A pesar del olvido de tantos años y las reivindicaciones de estos últimos, existen multitud de pruebas de la llegada de La Nueve al París ocupado la tarde del 24 de agosto de 1944.
En la página de esta web LA NUEVE en el cine podéis encontrar unos cuantos reportajes cinematográficos en el que aparecen los vehículos de La Nueve. Como algunos de los vídeos son largos, he puesto el minuto y segundo en el que aparecen. Disfrutad.
Los half- track era unos vehículos del tipo semioruga. Es decir, un todoterreno con ruedas convencionales, instaladas en la parte delantera para la dirección y con orugas, tipo carro de combate, en la parte trasera para la tracción. Esta combinación le hacía muy operativo y capaz de soportar mucha carga, tanto de hombres, de pertrechos, o remolcando piezas de artillería .
Para 1940, el half-track había sido estandarizado en el ejército norteamericano como vehículo para la infantería mecanizada. La 2ªDB, Segunda División Blindada de la Francia Libre, conocida como La División Leclerc, fue dotada de semiorugas M2 y M3. Su novena compañía: La Nueve, bautizó a sus vehículos con nombres españoles. A continuación podéis ver algunos de ellos:
De Gaulle pasando revista a los half – track de La Nueve, antes del desfile del 26 de agosto de 1944.
El Almiral Buiza, bautizado con el nombre del último almirante republicano.
El Brunete.
El Don Quijote (Don Quichotte) con su tripulación y otros miembros de La Nueve.
El Ebro.
El Cap Serrat
El Madrid, con Ramón Gualda
El Guadalajara, con su tripulación en el Bois de Boulogne
El “Los Cosacos” (Les Cosaques) en Estrasburgo
El España Cañí, rebautizado como Libération
El Guernica
El Los Pingüinos (Les Pingouins)
El Santander
El Teruel
El Nous Voilà
Falta el Tunisie 43
Imágenes del desfile del día 26-8-1944
El “Almiral Buiza” maqueado como “Teruel”. Los Half track llevaban el nombre en la parte delantera. La banderas es la española republicana. Desfile del 26-8-1944
Desfile del 26-8-1944
Cap Serrat
Preparación del desfile.
Resistance
El Resistance en la plaza del Ayuntamiento el 24-8-1944
Herschel Grynszpan cometió un crimen de amor y esto desencadenó la noche del 9 al 19 de noviembre la Kristallnacht. Pero ¿qué fue de él?
Herschel fue detenido y conducido a la cárcel de Fresnes cerca de París, más tarde cuando los nazis ocuparon París se lo llevaron a Alemania, donde Hitler quería dar un gran ejemplo de cómo tratar a los judíos.
Herschel Grynszpan sintió el tremendo estallido de una bomba inglesa alcanzar una ala del edificio de la cárcel de Magdeburgo. Se sentó en el suelo y comenzó a temblar como cuando sus guardianes venían a buscarle para someterle a tortura. Hacía ya meses que esto no sucedía, sus celadores tenían otras cosas más importantes que hacer. Pensó que se habrían olvidado de él y tal vez tuviese razón; su pecado de amor, que le había conducido al asesinato, ni siquiera era ya recordado por los nazis; bastante tenían con organizar la defensa de su territorio ante el avance de los rusos por el este y el de los norteamericanos, ingleses y franceses por el oeste. Conocía los penúltimos sucesos del frente por otros compañeros de cautiverio y por algunas conversaciones de sus guardianes, las cosas no le iban demasiado bien al Reich de los mil años. Habían tratado de juzgarle en diversas ocasiones, de hecho el mismísimo Goebbels le prometió a Hitler un proceso y un castigo que escarmentara a los judíos. Sin embargo, el peligro de que el joven hablara de las relaciones íntimas con su víctima, hizo que se aplazara continuamente su presencia ante un tribunal especial y, a estas alturas, el caso Grynszpan había sido relegado al baúl de los recuerdos.
Fragmento de Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)
PARA SABER MÁS DE SU HISTORIA NO LO ENCONTRARÉIS EN SUS BIOGRAFÍAS PERO SÍ EN LA NOVELA…
Luise Rainer, ganadora de dos Oscar es otro de los personajes que aparecen en la novela. Aquí os dejo algo de su historia y algún párrafo de sus apariciones en el libro.
Haceros seguidores de esta página pulsando en el recuadro correspondiente. Sabréis mucho sobre la novela y sus personajes.
Luise Rainer fue una estrella del cine y del teatro nacionalizada en Estados Unidos pero nacida el 12 de enero de 1910 en Düsseldorf (Alemania). En 1935 se mudó a Hollywood por temor a su ascendencia judía. Su primera película en el cine americano fue en Escapade. En sus dos películas siguientes ganó sendos Oscar consecutivos. El primero de ellos por El gran Ziegfeld (1936) donde interpretaba a Anna Held y el segundo por La buena tierra (1937), donde interpretaba a la resignada campesina O-Lan. Fue una entusiasta defensora de la República Española, recogiendo fondos para ayudar a los niños españoles. Falleció en Londres el 30 de diciembre de 2014.
En una de las mesas del Biltmore Hotel, Louis B. Mayer todavía confiaba en que la Metro se llevaría alguna de las estatuillas. Hubiera querido que Luise estuviese allí, no consideraría ninguna vergüenza que su pupila fuese derrotada por la Lombard, además confiaba en que El Gran Ziegfeld obtuviera el premio a la mejor película. Comentaba nerviosamente con su esposa Margaret Shenberg y con el jefe de publicidad de la MGM, Howard Strickling, los pormenores de la velada. Desde el improvisado escenario, el maestro de ceremonias George Jessel iba anunciando los premios. Al llegar al de mejor actriz pidió a Bette Davis, vencedora el año anterior, que hiciera la entrega de la estatuilla a la nueva ganadora. El nombre de Luise Rainer sonó fuerte y potente en toda la sala. Mayer pegó un brinco y ordenó a Howard que saliera pitando para traerse a Luise a la ceremonia, mientras rogaba a Jessel que continuara con el resto de los premiados hasta que llegara su actriz.
Fragmento de «Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)»
Su boda en 1945
Nicoletta Cervi trató de imaginar el rostro de su amiga: sereno y sonriente a la par, dos cualidades que la habían convertido en su día en una gran estrella del teatro y del celuloide. Notó la impaciencia de su interlocutora a través del auricular y prosiguió con la narración para que su amiga no perdiera detalle.
– Están formadas varias unidades del ejército y la banda de L’Armée interpreta una nueva pieza. Espera, ahora llega Anne Hidalgo, ¿recuerdas que te hablé de ella?
– Imagino lo orgullosa que se sentirá. ¿Y nuestra bandera?
– Sí, Luise, ondea junto a la francesa como en los dos años anteriores, hay estandartes de regimientos franceses y de asociaciones de combatientes…
Escuchó gemir al otro lado del teléfono. – No llores Luise, es todo muy bonito.
– Perdona Nicoletta, cuando superas la centena cada vez cuesta más retener las lágrimas… de alegría. Me viene a la memoria una frase de aquel director sueco…
– ¿Ingmar Bergman?
– El mismo. Solía decir poco más o menos que envejecer es como escalar una gran montaña: mientras se sube las fuerzas disminuyen, pero la mirada es más libre y la vista más amplia y serena.
Fragmento de «Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)»
Segundo Oscar
Primer Oscar
Aquel año habían sido nominadas para mejor actriz una pléyade de estrellas hollywoodienses que eclipsaban a las celestiales, entre ellas Carole Lombard por su interpretación en la película Al servicio de las damas. Algunos medios de comunicación pronosticaban su triunfo; iba a conseguir su primer trofeo de la Academia. En el salón del Biltmore Hotel de Los Ángeles, todos los invitados estaban pendientes de la actriz. Su papel en el film merecía muchos menos elogios que su imagen encantadora y radiante que había conseguido cautivar al mismísimo Clark Gable, desde que habían coincidido en el rodaje de Casada por azar.
En su casa, Luise Rainer, observaba a lo lejos las luces del Pueblo de Nuestra Señora la Reina de los Ángeles del río Porciúncula, como la bautizaron sus fundadores españoles, y a la que ahora todo el mundo conocía como Los Ángeles. Imaginaba la Grand Avenue repleta de un público enfervorizado y a los invitados al acto impacientes por conocer a los ganadores. Su jefe Louis B. Mayer había insistido hasta la saciedad para que asistiera a la entrega de premios, no en balde ella también estaba nominada a la mejor actriz por El Gran Ziegfeld. Sin embargo, convencida de que el premio recaería en Carole, prefería disfrutar de una velada tranquila con su esposo Clifford. Sus certidumbres tenían una base sólida, pese a estar muy satisfecha con su papel. Era, tan solo, su segunda película, el primer musical, y la Lombard una rutilante estrella con docena y media de exitosas películas en su haber y convertida en protagonista de La reina de Nueva York. Sabía que Hollywood era un mundo difícil y ella apenas hacía dos años que había aterrizado en los Estados Unidos. Por otra parte, era conocida por su apoyo a la causa republicana española y el mundo del cine desconfiaba de su ascendencia alemana. Un coctel demasiado explosivo para ser saboreado sin atragantarse por el público americano, complaciente con divorcios, infidelidades y escándalos, pero poco indulgente con los temas políticos y las ideas progresistas.
Fragmento de «Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)»
La famosa foto que le hizo Capa frente L’Opera Garnier de París
Les propuso acompañarle a un reportaje fotográfico para Luise Rainer, una estrella de Hollywood, alemana y judía como Gerda, ahora residente en los Estados Unidos donde había ganado dos Oscar en los años 1936 y 1937. Ellos aceptaron gustosos la invitación, conocían la fama de Luise como ferviente defensora de la República Española y que gracias a su ayuda Joris Ivens había podido rodar en el 37, Spanish Earth, un documental sobre la guerra española y que costó una discusión entre sus dos guionistas John Dos Passos y Ernest Hemingway, quien, además, prestaría su voz como narrador.
Fragmento de «Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)»
Frente a su estrella en el Paseo de la Fama de Los Ángeles.
En el número 37 de la rue Froidevaux muy cerca de la entrada de metro Denfert-Rocherau en París, está situado el apartamento que Robert Capa alquiló para vivir con Gerda Taro. A la muerte de su compañera el fotógrafo siguió habitándolo. Está frente al vecino cementerio de Montparnasse, tanto, que al lado de la puerta que da acceso al callejón por donde se accede al portal existe un negocio de artículos funerarios. No sé ahora, pero en los años 30 y 40 el propietario era a su vez el arrendador de Capa.
Froidevaux 37, París. Fotos Ana Elisa Martínez. Agosto 2014
El automóvil tomó camino en dirección al cementerio de Montparnasse, atravesó la plaza Denfert-Rocherau y paró a la altura del número 37, frente a las tapias del cementerio. Endre pagó al taxista y agarró la maleta de Gerda que parecía más que interesada. Estaban frente al paso de un callejón privado, cerrado por una verja, que daba acceso a los edificios. “Bon jour madame”, le dijo Endre a la portera que corrió para abrirles la cancela. Anduvieron unos metros hasta el inmueble, la puerta del mismo abrió sus dos verdes hojas al paso de los amantes. Subieron por la escalera de madera hasta el segundo piso y giraron por el pasillo de la derecha. Dejó la pesada maleta en el suelo, abrió la entrada al apartamento y levantó en sus brazos a la liviana Gerda. “Nuestro hogar”, dijo con convicción. Gerda se sintió transportada. El estudio le pareció magnífico pese a la desnudez mobiliaria. Endre había pintado las paredes y la escalera de caracol que se enroscaba camino del piso superior. “Me encanta”, dijo, mientras imaginaba mentalmente qué muebles poner. “Pocas cosas… pero bonitas”, pensó. Acarició el rostro de Endre y le besó en los labios.
Fragmento de Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)
Froidevaux 37, París. Fotos de Ana Elisa Martínez, agosto 2014
Se alojaron en el taller de Capa, en la rue Froidevaux, en pleno Montparnasse y junto a las tapias de aquel cementerio mítico, guardián del último hogar de los Baudelaire, Maupassant o Foucault; del compositor Berlioz o de Degas. Fantasearon con la posibilidad de que en las noches parisinas las bailarinas de Degas danzaran al compás de la Sinfonía Fantástica, armonizada por el inexorable batir del péndulo de Foucault. Imaginaban a Margarita Gautier y Armando Duval, envueltos por el perfume de las cercanas camelias, sentados en aquel jardín donde el árbol de la vida ya no crecía, leyendo los poemas de Las flores del mal de Baudelaire, con toda una eternidad por delante. Y un poco más allá, Guy de Maupassant empeñado en suicidarse por enésima vez sin saber que ya estaba muerto.
Fragmento de Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)
En esta segunda parte están las fotos de Capa en la Segunda Guerra Mundial de momentos que parecen en la novela.
Hoy, 22 de octubre, se cumplen 103 años del nacimiento de Robert Capa, un genio fotográfico y uno de los mejores fotoreporteros de la historia. Él es uno de los personajes de mi novela “Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)”. Os dejo algunas de sus apariciones en el libro y las fotos de referencia.
Capa viajando a Liverpool. Foto Magnum
Su buque arribó al puerto de Halifax, en Nueva Escocia, donde permanecieron atracados hasta el día siguiente para formar parte del convoy protegido de veinticuatro buques de distintas nacionalidades con destino a Europa. Aquella noche de espera fue aprovechada por Capa para recorrer una docena de barcos y catar los licores de cada nacionalidad. La travesía fue pródiga en fotos, cada detalle, cada estela de mar abierta por el convoy y cada atardecer reflejado en barcos y en hombres fue atrapado para narrar su regreso a Europa. También pasaron sustos y miedos durante el trayecto, los submarinos alemanes, como tiburones hambrientos, les acosaron durante el peligroso y largo viaje a Liverpool, aunque sin llegar a atacarles.
Párrafo de Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)
No hizo falta anunciarles que sobrevolaban sobre Sicilia. Las explosiones de las baterías italianas y alemanas producían destellos de verbena que iluminaban el interior del avión y recortaban el semblante de los soldados pintándoles contraluces en el rostro. Una explosión sacudió al aparato en forma de malavenida. El piloto giró los mandos al divisar la costa siciliana. Pese a las explosiones y a las sacudidas nadie comentaba nada. En el interior de la nave todo era silencio, tan solo roto por los flashes de la Leica de Capa. Algunos comenzaron a vomitar, un olor a agrio se extendió por el avión…
Párrafo de Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)
Foto Robert Capa
Robert Capa había pasado toda la noche colgando de aquel árbol en un bosque de no sabía dónde. Le dolían los hombros de soportar su propio peso sujeto a las correas del paracaídas. Se decía a sí mismo que no estaba asustado y que alguno de sus compañeros de salto vendría a por él; se escuchaban cañonazos y disparos lejanos y eso le tranquilizaba porque era una clara señal de que no combatían en las inmediaciones. A pesar de todo, no se atrevía a pedir ayuda por si era escuchado por el enemigo o mal interpretado por los amigos ya que su inglés no era demasiado bueno y su acento demasiado oriental.
Párrafo de Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)
Foto de Capa (Sperlinga, Sicilia)
Robert Capa observó los dedos moteados y arrugados del anciano señalando sobre el mapa el camino a seguir y el encuadre fotográfico de su cara arrugada, llena de pliegues y viejas sonrisas. Su Leica inmortalizó aquel rostro y aquella vestimenta campesina de pantalón holgado y cordel al cinto. El pequeño grupo reanudó su marcha camino de una colina rocosa que guardaba la carretera que conducía a Gangi.
Párrafo de Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)
Robert sintió un miedo insuperable y corrió hacia la barcaza que iniciaba su derrota hacia el buque nodriza, tomó la última foto de aquel día desde la cubierta de la nave salvadora. La silueta del Chase se recortó en el horizonte. Hacía tan solo seis horas que partiera del buque y un mundo de sensaciones habían transcurrido en el espacio de tiempo que dura una excursión campestre. Al llegar a la nave se cruzó con la última oleada de infantería de la 16 que embarcaba en ese momento; la cubierta del buque estaba ya llena de heridos, barrida de lamentos, de sollozos y de bolsas blancas con los restos de lo que apenas horas antes habían sido jóvenes cargados de vida y de esperanza. Del bolsillo de uno de ellos que estaba siendo embolsado asomaba un juego de naipes. El muchacho había perdido su partida más importante.
Párrafo de Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)
Fotos de Robert Capa del día D, excepto la última en la que aparece con cigarrillo en la boca. Todas de MAGNUM PHOTOS- Collection Capa
Superó su miedo e hizo más fotos a pesar de la poca luz y de las columnas de humo. Todo era un caos, los infantes permanecían aplastados contra el sábulo, algunos muertos o heridos; otros, atemorizados. Terminó el primer rollo de la Contax, estaba entumecido, las manos le temblaban, la ropa mojada le helaba las piernas; recordó que había abandonado su flamante Burberrys en la barcaza. Cambió de refugio y se parapetó detrás de un vehículo anfibio al que las llamas habían consumido y puso nueva película.
Párrafo de Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)
Foto de Jack Lieb, julio1944
Tomaron fotos con la famosa abadía al fondo, incluso rodaron un cortometraje. Allí coincidieron con un grupo de amigos de Ernest, como Bill Walton o Maurice Chevalier y su esposa. Maurice trataba de recuperar su prestigio, un tanto marchito a causa de sus actuaciones para los ocupantes alemanes, y que el público francés perdonaría pronto a su chansonnier favorito. Decidieron comer todos juntos en el restaurante del hotel de Mere Poularde, en pleno centro de Mont Saint-Michel, probar sus exquisitas tortillas y disfrutar de aquellas mini vacaciones. A pesar del penoso accidente en Inglaterra, Hemingway se sentía contento. Francia empezaba a ser una fiesta.
Párrafo de Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)
La rapada de Chartreuse de Robert Capa
El padre la esperaba con un hatillo de ropa. Simone empezó a caminar, sujetando muy fuerte a su bebé. La gente se fue arremolinando a su alrededor, al llegar a la calle del Cheval Blanc la rodeaban y la seguían más de un centenar de personas. Encabezaba la comitiva su padre George Touseau, cabizbajo, con el hatillo en la mano izquierda y el rostro adusto; un pobre ignorante votante de extrema derecha y filonazi. La muchedumbre iba cercando a la desgraciada riendo e increpándola; los pequeños, imitando a sus mayores, se burlaban de ella. A Simone solamente le preocupaba su bebé que dormía el sueño de los inocentes en brazos de su madre. Capa se adelantó unos metros y esperó en el centro de la rue du Cheval Blanc la llegada de aquella iconoclasta procesión…
Párrafo de Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)
Ya en su habitación, Capa hizo una recapitulación de lo acontecido. Trató de recordar los nombres de los blindados que habían entrado los primeros en París como le habían contado sus amigos. Solo pudo acordarse de un nombre: el Teruel. ¡Y qué diablos es el Teruel!, pensó. Imaginó uno de los Sherman y su enorme ilusión transformó los hechos para siempre. Él había entrado de los primeros en París a bordo de un Sherman de la Segunda División Blindada de nombre Teruel… y se durmió pensando en Gerda.
Párrafo de Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)
Fotos de Capa para Life y otras revistas
La escolta se puso en marcha. Desfilaron entre vivas y ovaciones de los ciudadanos y de los resistentes de las FFI convertidos en activos espectadores. Los cantos de la Marsellesa repetían: “Libertad, libertad querida…”, y los feroces soldados de La Nueve marchaban por la Avenida de los Campos Elíseos. Los días de gloria habían llegado. Entre el público alguien desplegó una bandera republicana española de veinte metros. La emoción recorrió la médula espinal de aquellos hombres. “¡París, Berlín, Barcelona… Madrid!”, empezaron a gritar. Era la esperanza de los hijos de otra patria, lejos de sus casas, con el solo deseo de volver y echar al dictador de sangre impura. Los Guernica, Teruel, Guadalajara, Madrid, Ebro o España Cañí no pedían venganza sino justicia. Capa iba captando instantáneas de la emoción popular, de las caras de alegría y los rostros de felicidad. Disparaba y disparaba la Contax, que tanto había visto por su obturador y que, sin embargo, seguía asombrándose del poder de expresión de los humanos, capaces de dibujar en sus miradas el estado de sus almas. Fotos de De Gaulle sonriendo a una multitud enfervorizada, de paisanos entusiasmados, de gendarmes impotentes para contener a la gente, de mujeres jóvenes y no tan jóvenes, encaramándose a los vehículos para besar a los soldados. No era el único, docenas de fotoreporteros dejaron constancia del paso de los vehículos de La Nueve bajo el Arco del Triunfo.
Párrafo de Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)
De repente sonaron unos disparos, la multitud se lanzó al suelo atemorizada. Capa hizo unas cuantas fotografías del instante, rostros de sorpresa y de temor. De Gaulle se mostraba impasible, le había costado mucho llegar allí para que unos francotiradores le aguaran la fiesta. Varios miembros de las FFI se lanzaron a la búsqueda de los emboscados. Algunas familias con niños se refugiaron detrás de los jeeps o al amparo de los blindados, hubo unos instantes de confusión que concluyeron a los pocos minutos. Desde los half – track respondieron al fuego y los disparos cesaron…
Párrafo de Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)
Si la foto no es lo suficientemente buena, es que no te has acercado lo suficiente.
Hoy, 22 de octubre, se cumplen 103 años del nacimiento de Robert Capa, un genio fotográfico y uno de los mejores fotoreporteros de la historia. Él es uno de los personajes de mi novela “Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)”. Os dejo algunas de sus apariciones en el libro y las fotos de referencia.
Foto: Robert Capa (Endre Endrö Friedmann)
Los diseños de la señora Friedmann y sus patrones podrían haber empapelado todas las paredes. Sus modistas, de alegre parloteo y demostrada eficacia, andaban cosiendo por toda las estancias, excepto en el taller del esposo y por la sencilla razón de que entre los trajes casi acabados, los escritos, los libros y los periódicos, no cabía un alfiler. Además estaba el hermano menor de la familia, el pequeño Kornell, de apenas once años, que andaba con sus juegos infantiles todo el día por la casa. Así que el joven Endre Endrö Friedmann, dispuesto a escapar del alboroto, pasaba más tiempo en la calle que en aquel laberinto de talleres y oficinas que se había convertido su hogar…
Párrafo de la novela: Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)
Budapest en la época en que nació Robert Capa.
Su primer trabajo importante como fotógrafo en Berlín fue cubrir la conferencia de León Trosky en Copenhague para el Der Weltspiegel.
Trosky en Copenhague por Capa
Noviembre. Hace un frío tan intenso en la capital danesa que invita a beber un snaps deakvavit o de vodka ruso, y eso es lo que pide Endre al camarero. “Tal vez sea lo más acorde con el reportaje”, piensa. Desde la cristalera del café observa la calle, su vaho empaña el cristal, echa a un lado la cámara Leica que se bambolea grácilmente colgada de su hombro en bandolera, limpia entonces la transparente superficie con la bocamanga para poder seguir a la marea humana. Grupos de gentes, obreros en su mayoría, embutidos en sus trajes de pana se dirigen al auditorio. Desde otras calles, jubilosos jóvenes con banderas rojas confluyen con los trabajadores.Lev Davídovich Bronstein, ya León Trotsky para todos, el que fuera uno de los principales impulsores y cerebros de la Revolución de Octubre, dará una conferencia en el Stadium de Copenhague. Como si de una consigna se tratara el cielo danés aparece despejado y no caerá la nieve; el rojo de las banderas estudiantiles será la coloración predominante sobre el blanco invierno. Una metáfora celestial del triunfo bolchevique sobre los blancos zaristas ahora hacía quince años.
Párrafo de la novela: Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)
Gerda Taro y Robert Capa en París, foto de Fred Stein
Endre preparó su cámara y disparó varias veces. Luego se acercó a Gerda. Ella le esperaba, al llegar a su altura levantó las manos por encima de su cabeza y las pasó por detrás del cuello del joven. La Leica chocó contra el pecho de Gerda que se puso de puntillas y buscó los labios de Endre. Aquel sería el primer beso y las primeras fotografías de la pareja; y a estas seguirían muchas y muchos más (…)
Ya en la calle los dos jóvenes rieron a mandíbula batiente su inocente y necesario engaño. Aquel fue el primer reportaje de Robert Capa, no sería el último. Había nacido un mito.
Párrafo de la novela: Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)
Gerda Taro, foto de Robert Capa encontrada en la maleta mejicana.
Les extendieron los oportunos permisos para transitar libremente como periodistas y fotógrafos. Gerda fotografiaba con su Old Standard Rolleiflex binocular a niños vestidos de milicianos y a milicianos sintiéndose como niños. Endre cargó con una de sus Leicas para captar el dolor y el miedo. Había pasado muchas horas de su adolescencia en busca del reportaje más verídico y real y allí estaba, representado por la crueldad de una guerra entre hermanos, la muerte de inocentes o los enfrentamientos por pensar de forma distinta. Poder figurar en sus instantáneas el sabor de una comida que puede ser la última o plasmar el olor de la Parca. También la gloria de la defensa de unos ideales o la esperanza de una revolución liberadora y justa.
Párrafo de la novela: Pingüinos en París (Bajo dos tricolores
Niña en Barcelona, foto de Robert Capa
Refugiados, Robert Capa
Gersa y Capa en el frente de Madrid. Magnum fotos
Se metió en aquel impoluto baño y dejó que el agua de la ducha fluyera libremente por todo su cuerpo. Llamaron a la puerta. “Probablemente será Endre”, pensó, mientras se secaba. Se envolvió con la toalla y acudió a la llamada. “¿Endre?”, preguntó. Oyó la voz de su amado asintiendo. Entonces dejó caer la toalla y quedó, como decían los milicianos, como su madre la trajo al mundo. Abrió entonces la puerta de par en par. El botones que cargaba con las maletas quedó más boquiabierto que el propio Endre. Gerda pidió perdón y corrió a taparse. El fotógrafo se partía de risa y el muchacho estuvo a punto de no aceptar la propina que le tendía, dándose por bien pagado con la visión de aquella guapa y menudita extranjera de pechos redondos. Endre cerró la puerta y sin dejar de reír se fue directo a la cama, ella había perdido hacía ya un rato la toalla. Madrid olía a pólvora y Gerda a rosas.
Párrafo de la novela: Pingüinos en París (Bajo dos tricolores
Fotos de milicianos de Robert Capa o de Gerda Taro
… buscaba a los milicianos anarquistas llegados de Alcoy y pertenecientes a la Juventudes Libertarias. Disfrutaron ambos haciendo docenas de fotografías de los soldados en plena siesta bajo la sombra protectora de unos árboles. Rostros relajados, posturas distendidas. Uno dormía acompañado de su perro; otros, abrazados a sus fusiles boca arriba, boca abajo o de costado. Uno de ellos hurgándose en la bragueta. Era la placidez de los que tienen la conciencia limpia y las manos encallecidas de trabajar en el campo o en las minas extrayendo calcopirita.
Párrafo de la novela: Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)
Las famosas fotos de Capa del miliciano muerto
Camaradas, el enemigo se acerca. Los hijos de la traición tratan de asestarnos el golpe definitivo. No son patriotas como dicen, la patria es la madre, la hermana, la esposa, los hijos y la tierra, no una bandera o un territorio. Defendemos la tierra que cultivamos y regamos, esa tierra que es nuestra y que ellos quieren devolver a un señorito andaluz o a un cacique de los de toda la vida. Estos que avanzan son generales y oficiales que juraron defender a la República y que la traicionan porque no soportan que digamos lo que pensamos y que seamos libres. ¡Camaradas!, sé que os voy a pedir demasiado, que no sois soldados profesionales como ellos, que no disponemos de las mismas armas ni de los mismos medios, pero tenéis corazón. Los que nos atacan son solo un instrumento, la carne de cañón, los profesionales de la muerte y únicamente luchan por un ascenso o una medalla; algunos por miedo. Y son conscientes de que lo que defienden es a los explotadores de la humanidad, a los mismos de siempre.
Párrafo de la novela: Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)
Gerda en París
Gerda Taro bajó del tren cargada con las cámaras y con una maleta de gran tamaño. Endre se abalanzó sobre ella y la abrazó emocionado, la boina que cubría a la fotógrafa salió despedida. Tomaron un taxi, él dio una dirección al taxista que dudó un momento. “¿Froidevaux?” Capa le sacó de dudas. “La antigua Champ d’Asile, paralela a Daguerre”. El hombre levantó sus espesas cejas al localizar en su memoria el itinerario de la calle. El automóvil tomó camino en dirección al cementerio de Montparnasse, atravesó la plaza Denfert-Rocherau y paró a la altura del número 37, frente a las tapias del cementerio.
Párrafo de la novela: Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)
Frente de Teruel, foto de Robert Capa
Regresaron al puesto de mando encogidos sobre sí mismos mascando copos de nieve turolense. La amigable conversación les llenó de gozo y de añoranzas, y la estufa de hierro forjado, de calor. Una llamada del puesto de mando marcó su punto final. Robert Capa se despidió, abrió la puerta y el soplo de viento helado aulló antes de que un aura de frío invadiera la sala. Hugo vio cómo se alejaba su amigo, con las Leicas colgadas del cuello y el chaquetón tres cuartos adosado como una segunda piel.
Párrafo de la novela: Pingüinos en París (Bajo dos tricolores
Luise Reiner en París, foto de Capa
Les propuso acompañarle a un reportaje fotográfico para Luise Rainer, una estrella de Hollywood, alemana y judía como Gerda, ahora residente en los Estados Unidos donde había ganado dos Oscar en los años 1936 y 1937. Ellos aceptaron gustosos la invitación, conocían la fama de Luise como ferviente defensora de la República Española y que gracias a su ayuda Joris Ivens había podido rodar en el 37, Spanish Earth, un documental sobre la guerra española y que costó una discusión entre sus dos guionistas John Dos Passos y Ernest Hemingway, quien, además, prestaría su voz como narrador.
Párrafo de la novela: Pingüinos en París (Bajo dos tricolores