Madame Sitrì

Uno de los personajes de novela es una livornesa, madame Sitrì, que dirige el burdel más famoso de Livorno. La historia de la bella madame y su burdel livornés, la podéis leer en este enlace de esta misma página.

Sitrì y su casino

Sin embargo hoy quiero comunicaros que la pasada semana adquirí uno de los grabados del famoso pintor Renato Natali (Livorno 1883-1979) y que representa a la dama en cuestión. Como podéis observar en el margen izquierdo es el 36 de 50 grabados del original de Natali, cuya firma aparece en el margen derecho.

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Incluso un cantautor iteliano, Bobo Rondelli compuso hace unos años una canción referida a Sitrì y la Bella Livorno:

Sogna l’anima in pena di inabissarsi
In fondo agli occhi della sirena
Verdi come l’assenzio
Che la notte brilla sul mare nei porti
Cantava quel marinaio che dalla mia terra
Non volle salpare

Viaggio d’andata senza ritorno
Bella Livorno, mi fermo qui
Dentro a un bordello come apparì

Soldati poveri cristi
Vanno al calvario col fucile in mano
Qualcuno dal paradiso
Volle passare senza ammazzare

Viaggio d’andata senza ritorno
Bella livorno, mi fermo qui
Verso l’inferno o al paradiso
Come al bordello madame Sitrì

Lo que en castellano viene a decir:

Sueño, el alma en riesgo de hundirse

en el fondo de los ojos de la sirena.

Verdes como la absenta.

Esta noche brilla, como el mar en el puerto…

Aquel marinero cantaba desde mi tierra,

no quería navegar.

Viaje de ida sin regreso

Bella Livorno me quedo aquí.

Dentro de un burdel como los de París.

Soldados… pobres cristos,

van al Calvario con fusil en mano

Alguno al Paraíso

quisiera ir sin matar.

Viaje de ida sin regreso

Bella Livorno me quedo aquí.

En el Infierno o en el Paraiso…

como en el burdel  madame Sitrì.

 

 Parte de la historia de madame Sitrì y la de su época, la podéis encontrar en Pingüinos en París,  no os lo deberíais perder.

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El “casino” de madame Sitrì en Pingüinos en París

Como ya os he contado, en la bella ciudad de Livorno existió un famoso “casino”, es decir, un burdel de lujo que no tenía nada que envidiar a los de París. Su propietaria, madame Sitrì era una bella mujer que regentó el lugar desde 1927 hasta  su cierre definitivo en 1958. El “casino” y madame Sitrì son una parte muy importante en el desarrollo de la novela.

Una reseña rememorando el lugar hecha por el periodista   Italo Cucci  en L’Indipendente, decía:

la Sitrì, dalle parti dei Quattro Mori, luogo di delizie borghesi frequentato soprattutto dai cadetti di marina che noi chiamavamo baccalà perché andavano tutti impettiti nelle eleganti divise blu con gli spadini. Mille lire e l’accogliente Signora di quel sito tante volte sognato che ti offriva anche lo spumante, e le ragazze erano più sciccose, più morbide, forse senza storie strappalacrime.

Que traducido dice más o menos.

El casino de madame Sitrì, cerca de la plaza de los Cuatro Moros (1), lugar de delicias burguesas, frecuentado sobre todo por los cadetes navales a quienes llamaban “bacalaos”, ya que todos acudían con sus uniformes azules y sus elegantes espadines. Mil liras, y la acogedora dama les ofrecía en aquel lugar, tantas veces soñado, vino espumoso, y a sus pupilas, que eran las más elegantes, las más suaves; sin desgarradoras historias que contarles.

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Madame Sitrì , por el pintor Renato Natali (Livorno 1883-1979)

(1) diez minutos andando.

Tal vez una de las chicas del “casino”. Retrato al pastes de Renato Natali

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MADAME SITRI, tomado de la página de la Comuna de Livorno

 http://www.comune.livorno.it/_cn_online/index.php?id=441
La Sitrì, come la ricordano i livornesi, fu una celebre maitresse che gestì per anni una delle case chiuse più lussuose della città. Chi la conobbe, la ricorda come una donna di un fascino particolare, elegante, ottima manager.
Erano diverse le case di piacere a Livorno prima dell’entrata in vigore della Legge Merlin nel 1958, ma la più famosa fu sicuramente quella gestita da Madame Sitrì in Piazza Mazzini dove, come ha ricordato lo stesso Enzo Biagi “Era anche il tempo dei casini […]. C’è ancora chi li ricorda con rimpianto. Diciamo che a Livorno; in quello gestito da Madame Sitri; si era formato il meglio della nostra flotta”.
I frequentatori del casino della Sitrì erano di estrazione sociale elevata – qui arrivavano cadetti e rampolli di casa Savoia – come elevati erano, del resto, i suoi costi (si arrivava a pagare perfino mille lire). Il servizio però era esclusivo: camere con tutti i comfort e ragazze controllate settimanalmente da un medico.
Madame Sitrì accoglieva i giovanotti e se, dopo essersi trattenuti sui divani con le sue dipendenti non si decidevano a salire in camera, era lei a convincerli in qualche modo.
I sigilli sul bordello più  famoso di Livorno – cantato anche dall’artista Bobo Rondelli  nel bellissimo testoMadame Sitrì – arrivarono, come sui portoni di tutte le case di piacere italiane, il 20 settembre 1958, con l’entrata in vigore della Legge Merlin (dal nome della senatrice senatrice socialista Lina che la propose).

Que traducido dice más o menos:

La Sitrì, tal y como la recordamos los livorneses, fue una famosa señora que dirigió  durante muchos años uno de los más lujosos  burdeles de la ciudad. Aquellos que la conocieron la recuerdan como una mujer con un encanto especial, elegante y excelente gestora.

Existían varias  casas de placer de Livorno, antes de la entrada en vigor de la Ley Merlin en 1958, pero el más famoso fue sin duda el dirigido por la señora Sitrì en la Piazza Mazzini, donde, como recuerda  Enzo Biagi :”Aquel fue el tiempo de los  casinos. Todavía hay quienes los recuerdan con nostalgia”. Decíamos en Livorno que  en el casino de madame Sitrì  “se había formado lo mejor de nuestra flota “. Los clientes del casino  eran de clase alta  – entre los que se contaban cadetes y vástagos de la Casa de Saboya –  y sólo aquellos que  podían permitírselo  (costaba mil liras por servicio). Pero este era exquisito y exclusivas sus habitaciones que gozaban de todas las comodidades. Las meretrices eran controladas semanalmente por un médico. Madame Sitrì daba la bienvenida a los jóvenes y si, después de haber sido atendidos en los sofás por sus pupilas, decidían no subir a las habitaciones, madame Sitrì buscaba el modo de convencerlos. El cierre del burdel más famoso de Livorno –  cantado por el artista Bobo Rondelli en el bellísimo texto de su canción, Madame Sitrì – llegó, como el de todas las casas de placer italianas, el 20 de septiembre de 1958, con la entrada en vigor de la Ley Merlin. 

 

Pingüinos en París: Livorno, el casino de madame Sitrì

Parte de la acción de la novela ocurre  en Livorno donde una de mis personajes, madame Sitrì, regenta el más famoso “casino”de la Toscana.

 

 

 

Aquella noche de vino y conversación política derivó, casi sin pretenderlo, en la proposición de Pietro para hacer una visita al famoso Casino de Madame Sitrì.  Hugo no precisó traducción puesto que cuando algo iba mal o cuando hablaban de los gobiernos del Duce, la frase preferida de sus amigos era: “Questo è un casino”, es decir, “esto es una casa de putas”. Por tanto, el español supuso, y con toda la razón, que la casa de madame Sitrì no sería ningún lugar de recogimiento. Por el camino le detallaron que el prostíbulo gozaba de todas las bendiciones, no eclesiásticas, pero sí de sus clientes, entre los que se contaban los “camisas negras” más influyentes, la aristocracia toscana, algunos obispos y un par de cardenales. Lo más granado de la clientela eran los “bacalaos” y no se trataba de ningún influyente noruego, los así llamados eran los oficiales y cadetes de la cercana Academia Naval. Acudían a la mansión de meretricio embutidos en sus brillantes uniformes azules de guardiamarinas y con su espadín protocolario ceñido al cinto. Todo un espectáculo.

Extracto de “Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)”

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Los tres muchachos permanecían embelesados, conmocionados por los vapores del “hada verde”, con la mirada puesta en todos los movimientos de aquellas ninfas. Los grandes espejos multiplicaban sus pasos, cadenciosos y volátiles como el de nubes con ligueros. Allí, en la pared, enmarcado en dorados como los azogues y los bellos cuadros, un cartel anunciaba el Casino da Madame Sitrì en letras grandes y en otras más pequeñas se leía: Qui non si fa franella, ma si tromba, allí no se iba charlar ni tampoco a pasear el palmito; pero se trompeteaba, es decir, se hacía el amor…

Extracto de “Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)”