El desembarco de Normandía en Pingüinos en París.

Hoy, 6 de junio, es el aniversario del desembarco militar más impresionante que vieron los siglos. Fue el famoso Día D.

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Photographer’s Mate (CPHoM) Robert F. Sargent. Desembarco de la Compañía E en Omaha Beach.

En «Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)» se relata este batalla que cambiaría el curso de la guerra.

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Plan de asalto del día 5 de junio.

Paracaidistas británicos de la 6.ª División Aerotransportada recibiendo instrucciones en vísperas de la invasión. Foto de: Malindine, E G (Capt), War Office.

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El general  Eisenhower departiendo con los paracaidistas de la  Compañía E, 502D. que van a lanzarse sobre el continente.

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Subiendo a los planeadores

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Soldados norteamericanos preparándose para embarcar en WEYMOUTH, Reino Unido Foto: Robert Cappa.

 Bajo la sombra de Nothe Fort en Weymouth, docenas de buques esperaban una orden que ya se retrasaba veinticuatro horas. El cielo permanecía todavía cerrado y las luces de Selene se reflejaban prudentes sobre los cientos de globos que protegían el puerto. En la cubierta de los buques de transporte, miles de hombres eran informados una y otra vez sobre su misión. El U.S.S. Chase no era una excepción. Sobre maquetas de plástico los suboficiales explicaban a las tropas el paisaje que se encontrarían al poner el pie en Omaha Beach, un nombre en clave para designar un par de playas en la costa de Normandía. En el interior del buque se podía ver pintados en una pared los nombres de los buques, el de los ocho sectores de desembarco en Omaha y los asignados a cada unidad militar con nombres tan peculiares como Dog Green, Dog White, Easy Green o Easy Red. La zona de desembarco que correspondía al 16ª regimiento de infantería al mando del coronel Taylor estaba bien delimitada por acantilados en ambos lados y sobre la línea de mareas poseía un banco de dos metros de altura con una anchura que alcanzaba los catorce en algún punto. Una ratonera de roca normanda bajo la apariencia de una playa de inocentes arenas. El Chase era uno de los buques nodriza de la flota. Iba cargado hasta los topes de barcazas de desembarco para ser lanzadas, repletas de soldados, a diez millas náuticas de la costa. Capa era uno de los componentes de la compañía “E” del segundo regimiento, una de las primeras elegidas para pisar tierra francesa. “Todo un privilegio”, pensaba el fotógrafo. Los mandos aseguraban sin pudor que, primero las baterías de los destructores y luego la aviación, dejarían la playa sin apenas defensas, aunque tal vez quedaría resistencia en los empinados acantilados que se elevaban entre 30 y 50 metros y que dominaban toda la playa. No obstante, las tropas se habían preparado para la conquista rápida de esas alturas, o eso creyeron. Cuando se dio el aviso de partida, los embarcados no fueron conscientes de que empezaba el día “D”, hasta que vieron empequeñecerse la costa inglesa. No era ningún simulacro.

Fragmento de Pingüinos en París.

Las defensas de las playas en Normandía. Bundesarchiv, Bild 101I-719-0240-05 / Jesse / CC-BY-SA 3.0

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National Archives USA

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historiayguerra.net/2014/05/23/la-batalla-de-normandia-1944 Plano del desembarco.

Map of the Normandy invasion with allied forces. Image: Originally published in Time Magazine.

Bombardeos previos al desembarco.

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Soldado paracaidista  de la 101 contemplando a la aviación aliada.

La 101ª aereotrasportada en acción

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Cientos de planeadores y miles de paracaidistas en la retaguardia alemana.

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Los alemanes observando el despliegue aéreo aliado.

Los hombres comenzaron a escribir cartas a sus familias, hasta entonces existía la esperanza de un nuevo retraso o un cambio de estrategia; ahora tenían la certeza de que pronto hollarían aquellas playas, maquetadas en plástico, de verdad. Algunos empezaron a rezar, otros quedaron en silencio meditando su destino; muchos sacaron
los naipes y empezaron una partida de olvidos y quitamiedos.
Sobre las dos de la madrugada les anunciaron la cercanía de la costa. Los rostros se tornaron adustos y nadie quiso continuar con la partida. El barco comenzó a oler a refrito, a tortitas y a café. Los comedores se llenaron de soldados y los platos quedaron casi sin tocar, los huevos revueltos fueron más revueltos todavía, aunque no degustados. ¿Quién desayunaba tranquilamente sabiendo la inminencia
del asalto? A las cuatro fueron concentrados en la cubierta superior, dos mil hombres se aprestaron para subir a las barcazas de desembarco. Capa apareció con un Burberrys doblado sobre el brazo. Sabía que tendría que saltar al agua y pensaba no mojarse demasiado protegiendo las cámaras bajo el elegante impermeable. El silencio era impresionante, solamente se escuchaba el chirriar de las grúas a la espera de bajar las lanchas. Todavía estaba oscuro y la negrura de imposibles sombras apagaba todavía más los rostros camuflados bajo los cascos de acero. El miedo barría toda la cubierta mientras, a los pocos que habían desayunado, su esófago les devolvía el regusto de los alimentos.
Desde las seis menos cuarto de la mañana los buques de la Armada, y posteriormente la aviación norteamericanas, bombardearon las defensas costeras alemanas con ahínco. Sin embargo, los puestos de combate alemanes recibieron escaso castigo. Frente a la playa de Easy Red, los hombres de los nidos de resistencia WN esperaban dentro de los búnkeres, casamatas y fortines, dispuestos a repeler a los infantes norteamericanos en cuanto desembarcasen. El WN62 era solo uno de los quince puntos de defensa a lo largo de Omaha Beach, estaba situado en Coleville-sur-Mer a tan solo veinticinco metros de la arena con una amplia visión de toda la laya, rodeado por alambre de púas y una fosa antitanque. La línea de fuego del WN62 era tan extensa como lo brazos de la Parca. Los treinta hombres que defendían la posición atenazaron sus índices sobre los gatillos de sus armas, los servidores de las dos ametralladoras MG 42 se prepararon y los artilleros cargaron los dos cañones de 75mm., los morteros de 50mm. y el cañón antitanque. El teniente  Frerking se dirigió a sus hombres y les pidió valor y tranquilidad y a que el enemigo estuviese con el agua hasta las rodillas y con poca maniobra para defenderse, antes de empezar a disparar. Durante unos minutos se hizo una tensa calma.

Fragmento de Pingüinos en París.

Lancha aproximándose a Omaha.Conseil Régional de Basse-Normandie / National Archives USAhttp://www.archivesnormandie39-45.org/specificPhoto.php?ref=p012547

Los de la primera oleada abordaron sus barcazas que la grúa había posicionado lentamente sobre el mar. Un primer rayo de sol se estrelló contra ellas dándoles un aura rojizo de advertencia. Las olas de un mar altanero y violento se proyectaron contra los botes empapando a los infantes que se acomodaron fijando la vista en la rampa delantera. Aquel era su puente a los infiernos. Una tras otra, las barcazas fueron depositadas sobre el agua como barquitos de papel sobre una torrentera. Algunos hombres sacaron las bolsas preparadas para el caso y vomitaron dentro de ellas el resto del desayuno o la bilis de la nada. Un primer zambombazo anunció que estaban cerca. Los alemanes hacia ya horas que les esperaban. Todo el horizonte visible estaba cubierto de cientos de navíos de guerra y transporte de los que surgían miles de embarcaciones camino de la playa. Las defensas se mantenían prácticamente enteras y los de la Wehrmacht habían tenido tiempo de prepararse. Las ametralladoras aparecieron entre las hendiduras de los búnker, fijando su puntería con toda la antelación del tiempo que tarda un hombre cargado de armas y pertrechos, con el agua hasta la cintura, avanzar cincuenta o cien metros esquivando obstáculos hasta llegar a la playa. Omaha estaba sembrada de “puertas belgas”, un obstáculo semisumergido cuya finalidad era impedir el desembarco de tropas y vehículos, y a los que se habían adosado minas terrestres y minas antitanques. También de rampas con explosivos para hacer estallar las embarcaciones que se acercaran a la playa y una última línea en el mar de erizos checos, artilugios de hierro clavado en el fondo arenoso para entorpecer el avance de vehículos. Ya en la costa, los widerstandsnester, casamatas de resistencia intercomunicadas por túneles, esperaban plagadas de alemanes, de alambres de espino, de zonas minadas, de artillería pesada, de nidos de ametralladora. También artillería ligera y un millar de soldados de la 352, que los servicios de información situaban en el interior en Saint-Lô, pero que Rommel había enviado a reforzar la zona costera.

Fragmento de Pingüinos en París.

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Foto de Robert Capa

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Foto de Robert Capa   Apartamento de Capa en París

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Lancha norteamerican en llamas. Foto (AP)

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Conseil Régional de Basse-Normandie / National Archives USAhttp://www.archivesnormandie39-45.org/specificPhoto.php?ref=p012547

Cuando los primeros que desembarcaron en la playa de Easy Red estuvieron a ciento cincuenta metros de alcanzar la orilla, el teniente alemán dio la orden de fuego. El primero en hacerlo fue el cabo Heinrich Severloh  de la 352ª División, su MG 42 alcanzó a un atacante norteamericano que estaba llegando a la arena, su casco voló hacia atrás, mientras el proyectil le alcanzaba en la frente y se desplomaba sobre el sábulo. El terrible fuego de los defensores del WN62 barrió a los soldados que trataban de alcanzar una posición resguardada. Pasaban algunos minutos de la seis y media de la mañana.

Fragmento de Pingüinos en París.

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Nido alemán en Normandía

Ametralladora alemana defendiendo Normandía.

Robert Capa y parte de la compañía “E” se aproximaban a la playa cuando se cruzaron con una barcaza que regresaba al Chase, el piloto les hizo un inconfundible aspaviento de que aquello no era un paseo y luego, como gesto de ánimo, levantó los dedos en
señal de victoria. La lancha con sus treinta y dos pasajeros amerizó cerca de las siete de la mañana en el fondo arenoso y la compuerta descendió con un golpe sordo sobre el agua cuyo efecto salpicó a todos. La playa de Easy Red, nombre clave de aquel sector de Omaha, no tenía nada de fácil y sí mucho de rojo. Las ametralladoras alemanas tabletearon furiosas contra los de la “E”. Capa se detuvo sobre la plancha de acero de la rampa y empezó a fotografiar. El piloto, deseoso de salir de aquel infierno de humo y fuego, le espetó: “Vienes o te quedas”. Robert Capa vaciló como nunca lo había hecho, entonces el marino se acercó y le propinó una patada en el trasero. Notó el impacto caliente de la bota y el contacto frío del agua. La orilla quedaba a unos cien metros, las balas golpeaban el agua y se hundían en busca de blanco formando siluetas sinuosas al atravesar las olas. Aquello le llevó al paroxismo. Se cobijó detrás de uno de los erizos checos. Superó su miedo e hizo más fotos a pesar de la poca luz y de las columnas de humo. Todo era un caos, los infantes permanecían aplastados contra el sábulo, algunos muertos o heridos; otros, atemorizados. Terminó el primer rollo de la Contax,
estaba entumecido, las manos le temblaban, la ropa mojada le helaba las piernas; recordó que había abandonado su flamante Burberrys en la barcaza. Cambió de refugio y se parapetó detrás de un vehículo anfibio al que las llamas habían consumido y puso nueva película.
En las playas muchas compañías habían sido mermadas y otras permanecían desperdigadas sin saber qué hacer. Los carros de combate desembarcados también sufrían fuertes pérdidas. Las barcazas hundidas parecían bañeras metálicas pudriéndose al sol. Los cuerpos sin vida flotaban en la mar con la cara vuelta hacia el fondo marino por el peso de los equipos y los supervivientes se amontonaban al abrigo de los acantilados a la espera de un milagro. Los zapadores trataban de hacer volar los obstáculos aun a costa de ser ellos los abatidos. Capa bebió un trago de la petaca que guardaba en el bolsillo trasero del pantalón y le ofreció a un compañero de parapeto adivinado sus palabras de agradecimiento apagadas por las explosiones; unos metros más allá los médicos atendían a las víctimas y un cura católico daba la extremaunción a los muertos, desafiando todos los peligros como si tuviese un pacto con el Todopoderoso;
la Contax del fotógrafo seguía disparando y también los alemanes. El cabo Heinrich Severloh, desde el Widerstandnest 62 dejaba que se enfriara el cañón de su ametralladora sin dejar de disparar con un fusil Mauser.  

Fragmento de Pingüinos en París.

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Impresionante secuencia de fotos de Robert Capa. Salvo la última que es un fotograma de «Salvar al soldado Ryan», pero que sirve como homenaje àra aquellos hombres del Día D.

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Defensores alemanes en Pont-du-Hoc

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Defensas alemanas en la zona interior de Omaha

Canadienses desembarcando.Image: PO Dennis Sullivan / Canadian Department of National Defense / Library and Archives Canada / PA-132790.

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Plasma en la arena. Foto: Imperial War Museums

Arribó a la playa una embarcación de los servicios médicos, de ella bajaron nuevos sanitarios y enfermeros que empezaron a llevarse heridos al barco. Una explosión cayó cerca de la nave, una gran columna de agua se levantó para volver a incorporarse al flujo marino formando círculos concéntricos. Robert sintió un miedo insuperable y corrió hacia la barcaza que iniciaba su derrota hacia el buque nodriza, tomó la última foto de aquel día desde la cubierta de la nave salvadora. La silueta del Chase se recortó en el horizonte. Hacía tan solo seis horas que partiera del buque y un mundo de sensaciones habían transcurrido en el espacio de tiempo que dura una excursión campestre. Al llegar a la nave se cruzó con la última oleada de infantería de la 16 que embarcaba en ese momento; la cubierta del buque estaba ya llena de heridos, barrida de lamentos, de sollozos y de bolsas blancas con los restos de lo que apenas horas antes habían sido jóvenes cargados de vida y de esperanza. Del bolsillo de uno de ellos que estaba siendo embolsado asomaba un juego de naipes. El muchacho había perdido su partida más importante.

Fragmento de Pingüinos en París.

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Médicos

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El consuelo del cielo. Foto: Robert Capa

Primeras posiciones en la playa de Utah.rmy Signal Corps. Post-work: User:W.wolnyUS Navy Photo #: SC 190062

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La cabeza de playa de Omaha

6 de julio

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Las cabezas de playa fueron consolidándose.

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Con un terrible costo en vidas humanas. Robert Capa, fumando, observa los cadáveres. Foto de Robert Sargent

Prisioneros alemanes. Foto Robert Capa.

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Prisioneros alemanes conducidos por soldados británicos en Sword Beach

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Las baterías y las defensas alemanas destruidas. Los Rangers en Pont-du-Hoc

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Prisioneros alemanes heridos.

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Robert Capa

Para saber más: Apartamento de Capa en París- fotos de: Ana Elisa Martínez

Capa en Pingüinos en París I  Capa en Pingüinos en París II

Personajes de la novela

Un gran reportaje de la batalla.

Normandía 70 años después

La canción del Día más largo

El día más largo por los cadetes de West Point. Muy curioso de verlo y precioso de oírlo, gran coro,

Versión de Paul Anka

Por Dalila

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Feria del Libro de Zaragoza 2017 y presentación en el Ayuntamiento de Pingüinos en París.

Ayer terminaba La Feria del Libro de Zaragoza 2017 en la que «Pingüinos en París» no solo estuvo presente sino que triunfó por todo lo alto. Y todo gracias a los apasionados lectoras y lectores.

Ana Elisa en la caseta de la Editorial Comuniter.

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Con el Bonete de la División Leclrec en la caseta de Editorial Comuniter

Firmándole la novela al presidente de la Comunidad Aragonesa, Javier Lambán.

Acompañando y aconsejando a mi presidente y amigo.


En la presentación de la novela en el Salón de Recepciones del Ayuntamiento de Zaragoza, flanqueado por mi editor Manuel Baile – a la derecha de la imagen – y por Juan Soro, compañero editorial. En primera línea el casco de acero de la infantería americana – original – que mi amigo Jaime nos prestó.

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Con mi compañero y luchador incansable de la editorial, Paco Nevado. Gracias por todo lo que te incordio, amigo.

Tuve le honor de presentar a la gran escritora Luz Gabás y a su nueva novela: «Como fuego en el hielo»

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También al poeta, ensayista y repentista cubano Alexís Pimienta, al que presenté en La Cartuja. Un gran tipo y mejor amigo.

Dos aspectos de lo que fue la Feria. Gran afluencia de público cuando el tiempo y una nostálgica desolación cuando la lluvia acudió para socorrer al sediento Ebro.

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18835595_1892899884069067_8849365463528865979_n Explicando a los niños las heroicidades de La Nueve.

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Leer ayuda a crecer.

Con otros compañeros en la caseta.

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Ana Elisa, defendiendo la posición.

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Hasta el año que viene. ¡Viva La Nueve!

Presentación de Pingüinos en París en la Feria del Libro de Zaragoza.

Los Pingüinos también estará en la Feria de Libro de Zaragoza. Este año se celebra en la Plaza del Pilar.

Me encontraréis desde el día 31 de mayo al 4 de junio por las casetas de la Editorial Comuniter (la número 4) o la de la Librería Albereda (la 45 y 46)

Además el día 4 de junio, domingo, a las 13h. presento la novela en el salón de Recepciones del Ayuntamiento. Os espero… que tenemos que hablar de muchas cosas.

25 Aniversario de la muerte de Marlene Dietrich

La famosa actriz y cantante alemana falleció un 6 de mayo (1992) en París. Había nacido en  Schöneberg, Alemania a principios del siglo XX, no digo la edad exacta porque las mujeres en general y las artistas en particular no tienen edad sino sonrisas de tiempo. Vivió dos guerras mundiales y  cambios profundos en la sociedad en la que le tocó vivir.

Marlene Dietrich en 'Mujer o demonio' '

Salió de Alemania en 1930 después de su éxito cinematográfico de «El Ángel azul», para aterrizar en Hollywood donde proseguiría su carrera cinematográfica. Tras la llegada de los nazis al poder trataron de que la emblemática artista regresara a Alemania, pero ella continuó en Los Ángeles y en París. Norteamericana desde 1939 apoyó con sus canciones a las fuerzas aliadas destinadas en  Europa. Incluso se cuenta que  tenía entre ceja y ceja la idea de  volver a Alemania con la excusa de rodar una película, pero con la secreta intención de matar a Hitler.

Uno de sus grandes éxitos fue Lili Marleen una de la  canciones que aparecen en «Pingüinos en París» que ya conté en otro post: Lili Marleen

Sin embargo, Lili Marleen fue, antes de que ella la interpretara, cantada por excepcionales artistas y en todos los idiomas: Todas las Lili Marleen

Más emblemático es su  Sag Mir Wo Die Blumen Sind que cantó en varios idiomas.

Where Have All the Flowers Gone?, que cantó con su peculiar inglés.

La respuesta, amigos, está en el viento. Blowin’ in the Wind: 

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Luz Long en Pingüinos en París

Hoy 27 de abril se cumple el aniversario del nacimiento del atleta alemán Luz Long.

Nació en 1913 en Leipzig y pronto se mostró como un gran atleta y un excepcional deportista. En plena dictadura nazi, Long destacó  como saltador de longitud y fue seleccionado para el equipo alemán de la Olimpiada de 1936 en Berlín. Su gran competidor era el atleta estadounidense Jesse Owens.

El saltador americano estuvo muy impreciso en los saltos de clasificación con dos nulos y entonces Luz le aconsejó cómo saltar y evitar la eliminación. Así lo hizo Owens, quien después batiría el récord olímpico y ganaría el oro. Long sólo pudo ganar la plata, pero  también la amistad del atleta norteamericano, con el que se mantuvo siempre en contacto.

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Foto: Bundesarchiv, Bild 183-G00630, de autor desconocido. Naoto Tajima, Jesse Owens y Luz Long en las Olimpiadas de Berín en las que Owens fue medalla de oro y Luz Long, plata.

Luz y Owens en Berlín 1936. Foto El País.

Al estallido de la Segunda Guerra Mundial, Long es movilizado e incorporado a la división Hermann Göring de la Luftwaffe con el grado de obergefreiter y trasladado a Sicilia. La invasión aliada a Sicilia – Operación Husky – le pilló de guarnición en el aeródromo militar de Ponto Olivo.

Según un comentario de la propia nuera de Luz Long, enviado a esta página y que pueden leer más abajo, el hijo de Long escribió una biografía de su padre titulada: Eine Sportlerkarriere im Dritten Reich,   ISBN 978-3-942468-26-8 publicada en Abril de 2015 y donde cuenta que según un compañero de armas de Long, el soldado  Stadler, el atleta cayó en unos viñedos cerca de Biscari.

En Pingüinos en París se narra el asalto de las fuerzas de la resistencia italiana a las fuerzas terrestres de la Luftwaffe para facilitar la toma del aeropuerto por  los aliados. En este combate los resistentes baten a las tropas alemanes y Long cae herido para morir dos días después en un hospital de campaña británico en San Pietro Clarenza. Lo más dramático es que el jefe de los resistentes es un admirador de Long y no reconoce en el soldado herido a su admirado atleta.

La impresionante calidad humana y deportiva de Luz Long, le valió, supuestamente, recibir a título póstumo la medalla Pierre de Coubertin. Aunque esta información no es del todo cierta.

# Atleta País Evento o razón Fecha [ocultar]Lugar
1 Luz Long Bandera de la Alemania Nazi Alemania JJOO de verano de 1936 1964 (Título póstumo) Berlín, Alemania

Al parecer y a pesar de las numerosas informaciones al respecto, esa medalla nunca llegó a manos de la familia Long y jamás han recibido notificación alguna de ello, para más información:

Nuevo Post sobre Luz Long

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De él dijo Owens:

«Se podrían fundir todas las medallas y copas que gané, y no valdrían nada frente a la amistad de 24 quilates que hice con Luz Long en aquel momento.»

Día del libro de Zaragoza con Pingüinos en París.

El Día del Libro en Zaragoza se desarrolló en una primaveral jornada en la que niños y grandes pudieron ver la magia de los libros impresos y descubrir la belleza, el misterio y las razones de las palabras que ocultan entre sus páginas. Un día de comunión entre editores, libreros, escritores y lectores, bajo la figura de un caballero de la Capadocia de lanza en ristre y caballo blanco, protector de princesas y domador de dragones porque nunca mató a ninguno.

En este día grande de la literatura, dejé que los Pingüinos pasearan por el Paseo de Independencia y se fueran a los hogares de muchas lectoras y lectores para contarles bellas historias de amor y de vida de aquellos republicanos que liberaron París.

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Por la mañana en la arcada de Editorial Comuniter tocado con el «calot» de los combatientes de La Nueve.

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Por la tarde en el puesto de la Librería Albareda. Una foto con ambas Maytes sin las cuales no hubiese sido tan fácil vender todos los Pingüinos que teníamos.

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Con Manuel Lavilla de Librería Albareda, intercambiando el calot de La Nueve

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Muchos amigos vinisteis para acompañarme este día. Gracias a todos.

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Ana Elisa, siempre a mi lado.

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Carmen y José Luis, cuyo pueblo manchego aparece en la novela.

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Isabel, sobrina-nieta del mítico Martín Bernal, oficial y héroe de La Nueve, caballero de la Legión de Honor.

 

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Con Ángela y Tomás.

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Gracias a tanta lectora y lector que adoptaron a los Pingüinos.

Presentación de Pingüinos en París en Madrid

El segundo evento que propició la «entrada» de La Nueve en Madrid fue la presentación del libro en la Librería Muga, con la presencia de Evelyn Mesquida, de un montón de amigas y amigos: Pepa, Concha, Yolanda, Loli, Ana, David, Luis, Sergio, Pedro, Rafael… , la de otros escritores como Lucía de Vicente, David Verdejo, Manuel Dorado, David J. Skinner y  Mari Carmen Aranda y un público simpático, participativo, lector y muy interesado. También contamos con el cariño, la paciencia – terminamos tardísimo – y el buen hacer de los amigos de Librería Muga y del reportaje fotográfico de José Manuel Serrano Esparza:

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¡Qué bonito es sentirse arropado!Gracias a todos.

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Fijaos en el polo tuneado por Ana Elisa con la bandera republicana. Foto del reportaje de José Manuel Serrano Esparza.

 

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Antes de empezar, ¡buenas compañías!

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Ana Elisa con Evelyn Mesquida. Foto: Qué locura de Libros

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Concha con Evelyn. Foto: Qué locura de Libros

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La imagen puede contener: 2 personas, personas sonriendo, personas de pie, calzado e interior

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La imagen puede contener: una persona, sentada e interior

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Terminada la presentación me entrevistaron en Radio Internacional los fabulosos amigos Mikel Barsa y Lucia de Vicente… hasta las 2.30 de la madrugada. Fue divertidísimo.

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LINK DE RADIO INTERNACIONAL   Emisión del día 21 a partir de 1.22.00 hasta el final.

 

 

Los Pingüinos entraron en Madrid

Por partida doble los Pingüinos entraron ayer en Madrid. Por un lado tuvo lugar la anunciada inauguración de Los Jardines de los Combatientes de La Nueve a la que fui invitado por el Gabinete de Alcaldía de Madrid.

Fue una emocionante jornada con la presencia del último superviviente de La Nueve, Rafael Gómez, quien a pesar de sus bien llevado 97 años, tuvo fuerza, ganas y sentimientos para reivindicar la memoria de sus compañeros y recibir las numerosas muestras de cariño de los asistentes. Una pléyade de excepcionales mujeres iluminó la primaveral mañana, entre otras, Manuela Carmena y Anne Hidalgo, alcaldesas de Madrid y París; la escritora Evelyn Mesquida; la hija de Raymond Dronne, capitán de la famosa compañía y la hija de Luis Royo, fallecido el pasado año, que trajo de  Francia las cenizas del penúltimo superviviente para depositarlas el Cementerio de La Almudena.

Todos los parlamentos fueron aplaudidos por un público entusiasta que ondeaba banderas republicanas y libertarias. Y todos coincidieron en ensalzar la lucha de aquellos combatientes por la mayor de las conquistas: la Libertad.

Fue un justo, merecido y esperado homenaje a los combatientes de La Nueve y fue un placer para Ana y para mí estar entre los elegidos para compartir esos hermosos momentos.

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Dos grandes alcaldesas. Al fondo a la izquierda, con polo rojo, estoy hablando con un «niño» de la guerra .

Fotos de Ana Elisa Martínez y Yolanda Mesquida.

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Momentos previos al acto con Evelyn Mesquida y Ana Elisa

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Con Evelyn y con Laura, una periodista valenciana, hablando de Amado Granell

 

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Con Yolanda Mesquisa, mientras protocolo organizaba el evento.

 

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El memorial, un acto de justicia.

 

Recibiendo e indicando «posiciones» a mi amigo José Manuel Serrano Esparza que realizaría un fenomenal reportaje de todo el acto. Espero poder enviaros el enlace en cuento lo tenga listo.

 

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Con Cristina, una colaboradora del periódico El País, antes del inicio.

 

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Los periodistas van tomando posiciones.

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Van llegando los primeros invitados.

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Los de La Nueve – recreación – toman posiciones. Antonio es el abanderado. Aunque no aparecen en la foto entre ellos estaba mi amiga Carmen y mi amigo Jesús Gago, que aunque fue de fusilero para mí es el capitán Dronne.

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Con la hija de un combatiente español de la División Leclerc.

Empieza el acto con las voces de un coro infantil…

En la quinta fila Ana Elisa  y yo con calot de La Nueve.

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Hasta llegar a las dos mujeres que han hecho posible todo esto: Anne Hidalgo por su voluntad y constancia y Evelyn Mesquida por haber «descubierto» al mundo a La Nueve.

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Habla el protagonista: Rafael Gómez.

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¡Lo que me costó darle un abrazo!

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Hoy me siento uno más de La Nueve.

Las fotos siguientes me las ha enviado Jesús Gago.

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Aquí ya podéis ver a Carmen y a Jesús, arrodillado  primero de la izquierda.

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Rafael con el calot de Jesús Gago.

El artículo de José Manuel Serrano sobre el acto: artículo y reportaje fotográfico

Para saber más:

Portada 2º edición

Inauguración de los Jardines de los Combatientes de La Nueve y presentación de la novela

Pingüinos en Madrid

El próximo día 20 de abril  – jueves – se inaugurará en Ciudad Lineal de Madrid unos jardines dedicados a los Combatientes de La Nueve. Según me han comunicado y por motivos protocolarios, el acto será a las 12 del mediodía y no a las 11 como estaba previsto.

El evento contará con la presencia de tres mujeres excepcionales: Manuela Carmena, alcaldesa de Madrid; Anne Hidalgo, alcaldesa de París, y Evelyn Mesquida, la escritora que nos «descubrió» a los héroes de La Nueve. También es posible que pueda acudir el último superviviente de la compañía Rafael Gómez. Seguro que estaremos acompañados de numerosos admiradores de La Nueve entre los que me cuento.

UBICACIÓN DE LOS JARDINES

Por la tarde del mismo día, presentaré mi novela en la librería Muga de Madrid. Todas y todos los que estéis en Madrid consideraros invitados.

Presentación Madrid Muga

Presentación

Ubicación de la librería.

El campo d’Argelès y la Maternidad de Elna en Pingüinos en París.

Dos de los paisajes y lugares que retrata la novela en toda su crudeza y esperanza son el campo de refugiados d’Argelès y la Maternidad de Elna.

El primero por ser uno de los campos de concentración donde fueron recluidos miles de combatientes y civiles republicanos. Sin comida, sin medicamentos, sin agua potable y casi sin esperanza el éxodo republicano fue «acogido» en esos miserables campos por el Gobierno francés, más que como amigo como refugiados indeseables. El segundo porque fue el lugar donde las madres republicanas en aquel exilio pudieron parir y criar a sus hijos en libertad.

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Kalimago Films ha convertido esas visicitudes en una película de 56′ de duración de la mano de Felip Solé, titulada « Camp d’Argelès », un film sur la dignité humaine …

Eso es lo que trata de contar la cinta, una historia sobre la dignidad humana que va desde el internamiento en el campo d’Argeles hasta el «milagro» de la Maternidad de Elna, donde acogieron a docenas de niños españoles – más tarde también judíos – y les dieron el cariño y la dignidad que merecían. Sobre todo, les permitieron nacer en libertad.

La presentación, actores, intención, los realizadores junto con  fotografías del rodaje y el trailer de la película lo podéis encontrar en Camp d’Argelés

Si queréis ver la película entera:

Si queréis saber más sobre el Campo podéis leerlo en mi novela. Aunque os adelanto una parte del texto:

Argelès-sur-Mer, 1939

Nada hay más triste que la derrota. Sobre todo porque uno sabe que su historia la van a escribir los vencedores. Pero lo peor de la capitulación es la cautividad. Cuando se lucha, sea en la guerra o en la vida, siempre queda la esperanza o el orgullo de intentar evitar la rendición. Sin embargo, cuando ya vencidos, se nos impone el destierro o la reclusión, es un peso demasiado duro de llevar.

  Así pensaban los miles de expatriados republicanos cuando la gendarmería francesa y los soldados coloniales los repartían entre distintos campos de internamiento. El de Argelès era uno de ellos. Estaba situado en las playas del pueblo francés de Argelès-sur-Mer, en los Pirineos Orientales en la región de Languedoc- Rosellón; tierras arrebatadas a la corona de Aragón por una cruzada contra los cátaros, promovida por el Papa Inocencio III, nada inocente, y sustentada militarmente por los reyes franceses de la dinastía de los Capetos, un linaje de muchas fábulas y patrañas.

  Al de Argelès fueron a dar con sus huesos Hugo y Pietro. Los prisioneros se hacinaban sobre la playa y todo su perímetro estaba cercado con alambre de espino. Marroquíes y senegaleses vigilaban para que nadie escapara de aquel reducto de arena e injusticia. El lugar era infernal. No había barracones ni letrinas, tampoco electricidad ni por supuesto enfermería. Un capitán francés, responsable del campo, le comunicó a Hugo que podría solicitar ir a cualquier parte de Francia si le reclamaban, sus galones de mayor del ejército español le conferían esa prioridad. Hugo tenía amigos en París y en Lyon, a pesar de todo y ante las terribles condiciones de los concentrados, le parecía una cobardía abandonar a Pietro, a sus hombres, y aquellas gentes cuyo único delito había sido ser fieles a la República.

  Junto con otros oficiales decidieron organizar aquel caótico lugar. Solicitaron que los enfermos y heridos graves fuesen trasladados a hospitales. Poco a poco fueron levantando barracones de madera y de lona, se inventaron cocinas y se construyeron letrinas excavadas en la arena. Intentaron organizar el reparto de los escasos alimentos que recibían de los franceses y de la Cruz Roja. Sin embargo, los suministros eran insuficientes  y el agua tan escasa que había que recogerla salubre de los hoyos practicados en la arena. El hambre, el frío y la muerte, como jinetes del Apocalipsis, cabalgaban por aquella playa y la disentería y la sarna fueron apareciendo entre los concentrados. Se destinaron varias tiendas para dispensarios y una como hospital, pero al margen de aspirinas y vendas, carecían de lo más elemental.

 Las noches eran húmedas, iluminadas por fogatas que trataban de paliar el aire gélido del mar hasta que la rosada matutina apagaba los últimos rescoldos de las brasas. Decían los prisioneros: “Por colchón la arena húmeda y por manta el cielo estrellado”. Los abusos por parte de los guardianes eran constantes y no únicamente por los vigilantes senegaleses, los suboficiales y oficiales franceses trataban de sacar todo el provecho posible de aquel estado de cosas. Las mujeres eran espiadas y asediadas y los hombres golpeados a la menor oportunidad. Los que se resistían o protestaban demasiado eran llevado a campos de castigo ¡como si no fuese suficiente condena estar allí!   

A pesar de tantas carencias, se organizaron tareas que distrajeran a los allí concentrados. Construyeron los «barracones de cultura», unos cobertizos donde se realizaban actividades lúdicas y culturales, sin apenas nada, tan solo con el sentimiento de compartir con los camaradas de infortunio. Tenían la extraña sensación  de sentirse liberados al no poseer  nada, salvo la vida. Un grupo de jóvenes editaba una pequeña publicación que titularon El Boletín de los Estudiantes, la escribían sentados en la arena, aprovechando la luz solar y la inspiración marina.

Los niños eran los que más sufrían, sobre todo los recién nacidos. En medio de aquel solar de arena, sin apenas alimentos ni la más mínima atención pediátrica, sus expectativas de vivir se reducían cada maldito atardecer. Hugo trataba de obtener toda la ayuda posible, si bien eran tratados más como prisioneros peligrosos que como refugiados. Una mañana varios camiones se llevaron a las mujeres y a los niños pequeños a otros campos, para desesperación de padres y maridos. De nada sirvieron las protestas. Hugo, con la excusa de buscar un fiador, consiguió que le permitieran llamar a Capa. “Debes venir a ver lo que aquí sucede Endre”, le dijo. El fotógrafo apareció a mediados de marzo. No podía creer lo que presenciaba.

  • No puede ser, Hugo, parece mentira que Francia se porte así.
  • Ya ves, Endre. Esto supera a todo lo que podíamos esperar.
  • He de llevarte conmigo, y a Pietro también.
  • ¿Y dejar a toda esta gente abandonada? No Endre, no tengo valor. Aguantaré.

Capa hizo lo que mejor sabía hacer. Fotografió todo aquel horror y aquella vergüenza. Cuando se despidió de sus amigos insistió en reclamarles para que fuesen enviados a París.

  • Espera un tiempo, Endre. Quiero hacer todo lo que pueda. Te llamaré.

Las noticias del infame recibimiento a los refugiados españoles llenaron las páginas de los periódicos de los países democráticos y las fotos de Capa habían contribuido a ello. Los oficiales franceses de los campos de refugiados iniciaron acciones de propaganda con la intención de reclutar voluntarios para servir en la Legión Extranjera. Algunos miles de republicanos aceptaron este camino como la única solución para abandonar los internamientos…

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Si queréis saber todo sobre la maternidad y su fundadora Elisabeth Eindenbenz seguid el enlace:

La maternidad de Elna y Elisabeth Eindenbenz

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