Todos los vehículos de La Nueve

Me ha costado trabajo, pero ha valido la pena. He podido cumplimentar todos los vehículos de La Nueve que aparecen en mi novela: Pingüinos en París.

Asomaos por :Vehículos de La Nueve y no os sentiréis defraudados. He tratado de referenciar en que páginas o en quién me ha proporcionado las fotos. Ruego a todas y a todos los que queráis hacer una rectificación, valoración o personalizar algún contenido lo hagáis, para que todo el mundo pueda disfrutarlo. También pide disculpas a quienes crean que alguno de los contenidos les pertenece, en este caso estoy dispuesto a la rectificación, corrección o aclaración a quien lo solicite. Un saludo.

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Martín Bernal, un héroe de La Nueve

MARTÍN BERNAL PERSONAJE DE PINGÜINOS EN PARÍS (BAJO DOS TRICOLORES) En la foto es el primero por la izquierda de la primera fila.

El día 30 de este mes se cumple el aniversario del nacimiento de un gran héroe de La Nueve.

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Foto del artículo-libro de Pons Prades

En su libro Carnets de Route, concretamente en la página 259 de Editions France-Empir de 1984, Raymond Dronne, capitán de La Nueve, describe así a Martín Bernal:

El sargento-jefe y futuro alférez Garcés, cuyo verdadero nombre es Martín Bernal, es un aragonés de Zaragoza. Este coloso- Bernal medía más de un metro ochenta -, de ritmo tranquilo y señorial  había comenzado una carrera de torero; su nombre de matador era Larita II. Fue hecho prisionero por los franquistas al final de la guerra civil, pero pudo evadirse. Atravesó gran parte de España a pie, escondiéndose de día y caminando de noche para evitar ser visto. Según él mismo me contó, guiándose por la estrella polar, pudo  llegar al Pirineo y entrar en Francia en septiembre de 1939. Arrestado por los gendarmes, las autoridades francesas le proponen ingresar en el ejército francés o ser devuelto a la frontera española. En aquella época, Garcés, no hablaba francés. La palabra francesa “armée” – ejército – le sonaba como si le propusieran ingresar en la armada francesa. “Yo no puedo ingresar en la armada, repuso Bernal, jamás he subido a un barco (…)” Por su clase, por su valor y tranquilidad, además de su buen humor y simpatía, Bernal se ganó rápidamente a sus camaradas. Después de la guerra, aprovechó sus conocimientos de zapatero para instalar con su hermano, liberado de Mauthausen, un prospero negocio de zapatería en las afueras de París.

Estas son las palabras con las que Raymond Dronne define a uno de sus mejores hombres: el zaragozano Martín Bernal, conocido por sus compañeros de La Nueve como “Garcés” o como “el Maño”.

Martín Bernal Lavilla nació en Garrapinillos (Zaragoza) el 30 de enero de  1912, un reportaje del Heraldo de Aragón de Zaragoza, publicado el 22 de agosto de 2004 con motivo del 60 aniversario de la liberación de París, sitúa erróneamente su nacimiento en La Cartuja de la Inmaculada, un barrio zaragozano cercano a la capital y donde, al parecer, trabajaron durante algún tiempo Martín y su hermano Paco y donde se afiliaron a la CNT a instancias de un viejo cenetista llamado Pedro Blasco.

La verdadera pasión de Martín en aquellos tiempos era el toreo. Su admiración por Larita le hizo bautizarse profesionalmente como Larita II; su apoderado era Miguel Grimal. Vivía en el barrio zaragozano de Torrero en el 13 de la calle Triana, en la misma calle donde todavía viven sus sobrinos y a los que visitó en varias ocasiones a partir de los años 70. Durante su época de novillero, que truncaría la guerra civil, se hizo amigo de otro novillero llamado Manuel Garcés Navarro, nacido en Fuentes de Ebro el 3-5-1910 – y que con el tiempo se convertiría en su cuñado, ya que  Martín formó pareja – fue el amor de su vida – con Carmen Garcés, hermana de Manuel, con la que tuvo dos hijas llamadas Carmen y María y posteriormente ya en París un hijo: Andrés –Dedé –  terminada la II Guerra Mundial.

Fotos del archivo familiar, proporcionadas al autor

En el año 1938, Martín, su hermano Paco y su cuñado Manuel escaparon de Zaragoza, donde había triunfado el golpe militar, y se incorporaron a las columnas cenetistas que pretendían liberar la capital maña. Combatieron más tarde en la Batalla de Teruel. Al final de la guerra, Martín, fue apresado por el ejército franquista en una población manchega. De allí fue conducido a un campo de concentración en un antiguo monasterio cartujo llamado Porta Coeli cercano a Liria (Valencia). Se las apañó para escapar del campo y huir a Francia cruzando por un valle pirenaico:  para entonces había perdido el contacto con su hermano, que acabó en Mathausen, y con su cuñado Manuel que terminó con sus huesos en Carabanchel.

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Porta Coeli, magnífica fotografía de TONYMAN. http://www.minube.com/fotos/rincon/2177104/7534889

Ya en Francia, las autoridades francesas le “invitaron” a incorporarse a la Legión Extranjera y embarcó rumbo al África central. Combatió en el Senegal y en 1942 en la campaña del Norte de áfrica y en la Batalla de Túnez en el 43 contra el Afrika Korps de Rommel y en la que fue herido por primera vez – lo sería en otras dos ocasiones -.  Por su comportamiento en los combates recibió la Medalla Colonial de la República Francesa, una de las distinciones militares más preciadas.

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FOTO DE AUTOR DESCONOCIDO. ARCHIVO FAMILIAR

Enterado de que el general Leclerc, pretendía organizar una división acorazada de la Francia Libre, no lo dudó ni un solo momento y se alistó, junto con muchos otros españoles, en la que más tarde sería la famosa División Leclerc. Muchos de los que se incorporaron a la nueva división cambiaron sus nombres para poder “desertar” de otras unidades francesas, así, Martín se registró como Garcés – el apellido de Carmen – en la nueva unidad.

La flamante división fue equipada por el ejército norteamericano y conducida a Inglaterra para su preparación ante el inminente asalto a la Europa continental. Martín fue incorporado a la novena compañía del III Regimiento de Marcha del Chat de la División Leclerc. Su compañía fue pronto conocida por todos los divisionarios como La Nueve, así en español,  ya que la mayoría de sus hombres (146) eran españoles. En el censo de la división había más de un millar y medio de españoles, conocidos como los Pingüinos. Su lugar de entrenamiento en Inglaterra fue en la ciudad de Pocklington.

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Sentado sobre el capó de su half-track Teruel

La división desembarcó en Utah beach  a principios de agosto y participó en la liberación de Écouché y en gran número de combates como la toma del puente sobre el Sarthe y la de Alençon o en la reducción de la bolsa de Falaise; hasta llegar a las cercanías de París. En todos ellos se distinguió Bernal. La tarde del 24 Leclerc ordenó al capitán Dronne que avanzará con su compañía hacia París, defendida por más de 20.000 alemanes. La Nueve entró la primera en la ciudad, con sus half tracks de nombres de evocación española, por la Puerta de Italia. Martín al mando del HT Teruel y comandando una de las secciones fue uno de los libertadores que primero llegaría al ayuntamiento parisino, eran la 21.22 de la tarde del 24 de agosto de 1944.

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Foto actual tomada en ÉCOUCHÉ

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Foto del día 25. El capitán Dronne esta preparando con sus oficiales el asalto a la telefónica; a su derecha de la foto Amado Granell a la izquierda Martín Bernal; al fondo el soldado Pirlian.

Al día siguiente entraba el resto de la División y Martín se batía en las calles reduciendo los focos de resistencia alemanes, siendo citado en la orden del día por su valor:

“Suboficial de una alta valía militar y moral. Posee tanto valor bajo el fuego como sentido de la responsabilidad en la retaguardia. Ha sido citado varias veces. Actuando como subjefe de sección, el 25 de agosto, en París, se hizo cargo de la misma cuando su jefe fue gravemente herido; mandándola con notable autoridad”

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Desfile del día 26 de agosto de 1944

Continuó con la compañía ascendiendo a alférez, luchando en los Vosgos y en territorio alemán hasta llegar al Nido del Águila, el Kehlsteinhaus, en los Alpes Bávaros,  para entonces sólo 16  españoles  de La Nueve seguían en la compañía; más de cincuenta yacían enterrados en los campos de Europa y el resto se recuperaba en una docena de hospitales aliados. Martín había recibido  La Croix de Guerre avec palme y había sido herido en otras dos ocasiones. También había recibido la Medalla militar. Al llegar a la que fuera la casa predilecta de Hitler, Martín se desbebió en el sillón del dictador alemán.

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La toma del Nido del Águila

Terminada la II Guerra Mundial, Martín instaló con su hermano Paco – liberado de Mathausen – una zapatería en  Choisy-le-Roi, a 18 km de París, donde tenía su residencia, concretamente en el número 3 de la calle Pablo Ruiz Picasso. El domingo 18 de octubre de 1987 se le nombró Caballero de la Legión de Honor. Falleció el 29 de julio de 1991 y está enterrado en el cementerio de Choisy-le-Roi (Val – de – Marne). Por aquel entonces la hazaña de  La Nueve todavía permanecía “convenientemente” olvidada.

 

Galería de fotos familiares proporcionadas al autor:

 

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Frente a su zapatería en Choisy-le-Roi

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Con su esposa Carmen Garcés.

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Recibiendo la Legión de Honor.

Martín Bernal (Garcés) es uno de los protagonistas de mi novela

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LA NUEVE EN EL CINE

A pesar del olvido de tantos años y las reivindicaciones de estos últimos, existen multitud de pruebas de la llegada de La Nueve al París ocupado la tarde del 24 de agosto de 1944.

En la página de esta web LA NUEVE en el cine podéis encontrar unos cuantos reportajes cinematográficos en el que aparecen los vehículos de La Nueve. Como algunos de los vídeos son largos, he puesto el minuto y segundo en el que aparecen. Disfrutad.

 

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LA NUEVE: Los famosos half-track de La Nueve.

 

 

LA NUEVE: LOS HALF -TRACK

 

Cuento en mi novela que:

Los half- track era unos vehículos del tipo semioruga. Es decir, un todoterreno con ruedas  convencionales, instaladas en la parte delantera para la dirección y con orugas, tipo carro de combate, en la parte trasera para la tracción. Esta combinación le hacía muy operativo y capaz de  soportar mucha carga, tanto de hombres, de pertrechos, o remolcando piezas de artillería .

Para 1940, el half-track había sido estandarizado en el ejército norteamericano como vehículo para la infantería mecanizada. La 2ªDB, Segunda División Blindada de la Francia Libre, conocida como La División Leclerc,  fue dotada de semiorugas M2 y M3. Su novena compañía: La Nueve, bautizó a sus vehículos con nombres españoles.  A continuación podéis  ver algunos de ellos:

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De Gaulle pasando revista a los half – track de La Nueve, antes del desfile del 26 de agosto de 1944.

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El Almiral Buiza, bautizado con el nombre del último almirante republicano.

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El Brunete.

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El Don Quijote (Don Quichotte) con su tripulación y otros miembros de La Nueve.

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El Ebro.

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El Cap Serrat

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El Madrid, con Ramón Gualda

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El Guadalajara, con su tripulación en el Bois de Boulogne

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El “Los Cosacos” (Les Cosaques) en Estrasburgo

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El España Cañí, rebautizado como Libération

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El Guernica

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El Los Pingüinos (Les Pingouins)

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El Santander

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El Teruel

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El Nous Voilà

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Imágenes del desfile del día 26-8-1944

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El “Almiral Buiza” maqueado como “Teruel”. Los Half track llevaban el nombre en la parte delantera. La banderas es la española republicana. Desfile del 26-8-1944

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Desfile del 26-8-1944

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Cap Serrat

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Preparación del desfile.

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Resistance

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El Resistance en la plaza del Ayuntamiento el 24-8-1944

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Domingo Baños en el Guadalajara

 

Pingüinos en París: Livorno, el casino de madame Sitrì

Parte de la acción de la novela ocurre  en Livorno donde una de mis personajes, madame Sitrì, regenta el más famoso “casino”de la Toscana.

 

 

 

Aquella noche de vino y conversación política derivó, casi sin pretenderlo, en la proposición de Pietro para hacer una visita al famoso Casino de Madame Sitrì.  Hugo no precisó traducción puesto que cuando algo iba mal o cuando hablaban de los gobiernos del Duce, la frase preferida de sus amigos era: “Questo è un casino”, es decir, “esto es una casa de putas”. Por tanto, el español supuso, y con toda la razón, que la casa de madame Sitrì no sería ningún lugar de recogimiento. Por el camino le detallaron que el prostíbulo gozaba de todas las bendiciones, no eclesiásticas, pero sí de sus clientes, entre los que se contaban los “camisas negras” más influyentes, la aristocracia toscana, algunos obispos y un par de cardenales. Lo más granado de la clientela eran los “bacalaos” y no se trataba de ningún influyente noruego, los así llamados eran los oficiales y cadetes de la cercana Academia Naval. Acudían a la mansión de meretricio embutidos en sus brillantes uniformes azules de guardiamarinas y con su espadín protocolario ceñido al cinto. Todo un espectáculo.

Extracto de “Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)”

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Los tres muchachos permanecían embelesados, conmocionados por los vapores del “hada verde”, con la mirada puesta en todos los movimientos de aquellas ninfas. Los grandes espejos multiplicaban sus pasos, cadenciosos y volátiles como el de nubes con ligueros. Allí, en la pared, enmarcado en dorados como los azogues y los bellos cuadros, un cartel anunciaba el Casino da Madame Sitrì en letras grandes y en otras más pequeñas se leía: Qui non si fa franella, ma si tromba, allí no se iba charlar ni tampoco a pasear el palmito; pero se trompeteaba, es decir, se hacía el amor…

Extracto de “Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)”

 

Pingüinos en París: El apartamento de Robert Capa y Gerda Taro

En el número 37 de la rue Froidevaux muy cerca de la entrada de metro Denfert-Rocherau en París, está situado el apartamento que Robert Capa alquiló para vivir con Gerda Taro. A la muerte de su compañera el fotógrafo siguió habitándolo. Está frente al vecino cementerio de Montparnasse, tanto, que al lado de la puerta que da acceso al callejón por donde se accede al portal existe un negocio de artículos funerarios. No sé ahora, pero en los años 30 y 40 el propietario era a su vez el arrendador de Capa.

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Froidevaux 37, París. Fotos Ana Elisa Martínez. Agosto 2014

 

El automóvil tomó camino en dirección al cementerio de Montparnasse, atravesó la plaza Denfert-Rocherau y paró a la altura del número 37, frente a las tapias del cementerio. Endre pagó al taxista y agarró la maleta de Gerda que parecía más que interesada. Estaban frente al paso de un callejón privado, cerrado por una verja, que daba acceso a los edificios. “Bon jour madame”, le dijo Endre a la portera que corrió para abrirles la cancela. Anduvieron unos metros hasta el inmueble, la puerta del mismo abrió sus dos verdes hojas al paso de los amantes. Subieron por la escalera de madera hasta el segundo piso y giraron por el pasillo de la derecha. Dejó la pesada maleta en el suelo, abrió la entrada al apartamento y levantó en sus brazos a la liviana Gerda. “Nuestro hogar”, dijo con convicción. Gerda se sintió transportada. El estudio le pareció magnífico pese a la desnudez mobiliaria. Endre había pintado las paredes y la escalera de caracol que se enroscaba camino del piso superior. “Me encanta”, dijo, mientras imaginaba mentalmente qué muebles poner. “Pocas cosas… pero bonitas”, pensó. Acarició el rostro de Endre y le besó en los labios.

Fragmento de Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)

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Froidevaux 37, París. Fotos de Ana Elisa Martínez, agosto 2014

 

Se alojaron en el taller de Capa, en la rue Froidevaux, en pleno Montparnasse y junto a las tapias de aquel cementerio mítico, guardián del último hogar de los Baudelaire, Maupassant o Foucault; del compositor Berlioz o de Degas.  Fantasearon con la posibilidad de que en las noches parisinas las bailarinas de Degas danzaran al compás de la Sinfonía Fantástica, armonizada por el inexorable batir del péndulo de Foucault. Imaginaban a Margarita Gautier y Armando Duval, envueltos por el perfume de las cercanas camelias, sentados en aquel jardín donde el árbol de la vida ya no crecía, leyendo los poemas de Las flores del mal de Baudelaire, con toda una eternidad por delante. Y un poco más allá, Guy de Maupassant empeñado en suicidarse por enésima vez sin saber que ya estaba muerto.

Fragmento de Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)

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Robert Capa en Pingüinos en París (Bajo dos tricolores) II

En esta segunda parte están las fotos de Capa en la Segunda Guerra Mundial de momentos que parecen en la novela.

Hoy, 22 de octubre, se cumplen 103 años del nacimiento de  Robert Capa, un genio fotográfico y uno de los mejores fotoreporteros  de la historia. Él es uno de los personajes de mi novela “Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)”. Os dejo algunas de sus apariciones en el libro y  las fotos de referencia.

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Capa viajando a Liverpool. Foto Magnum

Su buque arribó al puerto de Halifax, en Nueva Escocia, donde permanecieron atracados hasta el día siguiente para formar parte del convoy protegido de veinticuatro buques de distintas nacionalidades con destino a Europa. Aquella noche de espera fue aprovechada por Capa para recorrer una docena de barcos y catar  los licores de cada nacionalidad. La travesía fue pródiga en fotos, cada detalle, cada estela de mar abierta por el convoy y cada atardecer reflejado en barcos y en hombres fue atrapado para narrar su regreso a Europa. También pasaron sustos y miedos durante el trayecto, los submarinos alemanes, como tiburones hambrientos, les acosaron durante el peligroso y largo viaje a Liverpool, aunque sin llegar a atacarles.

Párrafo de Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)

 

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No hizo falta anunciarles que sobrevolaban sobre Sicilia. Las explosiones de las baterías italianas y alemanas producían destellos de verbena que iluminaban el interior del avión y recortaban el semblante de los soldados pintándoles contraluces en el rostro. Una explosión sacudió al aparato en forma de malavenida. El piloto giró los mandos al divisar la costa siciliana. Pese a las explosiones y a las sacudidas nadie comentaba nada. En el interior de la nave todo era silencio, tan solo roto por los flashes de la Leica de Capa. Algunos comenzaron a vomitar, un olor a agrio se extendió por el avión…

Párrafo de Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)

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Foto Robert Capa

Robert Capa había pasado toda la noche colgando de aquel árbol en un bosque de no sabía dónde. Le dolían los hombros de soportar su propio peso sujeto a las correas del paracaídas. Se decía a sí mismo que no estaba asustado y que alguno de sus compañeros de salto vendría a por él; se escuchaban cañonazos y disparos lejanos y eso le tranquilizaba porque era una clara señal de que no combatían en las inmediaciones. A pesar de todo, no se atrevía a pedir ayuda por si era escuchado por el enemigo o mal interpretado por los amigos ya que su inglés no era demasiado bueno y su acento demasiado oriental.

Párrafo de Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)

 

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Foto de Capa (Sperlinga, Sicilia)

Robert Capa observó los dedos moteados y arrugados del anciano señalando sobre el mapa el camino a seguir y el encuadre fotográfico de su cara arrugada, llena de pliegues y viejas sonrisas. Su Leica inmortalizó aquel rostro y aquella vestimenta campesina de pantalón holgado y cordel al cinto. El pequeño grupo reanudó su marcha camino de una colina rocosa que guardaba la carretera que conducía a Gangi.

 Párrafo de Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)

 

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Robert sintió un miedo insuperable y corrió hacia la barcaza que iniciaba su derrota hacia el buque nodriza, tomó la última foto de aquel día desde la cubierta de la nave salvadora. La silueta del Chase se recortó en el horizonte. Hacía tan solo seis horas que partiera del buque y un mundo de sensaciones habían transcurrido en el espacio de tiempo que dura una excursión campestre. Al llegar a la nave se cruzó con la última oleada de infantería de la 16 que embarcaba en ese momento; la cubierta del buque estaba ya llena de heridos, barrida de lamentos, de sollozos y de bolsas blancas con los restos de lo que apenas horas antes habían sido jóvenes cargados de vida y de esperanza. Del bolsillo de uno de ellos que estaba siendo embolsado asomaba un juego de naipes. El muchacho había perdido su partida más importante.

Párrafo de Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)

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Fotos de Robert Capa del día D, excepto la última en la que aparece con cigarrillo en la boca. Todas de MAGNUM PHOTOS- Collection Capa

Superó su miedo e hizo más fotos a pesar de la poca luz y de las columnas de humo. Todo era un caos, los infantes permanecían aplastados contra el sábulo, algunos muertos o heridos; otros, atemorizados. Terminó el primer rollo de la Contax, estaba entumecido, las manos le temblaban, la ropa mojada le helaba las piernas; recordó que había abandonado su flamante Burberrys en la barcaza. Cambió de refugio y se parapetó detrás de un vehículo anfibio al que las llamas habían consumido y puso nueva película.

Párrafo de Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)

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Foto de Jack Lieb, julio1944

 Tomaron fotos con la famosa abadía al fondo, incluso rodaron un cortometraje. Allí coincidieron con un grupo de amigos de Ernest, como Bill Walton o Maurice Chevalier y su esposa. Maurice trataba de recuperar su prestigio, un tanto marchito a causa de sus actuaciones para los ocupantes alemanes, y que el público francés perdonaría pronto a su chansonnier favorito. Decidieron comer todos juntos en el restaurante del hotel de Mere Poularde, en pleno centro de Mont Saint-Michel, probar sus exquisitas tortillas y disfrutar de aquellas mini vacaciones. A pesar del penoso accidente en Inglaterra, Hemingway se sentía contento. Francia empezaba a ser una fiesta.

Párrafo de Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)

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La rapada de Chartreuse de Robert Capa

El padre la esperaba con un hatillo de ropa. Simone empezó a caminar, sujetando muy fuerte a su bebé. La gente se fue arremolinando a su alrededor, al llegar a la calle del Cheval Blanc la rodeaban y la seguían más de un centenar de personas. Encabezaba la comitiva su padre George Touseau, cabizbajo, con el hatillo en la mano izquierda y el rostro adusto; un pobre ignorante votante de extrema derecha y filonazi. La muchedumbre iba cercando a la desgraciada riendo e increpándola; los pequeños, imitando a sus mayores, se burlaban de ella. A Simone solamente le preocupaba su bebé que dormía el sueño de los inocentes en brazos de su madre. Capa se adelantó unos metros y esperó en el centro de la rue du Cheval Blanc la llegada de aquella iconoclasta procesión…

Párrafo de Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)

 

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Ya en su habitación, Capa hizo una recapitulación de lo acontecido. Trató de recordar los nombres de los blindados que habían entrado los primeros en París como le habían contado sus amigos. Solo pudo acordarse de un nombre: el Teruel. ¡Y qué diablos es el Teruel!, pensó. Imaginó uno de los Sherman y su enorme ilusión transformó los hechos para siempre. Él había entrado de los primeros en París a bordo de un Sherman de la Segunda División Blindada de nombre Teruel… y se durmió pensando en Gerda.

 Párrafo de Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)

 

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Fotos de Capa para Life y otras revistas

La escolta se puso en marcha. Desfilaron entre vivas y ovaciones de los ciudadanos y de los resistentes de las FFI convertidos en activos espectadores. Los cantos de la Marsellesa repetían: “Libertad, libertad querida…”, y los feroces soldados de La Nueve marchaban por la Avenida de los Campos Elíseos. Los días de gloria habían llegado. Entre el público alguien desplegó una bandera republicana española de veinte metros. La emoción recorrió la médula espinal de aquellos hombres. “¡París, Berlín, Barcelona… Madrid!”, empezaron a gritar. Era la esperanza de los hijos de otra patria, lejos de sus casas, con el solo deseo de volver y echar al dictador de sangre impura. Los Guernica, Teruel, Guadalajara, Madrid, Ebro o España Cañí no pedían venganza sino justicia. Capa iba captando instantáneas de la emoción popular, de las caras de alegría y los rostros de felicidad. Disparaba y disparaba la Contax, que tanto había visto por su obturador y que, sin embargo, seguía asombrándose del poder de expresión de los humanos, capaces de dibujar en sus miradas el estado de sus almas. Fotos de De Gaulle sonriendo a una multitud enfervorizada, de paisanos entusiasmados, de gendarmes impotentes para contener a la gente, de mujeres jóvenes y no tan jóvenes, encaramándose a los vehículos para besar a los soldados. No era el único, docenas de fotoreporteros dejaron constancia del paso de los vehículos de La Nueve bajo el Arco del Triunfo.

Párrafo de Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)

 

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De repente sonaron unos disparos, la multitud se lanzó al suelo atemorizada. Capa hizo unas cuantas fotografías del instante, rostros de sorpresa y de temor. De Gaulle se mostraba impasible, le había costado mucho llegar allí para que unos francotiradores le aguaran  la fiesta. Varios miembros de las FFI se lanzaron a la búsqueda de los emboscados. Algunas familias con niños se refugiaron detrás de los jeeps o al amparo de los blindados, hubo unos instantes de confusión que concluyeron a los pocos minutos. Desde los half – track respondieron al fuego y los disparos cesaron…

Párrafo de Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)

 

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Si la foto no es lo suficientemente buena, es que no te has acercado lo suficiente.

(Robert Capa)

Robert Capa en Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)

Hoy, 22 de octubre, se cumplen 103 años del nacimiento de  Robert Capa, un genio fotográfico y uno de los mejores fotoreporteros  de la historia. Él es uno de los personajes de mi novela “Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)”. Os dejo algunas de sus apariciones en el libro y  las fotos de referencia.

 

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Foto: Robert Capa (Endre Endrö Friedmann)

 

Los diseños de la señora Friedmann y sus patrones podrían haber empapelado todas las paredes. Sus modistas, de alegre parloteo y demostrada eficacia, andaban cosiendo por toda las estancias, excepto en el taller del esposo y por la sencilla razón de que entre los trajes casi acabados, los escritos, los libros y los periódicos, no cabía un alfiler. Además estaba el hermano menor de la familia, el pequeño Kornell, de apenas once años, que andaba con sus juegos infantiles todo el día por la casa. Así que el joven Endre Endrö Friedmann, dispuesto a escapar del alboroto, pasaba más tiempo en la calle que en aquel laberinto de talleres y oficinas que se había convertido su hogar…

Párrafo de la novela: Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)

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Budapest en la época en que nació Robert Capa.

Su primer trabajo importante como fotógrafo en Berlín fue cubrir la conferencia de León Trosky  en Copenhague  para  el Der Weltspiegel.

 

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Trosky en Copenhague por Capa

Noviembre. Hace un frío tan intenso en la capital danesa que invita a beber un snaps de  akvavit  o de vodka ruso, y eso es lo que pide Endre al camarero. “Tal vez sea lo más acorde con el reportaje”, piensa. Desde la cristalera del café observa la calle, su vaho empaña el cristal, echa a un lado la cámara Leica que se bambolea grácilmente colgada de su hombro en bandolera, limpia entonces la transparente superficie con la bocamanga para poder seguir a la marea humana. Grupos de gentes, obreros en su mayoría, embutidos en sus trajes de pana se dirigen al auditorio. Desde otras calles, jubilosos jóvenes con banderas rojas confluyen con los trabajadores. Lev Davídovich Bronstein, ya León Trotsky para todos, el que fuera uno de los principales impulsores y cerebros de la Revolución de Octubre, dará una conferencia en el Stadium de Copenhague. Como si de una consigna se tratara el cielo danés aparece despejado y no caerá la nieve; el rojo de las banderas estudiantiles será la coloración predominante sobre el blanco invierno. Una metáfora celestial del triunfo bolchevique sobre los blancos zaristas ahora hacía quince años.

Párrafo de la novela: Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)

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Gerda Taro y Robert Capa en París, foto de Fred Stein

Endre preparó su cámara y disparó varias veces. Luego se acercó a Gerda. Ella le esperaba, al llegar a su altura levantó las manos por encima de su cabeza y las pasó por detrás del cuello del joven. La Leica chocó contra el pecho de Gerda que se puso de puntillas y buscó los labios de Endre. Aquel sería el primer beso y las primeras fotografías de la pareja; y a estas seguirían muchas y muchos más (…)

 Ya en la calle los dos jóvenes rieron a mandíbula batiente su inocente y necesario engaño. Aquel fue el primer reportaje de Robert Capa, no sería el último. Había nacido un mito.

Párrafo de la novela: Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)

 

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Gerda Taro, foto de Robert Capa encontrada en la maleta mejicana.

 

Les extendieron los oportunos permisos para transitar libremente como periodistas y fotógrafos. Gerda fotografiaba con su Old Standard Rolleiflex binocular a niños vestidos de milicianos y a milicianos sintiéndose como niños. Endre cargó con una de sus Leicas para captar el dolor y el miedo. Había pasado muchas horas de su adolescencia en busca del reportaje más verídico y real y allí estaba, representado por la crueldad de una guerra entre hermanos, la muerte de inocentes o los enfrentamientos por pensar de forma distinta. Poder figurar en sus instantáneas el sabor de una comida que puede ser la última o plasmar el olor de la Parca. También la gloria de la defensa de unos ideales o la esperanza de una revolución liberadora y justa.

 Párrafo de la novela: Pingüinos en París (Bajo dos tricolores

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Niña en Barcelona, foto de Robert Capa

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Refugiados, Robert Capa

 

 

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Gersa y Capa en el frente de Madrid. Magnum fotos

 

Se metió en aquel impoluto baño y dejó que el agua de la ducha fluyera libremente por todo su cuerpo. Llamaron a la puerta. “Probablemente será Endre”, pensó, mientras se secaba. Se envolvió con la toalla y acudió a la llamada. “¿Endre?”, preguntó. Oyó la voz de su amado asintiendo. Entonces dejó caer la toalla y quedó, como decían los milicianos, como su madre la trajo al mundo. Abrió entonces la puerta de par en par. El botones que cargaba con las maletas quedó más boquiabierto que el propio Endre. Gerda pidió perdón y corrió a taparse. El fotógrafo se partía de risa y el muchacho estuvo a punto de no aceptar la propina que le tendía, dándose por bien pagado con la visión de aquella guapa y menudita extranjera de pechos redondos. Endre cerró la puerta y sin dejar de reír se fue directo a la cama, ella había perdido hacía ya un rato la toalla. Madrid olía a pólvora y Gerda a rosas.

Párrafo de la novela: Pingüinos en París (Bajo dos tricolores

 

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Fotos de milicianos de Robert Capa o de Gerda Taro

… buscaba a los milicianos anarquistas llegados de Alcoy y pertenecientes a la Juventudes Libertarias. Disfrutaron ambos haciendo docenas de fotografías de los soldados en plena siesta bajo la sombra protectora de unos árboles. Rostros relajados, posturas distendidas. Uno dormía acompañado de su perro; otros, abrazados a sus fusiles boca arriba, boca abajo o de costado. Uno de ellos hurgándose en la bragueta. Era la placidez de los que tienen la conciencia limpia y las manos encallecidas de trabajar en el campo o en las minas extrayendo calcopirita.

Párrafo de la novela: Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)

 

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Las famosas fotos de Capa del miliciano muerto

 

Camaradas, el enemigo se acerca. Los hijos de la traición tratan de asestarnos el golpe definitivo. No son patriotas como dicen, la patria es la madre, la hermana, la esposa, los hijos y la tierra, no una bandera o un territorio. Defendemos la tierra que cultivamos y regamos, esa tierra que es nuestra y que ellos quieren devolver a un señorito andaluz o a un cacique de los de toda la vida. Estos que avanzan son generales y oficiales que juraron defender a la República y que la traicionan porque no soportan que digamos lo que pensamos y que seamos libres. ¡Camaradas!, sé que os voy a pedir demasiado, que no sois soldados profesionales como ellos, que no disponemos de las mismas armas ni de los mismos medios, pero tenéis corazón. Los que nos atacan son solo un instrumento, la carne de cañón, los profesionales de la muerte y únicamente luchan por un ascenso o una medalla; algunos por miedo. Y son conscientes de que lo que defienden es a los explotadores de la humanidad, a los mismos de siempre.

Párrafo de la novela: Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)

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Gerda en París

Gerda Taro bajó del tren cargada con las cámaras y con una maleta de gran tamaño. Endre se abalanzó sobre ella y la abrazó emocionado, la boina que cubría a la fotógrafa salió despedida. Tomaron un taxi, él dio una dirección al taxista que dudó un momento. “¿Froidevaux?” Capa le sacó de dudas. “La antigua Champ d’Asile, paralela a Daguerre”. El hombre levantó sus espesas cejas al localizar en su memoria el itinerario de la calle. El automóvil tomó camino en dirección al cementerio de Montparnasse, atravesó la plaza Denfert-Rocherau y paró a la altura del número 37, frente a las tapias del cementerio.

Párrafo de la novela: Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)

 

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Frente de Teruel, foto de Robert Capa

Regresaron al puesto de mando encogidos sobre sí mismos mascando copos de nieve turolense. La amigable conversación les llenó de gozo y de añoranzas, y la estufa de hierro forjado, de calor. Una llamada del puesto de mando marcó su punto final. Robert Capa se despidió, abrió la puerta y el soplo de viento helado aulló antes de que un aura de frío invadiera la sala. Hugo vio cómo se alejaba su amigo, con las Leicas colgadas del cuello y el chaquetón tres cuartos adosado como una segunda piel.

Párrafo de la novela: Pingüinos en París (Bajo dos tricolores

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Luise Reiner en París, foto de Capa

Les propuso acompañarle a un reportaje fotográfico para Luise Rainer, una estrella de Hollywood, alemana y judía como Gerda, ahora residente en los Estados Unidos donde había ganado dos Oscar en los años 1936 y 1937. Ellos aceptaron gustosos la invitación, conocían la fama de Luise como ferviente defensora de la República Española y que gracias a su ayuda Joris Ivens había podido rodar en el 37, Spanish Earth, un documental sobre la guerra española y que costó una discusión entre sus dos guionistas John Dos Passos y Ernest Hemingway, quien, además, prestaría su voz como narrador.

Párrafo de la novela: Pingüinos en París (Bajo dos tricolores