El Día del Libro en Zaragoza se desarrolló en una primaveral jornada en la que niños y grandes pudieron ver la magia de los libros impresos y descubrir la belleza, el misterio y las razones de las palabras que ocultan entre sus páginas. Un día de comunión entre editores, libreros, escritores y lectores, bajo la figura de un caballero de la Capadocia de lanza en ristre y caballo blanco, protector de princesas y domador de dragones porque nunca mató a ninguno.
En este día grande de la literatura, dejé que los Pingüinos pasearan por el Paseo de Independencia y se fueran a los hogares de muchas lectoras y lectores para contarles bellas historias de amor y de vida de aquellos republicanos que liberaron París.
Por la mañana en la arcada de Editorial Comuniter tocado con el «calot» de los combatientes de La Nueve.
Por la tarde en el puesto de la Librería Albareda. Una foto con ambas Maytes sin las cuales no hubiese sido tan fácil vender todos los Pingüinos que teníamos.
Con Manuel Lavilla de Librería Albareda, intercambiando el calot de La Nueve
Muchos amigos vinisteis para acompañarme este día. Gracias a todos.
Ana Elisa, siempre a mi lado.
Carmen y José Luis, cuyo pueblo manchego aparece en la novela.
Isabel, sobrina-nieta del mítico Martín Bernal, oficial y héroe de La Nueve, caballero de la Legión de Honor.
Con Ángela y Tomás.
Gracias a tanta lectora y lector que adoptaron a los Pingüinos.
El segundo evento que propició la «entrada» de La Nueve en Madrid fue la presentación del libro en la Librería Muga, con la presencia de Evelyn Mesquida, de un montón de amigas y amigos: Pepa, Concha, Yolanda, Loli, Ana, David, Luis, Sergio, Pedro, Rafael… , la de otros escritores como Lucía de Vicente, David Verdejo, Manuel Dorado, David J. Skinner y Mari Carmen Aranda y un público simpático, participativo, lector y muy interesado. También contamos con el cariño, la paciencia – terminamos tardísimo – y el buen hacer de los amigos de Librería Muga y del reportaje fotográfico de José Manuel Serrano Esparza:
Fijaos en el polo tuneado por Ana Elisa con la bandera republicana. Foto del reportaje de José Manuel Serrano Esparza.
Antes de empezar, ¡buenas compañías!
Ana Elisa con Evelyn Mesquida. Foto: Qué locura de Libros
Concha con Evelyn. Foto: Qué locura de Libros
Terminada la presentación me entrevistaron en Radio Internacional los fabulosos amigos Mikel Barsa y Lucia de Vicente… hasta las 2.30 de la madrugada. Fue divertidísimo.
Por partida doble los Pingüinos entraron ayer en Madrid. Por un lado tuvo lugar la anunciada inauguración de Los Jardines de los Combatientes de La Nueve a la que fui invitado por el Gabinete de Alcaldía de Madrid.
Fue una emocionante jornada con la presencia del último superviviente de La Nueve, Rafael Gómez, quien a pesar de sus bien llevado 97 años, tuvo fuerza, ganas y sentimientos para reivindicar la memoria de sus compañeros y recibir las numerosas muestras de cariño de los asistentes. Una pléyade de excepcionales mujeres iluminó la primaveral mañana, entre otras, Manuela Carmena y Anne Hidalgo, alcaldesas de Madrid y París; la escritora Evelyn Mesquida; la hija de Raymond Dronne, capitán de la famosa compañía y la hija de Luis Royo, fallecido el pasado año, que trajo de Francia las cenizas del penúltimo superviviente para depositarlas el Cementerio de La Almudena.
Todos los parlamentos fueron aplaudidos por un público entusiasta que ondeaba banderas republicanas y libertarias. Y todos coincidieron en ensalzar la lucha de aquellos combatientes por la mayor de las conquistas: la Libertad.
Fue un justo, merecido y esperado homenaje a los combatientes de La Nueve y fue un placer para Ana y para mí estar entre los elegidos para compartir esos hermosos momentos.
Dos grandes alcaldesas. Al fondo a la izquierda, con polo rojo, estoy hablando con un «niño» de la guerra .
Fotos de Ana Elisa Martínez y Yolanda Mesquida.
Momentos previos al acto con Evelyn Mesquida y Ana Elisa
Con Evelyn y con Laura, una periodista valenciana, hablando de Amado Granell
Con Yolanda Mesquisa, mientras protocolo organizaba el evento.
El memorial, un acto de justicia.
Recibiendo e indicando «posiciones» a mi amigo José Manuel Serrano Esparza que realizaría un fenomenal reportaje de todo el acto. Espero poder enviaros el enlace en cuento lo tenga listo.
Con Cristina, una colaboradora del periódico El País, antes del inicio.
Los periodistas van tomando posiciones.
Van llegando los primeros invitados.
Los de La Nueve – recreación – toman posiciones. Antonio es el abanderado. Aunque no aparecen en la foto entre ellos estaba mi amiga Carmen y mi amigo Jesús Gago, que aunque fue de fusilero para mí es el capitán Dronne.
Con la hija de un combatiente español de la División Leclerc.
Empieza el acto con las voces de un coro infantil…
En la quinta fila Ana Elisa y yo con calot de La Nueve.
Hasta llegar a las dos mujeres que han hecho posible todo esto: Anne Hidalgo por su voluntad y constancia y Evelyn Mesquida por haber «descubierto» al mundo a La Nueve.
Habla el protagonista: Rafael Gómez.
¡Lo que me costó darle un abrazo!
Hoy me siento uno más de La Nueve.
Las fotos siguientes me las ha enviado Jesús Gago.
Aquí ya podéis ver a Carmen y a Jesús, arrodillado primero de la izquierda.
El próximo día 20 de abril – jueves – se inaugurará en Ciudad Lineal de Madrid unos jardines dedicados a los Combatientes de La Nueve. Según me han comunicado y por motivos protocolarios, el acto será a las 12 del mediodía y no a las 11 como estaba previsto.
El evento contará con la presencia de tres mujeres excepcionales: Manuela Carmena, alcaldesa de Madrid; Anne Hidalgo, alcaldesa de París, y Evelyn Mesquida, la escritora que nos «descubrió» a los héroes de La Nueve. También es posible que pueda acudir el último superviviente de la compañía Rafael Gómez. Seguro que estaremos acompañados de numerosos admiradores de La Nueve entre los que me cuento.
Dos de los paisajes y lugares que retrata la novela en toda su crudeza y esperanza son el campo de refugiados d’Argelès y la Maternidad de Elna.
El primero por ser uno de los campos de concentración donde fueron recluidos miles de combatientes y civiles republicanos. Sin comida, sin medicamentos, sin agua potable y casi sin esperanza el éxodo republicano fue «acogido» en esos miserables campos por el Gobierno francés, más que como amigo como refugiados indeseables. El segundo porque fue el lugar donde las madres republicanas en aquel exilio pudieron parir y criar a sus hijos en libertad.
Pre-World War II, 8th February 1939, Argeles-sur-Mer, France, Spanish refugee soldiers behind a barbed wire enclosure at an internment camp, after their escape into France from Catalonia (Photo by Popperfoto/Getty Images)
Kalimago Films ha convertido esas visicitudes en una película de 56′ de duración de la mano de Felip Solé, titulada « Camp d’Argelès », un film sur la dignité humaine …
Eso es lo que trata de contar la cinta, una historia sobre la dignidad humana que va desde el internamiento en el campo d’Argeles hasta el «milagro» de la Maternidad de Elna, donde acogieron a docenas de niños españoles – más tarde también judíos – y les dieron el cariño y la dignidad que merecían. Sobre todo, les permitieron nacer en libertad.
La presentación, actores, intención, los realizadores junto con fotografías del rodaje y el trailer de la película lo podéis encontrar en Camp d’Argelés
Si queréis ver la película entera:
Si queréis saber más sobre el Campo podéis leerlo en mi novela. Aunque os adelanto una parte del texto:
Nada hay más triste que la derrota. Sobre todo porque uno sabe que su historia la van a escribir los vencedores. Pero lo peor de la capitulación es la cautividad. Cuando se lucha, sea en la guerra o en la vida, siempre queda la esperanza o el orgullo de intentar evitar la rendición. Sin embargo, cuando ya vencidos, se nos impone el destierro o la reclusión, es un peso demasiado duro de llevar.
Así pensaban los miles de expatriados republicanos cuando la gendarmería francesa y los soldados coloniales los repartían entre distintos campos de internamiento. El de Argelès era uno de ellos. Estaba situado en las playas del pueblo francés de Argelès-sur-Mer, en los Pirineos Orientales en la región de Languedoc- Rosellón; tierras arrebatadas a la corona de Aragón por una cruzada contra los cátaros, promovida por el Papa Inocencio III, nada inocente, y sustentada militarmente por los reyes franceses de la dinastía de los Capetos, un linaje de muchas fábulas y patrañas.
Al de Argelès fueron a dar con sus huesos Hugo y Pietro. Los prisioneros se hacinaban sobre la playa y todo su perímetro estaba cercado con alambre de espino. Marroquíes y senegaleses vigilaban para que nadie escapara de aquel reducto de arena e injusticia. El lugar era infernal. No había barracones ni letrinas, tampoco electricidad ni por supuesto enfermería. Un capitán francés, responsable del campo, le comunicó a Hugo que podría solicitar ir a cualquier parte de Francia si le reclamaban, sus galones de mayor del ejército español le conferían esa prioridad. Hugo tenía amigos en París y en Lyon, a pesar de todo y ante las terribles condiciones de los concentrados, le parecía una cobardía abandonar a Pietro, a sus hombres, y aquellas gentes cuyo único delito había sido ser fieles a la República.
Junto con otros oficiales decidieron organizar aquel caótico lugar. Solicitaron que los enfermos y heridos graves fuesen trasladados a hospitales. Poco a poco fueron levantando barracones de madera y de lona, se inventaron cocinas y se construyeron letrinas excavadas en la arena. Intentaron organizar el reparto de los escasos alimentos que recibían de los franceses y de la Cruz Roja. Sin embargo, los suministros eran insuficientes y el agua tan escasa que había que recogerla salubre de los hoyos practicados en la arena. El hambre, el frío y la muerte, como jinetes del Apocalipsis, cabalgaban por aquella playa y la disentería y la sarna fueron apareciendo entre los concentrados. Se destinaron varias tiendas para dispensarios y una como hospital, pero al margen de aspirinas y vendas, carecían de lo más elemental.
Las noches eran húmedas, iluminadas por fogatas que trataban de paliar el aire gélido del mar hasta que la rosada matutina apagaba los últimos rescoldos de las brasas. Decían los prisioneros: “Por colchón la arena húmeda y por manta el cielo estrellado”. Los abusos por parte de los guardianes eran constantes y no únicamente por los vigilantes senegaleses, los suboficiales y oficiales franceses trataban de sacar todo el provecho posible de aquel estado de cosas. Las mujeres eran espiadas y asediadas y los hombres golpeados a la menor oportunidad. Los que se resistían o protestaban demasiado eran llevado a campos de castigo ¡como si no fuese suficiente condena estar allí!
A pesar de tantas carencias, se organizaron tareas que distrajeran a los allí concentrados. Construyeron los «barracones de cultura», unos cobertizos donde se realizaban actividades lúdicas y culturales, sin apenas nada, tan solo con el sentimiento de compartir con los camaradas de infortunio. Tenían la extraña sensación de sentirse liberados al no poseer nada, salvo la vida. Un grupo de jóvenes editaba una pequeña publicación que titularon El Boletín de los Estudiantes, la escribían sentados en la arena, aprovechando la luz solar y la inspiración marina.
Los niños eran los que más sufrían, sobre todo los recién nacidos. En medio de aquel solar de arena, sin apenas alimentos ni la más mínima atención pediátrica, sus expectativas de vivir se reducían cada maldito atardecer. Hugo trataba de obtener toda la ayuda posible, si bien eran tratados más como prisioneros peligrosos que como refugiados. Una mañana varios camiones se llevaron a las mujeres y a los niños pequeños a otros campos, para desesperación de padres y maridos. De nada sirvieron las protestas. Hugo, con la excusa de buscar un fiador, consiguió que le permitieran llamar a Capa. “Debes venir a ver lo que aquí sucede Endre”, le dijo. El fotógrafo apareció a mediados de marzo. No podía creer lo que presenciaba.
No puede ser, Hugo, parece mentira que Francia se porte así.
Ya ves, Endre. Esto supera a todo lo que podíamos esperar.
He de llevarte conmigo, y a Pietro también.
¿Y dejar a toda esta gente abandonada? No Endre, no tengo valor. Aguantaré.
Capa hizo lo que mejor sabía hacer. Fotografió todo aquel horror y aquella vergüenza. Cuando se despidió de sus amigos insistió en reclamarles para que fuesen enviados a París.
Espera un tiempo, Endre. Quiero hacer todo lo que pueda. Te llamaré.
Las noticias del infame recibimiento a los refugiados españoles llenaron las páginas de los periódicos de los países democráticos y las fotos de Capa habían contribuido a ello. Los oficiales franceses de los campos de refugiados iniciaron acciones de propaganda con la intención de reclutar voluntarios para servir en la Legión Extranjera. Algunos miles de republicanos aceptaron este camino como la única solución para abandonar los internamientos…
Si queréis saber todo sobre la maternidad y su fundadora Elisabeth Eindenbenz seguid el enlace:
Para comprender mejor a los personajes de mi novela y al momento histórico que vivían, he añadido en la página una serie de vídeos que explican los momentos, las sensaciones y las vicisitudes que les envolvieron. Todos somos nosotros mismos y las circunstancias, las nuestras y las de nuestro entorno. Ver para comprender es un ejercicio que podéis practicar con estas imágenes que van desde la Proclamación de la República Española, hasta la liberación de París, pasando por la Guerra Civil, la II Guerra Mundial y muchos de los hechos que marcaron un tiempo y un momento fascinante y terrible a la par.
Mi nueva novela Pingüinos en París (Bajo dos tricolores), ya está en su segunda edición. Gracias a todos los lectores. Si no la encontráis en vuestra librería favorita insistid para que os la traigan. Os lo agradecerán.
En varios momentos de mi novela aparece la figura de un decadente Alfonso XIII, huido de España al proclamarse la República y exiliado en Roma donde entra en contacto – muy directo – con una de las protagonistas del libro.
Precisamente hoy, 28 de febrero se cumple el aniversario de su muerte en su exilio romano. Fue el 28 de febrero de 1941.
Cuando la bandera republicana ondeó al viento el 14 de abril de 1931, Alfonso XIII comprendió que su vida iba a cambiar, pero no de una forma radical porque al exilio se llevó su fama y maneras de sátiro, su adicciones y una fortuna que al cambio representarían 48 millones de Euros. Había sido rey desde su nacimiento, aunque hasta su mayoría de edad y coronación, el 17 de mayo de 1902, su madre Cristina de Hasburgo asumió la regencia.
Días después de su marcha salía de España la ya ex reina Victoria Eugenia de Battenberg, hartísima esposa de Alfonso XIII. La República española tuvo la galantería de devolverle a Victoria las llamadas «joyas de pasar de las reinas españolas» que habían quedado en España.
Lo que más recordaría el Pueblo español de la real pareja fue el bombazo de Mateo Morral el día de sus desposorios.
El monarca sólo tuvo dos gestos sobresalientes en su reinado que interesaran al Pueblo, su visita a las Urdes…
y cuando convirtió algunas dependencias del Palacio Real en una oficina de la esperanza para quienes tenían gentes desaparecidas durante la Gran Guerra. La oficina tramitó, junto con la Cruz Roja, los paraderos y la repatriación de cuantos prisioneros, de uno y otro bando, recibían noticias.
Pero si en algo destacó el Borbón fue en la persecución de cuantas mujeres hermosas se le ponían a tiro.
Tanto le gustaban que no dudó en ser guionista y productor de películas pornográficas para su uso y consumo y que los hermanos Baños filmaron para él. “El confesor”, “Consultorio de señoras” y “El ministro” permanecieron ocultas más de setenta años, hasta que aparecieron de forma misteriosa en un convento valenciano. Fueron restauradas por la Generalitat valenciana y se conservan en la Filmoteca de Valencia.
Volviendo a Don Alfonso, el jueves 16 de abril de 1944 se reunió en el hotel Meurice de París con su familia, donde se alojó en una confortable y carísima suite. Alfonso, nada más llegar, encargó a Quiñones que le comprara media docena de camisas de seda . Días después adquirió un veloz Bugatti y se dedicó a conceder entrevistas y a conocer la noche parisina. Harta de todo, la reina Victoria se fue a Inglaterra abandonando marido e hijos. Tuvo que reclamar su dote y los intereses de los años compartidos con Alfonso, además de una pensión alimenticia.
El ex monarca se marchó a Roma y se alojó de continuo en una suite del Gran Hotel, concretamente la número 35, donde vivió los diez años que le quedaban, mientras no se encontraba en uno de sus numerosos safarís o persiguiendo amantes y juegos por París o Montecarlo.
El rey, según sus cronistas, falleció el en la suite 35 del Gran Hotel a causa de una afección cardíaca. Sin embargo, el motivo de este fallo coronario fue debido a las numerosa infecciones dentarias, como su dentista Florestán Aguilar, – ya fallecido en aquellas fechas – le había advertido en multitud de ocasiones. Fue enterrado en la iglesia de iglesia de Santa María de Montserrat de los Españole en Roma hasta la repatriación de sus restos a España el 19 de enero de 1980. A su muerte sólo le restaban 18 millones de euros; en diez años había gastado más de 30.
El día 22 de febrero de 1939 fallecía en Colliure (Francia) Antonio Machado. En mi novela, dos de los protagonistas, Nicoletta y Robert Capa lo saludan en el Hotel Majestic de Barcelona. El poeta y algunos de sus familiares están en la ciudad condal huyendo del avance de los franquistas. Vivirán algunos días en el establecimiento hotelero de Paseo de Gracia para trasladarse a el 25 de abril del 38 a Torre Castanyer en el barrio barcelonés de Sant Gervasi.
Hotel Majestic, sala de fumadores, donde Machado conversa con Nicoletta y Robert Capa y Torre Castanyer, a la derecha de la foto tras los pinares.
La última residencia de Machado en España, la casa Castanyer. Foto de Barcelofilia
En Barcelona colaborará, como ya venía haciendo desde 1937, con el periódico La Vanguardia en el que escribirá su último artículo en enero de 1939. El día 22 de enero, ante la inminente entrada de las tropas golpistas, decide partir para exilio… es decir, para la muerte. Agotado y con la salud muy mermada llegará a Pot Bou y se refugiara en Colliure el 28 de enero. Apenas le queda un mes de vida para recordar a Leonor Izquierdo, aquella niña que le robó el corazón en Soria, su efímero pero gran amor. «Adiós, madre» fueron sus dos últimas palabras; en su viejo gabán encontraron un pedazo de papel en el que había garabateado su último verso: «Estos días azules y este sol de la infancia».
Esculturas de Antonio Machad en Baeza y Leonor Izquierdo en Soria
Tiempos felices. Foto de La Vanguardia
Antonio Machado. Poeta y maestro por excelencia, fue el más joven de la Generación del 98. Republicano y creyente, de su Dios y del género humano. Según Gerardo Diego, “hablaba en verso y vivía en poesía”. No pudo resistir la derrota republicana.
Entierro en Colliure.Foto de La Vanguardia de Barcelona
Poema de Antonio Machado
Caminante, son tus huellas el camino y nada más; Caminante, no hay camino, se hace camino al andar. Al andar se hace el camino, y al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar. Caminante no hay camino sino estelas en la mar.