Hitler en París

En Pingüinos en París se cuenta la visita que hizo Adolfo Hitler a París, después de la toma de la ciudad por los alemanes.

El dictador alemán visito la capital francesa un 28 de junio de 1940, por lo que el próximo jueves se cumplirán 78 años de la indeseada visita. Algunos historiadores nominan este día como: El día de la bestia.

 

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En París ondeaban las banderas de la esvástica.

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En la novela se detalla esta visita y la impresión que causo a franceses, residentes en la capital y ocupantes.

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París, totalmente vigilado.

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Un sueño hitleriano.

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Sin embargo, su primera parado fue la Opera Garnier

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Visitando la tumba de Napoleón I

Un reportaje francés cuenta esta visita.

 

 

La visita contada por los alemanes:

Dietrich von Choltitz en Pingüinos en París.

En la novela se relatan las difíciles  decisiones  que tuvo que tomar  Dietrich von Choltitz, general en jefe de la guarnición alemana en París, ante la llegada de los aliados. El día 9 de noviembre se cumplirán 123 años del nacimiento del militar prusiano en Laka Prudnika en la actual Polonia. El pasado 5 de noviembre se cumplieron 51 años de su muerte en Baden- Baden(Alemania). Von Choltitz sobrevivió muchos años a su posible muerte en un París incendiado y destruido (un nuevo Stalingrado) como pretendía Adolfo Hitler.

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En Pingüinos en París se cuentan sus últimos momentos de libertad antes de que La Nueve entrara en la capital parisina la tarde del 24 de agosto de 1944.

Fragmento de Pingüinos en París:

Dietrich von Choltitz, desde el hotel Maurice, ordena que aquella noche no se perpetren más ataques y que las fuerzas solo se limiten a defenderse, incluida la Gestapo y los partidarios de Vichy, pretende disfrutar de una velada en calma; ha decidido no dinamitar la ciudad. Sin embargo, conoce al estado mayor de Hitler y sabe que en cuanto sepan que la orden de incendiar París no se ha cumplido será destituido y arrestado, y le consta que su sustituto, si le dan tiempo, no tendrá ninguna contemplación ni con la ciudad ni con él. Pide que le sirvan una copa de Henri IV Dudognon Heritag en el salón, bajo la cúpula acristalada del Jardín de Invierno. Su ayudante trata de permanecer a su lado, pero con un gesto de su mano le indica que prefiere estar solo. Aspira profundamente el aroma del coñac con cien años de cautiverio en barrica, lo saborea lentamente y se felicita de que los aliados ya estén en la capital; aunque, con toda seguridad, esto represente su última noche en libertad, incluso su última velada; es consciente de que, cualquier otro retraso de los aliados, hubiera tenido consecuencias catastróficas para la capital. Pide otro coñac y sube a la habitación, desde su ventana contempla la Torre Eiffel entre las sombras nocturnas, erguida y a salvo; levanta su copa y brinda por París.

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Dietrich von Choltitz, fue arrestado por tres españoles.

Se trataba de un extremeño llamado Antonio Gutiérrez, el aragonés Antonio
Navarro y Francisco Sánchez, sevillano de pura cepa. Atravesaron
el lujoso hall y subieron al primer piso donde encontraron al general con su Estado Mayor. Los alemanes viéndose encañonados se rindieron al trío de españoles. Uno de los oficiales les dijo en francés algo sobre las leyes de la guerra. Gutiérrez no entendió del todo el discurso del alemán y respondió con el argumento que le pareció más persuasivo. “Somos españoles y si nos os rendís os pegamos cuatro tiros”, les dijo. Entonces intervino Von Choltitz y dirigiéndose al extremeño solicitó rendirse a un oficial francés de rango. Entraron Hugo y Pietro y sin dejar de encañonarles esperaron la llegada de comandante La Horie. A partir de aquel momento, el general alemán cursó la orden para el alto el fuego a la guarnición alemana de París. Desde las 12.30 ya ondeaba en la Torre Eiffel la bandera tricolor francesa.
Se encomendó a los tres españoles que le habían detenido, el traslado del gobernador militar a la prefectura en L’Ille de France. Antes de salir del Maurice, en aquellos salones que le habían hecho soñar, Von Choltitz, ya un tanto más reposado, se quitó el reloj de la muñeca y se lo entregó a Gutiérrez.

– Es mi regalo por saber respetar las reglas de guerra – le dijo.

Fragmento de Pingüinos en París

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Con el general Leclerc, comandante de La 2DB la División donde estaba integrada La Nueve.

Firmando la rendición.

Estreno de ¿Arde París?

DE PELÍCULA

El 26 de octubre de 1966 se estrenaba la película ¿Arde París? dirigida por René Clément, que cuenta los hechos acaecidos en la liberación de París, donde los españoles de La Nueve, es decir, los Pingüinos, tuvieron un gran protagonismo.

El guión del film se basó en el libro homónimo de Larry Collins y Dominique Lapierre. El guión estuvo a cargo del escritor Gore Vidal y por un joven  Francis Ford Coppola.

 

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Un gran número de actrices y actores proporcionaron un elenco difícil de igualar:

 

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Jean-Paul Belmondo, Charles Boyer, Leslie Caron, Jean-Pierre Cassel, George Chakiris, Bruno Cremer, Claude Dauphin, Alain Delon, Kirk Douglas, Pierre Dux, Glenn Ford, Gert Fröbe, Daniel Gélin, Georges Géret, Hannes Messemer, Harry Meyen, Yves Montand, Anthony Perkins, Michel Piccoli, Wolfgang Preiss, Claude Rich, Simone Signoret, Robert Stack, Jean-Louis Trintignant, Pierre Vaneck, Marie Versini, Skip Ward, Orson Welles, Michel Etcheverry, Billy Frick.

Aquí os incluyo algunos de los más importantes y, al final, una interesante investigación  de Jalyne Llorens B sobre la película con todas sus actrices y actores, incluso los que les doblaron en francés; una maravilla.

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Leslie Caron

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Charles Boyer

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Jean-Paul Belmondo

 

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Jean- Pierre Cassel

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George Chakiris

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Bruno Cremer

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Claude Dauphin

 

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Kirk Douglas

 

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Orson Welles

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Alain Delon

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Glenn Ford

 

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Anthony Perkins

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Gert Fröbe. En el papel de Dietrich Von Choltitz, el general, jefe militar de París, arrestado por tres españoles componentes de la División Leclerc.

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Claude Rich, interpretando al  General Leclerc , uno de los protagonistas de Pingüinos en París.

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Simone Signoret

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Georges Staquet. En el papel de Raymond Dronne, capitán de La Nueve y uno de los protagonistas de la novela.

 

 

Aquí tenéis la relación de las actrices y actores, con lo papeles interpretados, gracias a un vídeo de Jalyne Llorens B

 

 

La entrada en París de La Nueve.

 

Aquí en el minuto 3.35 se reconstruye el momento en que el general Leclerc ordena al capitán Dronne que entre en París “con lo que tenga” y con ” no haga caso de las órdenes “estúpidas” de los americanos”. En el minuto 5.23  en el jeep de mando el capitán Dronne se informa de cómo avanzar y el minuto 5.30 veréis pasar al Madrid – en aquellos momentos a 10 kilómetros de allí – y en el 5.34 al Teruel, que sí fue uno de los que entraron la noche del 24 de agosto y en el 6.02 se reconstruye la llegada del primer half-track (El Guadalajara) al ayuntamiento parisino

 

 

 

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Dibujo de Annie Dream en la novela.

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Feria del Libro de Zaragoza 2017 y presentación en el Ayuntamiento de Pingüinos en París.

Ayer terminaba La Feria del Libro de Zaragoza 2017 en la que “Pingüinos en París” no solo estuvo presente sino que triunfó por todo lo alto. Y todo gracias a los apasionados lectoras y lectores.

Ana Elisa en la caseta de la Editorial Comuniter.

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Con el Bonete de la División Leclrec en la caseta de Editorial Comuniter

Firmándole la novela al presidente de la Comunidad Aragonesa, Javier Lambán.

Acompañando y aconsejando a mi presidente y amigo.


En la presentación de la novela en el Salón de Recepciones del Ayuntamiento de Zaragoza, flanqueado por mi editor Manuel Baile – a la derecha de la imagen – y por Juan Soro, compañero editorial. En primera línea el casco de acero de la infantería americana – original – que mi amigo Jaime nos prestó.

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Con mi compañero y luchador incansable de la editorial, Paco Nevado. Gracias por todo lo que te incordio, amigo.

Tuve le honor de presentar a la gran escritora Luz Gabás y a su nueva novela: “Como fuego en el hielo”

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También al poeta, ensayista y repentista cubano Alexís Pimienta, al que presenté en La Cartuja. Un gran tipo y mejor amigo.

Dos aspectos de lo que fue la Feria. Gran afluencia de público cuando el tiempo y una nostálgica desolación cuando la lluvia acudió para socorrer al sediento Ebro.

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18835595_1892899884069067_8849365463528865979_n Explicando a los niños las heroicidades de La Nueve.

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Leer ayuda a crecer.

Con otros compañeros en la caseta.

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Ana Elisa, defendiendo la posición.

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Hasta el año que viene. ¡Viva La Nueve!

Amado Granell en Pingüinos en París I

Uno de los personajes que aparecen por mérito propio en mi novela es Amado Granell, el primer “soldado norteamericano” que entró en París en agosto de 1944. Ayer, viernes 12 de mayo, fue el aniversario de su fallecimiento por accidente automovilístico ocurrido en Sueca el año 1972.

Este es la primera parte sobre su vida hasta la entrada en París de La Nueve. La próxima semana habrá la segunda entrega. Espero que os guste-

Amado Granell en Pingüinos en París. Fragmento de la novela.

Fue el teniente Amado Granell quien les comunicó que partían aquella mañana para Temara, una playa atlántica del Marruecos francés, cercana a Rabat, donde los americanos les entregarían los nuevos uniformes, los vehículos y las armas con que estaría dotada la división y que tan bien ya conocían. Frente a él estaban formados los ciento sesenta componentes de la compañía, en sus manos llevaba un puñado de pequeñas banderas republicanas.
– Os he traído para cada uno de los españoles una insignia republicana para que la cosáis en el nuevo uniforme. Así sabrán con quien se las van a ver.
– Olé tus “güevos” – contestó el gaditano Manuel Lozano. Los demás se echaron a reír y aplaudieron el gesto de su teniente.
Al día siguiente la Deuxième Division Blindée llegaba a Temara; la temperatura era muy alta, a pesar de que la brisa atlántica y los bosques al sur de la ciudad la atenuaban. Aquel martes 24 de agosto se tomaría como la fecha de la creación oficial de la división, no lo sabían pero era toda una premonición.
Los M4 Sherman bajaron majestuosamente por las rampas de las barcazas, mientras sus futuros servidores se hacían cargo de ellos con la ilusión de un niño a quien le acaban de regalar un juguete de treinta toneladas. Los semiorugas no defraudaron, las pruebas realizadas en el desierto habían demostrado a los batallones mecanizados la multifuncionalidad de los half – track. Los rápidos y versátiles jeeps, los potentes camiones GMC y las camionetas Dodge les parecieron una maravilla. La Nueve se hizo cargo de sus vehículos entre la alegría y las expresiones castizas. Se sentían ya una unidad de infantería motorizada dispuesta a todo. Ahora había que hacerse con el material, convertirse en centauros de la mecánica y de las orugas tractoras, en expertos apuntadores y artilleros, en parte del engranaje de las máquinas de guerra. La preparación debería ser larga y paciente, hasta establecer la perfecta simbiosis entre hombres e instrumentos. Los españoles se enfundaron en sus nuevos uniformes, iguales al de otras unidades de infantería norteamericana.
Muchos se cosieron en las cazadoras la bandera que les diera en Djidjelli, Amando Granell.

                                    Amado Granell

Amado Granell es uno de los personajes más carismáticos de los componentes de La Nueve y uno de los personajes de “Pingüinos en París (Bajo dos tricolores) “. No era un aventurero aunque su vida, incluso su muerte, podría formar parte de una novela de aventuras.

Amado Granell Mesado, nació en Burriana (Castellón) el 5 de noviembre de 1898, año del Desastre. Era hijo de Juan Bautista Granell Sabater y de María Francisca Mesado Monzonís. Su padre era importador de madera.

Tras el desastre de Annual en Marruecos, que costó la vida a 13.000 españoles, Granell se alistó en el tercio español de la Legión, era 1921, y como preludio de lo que sería una vida azarosa. Se le destinó en la 18ª Compañía de la Quinta Bandera. Sin embargo,  a requerimiento de su padre y aduciendo que era menor de edad cuando se alistó, algo bastante extraño puesto que ya tenía 23 años, le obligó a dejar el tercio Duque de Alba, ya con los galones de sargento, y regresar a Burriana el 5 de julio de 1922.

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La ficha donde se le licencia por menor el 5 de julio. Foto de: aulamilitar.com/agranell.hts

Se casó con su primera mujer, Aurora, y juntos montaron una tienda de bicicletas en Orihuela. Sus inquietudes políticas le llevaron a afiliarse a la U.G.T. y a ser concejal por Izquierda Republicana. Al estallido de la Guerra Civil en julio del 36 se inscribió en el Comité de Enlace Antifascista. Como hombre de acción el 16 septiembre ya se había alistado al recién creado Ejército Voluntario y destinado al batallón Levante en Valencia,  y más tarde, al Batallón de Hierro hasta el 10 de diciembre, alcanzando el grado de alférez. En el mes octubre la unidad de Granell pasó a llamarse Batallón Motorizado de Ametralladoras. Amado ya es capitán desde noviembre y en diciembre el batallón será la  base para la formación de la Brigada Motorizada de Ametralladoras, que el 22 de abril de 1937 se convertiría en el Regimiento Motorizado de Ametralladoras. La unidad, en su evolución, había pasado de los 136 miembros iniciales a 1.200 al mando de Granell. Combatieron en Toledo y en la defensa de Madrid. El regimiento fijó su cuartel general en un convento de la capital. Allí prosiguieron con la edición de la revista  Hierro, órgano del regimiento, y que dirigía el pintor José Vela Zanetti.

 

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En diciembre de 1938,  y con el grado de comandante, es el jefe de la 49 Brigada Mixta, formada por los batallones 193, 194, 195 y 196, que combaten a los golpistas para evitar la ocupación de la provincia de Castellón.

Consumada la derrota republicana fue uno de los últimos en huir del avance de las fuerzas franquistas. En vísperas de la derrota republicana se encontraba atracado en Alicante, a la espera de cargar una partida de naranjas, un barco carbonero británico de nombre Stanbrook; su capitán, un galés llamado Archibald Dickson, viendo el peligro que se cernía sobre los miles de republicanos esperando medio de transporte, decidió socorrer a los refugiados. Dickson zarpó del puerto de Alicante el 28 de marzo de 1939 con 2.638 personas a bordo y sorteando los proyectiles lanzados por el crucero Canarias que bloqueaba el puerto. Como anécdota, Amado tenía dos plazas en el buque con los números 2.073 y 1.928. A pesar de ir el barco cargado hasta los topes, más de 15.000 republicanos quedaron en el puerto de Alicante sin poder embarcar. Después de 22 horas de travesía el Stanbrook llegaba a Orán.

 

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El Stanbrook en el puerto de Alicante.

Al llegar a Orán, Granell fue internado, junto con otros combatientes republicanos, en un campo de concentración francés. Por fortuna, fue reclamado por su hermano Vicente que había llegado un par de meses antes y vivía ya en el barrio español de Babel-Oued. Allí permaneció hasta diciembre de 1942. El 8 de noviembre se había iniciado la operación Torch y los norteamericanos habían desembarcado en el norte de África.

Granell se alistó en Argel en los “Corps Francs d´Afrique”, al mando del general De Monsanbert de las Fuerzas Francesas Libres (FFL), y que acompañan al ejército británico en el avance a Bizerta y en la Batalla de Túnez contra las fuerzas del Afrika Korps de Romel, en alguno de los numeroso combates que vivió fue herido en la cabeza e ingresado en un hospital argelino. En la batalla de Túnez consiguió el grado de teniente y coincidió con varios de los futuros compañeros de La Nueve.

 

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En la Nueve.

Terminada la campaña de Túnez, los Cuerpos Francos tenían que incorporarse al nuevo cuerpo de ejército comandado por el general Henri Giraud. El general francés antiguo combatiente en Marruecos y en la Primera Guerra Mundial, había sido hecho prisionero en  Wassigny por tropas alemanas en mayo de 1940, pero logró huir en 1942 y tras numerosas vicisitudes llegar a Argelia, donde mantuvo una ambigua posición con los generales fieles a Vichy y con los aliados. Muchos de los integrantes de los Cuerpos Francos y de la Legión Extranjera, sobre todos los españoles, desertaron de las tropas al mando de Giraud para enrolarse en la nueva División Blindada que estaba formando el general Leclerc. Uno de ellos fue Amado Granell quien, además, animó a numerosos compatriotas a alistarse en la que sería la llamada División Leclerc.

En verano de 1943 se formó en Tripolitania la División, consta como fecha de su fundación el 24 de agosto. De los 16.000 hombres que la formaban, 2000 eran españoles, a quienes todos llamaban “los Pingüinos”. Amado quedó asignado a la novena compañía del Tercer Batallón del Regimiento de Marcha del Chad como teniente. La compañía estaba formada casi exclusivamente por soldados españoles (144), su idioma oficial era el castellano y el nombre por el que la conocían todos: La Nueve. El mando se le asignó al capitán francés Raymond Dronne.  Después de su formación en tierras africanas fueron enviados, junto el resto de las tropas de Leclerc  a Inglaterra, concretamente a Pocklington  en Yorkshire a 39 Km. de York.

La División permaneció en Inglaterra hasta su desembarco en Normandía el 3 de agosto de 1944. Antes, Dronne, había nombrado al teniente Amado Granell su segundo en el mando por su valor y su carácter flexible y conciliador entre una tropa muy veterana y un tanto indisciplinada. Los Cosacos, como llamaban a los componentes de La Nueve, también fue el nombre del half-track de mando, que comandaba el propio Granell. La campaña a través de Normandía fue extremadamente dura y Granell destacó por su temeridad y arrojo en todas las batallas, significándose como uno de los mejores oficiales de la División.

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Granell en Écouché

París

De Gaulle tenía la intención de que las Fuerzas Libres Francesas fuesen las que liberaran la capital. Ante la incertidumbre de los aliados que preferían seguir avanzando y dejar a París embolsado en retaguardia, De Gaulle ordenó al general Leclerc que avanzara con su División. La tarde del 24 de agosto de 1944, el general Leclerc se encontraba a 10Km. de París sabiendo que una guarnición de 20.000 alemanes les esperaba. Ordenó a Dronne que se adelantara con su compañía hacia la capital. La Nueve entró por la antigua Puerta de Italia y ante los vítores de la población llegaron los a las 21.20 al Ayuntamiento parisino. Allí les esperaban los jefes de la Resistencia. El primero en llegar a la alcaldía fue Amado Granell.

Fragmento de Pingüinos en París

Los paisanos que han salido al encuentro de la cabeza de la compañía, advierten a Granell que parte de la avenida de Italia está ocupada por unidades del ejército alemán y muchas calles están batidas por el fuego enemigo; entonces decide desviarse por la rue Baudricourt. La columna atraviesa la place Nationale y giran por la calle del mismo nombre. Dronne ordena entonces dirigirse al ayuntamiento. Algunos miembros de la Resistencia les saludan alborozados, hace ya demasiados días que luchan solos para liberar la capital. Robert Millet, un abogado norteamericano residente en la ciudad, ve aparecer al Santander frente al portal de su casa en la plaza Pinel, reconoce los uniformes y les grita en inglés creyendo que son compatriotas. ¡Welcome boys! ¿Yankee? le preguntan, el americano sonríe y afirma con la cabeza. “Nosotros somos españoles”,
contesta Sanchís para sorpresa del abogado. A la altura de la rue Squirol las gentes les abrazan y empiezan a entonar la Marsellesa,
Hugo les acompaña en sus cantos revolucionarios, siente que sus recuerdos de infancia vuelven transportados por el tiempo y acunados por las palabras de su padre: Es la tierra de la Libertad…

El teniente Granell atraviesa el primero con su automóvil Tatra el puente de Austerlitz para asegurarse de que no está minado y llega a las cercanías del ayuntamiento parisino; informa que, al parecer, el edificio ha sido ya tomado por la Resistencia
y que no hay alemanes a la vista. Dronne y el resto van en su pos, desde una ventana arrojan flores sobre el jeep de mando, la alsaciana se asusta, podría haber sido una bomba. Siguiendo a Dikran atraviesan a su vez el puente de Austerlitz, cruzan el Sena, llegan al boulevard Henry IV y protegidos por los muelles fluviales desembocan
en la place de l’Hôtel de Ville. Se escuchan detonaciones lejanas. El peculiar ruido de las orugas parece acompasar los gritos de la población, es un run run que parece gritar algo así como: libertad, libertad. Se escucha el tableteo de una ametralladora, al final de la calle un par de confiados civiles caen heridos sobre el pavimento. Los “cosacos” responden al fuego haciendo enmudecer los fusiles alemanes. Están más que preparados, ansiosos de revancha,de ganar esta guerra para poder olvidar la que perdieron en su patria; han luchado en tantos frentes que ni siquiera recuerdan los nombres, pero sí cada rostro amigo o enemigo que han visto morir, o eso imaginan en sus pesadillas.
Las campanas empiezan a tocar, el gran Bourdon de Nuestra Señora responde a sus hermanas. Cantan a la liberación. ¡París libéré!, gritan las gentes, los componentes de la columna sienten el amparo del pueblo, algunos lloran emocionados. La avanzadilla llega a la plaza, el primero es el Guadalajara; una joven parisina de doradas trenzas se sube al half – track y besa en los labios a Juan Rico, él la corresponde entusiasmado. Los otros semiorugas que siguen al Guadalajara toman posiciones para evitar un ataque alemán. Las gentes les abrazan y vitorean. El reloj de la fachada marca una hora histórica las 21.22.

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Al día siguiente  el periódico Liberation, publicaba en su portada la llegada de las tropas aliadas y la foto del primer “americano” en llegar a París. Era Amado Granell, de Burriana.

Foto histórica para publicar

París 25 de agosto de 1944. El capitán Dronne, el teniente Amado Granell, a su derecha, y el subteniente Martín Bernal, a la izquierda y el soldado Pirlian, al fondo, preparan el asalto a la telefónica.

Fragmento de Pingüinos en París

En aquel mismo momento y en la plaza del ayuntamiento, Dronne distribuía a sus hombres. El periódico Libération publicaba en su portada un titular con la leyenda de Ils sont arrivés, acompañada de una foto de Granell con Bidault y el prefecto de París, y en cuyo pie rezaba: “El prefecto de la ciudad felicitando a un oficial de la División Leclerc” y se destacaba a Granell como “le premier soldat américain”; difícil encontrar una ciudad norteamericana llamada Burriana.
Pasado un cuarto de hora de las nueve de la mañana, la prefectura parisina pidió a Dronne que liberara la central telefónica de la rue des Archives, situada a menos de cien metros de la plaza. Trazaron un plan. El capitán ordenó a Granell permanecer en el ayuntamiento y en principio dispuso que Hugo asaltara el edificio de la telefónica desde la rue du Temple, mientras Michard con Garcés lo harían por la rue des Archives; pero cambió de opinión y envió a Elías a la telefónica, ordenando a Hugo que tratara de capturar al Estado Mayor alemán en el Maurice.

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Amado Granell a bordo de su Tatra 57 encabezando el desfile de celebración de la liberación de París el día 26 de agosto de 1944.

Fragmento de Pingüinos en París

Amado Granell con su sufrido Tatra 57 K encabezaría al resto de los semiorugas de la compañía capitaneados por Hugo. Todo un honor para La Nueve. Detrás, un grupo de jeeps conduciría a los periodistas y fotógrafos.
La escolta se puso en marcha. Desfilaron entre vivas y ovaciones de los ciudadanos y de los resistentes de las FFI convertidos en activos espectadores. Los cantos de la Marsellesa repetían: “Libertad, libertad querida…”, y los feroces soldados de La Nueve marchaban por la Avenida de los Campos Elíseos. Los días de gloria habían llegado. Entre el público alguien desplegó una bandera republicana española de veinte metros. La emoción recorrió la médula espinal de aquellos hombres. “¡París, Berlín, Barcelona… Madrid!”, empezaron a gritar. Era la esperanza de los hijos de otra patria, lejos de sus casas, con el solo deseo de volver y echar al dictador de sangre impura. Los Guernica, Teruel, Guadalajara, Madrid, Ebro o España Cañí no pedían venganza sino justicia. Capa iba captando instantáneas de la emoción popular, de las caras de alegría y los rostros
de felicidad. Disparaba y disparaba la Contax, que tanto había visto por su obturador y que, sin embargo, seguía asombrándose del poder de expresión de los humanos, capaces de dibujar en sus miradas el estado de sus almas. Fotos de De Gaulle sonriendo a una multitud enfervorizada, de paisanos entusiasmados, de gendarmes impotentes para contener a la gente, de mujeres jóvenes y no tan jóvenes, encaramándose a los vehículos para besar a los soldados. No era el único, docenas de fotoreporteros dejaron constancia del paso de los vehículos de La Nueve bajo el Arco del Triunfo. Las futuras generaciones tendrían que cantarlo algún día, al igual que las contemporáneas lo festejaban hoy. París era libre, gracias a muchos y al arrojo de unos cuantos.

Continuará…

Pingüinos en París (Bajo dos tricolores), ya está en su segunda edición.

 

Mi nueva novela Pingüinos en París (Bajo dos tricolores), ya está en su segunda edición. Gracias a todos los lectores. Si no la encontráis en vuestra librería favorita insistid para que os la traigan. Os lo agradecerán.

 

Portada 2º edición

 

En todo caso también podéis adquirirla directamente a la editorial http://www.editorialcomuniter.es/narrativa/119-pingueinos-en-paris-bajo-dos-tricolores   sin gastos de envío.

Para quienes no sepáis todavía de qué trata la novela podéis entrar en:

Página de la novela

Encontraréis personajes, vídeos, lugares, fotos, música y películas que aparecen el la novela.

Sinopsis

También podréis descubrir o saber más de La Nueve, la famosa compañía de republicanos españoles que liberó París el 24 de agosto de 1944.

LA NUEVE

parís por Jose Manuel Serrano villa Alicia.

Foto de José Manuel Serrano. Paseando los Pingüinos por París.

Martín Bernal, un héroe de La Nueve

MARTÍN BERNAL PERSONAJE DE PINGÜINOS EN PARÍS (BAJO DOS TRICOLORES) En la foto es el primero por la izquierda de la primera fila.

El día 30 de este mes se cumple el aniversario del nacimiento de un gran héroe de La Nueve.

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Foto del artículo-libro de Pons Prades

En su libro Carnets de Route, concretamente en la página 259 de Editions France-Empir de 1984, Raymond Dronne, capitán de La Nueve, describe así a Martín Bernal:

El sargento-jefe y futuro alférez Garcés, cuyo verdadero nombre es Martín Bernal, es un aragonés de Zaragoza. Este coloso- Bernal medía más de un metro ochenta -, de ritmo tranquilo y señorial  había comenzado una carrera de torero; su nombre de matador era Larita II. Fue hecho prisionero por los franquistas al final de la guerra civil, pero pudo evadirse. Atravesó gran parte de España a pie, escondiéndose de día y caminando de noche para evitar ser visto. Según él mismo me contó, guiándose por la estrella polar, pudo  llegar al Pirineo y entrar en Francia en septiembre de 1939. Arrestado por los gendarmes, las autoridades francesas le proponen ingresar en el ejército francés o ser devuelto a la frontera española. En aquella época, Garcés, no hablaba francés. La palabra francesa “armée” – ejército – le sonaba como si le propusieran ingresar en la armada francesa. “Yo no puedo ingresar en la armada, repuso Bernal, jamás he subido a un barco (…)” Por su clase, por su valor y tranquilidad, además de su buen humor y simpatía, Bernal se ganó rápidamente a sus camaradas. Después de la guerra, aprovechó sus conocimientos de zapatero para instalar con su hermano, liberado de Mauthausen, un prospero negocio de zapatería en las afueras de París.

Estas son las palabras con las que Raymond Dronne define a uno de sus mejores hombres: el zaragozano Martín Bernal, conocido por sus compañeros de La Nueve como “Garcés” o como “el Maño”.

Martín Bernal Lavilla nació en Garrapinillos (Zaragoza) el 30 de enero de  1912, un reportaje del Heraldo de Aragón de Zaragoza, publicado el 22 de agosto de 2004 con motivo del 60 aniversario de la liberación de París, sitúa erróneamente su nacimiento en La Cartuja de la Inmaculada, un barrio zaragozano cercano a la capital y donde, al parecer, trabajaron durante algún tiempo Martín y su hermano Paco y donde se afiliaron a la CNT a instancias de un viejo cenetista llamado Pedro Blasco.

La verdadera pasión de Martín en aquellos tiempos era el toreo. Su admiración por Larita le hizo bautizarse profesionalmente como Larita II; su apoderado era Miguel Grimal. Vivía en el barrio zaragozano de Torrero en el 13 de la calle Triana, en la misma calle donde todavía viven sus sobrinos y a los que visitó en varias ocasiones a partir de los años 70. Durante su época de novillero, que truncaría la guerra civil, se hizo amigo de otro novillero llamado Manuel Garcés Navarro, nacido en Fuentes de Ebro el 3-5-1910 – y que con el tiempo se convertiría en su cuñado, ya que  Martín formó pareja – fue el amor de su vida – con Carmen Garcés, hermana de Manuel, con la que tuvo dos hijas llamadas Carmen y María y posteriormente ya en París un hijo: Andrés –Dedé –  terminada la II Guerra Mundial.

Fotos del archivo familiar, proporcionadas al autor

En el año 1938, Martín, su hermano Paco y su cuñado Manuel escaparon de Zaragoza, donde había triunfado el golpe militar, y se incorporaron a las columnas cenetistas que pretendían liberar la capital maña. Combatieron más tarde en la Batalla de Teruel. Al final de la guerra, Martín, fue apresado por el ejército franquista en una población manchega. De allí fue conducido a un campo de concentración en un antiguo monasterio cartujo llamado Porta Coeli cercano a Liria (Valencia). Se las apañó para escapar del campo y huir a Francia cruzando por un valle pirenaico:  para entonces había perdido el contacto con su hermano, que acabó en Mathausen, y con su cuñado Manuel que terminó con sus huesos en Carabanchel.

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Porta Coeli, magnífica fotografía de TONYMAN. http://www.minube.com/fotos/rincon/2177104/7534889

Ya en Francia, las autoridades francesas le “invitaron” a incorporarse a la Legión Extranjera y embarcó rumbo al África central. Combatió en el Senegal y en 1942 en la campaña del Norte de áfrica y en la Batalla de Túnez en el 43 contra el Afrika Korps de Rommel y en la que fue herido por primera vez – lo sería en otras dos ocasiones -.  Por su comportamiento en los combates recibió la Medalla Colonial de la República Francesa, una de las distinciones militares más preciadas.

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FOTO DE AUTOR DESCONOCIDO. ARCHIVO FAMILIAR

Enterado de que el general Leclerc, pretendía organizar una división acorazada de la Francia Libre, no lo dudó ni un solo momento y se alistó, junto con muchos otros españoles, en la que más tarde sería la famosa División Leclerc. Muchos de los que se incorporaron a la nueva división cambiaron sus nombres para poder “desertar” de otras unidades francesas, así, Martín se registró como Garcés – el apellido de Carmen – en la nueva unidad.

La flamante división fue equipada por el ejército norteamericano y conducida a Inglaterra para su preparación ante el inminente asalto a la Europa continental. Martín fue incorporado a la novena compañía del III Regimiento de Marcha del Chat de la División Leclerc. Su compañía fue pronto conocida por todos los divisionarios como La Nueve, así en español,  ya que la mayoría de sus hombres (146) eran españoles. En el censo de la división había más de un millar y medio de españoles, conocidos como los Pingüinos. Su lugar de entrenamiento en Inglaterra fue en la ciudad de Pocklington.

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Sentado sobre el capó de su half-track Teruel

La división desembarcó en Utah beach  a principios de agosto y participó en la liberación de Écouché y en gran número de combates como la toma del puente sobre el Sarthe y la de Alençon o en la reducción de la bolsa de Falaise; hasta llegar a las cercanías de París. En todos ellos se distinguió Bernal. La tarde del 24 Leclerc ordenó al capitán Dronne que avanzará con su compañía hacia París, defendida por más de 20.000 alemanes. La Nueve entró la primera en la ciudad, con sus half tracks de nombres de evocación española, por la Puerta de Italia. Martín al mando del HT Teruel y comandando una de las secciones fue uno de los libertadores que primero llegaría al ayuntamiento parisino, eran la 21.22 de la tarde del 24 de agosto de 1944.

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Foto actual tomada en ÉCOUCHÉ

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Foto del día 25. El capitán Dronne esta preparando con sus oficiales el asalto a la telefónica; a su derecha de la foto Amado Granell a la izquierda Martín Bernal; al fondo el soldado Pirlian.

Al día siguiente entraba el resto de la División y Martín se batía en las calles reduciendo los focos de resistencia alemanes, siendo citado en la orden del día por su valor:

“Suboficial de una alta valía militar y moral. Posee tanto valor bajo el fuego como sentido de la responsabilidad en la retaguardia. Ha sido citado varias veces. Actuando como subjefe de sección, el 25 de agosto, en París, se hizo cargo de la misma cuando su jefe fue gravemente herido; mandándola con notable autoridad”

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Desfile del día 26 de agosto de 1944

Continuó con la compañía ascendiendo a alférez, luchando en los Vosgos y en territorio alemán hasta llegar al Nido del Águila, el Kehlsteinhaus, en los Alpes Bávaros,  para entonces sólo 16  españoles  de La Nueve seguían en la compañía; más de cincuenta yacían enterrados en los campos de Europa y el resto se recuperaba en una docena de hospitales aliados. Martín había recibido  La Croix de Guerre avec palme y había sido herido en otras dos ocasiones. También había recibido la Medalla militar. Al llegar a la que fuera la casa predilecta de Hitler, Martín se desbebió en el sillón del dictador alemán.

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La toma del Nido del Águila

Terminada la II Guerra Mundial, Martín instaló con su hermano Paco – liberado de Mathausen – una zapatería en  Choisy-le-Roi, a 18 km de París, donde tenía su residencia, concretamente en el número 3 de la calle Pablo Ruiz Picasso. El domingo 18 de octubre de 1987 se le nombró Caballero de la Legión de Honor. Falleció el 29 de julio de 1991 y está enterrado en el cementerio de Choisy-le-Roi (Val – de – Marne). Por aquel entonces la hazaña de  La Nueve todavía permanecía “convenientemente” olvidada.

 

Galería de fotos familiares proporcionadas al autor:

 

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Frente a su zapatería en Choisy-le-Roi

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Con su esposa Carmen Garcés.

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Recibiendo la Legión de Honor.

Martín Bernal (Garcés) es uno de los protagonistas de mi novela

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