa desde 1912 hasta 1945 sería imposible.
Tiene la particularidad de que son unos personajes llenos de alma, de vida y de muerte, de pasiones y de ideales, con los que me he identificado, e incluso he identificado a mis ancestros en muchas ocasiones.
He luchado, he llorado, he tenido miedo y he festejado junto a la Nueve por todo el periplo de cosas que les suceden en una década convulsa de nuestra historia.
Me ha maravillado la minuciosidad con la que el autor se ha documentado. El armamento, los movimientos de las tropas, la geografía de los lugares, las anécdotas de los mandos, el devenir de la sociedad de esa época….
Hay un personaje en particular que me ha llamado mucho la atención y al que he seguido a lo largo de la novela a través de google. El del fotógrafo de guerra Robert Capa.
Sus fotografías en el Desembarco de Normandía (calificadas como las 11 magníficas), las de los carros de combate con los nombres españoles, las de París en plena Guerra Mundial, son impactantes y según leía la novela y veía sus fotos era como estar presenciado la propia guerra.
Sus fotografías de las mujeres rapadas en Chartres por colaboracionistas con el ejército alemán quedan tan bien plasmadas en estas páginas, que me sentía viva dentro de esos acontecimientos. Considero que todo ello constituye un “rendez vous” a los reporteros de guerra que cubrieron la contienda como Taro, Capa o Hemingway y a los que lo siguen haciendo hoy en día.
Quizás por el paralelismo de mucho de lo que les ocurre a los protagonistas con las vivencias de mis propios abuelos en esos tiempos, me haya gustado y la haya disfrutado de una manera muy especial. Es un gran homenaje a todos aquéllos que lucharon por la libertad, llenos de convicción y de ideales, que dejaron sus vidas aparcadas por los demás y que sufrieron la ignominia de los vencedores. De aquellos que algún día fueron refugiados en un país por el que lucharon luego sin apenas reconocimientos. Dios mío, se parece tanto la historia a lo que estamos viviendo ahora….
En fin, gracias a Jordi Siracusa, maestro en esto de contar buenas historias por este novelón.
Mis frases:
“Poco tiempo después sabría que los fascistas leían muy poco, los curas al sesgo y los nobles solo lo que les convenía.” (pag.144)
“Su concepción de la monarquía autoritaria y su mentalidad rural y clerical, arremetían contra todo lo que no fueses Dios, patria y rey. A pesar de ser conscientes de que Dios no se mete en la contienda de los hombres, la patria es un concepto muy confuso y los candidatos a la corona de España andaban fuera de ella; uno en Viena en avanzado estado senil y el otro en Roma, haciendo de sátiro desdentado, alcohólico y adicto a la nicotina.” (pag.160)
“Miles de refugiados, abatidos y ateridos de frío, llegaban a la línea fronteriza bajo el pertinaz acoso de la aviación franquista. Era un convoy de desgraciados: de poetas desolados, de madres con lactantes, de ancianos arrugados; de soldados con vendajes teñidos de sangre, mugrientos y derrotados; de niños de rostro ennegrecido y asustado, que parecían salidos de zahúrdas y buhardillas, donde está prohibido jugar, Hugo y Pietro se encontraban entre aquellos infelices. Francia, la cuna de la Revolución, no los acogía, los internaba.” (pag.317)
“Una nación que no cree en sus intelectuales, en la cultura de sus pueblos y que incluso la ridiculiza, está llamada a fracasar” (pag.394)
“La ambigüedad que había mantenido el Obispo de Roma durante todo el conflicto ponía a la Iglesia Católica en un aprieto histórico. La persecución y deportación de los judíos italianos, las extrañas amistades con los representantes nazis y fascistas y sobre todo los grandes silencios de Pio XII con respecto a los excesos de Mussolini y sus compinches, convertían a la Iglesia si no en culpable, sí en cómplice. Demasiado temor en el Papa, demasiada condescendencia y demasiados horrores callados y consentidos.” (pag.466)
“París volvía a ser rescatado por gentes de toda clase y condición: El Pueblo. Aquella noche muchos encontrarían el amor. Porque sigue siendo en libertad cuando podemos ser mejores. FIN” (Pag.640)
De nuestra colaboradora Concha Yunta (Mil gracias Concha).

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