Ayer terminaba La Feria del Libro de Zaragoza 2017 en la que «Pingüinos en París» no solo estuvo presente sino que triunfó por todo lo alto. Y todo gracias a los apasionados lectoras y lectores.
Ana Elisa en la caseta de la Editorial Comuniter.
Con el Bonete de la División Leclrec en la caseta de Editorial Comuniter
Firmándole la novela al presidente de la Comunidad Aragonesa, Javier Lambán.
Acompañando y aconsejando a mi presidente y amigo.
En la presentación de la novela en el Salón de Recepciones del Ayuntamiento de Zaragoza, flanqueado por mi editor Manuel Baile – a la derecha de la imagen – y por Juan Soro, compañero editorial. En primera línea el casco de acero de la infantería americana – original – que mi amigo Jaime nos prestó.
Con mi compañero y luchador incansable de la editorial, Paco Nevado. Gracias por todo lo que te incordio, amigo.
Tuve le honor de presentar a la gran escritora Luz Gabás y a su nueva novela: «Como fuego en el hielo»
También al poeta, ensayista y repentista cubano Alexís Pimienta, al que presenté en La Cartuja. Un gran tipo y mejor amigo.
Dos aspectos de lo que fue la Feria. Gran afluencia de público cuando el tiempo y una nostálgica desolación cuando la lluvia acudió para socorrer al sediento Ebro.
Explicando a los niños las heroicidades de La Nueve.
A las 19h., se inaugurará oficialmente la Feria del Libro de Zaragoza con el pregón a cargo de la escritora zaragozana Ana Alcolea Serrano.
Desde esta tarde hasta el domingo día 4, «Pingüinos en París» estará presente el la feria, para culminar con la presentación del libro en el Salón de recepciones del Ayuntamiento a las 13h. del domingo 4 de junio. Estáis todas y todos invitados.
Uno de los personajes que aparecen por mérito propio en mi novela es Amado Granell, el primer «soldado norteamericano» que entró en París en agosto de 1944. Ayer, viernes 12 de mayo, fue el aniversario de su fallecimiento por accidente automovilístico ocurrido en Sueca el año 1972.
Este es la primera parte sobre su vida hasta la entrada en París de La Nueve. La próxima semana habrá la segunda entrega. Espero que os guste-
Amado Granell en Pingüinos en París. Fragmento de la novela.
Fue el teniente Amado Granell quien les comunicó que partían aquella mañana para Temara, una playa atlántica del Marruecos francés, cercana a Rabat, donde los americanos les entregarían los nuevos uniformes, los vehículos y las armas con que estaría dotada la división y que tan bien ya conocían. Frente a él estaban formados los ciento sesenta componentes de la compañía, en sus manos llevaba un puñado de pequeñas banderas republicanas. – Os he traído para cada uno de los españoles una insignia republicana para que la cosáis en el nuevo uniforme. Así sabrán con quien se las van a ver. – Olé tus “güevos” – contestó el gaditano Manuel Lozano. Los demás se echaron a reír y aplaudieron el gesto de su teniente. Al día siguiente la Deuxième Division Blindée llegaba a Temara; la temperatura era muy alta, a pesar de que la brisa atlántica y los bosques al sur de la ciudad la atenuaban. Aquel martes 24 de agosto se tomaría como la fecha de la creación oficial de la división, no lo sabían pero era toda una premonición. Los M4 Sherman bajaron majestuosamente por las rampas de las barcazas, mientras sus futuros servidores se hacían cargo de ellos con la ilusión de un niño a quien le acaban de regalar un juguete de treinta toneladas. Los semiorugas no defraudaron, las pruebas realizadas en el desierto habían demostrado a los batallones mecanizados la multifuncionalidad de los half – track. Los rápidos y versátiles jeeps, los potentes camiones GMC y las camionetas Dodge les parecieron una maravilla. La Nueve se hizo cargo de sus vehículos entre la alegría y las expresiones castizas. Se sentían ya una unidad de infantería motorizada dispuesta a todo. Ahora había que hacerse con el material, convertirse en centauros de la mecánica y de las orugas tractoras, en expertos apuntadores y artilleros, en parte del engranaje de las máquinas de guerra. La preparación debería ser larga y paciente, hasta establecer la perfecta simbiosis entre hombres e instrumentos. Los españoles se enfundaron en sus nuevos uniformes, iguales al de otras unidades de infantería norteamericana. Muchos se cosieron en las cazadoras la bandera que les diera en Djidjelli, Amando Granell.
Amado Granell
Amado Granell es uno de los personajes más carismáticos de los componentes de La Nueve y uno de los personajes de “Pingüinos en París (Bajo dos tricolores) “. No era un aventurero aunque su vida, incluso su muerte, podría formar parte de una novela de aventuras.
Amado Granell Mesado, nació en Burriana (Castellón) el 5 de noviembre de 1898, año del Desastre. Era hijo de Juan Bautista Granell Sabater y de María Francisca Mesado Monzonís. Su padre era importador de madera.
Tras el desastre de Annual en Marruecos, que costó la vida a 13.000 españoles, Granell se alistó en el tercio español de la Legión, era 1921, y como preludio de lo que sería una vida azarosa. Se le destinó en la 18ª Compañía de la Quinta Bandera. Sin embargo, a requerimiento de su padre y aduciendo que era menor de edad cuando se alistó, algo bastante extraño puesto que ya tenía 23 años, le obligó a dejar el tercio Duque de Alba, ya con los galones de sargento, y regresar a Burriana el 5 de julio de 1922.
La ficha donde se le licencia por menor el 5 de julio. Foto de: aulamilitar.com/agranell.hts
Se casó con su primera mujer, Aurora, y juntos montaron una tienda de bicicletas en Orihuela. Sus inquietudes políticas le llevaron a afiliarse a la U.G.T. y a ser concejal por Izquierda Republicana. Al estallido de la Guerra Civil en julio del 36 se inscribió en el Comité de Enlace Antifascista. Como hombre de acción el 16 septiembre ya se había alistado al recién creado Ejército Voluntario y destinado al batallón Levante en Valencia, y más tarde, al Batallón de Hierro hasta el 10 de diciembre, alcanzando el grado de alférez. En el mes octubre la unidad de Granell pasó a llamarse Batallón Motorizado de Ametralladoras. Amado ya es capitán desde noviembre y en diciembre el batallón será la base para la formación de la Brigada Motorizada de Ametralladoras, que el 22 de abril de 1937 se convertiría en el Regimiento Motorizado de Ametralladoras. La unidad, en su evolución, había pasado de los 136 miembros iniciales a 1.200 al mando de Granell. Combatieron en Toledo y en la defensa de Madrid. El regimiento fijó su cuartel general en un convento de la capital. Allí prosiguieron con la edición de la revista Hierro, órgano del regimiento, y que dirigía el pintor José Vela Zanetti.
En diciembre de 1938, y con el grado de comandante, es el jefe de la 49 Brigada Mixta, formada por los batallones 193, 194, 195 y 196, que combaten a los golpistas para evitar la ocupación de la provincia de Castellón.
Consumada la derrota republicana fue uno de los últimos en huir del avance de las fuerzas franquistas. En vísperas de la derrota republicana se encontraba atracado en Alicante, a la espera de cargar una partida de naranjas, un barco carbonero británico de nombre Stanbrook; su capitán, un galés llamado Archibald Dickson, viendo el peligro que se cernía sobre los miles de republicanos esperando medio de transporte, decidió socorrer a los refugiados. Dickson zarpó del puerto de Alicante el 28 de marzo de 1939 con 2.638 personas a bordo y sorteando los proyectiles lanzados por el crucero Canarias que bloqueaba el puerto. Como anécdota, Amado tenía dos plazas en el buque con los números 2.073 y 1.928. A pesar de ir el barco cargado hasta los topes, más de 15.000 republicanos quedaron en el puerto de Alicante sin poder embarcar. Después de 22 horas de travesía el Stanbrook llegaba a Orán.
El Stanbrook en el puerto de Alicante.
Al llegar a Orán, Granell fue internado, junto con otros combatientes republicanos, en un campo de concentración francés. Por fortuna, fue reclamado por su hermano Vicente que había llegado un par de meses antes y vivía ya en el barrio español de Babel-Oued. Allí permaneció hasta diciembre de 1942. El 8 de noviembre se había iniciado la operación Torch y los norteamericanos habían desembarcado en el norte de África.
Granell se alistó en Argel en los “Corps Francs d´Afrique”, al mando del general De Monsanbert de las Fuerzas Francesas Libres (FFL), y que acompañan al ejército británico en el avance a Bizerta y en la Batalla de Túnez contra las fuerzas del Afrika Korps de Romel, en alguno de los numeroso combates que vivió fue herido en la cabeza e ingresado en un hospital argelino. En la batalla de Túnez consiguió el grado de teniente y coincidió con varios de los futuros compañeros de La Nueve.
En la Nueve.
Terminada la campaña de Túnez, los Cuerpos Francos tenían que incorporarse al nuevo cuerpo de ejército comandado por el general Henri Giraud. El general francés antiguo combatiente en Marruecos y en la Primera Guerra Mundial, había sido hecho prisionero en Wassigny por tropas alemanas en mayo de 1940, pero logró huir en 1942 y tras numerosas vicisitudes llegar a Argelia, donde mantuvo una ambigua posición con los generales fieles a Vichy y con los aliados. Muchos de los integrantes de los Cuerpos Francos y de la Legión Extranjera, sobre todos los españoles, desertaron de las tropas al mando de Giraud para enrolarse en la nueva División Blindada que estaba formando el general Leclerc. Uno de ellos fue Amado Granell quien, además, animó a numerosos compatriotas a alistarse en la que sería la llamada División Leclerc.
En verano de 1943 se formó en Tripolitania la División, consta como fecha de su fundación el 24 de agosto. De los 16.000 hombres que la formaban, 2000 eran españoles, a quienes todos llamaban «los Pingüinos». Amado quedó asignado a la novena compañía del Tercer Batallón del Regimiento de Marcha del Chad como teniente. La compañía estaba formada casi exclusivamente por soldados españoles (144), su idioma oficial era el castellano y el nombre por el que la conocían todos: La Nueve. El mando se le asignó al capitán francés Raymond Dronne. Después de su formación en tierras africanas fueron enviados, junto el resto de las tropas de Leclerc a Inglaterra, concretamente a Pocklington en Yorkshire a 39 Km. de York.
La División permaneció en Inglaterra hasta su desembarco en Normandía el 3 de agosto de 1944. Antes, Dronne, había nombrado al teniente Amado Granell su segundo en el mando por su valor y su carácter flexible y conciliador entre una tropa muy veterana y un tanto indisciplinada. Los Cosacos, como llamaban a los componentes de La Nueve, también fue el nombre del half-track de mando, que comandaba el propio Granell. La campaña a través de Normandía fue extremadamente dura y Granell destacó por su temeridad y arrojo en todas las batallas, significándose como uno de los mejores oficiales de la División.
Granell en Écouché
París
De Gaulle tenía la intención de que las Fuerzas Libres Francesas fuesen las que liberaran la capital. Ante la incertidumbre de los aliados que preferían seguir avanzando y dejar a París embolsado en retaguardia, De Gaulle ordenó al general Leclerc que avanzara con su División. La tarde del 24 de agosto de 1944, el general Leclerc se encontraba a 10Km. de París sabiendo que una guarnición de 20.000 alemanes les esperaba. Ordenó a Dronne que se adelantara con su compañía hacia la capital. La Nueve entró por la antigua Puerta de Italia y ante los vítores de la población llegaron los a las 21.20 al Ayuntamiento parisino. Allí les esperaban los jefes de la Resistencia. El primero en llegar a la alcaldía fue Amado Granell.
Fragmento de Pingüinos en París
Los paisanos que han salido al encuentro de la cabeza de la compañía, advierten a Granell que parte de la avenida de Italia está ocupada por unidades del ejército alemán y muchas calles están batidas por el fuego enemigo; entonces decide desviarse por la rue Baudricourt. La columna atraviesa la place Nationale y giran por la calle del mismo nombre. Dronne ordena entonces dirigirse al ayuntamiento. Algunos miembros de la Resistencia les saludan alborozados, hace ya demasiados días que luchan solos para liberar la capital. Robert Millet, un abogado norteamericano residente en la ciudad, ve aparecer al Santander frente al portal de su casa en la plaza Pinel, reconoce los uniformes y les grita en inglés creyendo que son compatriotas. ¡Welcome boys! ¿Yankee? le preguntan, el americano sonríe y afirma con la cabeza. “Nosotros somos españoles”, contesta Sanchís para sorpresa del abogado. A la altura de la rue Squirol las gentes les abrazan y empiezan a entonar la Marsellesa, Hugo les acompaña en sus cantos revolucionarios, siente que sus recuerdos de infancia vuelven transportados por el tiempo y acunados por las palabras de su padre: Es la tierra de la Libertad…
El teniente Granell atraviesa el primero con su automóvil Tatra el puente de Austerlitz para asegurarse de que no está minado y llega a las cercanías del ayuntamiento parisino; informa que, al parecer, el edificio ha sido ya tomado por la Resistencia y que no hay alemanes a la vista. Dronne y el resto van en su pos, desde una ventana arrojan flores sobre el jeep de mando, la alsaciana se asusta, podría haber sido una bomba. Siguiendo a Dikran atraviesan a su vez el puente de Austerlitz, cruzan el Sena, llegan al boulevard Henry IV y protegidos por los muelles fluviales desembocan en la place de l’Hôtel de Ville. Se escuchan detonaciones lejanas. El peculiar ruido de las orugas parece acompasar los gritos de la población, es un run run que parece gritar algo así como: libertad, libertad. Se escucha el tableteo de una ametralladora, al final de la calle un par de confiados civiles caen heridos sobre el pavimento. Los “cosacos” responden al fuego haciendo enmudecer los fusiles alemanes. Están más que preparados, ansiosos de revancha,de ganar esta guerra para poder olvidar la que perdieron en su patria; han luchado en tantos frentes que ni siquiera recuerdan los nombres, pero sí cada rostro amigo o enemigo que han visto morir, o eso imaginan en sus pesadillas. Las campanas empiezan a tocar, el gran Bourdon de Nuestra Señora responde a sus hermanas. Cantan a la liberación. ¡París libéré!, gritan las gentes, los componentes de la columna sienten el amparo del pueblo, algunos lloran emocionados. La avanzadilla llega a la plaza, el primero es el Guadalajara; una joven parisina de doradas trenzas se sube al half – track y besa en los labios a Juan Rico, él la corresponde entusiasmado. Los otros semiorugas que siguen al Guadalajara toman posiciones para evitar un ataque alemán. Las gentes les abrazan y vitorean. El reloj de la fachada marca una hora histórica las 21.22.
Al día siguiente el periódico Liberation, publicaba en su portada la llegada de las tropas aliadas y la foto del primer “americano” en llegar a París. Era Amado Granell, de Burriana.
París 25 de agosto de 1944. El capitán Dronne, el teniente Amado Granell, a su derecha, y el subteniente Martín Bernal, a la izquierda y el soldado Pirlian, al fondo, preparan el asalto a la telefónica.
Fragmento de Pingüinos en París
En aquel mismo momento y en la plaza del ayuntamiento, Dronne distribuía a sus hombres. El periódico Libération publicaba en su portada un titular con la leyenda de Ils sont arrivés, acompañada de una foto de Granell con Bidault y el prefecto de París, y en cuyo pie rezaba: “El prefecto de la ciudad felicitando a un oficial de la División Leclerc” y se destacaba a Granell como “le premier soldat américain”; difícil encontrar una ciudad norteamericana llamada Burriana. Pasado un cuarto de hora de las nueve de la mañana, la prefectura parisina pidió a Dronne que liberara la central telefónica de la rue des Archives, situada a menos de cien metros de la plaza. Trazaron un plan. El capitán ordenó a Granell permanecer en el ayuntamiento y en principio dispuso que Hugo asaltara el edificio de la telefónica desde la rue du Temple, mientras Michard con Garcés lo harían por la rue des Archives; pero cambió de opinión y envió a Elías a la telefónica, ordenando a Hugo que tratara de capturar al Estado Mayor alemán en el Maurice.
Amado Granell a bordo de su Tatra 57 encabezando el desfile de celebración de la liberación de París el día 26 de agosto de 1944.
Fragmento de Pingüinos en París
Amado Granell con su sufrido Tatra 57 K encabezaría al resto de los semiorugas de la compañía capitaneados por Hugo. Todo un honor para La Nueve. Detrás, un grupo de jeeps conduciría a los periodistas y fotógrafos. La escolta se puso en marcha. Desfilaron entre vivas y ovaciones de los ciudadanos y de los resistentes de las FFI convertidos en activos espectadores. Los cantos de la Marsellesa repetían: “Libertad, libertad querida…”, y los feroces soldados de La Nueve marchaban por la Avenida de los Campos Elíseos. Los días de gloria habían llegado. Entre el público alguien desplegó una bandera republicana española de veinte metros. La emoción recorrió la médula espinal de aquellos hombres. “¡París, Berlín, Barcelona… Madrid!”, empezaron a gritar. Era la esperanza de los hijos de otra patria, lejos de sus casas, con el solo deseo de volver y echar al dictador de sangre impura. Los Guernica, Teruel, Guadalajara, Madrid, Ebro o España Cañí no pedían venganza sino justicia. Capa iba captando instantáneas de la emoción popular, de las caras de alegría y los rostros de felicidad. Disparaba y disparaba la Contax, que tanto había visto por su obturador y que, sin embargo, seguía asombrándose del poder de expresión de los humanos, capaces de dibujar en sus miradas el estado de sus almas. Fotos de De Gaulle sonriendo a una multitud enfervorizada, de paisanos entusiasmados, de gendarmes impotentes para contener a la gente, de mujeres jóvenes y no tan jóvenes, encaramándose a los vehículos para besar a los soldados. No era el único, docenas de fotoreporteros dejaron constancia del paso de los vehículos de La Nueve bajo el Arco del Triunfo. Las futuras generaciones tendrían que cantarlo algún día, al igual que las contemporáneas lo festejaban hoy. París era libre, gracias a muchos y al arrojo de unos cuantos.
La famosa actriz y cantante alemana falleció un 6 de mayo (1992) en París. Había nacido en Schöneberg, Alemania a principios del siglo XX, no digo la edad exacta porque las mujeres en general y las artistas en particular no tienen edad sino sonrisas de tiempo. Vivió dos guerras mundiales y cambios profundos en la sociedad en la que le tocó vivir.
Salió de Alemania en 1930 después de su éxito cinematográfico de «El Ángel azul», para aterrizar en Hollywood donde proseguiría su carrera cinematográfica. Tras la llegada de los nazis al poder trataron de que la emblemática artista regresara a Alemania, pero ella continuó en Los Ángeles y en París. Norteamericana desde 1939 apoyó con sus canciones a las fuerzas aliadas destinadas en Europa. Incluso se cuenta que tenía entre ceja y ceja la idea de volver a Alemania con la excusa de rodar una película, pero con la secreta intención de matar a Hitler.
Uno de sus grandes éxitos fue Lili Marleen una de la canciones que aparecen en «Pingüinos en París» que ya conté en otro post: Lili Marleen
Sin embargo, Lili Marleen fue, antes de que ella la interpretara, cantada por excepcionales artistas y en todos los idiomas: Todas las Lili Marleen
Más emblemático es su Sag Mir Wo Die Blumen Sind que cantó en varios idiomas.
Where Have All the Flowers Gone?, que cantó con su peculiar inglés.
La respuesta, amigos, está en el viento. Blowin’ in the Wind:
Hoy 27 de abril se cumple el aniversario del nacimiento del atleta alemán Luz Long.
Nació en 1913 en Leipzig y pronto se mostró como un gran atleta y un excepcional deportista. En plena dictadura nazi, Long destacó como saltador de longitud y fue seleccionado para el equipo alemán de la Olimpiada de 1936 en Berlín. Su gran competidor era el atleta estadounidense Jesse Owens.
El saltador americano estuvo muy impreciso en los saltos de clasificación con dos nulos y entonces Luz le aconsejó cómo saltar y evitar la eliminación. Así lo hizo Owens, quien después batiría el récord olímpico y ganaría el oro. Long sólo pudo ganar la plata, pero también la amistad del atleta norteamericano, con el que se mantuvo siempre en contacto.
Foto: Bundesarchiv, Bild 183-G00630, de autor desconocido. Naoto Tajima, Jesse Owens y Luz Long en las Olimpiadas de Berín en las que Owens fue medalla de oro y Luz Long, plata.
Luz y Owens en Berlín 1936. Foto El País.
Al estallido de la Segunda Guerra Mundial, Long es movilizado e incorporado a la división Hermann Göring de la Luftwaffe con el grado de obergefreiter y trasladado a Sicilia. La invasión aliada a Sicilia – Operación Husky – le pilló de guarnición en el aeródromo militar de Ponto Olivo.
Según un comentario de la propia nuera de Luz Long, enviado a esta página y que pueden leer más abajo, el hijo de Long escribió una biografía de su padre titulada: Eine Sportlerkarriere im Dritten Reich, ISBN 978-3-942468-26-8 publicada en Abril de 2015 y donde cuenta que según un compañero de armas de Long, el soldado Stadler, el atleta cayó en unos viñedos cerca de Biscari.
En Pingüinos en París se narra el asalto de las fuerzas de la resistencia italiana a las fuerzas terrestres de la Luftwaffe para facilitar la toma del aeropuerto por los aliados. En este combate los resistentes baten a las tropas alemanes y Long cae herido para morir dos días después en un hospital de campaña británico en San Pietro Clarenza. Lo más dramático es que el jefe de los resistentes es un admirador de Long y no reconoce en el soldado herido a su admirado atleta.
La impresionante calidad humana y deportiva de Luz Long, le valió, supuestamente, recibir a título póstumo la medalla Pierre de Coubertin. Aunque esta información no es del todo cierta.
Al parecer y a pesar de las numerosas informaciones al respecto, esa medalla nunca llegó a manos de la familia Long y jamás han recibido notificación alguna de ello, para más información:
El segundo evento que propició la «entrada» de La Nueve en Madrid fue la presentación del libro en la Librería Muga, con la presencia de Evelyn Mesquida, de un montón de amigas y amigos: Pepa, Concha, Yolanda, Loli, Ana, David, Luis, Sergio, Pedro, Rafael… , la de otros escritores como Lucía de Vicente, David Verdejo, Manuel Dorado, David J. Skinner y Mari Carmen Aranda y un público simpático, participativo, lector y muy interesado. También contamos con el cariño, la paciencia – terminamos tardísimo – y el buen hacer de los amigos de Librería Muga y del reportaje fotográfico de José Manuel Serrano Esparza:
Fijaos en el polo tuneado por Ana Elisa con la bandera republicana. Foto del reportaje de José Manuel Serrano Esparza.
Antes de empezar, ¡buenas compañías!
Ana Elisa con Evelyn Mesquida. Foto: Qué locura de Libros
Concha con Evelyn. Foto: Qué locura de Libros
Terminada la presentación me entrevistaron en Radio Internacional los fabulosos amigos Mikel Barsa y Lucia de Vicente… hasta las 2.30 de la madrugada. Fue divertidísimo.
Por partida doble los Pingüinos entraron ayer en Madrid. Por un lado tuvo lugar la anunciada inauguración de Los Jardines de los Combatientes de La Nueve a la que fui invitado por el Gabinete de Alcaldía de Madrid.
Fue una emocionante jornada con la presencia del último superviviente de La Nueve, Rafael Gómez, quien a pesar de sus bien llevado 97 años, tuvo fuerza, ganas y sentimientos para reivindicar la memoria de sus compañeros y recibir las numerosas muestras de cariño de los asistentes. Una pléyade de excepcionales mujeres iluminó la primaveral mañana, entre otras, Manuela Carmena y Anne Hidalgo, alcaldesas de Madrid y París; la escritora Evelyn Mesquida; la hija de Raymond Dronne, capitán de la famosa compañía y la hija de Luis Royo, fallecido el pasado año, que trajo de Francia las cenizas del penúltimo superviviente para depositarlas el Cementerio de La Almudena.
Todos los parlamentos fueron aplaudidos por un público entusiasta que ondeaba banderas republicanas y libertarias. Y todos coincidieron en ensalzar la lucha de aquellos combatientes por la mayor de las conquistas: la Libertad.
Fue un justo, merecido y esperado homenaje a los combatientes de La Nueve y fue un placer para Ana y para mí estar entre los elegidos para compartir esos hermosos momentos.
Dos grandes alcaldesas. Al fondo a la izquierda, con polo rojo, estoy hablando con un «niño» de la guerra .
Fotos de Ana Elisa Martínez y Yolanda Mesquida.
Momentos previos al acto con Evelyn Mesquida y Ana Elisa
Con Evelyn y con Laura, una periodista valenciana, hablando de Amado Granell
Con Yolanda Mesquisa, mientras protocolo organizaba el evento.
El memorial, un acto de justicia.
Recibiendo e indicando «posiciones» a mi amigo José Manuel Serrano Esparza que realizaría un fenomenal reportaje de todo el acto. Espero poder enviaros el enlace en cuento lo tenga listo.
Con Cristina, una colaboradora del periódico El País, antes del inicio.
Los periodistas van tomando posiciones.
Van llegando los primeros invitados.
Los de La Nueve – recreación – toman posiciones. Antonio es el abanderado. Aunque no aparecen en la foto entre ellos estaba mi amiga Carmen y mi amigo Jesús Gago, que aunque fue de fusilero para mí es el capitán Dronne.
Con la hija de un combatiente español de la División Leclerc.
Empieza el acto con las voces de un coro infantil…
En la quinta fila Ana Elisa y yo con calot de La Nueve.
Hasta llegar a las dos mujeres que han hecho posible todo esto: Anne Hidalgo por su voluntad y constancia y Evelyn Mesquida por haber «descubierto» al mundo a La Nueve.
Habla el protagonista: Rafael Gómez.
¡Lo que me costó darle un abrazo!
Hoy me siento uno más de La Nueve.
Las fotos siguientes me las ha enviado Jesús Gago.
Aquí ya podéis ver a Carmen y a Jesús, arrodillado primero de la izquierda.
El próximo día 20 de abril – jueves – se inaugurará en Ciudad Lineal de Madrid unos jardines dedicados a los Combatientes de La Nueve. Según me han comunicado y por motivos protocolarios, el acto será a las 12 del mediodía y no a las 11 como estaba previsto.
El evento contará con la presencia de tres mujeres excepcionales: Manuela Carmena, alcaldesa de Madrid; Anne Hidalgo, alcaldesa de París, y Evelyn Mesquida, la escritora que nos «descubrió» a los héroes de La Nueve. También es posible que pueda acudir el último superviviente de la compañía Rafael Gómez. Seguro que estaremos acompañados de numerosos admiradores de La Nueve entre los que me cuento.
Dos de los paisajes y lugares que retrata la novela en toda su crudeza y esperanza son el campo de refugiados d’Argelès y la Maternidad de Elna.
El primero por ser uno de los campos de concentración donde fueron recluidos miles de combatientes y civiles republicanos. Sin comida, sin medicamentos, sin agua potable y casi sin esperanza el éxodo republicano fue «acogido» en esos miserables campos por el Gobierno francés, más que como amigo como refugiados indeseables. El segundo porque fue el lugar donde las madres republicanas en aquel exilio pudieron parir y criar a sus hijos en libertad.
Pre-World War II, 8th February 1939, Argeles-sur-Mer, France, Spanish refugee soldiers behind a barbed wire enclosure at an internment camp, after their escape into France from Catalonia (Photo by Popperfoto/Getty Images)
Kalimago Films ha convertido esas visicitudes en una película de 56′ de duración de la mano de Felip Solé, titulada « Camp d’Argelès », un film sur la dignité humaine …
Eso es lo que trata de contar la cinta, una historia sobre la dignidad humana que va desde el internamiento en el campo d’Argeles hasta el «milagro» de la Maternidad de Elna, donde acogieron a docenas de niños españoles – más tarde también judíos – y les dieron el cariño y la dignidad que merecían. Sobre todo, les permitieron nacer en libertad.
La presentación, actores, intención, los realizadores junto con fotografías del rodaje y el trailer de la película lo podéis encontrar en Camp d’Argelés
Si queréis ver la película entera:
Si queréis saber más sobre el Campo podéis leerlo en mi novela. Aunque os adelanto una parte del texto:
Nada hay más triste que la derrota. Sobre todo porque uno sabe que su historia la van a escribir los vencedores. Pero lo peor de la capitulación es la cautividad. Cuando se lucha, sea en la guerra o en la vida, siempre queda la esperanza o el orgullo de intentar evitar la rendición. Sin embargo, cuando ya vencidos, se nos impone el destierro o la reclusión, es un peso demasiado duro de llevar.
Así pensaban los miles de expatriados republicanos cuando la gendarmería francesa y los soldados coloniales los repartían entre distintos campos de internamiento. El de Argelès era uno de ellos. Estaba situado en las playas del pueblo francés de Argelès-sur-Mer, en los Pirineos Orientales en la región de Languedoc- Rosellón; tierras arrebatadas a la corona de Aragón por una cruzada contra los cátaros, promovida por el Papa Inocencio III, nada inocente, y sustentada militarmente por los reyes franceses de la dinastía de los Capetos, un linaje de muchas fábulas y patrañas.
Al de Argelès fueron a dar con sus huesos Hugo y Pietro. Los prisioneros se hacinaban sobre la playa y todo su perímetro estaba cercado con alambre de espino. Marroquíes y senegaleses vigilaban para que nadie escapara de aquel reducto de arena e injusticia. El lugar era infernal. No había barracones ni letrinas, tampoco electricidad ni por supuesto enfermería. Un capitán francés, responsable del campo, le comunicó a Hugo que podría solicitar ir a cualquier parte de Francia si le reclamaban, sus galones de mayor del ejército español le conferían esa prioridad. Hugo tenía amigos en París y en Lyon, a pesar de todo y ante las terribles condiciones de los concentrados, le parecía una cobardía abandonar a Pietro, a sus hombres, y aquellas gentes cuyo único delito había sido ser fieles a la República.
Junto con otros oficiales decidieron organizar aquel caótico lugar. Solicitaron que los enfermos y heridos graves fuesen trasladados a hospitales. Poco a poco fueron levantando barracones de madera y de lona, se inventaron cocinas y se construyeron letrinas excavadas en la arena. Intentaron organizar el reparto de los escasos alimentos que recibían de los franceses y de la Cruz Roja. Sin embargo, los suministros eran insuficientes y el agua tan escasa que había que recogerla salubre de los hoyos practicados en la arena. El hambre, el frío y la muerte, como jinetes del Apocalipsis, cabalgaban por aquella playa y la disentería y la sarna fueron apareciendo entre los concentrados. Se destinaron varias tiendas para dispensarios y una como hospital, pero al margen de aspirinas y vendas, carecían de lo más elemental.
Las noches eran húmedas, iluminadas por fogatas que trataban de paliar el aire gélido del mar hasta que la rosada matutina apagaba los últimos rescoldos de las brasas. Decían los prisioneros: “Por colchón la arena húmeda y por manta el cielo estrellado”. Los abusos por parte de los guardianes eran constantes y no únicamente por los vigilantes senegaleses, los suboficiales y oficiales franceses trataban de sacar todo el provecho posible de aquel estado de cosas. Las mujeres eran espiadas y asediadas y los hombres golpeados a la menor oportunidad. Los que se resistían o protestaban demasiado eran llevado a campos de castigo ¡como si no fuese suficiente condena estar allí!
A pesar de tantas carencias, se organizaron tareas que distrajeran a los allí concentrados. Construyeron los «barracones de cultura», unos cobertizos donde se realizaban actividades lúdicas y culturales, sin apenas nada, tan solo con el sentimiento de compartir con los camaradas de infortunio. Tenían la extraña sensación de sentirse liberados al no poseer nada, salvo la vida. Un grupo de jóvenes editaba una pequeña publicación que titularon El Boletín de los Estudiantes, la escribían sentados en la arena, aprovechando la luz solar y la inspiración marina.
Los niños eran los que más sufrían, sobre todo los recién nacidos. En medio de aquel solar de arena, sin apenas alimentos ni la más mínima atención pediátrica, sus expectativas de vivir se reducían cada maldito atardecer. Hugo trataba de obtener toda la ayuda posible, si bien eran tratados más como prisioneros peligrosos que como refugiados. Una mañana varios camiones se llevaron a las mujeres y a los niños pequeños a otros campos, para desesperación de padres y maridos. De nada sirvieron las protestas. Hugo, con la excusa de buscar un fiador, consiguió que le permitieran llamar a Capa. “Debes venir a ver lo que aquí sucede Endre”, le dijo. El fotógrafo apareció a mediados de marzo. No podía creer lo que presenciaba.
No puede ser, Hugo, parece mentira que Francia se porte así.
Ya ves, Endre. Esto supera a todo lo que podíamos esperar.
He de llevarte conmigo, y a Pietro también.
¿Y dejar a toda esta gente abandonada? No Endre, no tengo valor. Aguantaré.
Capa hizo lo que mejor sabía hacer. Fotografió todo aquel horror y aquella vergüenza. Cuando se despidió de sus amigos insistió en reclamarles para que fuesen enviados a París.
Espera un tiempo, Endre. Quiero hacer todo lo que pueda. Te llamaré.
Las noticias del infame recibimiento a los refugiados españoles llenaron las páginas de los periódicos de los países democráticos y las fotos de Capa habían contribuido a ello. Los oficiales franceses de los campos de refugiados iniciaron acciones de propaganda con la intención de reclutar voluntarios para servir en la Legión Extranjera. Algunos miles de republicanos aceptaron este camino como la única solución para abandonar los internamientos…
Si queréis saber todo sobre la maternidad y su fundadora Elisabeth Eindenbenz seguid el enlace:
Para comprender mejor a los personajes de mi novela y al momento histórico que vivían, he añadido en la página una serie de vídeos que explican los momentos, las sensaciones y las vicisitudes que les envolvieron. Todos somos nosotros mismos y las circunstancias, las nuestras y las de nuestro entorno. Ver para comprender es un ejercicio que podéis practicar con estas imágenes que van desde la Proclamación de la República Española, hasta la liberación de París, pasando por la Guerra Civil, la II Guerra Mundial y muchos de los hechos que marcaron un tiempo y un momento fascinante y terrible a la par.