Las canciones de Pingüinos en París

En mi novela aparecen muchas canciones que podemos escuchar virtualmente entre sus páginas. No obstante, en la página he ido colgando versiones de estas melodías que tienen que ver con la novela para que las escuchéis y sintáis en directo.

 

Todas las canciones de la novela

 

Unas cuantas versiones de Lili Marleen

 

Nuevas versiones de Lili Marleen

 

Una nube hispana de Serge Utgé Royo

 

Ua canción de Quintín Cabrera en homenaje a La Nueve

 

Paris en Colerè, Mireille Mathieu

 

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La última foto de Robert Capa

Capa es uno de los personajes principales de mi novela Pingüinos en París. Su relación con Gerda y con la fotografía – sus dos grandes amores – son instantes de que aparecen entre las páginas del libro, como surgen las mágicas instantáneas de su cámara.

El 22 de octubre de 1913 nacía en Budapest y un 25 de mayo de 1954 moría en Thái Bình, entonces Indochina francesa y hoy República de Vietnam. Su última foto la hizo aquel mismo día antes de pisar la mina asesina.

 

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Son conocidas y admiradas muchas de sus fotografías. En otras entradas de esta misma página aparecen unas cuantas.

Primera parte: Fotos primeras y Guerra Civil Española

Segunda parte: Fotos Segunda Guerra Mundial

Tuve ocasión de visitar en París el apartamento de Gerda y Robert. Podéis ver las fotos de Ana Elisa Martínez

El apartamento de Gerda y Robert Capa

 

Algunas de sus últimas fotos:

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Robert Capa por Henri Cartier Bresson (1953)

 

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En el baño, leyendo a Simenon. Foto Magnum

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Con Steinbeck. Autorretrato.

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De bailoteo en Hollywood. Magnum fotos.

 

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Con “Chim” Seymour. Foto de Henri Cartier Bresson.

Algunas de los momentos de la liberación de París que aparecen en la novela:

El desembarco de Normandía en Pingüinos en París.

Hoy, 6 de junio, es el aniversario del desembarco militar más impresionante que vieron los siglos. Fue el famoso Día D.

 

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Photographer’s Mate (CPHoM) Robert F. Sargent. Desembarco de la Compañía E en Omaha Beach.

En “Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)” se relata este batalla que cambiaría el curso de la guerra.

 

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Plan de asalto del día 5 de junio.

Paracaidistas británicos de la 6.ª División Aerotransportada recibiendo instrucciones en vísperas de la invasión. Foto de: Malindine, E G (Capt), War Office.

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El general  Eisenhower departiendo con los paracaidistas de la  Compañía E, 502D. que van a lanzarse sobre el continente.

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Subiendo a los planeadores

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Soldados norteamericanos preparándose para embarcar en WEYMOUTH, Reino Unido Foto: Robert Cappa.

 Bajo la sombra de Nothe Fort en Weymouth, docenas de buques esperaban una orden que ya se retrasaba veinticuatro horas. El cielo permanecía todavía cerrado y las luces de Selene se reflejaban prudentes sobre los cientos de globos que protegían el puerto. En la cubierta de los buques de transporte, miles de hombres eran informados una y otra vez sobre su misión. El U.S.S. Chase no era una excepción. Sobre maquetas de plástico los suboficiales explicaban a las tropas el paisaje que se encontrarían al poner el pie en Omaha Beach, un nombre en clave para designar un par de playas en la costa de Normandía. En el interior del buque se podía ver pintados en una pared los nombres de los buques, el de los ocho sectores de desembarco en Omaha y los asignados a cada unidad militar con nombres tan peculiares como Dog Green, Dog White, Easy Green o Easy Red. La zona de desembarco que correspondía al 16ª regimiento de infantería al mando del coronel Taylor estaba bien delimitada por acantilados en ambos lados y sobre la línea de mareas poseía un banco de dos metros de altura con una anchura que alcanzaba los catorce en algún punto. Una ratonera de roca normanda bajo la apariencia de una playa de inocentes arenas. El Chase era uno de los buques nodriza de la flota. Iba cargado hasta los topes de barcazas de desembarco para ser lanzadas, repletas de soldados, a diez millas náuticas de la costa. Capa era uno de los componentes de la compañía “E” del segundo regimiento, una de las primeras elegidas para pisar tierra francesa. “Todo un privilegio”, pensaba el fotógrafo. Los mandos aseguraban sin pudor que, primero las baterías de los destructores y luego la aviación, dejarían la playa sin apenas defensas, aunque tal vez quedaría resistencia en los empinados acantilados que se elevaban entre 30 y 50 metros y que dominaban toda la playa. No obstante, las tropas se habían preparado para la conquista rápida de esas alturas, o eso creyeron. Cuando se dio el aviso de partida, los embarcados no fueron conscientes de que empezaba el día “D”, hasta que vieron empequeñecerse la costa inglesa. No era ningún simulacro.

Fragmento de Pingüinos en París.

Las defensas de las playas en Normandía. Bundesarchiv, Bild 101I-719-0240-05 / Jesse / CC-BY-SA 3.0

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National Archives USA

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historiayguerra.net/2014/05/23/la-batalla-de-normandia-1944 Plano del desembarco.

 

Map of the Normandy invasion with allied forces. Image: Originally published in Time Magazine.

Bombardeos previos al desembarco.

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Soldado paracaidista  de la 101 contemplando a la aviación aliada.

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La 101ª aereotrasportada en acción

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Cientos de planeadores y miles de paracaidistas en la retaguardia alemana.

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Los alemanes observando el despliegue aéreo aliado.

Los hombres comenzaron a escribir cartas a sus familias, hasta entonces existía la esperanza de un nuevo retraso o un cambio de estrategia; ahora tenían la certeza de que pronto hoyarían aquellas playas, maquetadas en plástico, de verdad. Algunos empezaron a rezar, otros quedaron en silencio meditando su destino; muchos sacaron
los naipes y empezaron una partida de olvidos y quitamiedos.
Sobre las dos de la madrugada les anunciaron la cercanía de la costa. Los rostros se tornaron adustos y nadie quiso continuar con la partida. El barco comenzó a oler a refrito, a tortitas y a café. Los comedores se llenaron de soldados y los platos quedaron casi sin tocar, los huevos revueltos fueron más revueltos todavía, aunque no degustados. ¿Quién desayunaba tranquilamente sabiendo la inminencia
del asalto? A las cuatro fueron concentrados en la cubierta superior, dos mil hombres se aprestaron para subir a las barcazas de desembarco. Capa apareció con un Burberrys doblado sobre el brazo. Sabía que tendría que saltar al agua y pensaba no mojarse demasiado protegiendo las cámaras bajo el elegante impermeable. El silencio era impresionante, solamente se escuchaba el chirriar de las grúas a la espera de bajar las lanchas. Todavía estaba oscuro y la negrura de imposibles sombras apagaba todavía más los rostros camuflados bajo los cascos de acero. El miedo barría toda la cubierta mientras, a los pocos que habían desayunado, su esófago les devolvía el regusto de los alimentos.
Desde las seis menos cuarto de la mañana los buques de la Armada, y posteriormente la aviación norteamericanas, bombardearon las defensas costeras alemanas con ahínco. Sin embargo, los puestos de combate alemanes recibieron escaso castigo. Frente a la playa de Easy Red, los hombres de los nidos de resistencia WN esperaban dentro de los búnkeres, casamatas y fortines, dispuestos a repeler a los infantes norteamericanos en cuanto desembarcasen. El WN62 era solo uno de los quince puntos de defensa a lo largo de Omaha Beach, estaba situado en Coleville-sur-Mer a tan solo veinticinco metros de la arena con una amplia visión de toda la laya, rodeado por alambre de púas y una fosa antitanque. La línea de fuego del WN62 era tan extensa como lo brazos de la Parca. Los treinta hombres que defendían la posición atenazaron sus índices sobre los gatillos de sus armas, los servidores de las dos ametralladoras MG 42 se prepararon y los artilleros cargaron los dos cañones de 75mm., los morteros de 50mm. y el cañón antitanque. El teniente  Frerking se dirigió a sus hombres y les pidió valor y tranquilidad y a que el enemigo estuviese con el agua hasta las rodillas y con poca maniobra para defenderse, antes de empezar a disparar. Durante unos minutos se hizo una tensa calma.

Fragmento de Pingüinos en París.

Lancha aproximándose a Omaha.Conseil Régional de Basse-Normandie / National Archives USAhttp://www.archivesnormandie39-45.org/specificPhoto.php?ref=p012547

Los de la primera oleada abordaron sus barcazas que la grúa había posicionado lentamente sobre el mar. Un primer rayo de sol se estrelló contra ellas dándoles un aura rojizo de advertencia. Las olas de un mar altanero y violento se proyectaron contra los botes empapando a los infantes que se acomodaron fijando la vista en la rampa delantera. Aquel era su puente a los infiernos. Una tras otra, las barcazas fueron depositadas sobre el agua como barquitos de papel sobre una torrentera. Algunos hombres sacaron las bolsas preparadas para el caso y vomitaron dentro de ellas el resto del desayuno o la bilis de la nada. Un primer zambombazo anunció que estaban cerca. Los alemanes hacia ya horas que les esperaban. Todo el horizonte visible estaba cubierto de cientos de navíos de guerra y transporte de los que surgían miles de embarcaciones camino de la playa. Las defensas se mantenían prácticamente enteras y los de la Wehrmacht habían tenido tiempo de prepararse. Las ametralladoras aparecieron entre las hendiduras de los búnker, fijando su puntería con toda la antelación del tiempo que tarda un hombre cargado de armas y pertrechos, con el agua hasta la cintura, avanzar cincuenta o cien metros esquivando obstáculos hasta llegar a la playa. Omaha estaba sembrada de “puertas belgas”, un obstáculo semisumergido cuya finalidad era impedir el desembarco de tropas y vehículos, y a los que se habían adosado minas terrestres y minas antitanques. También de rampas con explosivos para hacer estallar las embarcaciones que se acercaran a la playa y una última línea en el mar de erizos checos, artilugios de hierro clavado en el fondo arenoso para entorpecer el avance de vehículos. Ya en la costa, los widerstandsnester, casamatas de resistencia intercomunicadas por túneles, esperaban plagadas de alemanes, de alambres de espino, de zonas minadas, de artillería pesada, de nidos de ametralladora. También artillería ligera y un millar de soldados de la 352, que los servicios de información situaban en el interior en Saint-Lô, pero que Rommel había enviado a reforzar la zona costera.

Fragmento de Pingüinos en París.

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Foto de Robert Capa

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Foto de Robert Capa   Apartamento de Capa en París

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Lancha norteamerican en llamas. Foto (AP)

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Conseil Régional de Basse-Normandie / National Archives USAhttp://www.archivesnormandie39-45.org/specificPhoto.php?ref=p012547

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Conseil Régional de Basse-Normandie / National Archives USAhttp://www.archivesnormandie39-45.org/specificPhoto.php?ref=p012547

Cuando los primeros que desembarcaron en la playa de Easy Red estuvieron a ciento cincuenta metros de alcanzar la orilla, el teniente alemán dio la orden de fuego. El primero en hacerlo fue el cabo Heinrich Severloh  de la 352ª División, su MG 42 alcanzó a un atacante norteamericano que estaba llegando a la arena, su casco voló hacia atrás, mientras el proyectil le alcanzaba en la frente y se desplomaba sobre el sábulo. El terrible fuego de los defensores del WN62 barrió a los soldados que trataban de alcanzar una posición resguardada. Pasaban algunos minutos de la seis y media de la mañana.

Fragmento de Pingüinos en París.

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Ametralladora alemana defendiendo Normandía.

Robert Capa y parte de la compañía “E” se aproximaban a la playa cuando se cruzaron con una barcaza que regresaba al Chase, el piloto les hizo un inconfundible aspaviento de que aquello no era un paseo y luego, como gesto de ánimo, levantó los dedos en
señal de victoria. La lancha con sus treinta y dos pasajeros amerizó cerca de las siete de la mañana en el fondo arenoso y la compuerta descendió con un golpe sordo sobre el agua cuyo efecto salpicó a todos. La playa de Easy Red, nombre clave de aquel sector de Omaha, no tenía nada de fácil y sí mucho de rojo. Las ametralladoras alemanas tabletearon furiosas contra los de la “E”. Capa se detuvo sobre la plancha de acero de la rampa y empezó a fotografiar. El piloto, deseoso de salir de aquel infierno de humo y fuego, le espetó: “Vienes o te quedas”. Robert Capa vaciló como nunca lo había hecho, entonces el marino se acercó y le propinó una patada en el trasero. Notó el impacto caliente de la bota y el contacto frío del agua. La orilla quedaba a unos cien metros, las balas golpeaban el agua y se hundían en busca de blanco formando siluetas sinuosas al atravesar las olas. Aquello le llevó al paroxismo. Se cobijó detrás de uno de los erizos checos. Superó su miedo e hizo más fotos a pesar de la poca luz y de las columnas de humo. Todo era un caos, los infantes permanecían aplastados contra el sábulo, algunos muertos o heridos; otros, atemorizados. Terminó el primer rollo de la Contax,
estaba entumecido, las manos le temblaban, la ropa mojada le helaba las piernas; recordó que había abandonado su flamante Burberrys en la barcaza. Cambió de refugio y se parapetó detrás de un vehículo anfibio al que las llamas habían consumido y puso nueva película.
En las playas muchas compañías habían sido mermadas y otras permanecían desperdigadas sin saber qué hacer. Los carros de combate desembarcados también sufrían fuertes pérdidas. Las barcazas hundidas parecían bañeras metálicas pudriéndose al sol. Los cuerpos sin vida flotaban en la mar con la cara vuelta hacia el fondo marino por el peso de los equipos y los supervivientes se amontonaban al abrigo de los acantilados a la espera de un milagro. Los zapadores trataban de hacer volar los obstáculos aun a costa de ser ellos los abatidos. Capa bebió un trago de la petaca que guardaba en el bolsillo trasero del pantalón y le ofreció a un compañero de parapeto adivinado sus palabras de agradecimiento apagadas por las explosiones; unos metros más allá los médicos atendían a las víctimas y un cura católico daba la extremaunción a los muertos, desafiando todos los peligros como si tuviese un pacto con el Todopoderoso;
la Contax del fotógrafo seguía disparando y también los alemanes. El cabo Heinrich Severloh, desde el Widerstandnest 62 dejaba que se enfriara el cañón de su ametralladora sin dejar de disparar con un fusil Mauser.  

Fragmento de Pingüinos en París.

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Impresionante secuencia de fotos de Robert Capa. Salvo la última que es un fotograma de “Salvar al soldado Ryan”, pero que sirve como homenaje àra aquellos hombres del Día D.

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Defensores alemanes en Pont-du-Hoc

La imagen puede contener: una o varias personas, personas sentadas, árbol y exterior

Defensas alemanas en la zona interior de Omaha

Canadienses desembarcando.Image: PO Dennis Sullivan / Canadian Department of National Defense / Library and Archives Canada / PA-132790.

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Plasma en la arena. Foto: Imperial War Museums

Arribó a la playa una embarcación de los servicios médicos, de ella bajaron nuevos sanitarios y enfermeros que empezaron a llevarse heridos al barco. Una explosión cayó cerca de la nave, una gran columna de agua se levantó para volver a incorporarse al flujo marino formando círculos concéntricos. Robert sintió un miedo insuperable y corrió hacia la barcaza que iniciaba su derrota hacia el buque nodriza, tomó la última foto de aquel día desde la cubierta de la nave salvadora. La silueta del Chase se recortó en el horizonte. Hacía tan solo seis horas que partiera del buque y un mundo de sensaciones habían transcurrido en el espacio de tiempo que dura una excursión campestre. Al llegar a la nave se cruzó con la última oleada de infantería de la 16 que embarcaba en ese momento; la cubierta del buque estaba ya llena de heridos, barrida de lamentos, de sollozos y de bolsas blancas con los restos de lo que apenas horas antes habían sido jóvenes cargados de vida y de esperanza. Del bolsillo de uno de ellos que estaba siendo embolsado asomaba un juego de naipes. El muchacho había perdido su partida más importante.

Fragmento de Pingüinos en París.

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Médicos

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El consuelo del cielo. Foto: Robert Capa

Primeras posiciones en la playa de Utah.rmy Signal Corps. Post-work: User:W.wolnyUS Navy Photo #: SC 190062

Foto del Signal Corps. El segundo batallón de Rangers conquista la playa de Pon- du- Hoc.

 

La imagen puede contener: una persona, sonriendo, cielo y exterior

La cabeza de playa de Omaha

La imagen puede contener: una o varias personas y exterior

La cabeza de playa británica de Sword Beach

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Las cabezas de playa fueron consolidándose.

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Fotos Signal Corps

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Con un terrible costo en vidas humanas. Robert Capa, fumando, observa los cadáveres. Foto de Robert Sargent

Prisioneros alemanes. Foto Robert Capa.

La imagen puede contener: una o varias personas, personas de pie y exterior

Prisioneros alemanes conducidos por soldados británicos en Sword Beach

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Las baterías y las defensas alemanas destruidas. Los Rangers en Pont-du-Hoc

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Prisioneros alemanes heridos.

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Robert Capa

Para saber más: Apartamento de Capa en París- fotos de: Ana Elisa Martínez

Capa en Pingüinos en París I  Capa en Pingüinos en París II

Personajes de la novela

 

Un gran reportaje de la batalla.

La batalla en el Canal Historia.

 

El desembarco en el cine:  Salvar al soldado Rayan.

 

Normandía 70 años después

 

La canción del Día más largo

 

El día más largo por los cadetes de West Point. Muy curioso de verlo y precioso de oírlo, gran coro,

 

Versión de Paul Anka

 

Por Dalila

 

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25 Aniversario de la muerte de Marlene Dietrich

La famosa actriz y cantante alemana falleció un 6 de mayo (1992) en París. Había nacido en  Schöneberg, Alemania a principios del siglo XX, no digo la edad exacta porque las mujeres en general y las artistas en particular no tienen edad sino sonrisas de tiempo. Vivió dos guerras mundiales y  cambios profundos en la sociedad en la que le tocó vivir.

Marlene Dietrich en 'Mujer o demonio' '

 

Salió de Alemania en 1930 después de su éxito cinematográfico de “El Ángel azul”, para aterrizar en Hollywood donde proseguiría su carrera cinematográfica. Tras la llegada de los nazis al poder trataron de que la emblemática artista regresara a Alemania, pero ella continuó en Los Ángeles y en París. Norteamericana desde 1939 apoyó con sus canciones a las fuerzas aliadas destinadas en  Europa. Incluso se cuenta que  tenía entre ceja y ceja la idea de  volver a Alemania con la excusa de rodar una película, pero con la secreta intención de matar a Hitler.

Uno de sus grandes éxitos fue Lili Marleen una de la  canciones que aparecen en “Pingüinos en París” que ya conté en otro post: Lili Marleen

 

 

Sin embargo, Lili Marleen fue, antes de que ella la interpretara, cantada por excepcionales artistas y en todos los idiomas: Todas las Lili Marleen

 

Más emblemático es su  Sag Mir Wo Die Blumen Sind que cantó en varios idiomas.

 

Where Have All the Flowers Gone?, que cantó con su peculiar inglés.

 

 

La respuesta, amigos, está en el viento. Blowin’ in the Wind: 

 

 

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Luise Rainer una actriz en Pingüinos en París

                                            Luise Rainer.

Ayer se cumplieron 106 años del nacimiento de una gran actriz.

Luise Rainer es otro de los personajes de mi novela Pingüinos en París (Bajo dos tricolores). Nació un 12 de enero de 1910 en Düsseldorf, Alemania. Era de ascendencia judía y fue educada en Viena. Empezó en el  Dumont Theatre de Düsseldorf en 1928, trabajó en la compañía de Max Reinhardt y debutó en el cine alemán antes de firmar por la estadounidense  MGM en 1935.

Ya en los Estados Unidos, participó en Escapade con el actor William Powell y, seguidamente, en otras dos películas: El gran Ziegfeld y La buena tierra  ganando los Oscar a la mejor actriz por ambas películas de los años 1936 y 1937.

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ESCAPADE, su primera película en Hollywood con Wiliam Powell. Foto: Movies from the 20’s – 60’s

Luise Rainer fue una gran defensora de la República Española, que en aquellos años luchaba para frenar el golpe de estado del general Franco. Recaudó fondos entre las gentes de Hollywood para rehabilitar un castillo en el sur de Francia para acoger a niños republicanos que escapaban de la guerra, también para la financiación del famoso documental sobre la contienda: Spanish Earth (Tierra de España), con Ernest Hemingway  como narrador y bajo la realización de Joris Ivens, y en la adquisición de vehículos para la Cruz Roja Republicana.

En mi novela Luise parece ya en el primer capítulo, dándose la circunstancia de que este se desarrolla en agosto de 2014, en el aniversario de la liberación de París por La Nueve y, mientras terminaba el texto, la actriz falleció en su casa de Londres el 30 de diciembre de aquel mismo año a los 104 años de edad.

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París 25 de agosto de 2014

Había transcurrido tanto tiempo que no sabía si tenía recuerdos o tan solo eran los recuerdos de los viejos recuerdos. Los acordes le llegaban desde el exterior, claros y diáfanos; la banda militar interpretaba el himno de Francia. Sus sones, semejantes a los más antiguos cantos por la libertad, ascendían hasta el balcón de la habitación de Nicoletta Cervi. En uno de los sillones reposaba una revista francesa; en su portada, junto con la penúltima noticia sobre los apaños del ex presidente Sarkozy, aparecía una foto de la reciente visita de los reyes de España. No pudo por menos que sonreír, la cara de los jóvenes monarcas no se mostraría tan halagüeña si pudiesen presenciar lo que en aquel momento sucedía en la plaza. Pese al estallido canoro y triunfal de la Marsellesa, abrió de par en par la cristalera. Una fina lluvia caía sobre la plaza, las gentes se arremolinaban frente al escenario y en los alrededores bajo un bosque de paraguas multicolores. Los focos pintaron en la noche sobre el edificio del ayuntamiento parisino los colores azul, blanco y rojo. Nicoletta cogió su móvil y marcó un número de Londres. La voz del otro lado del auricular, desde el 54 de Eaton Square, respondió con la alegría de una niña.

–        ¿Nicoletta?

–        Sí, Luise, soy yo. Ya comienza.

–        Puedo oírlo, qué emoción, querida amiga. Por favor, cuéntamelo todo. Dime cómo está nuestro París. ¿Qué sucede en plaza?

Nicoletta limpió el vaho del vidrio sobre el que resbalaban pequeñas perlas de agua formando sinuosos cauces y se perdían en los listones de los cristales superiores de la ventana de cuarterones para aparecer en los inferiores ya con un recorrido distinto. Algunas de las ramblas de gotas se encontraban en un punto para descender juntas hasta el final; le pareció una alegoría de la vida misma. Pegó entonces la nariz en el cristal para tener mejor visibilidad.

Fragmento de Pingüinos en París (Bajo dos tricolores).

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Luise recibiendo su primer Oscar por  El gran Ziegfeld (1936)

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El Gran Ziegfeld. Foto:  Movies from the 20’s – 60’s

Los Ángeles, California, 1937. Luise Rainer

La ceremonia de los Premios de la Academia estaba a punto de dar comienzo. Las estatuillas para los premiados aguardaban como un ejército de espadachines desnudos; Oscar, el apodo de aquel calvito brillante y deseado corría de boca en boca embromando a la organización. Corrían un par de versiones sobre la procedencia del nombre con el que habían bautizado cariñosamente al trofeo. Fuese idea de unos o de otros, todos coincidían con que el modelo dorado de la estatua era un tipo feo. Pese a ello, era el más codiciado. El prestigio que suponía llevárselo a casa se consideraba un impulso notable para la carrera de cualquier actriz o de cualquier actor.

Aquel año habían sido nominadas para mejor actriz una pléyade de estrellas hollywoodienses que eclipsaban a las celestiales, entre ellas Carole Lombard por su interpretación en la película Al servicio de las damas. Algunos medios de comunicación pronosticaban su triunfo; iba a conseguir su primer trofeo de la Academia. En el salón del Biltmore Hotel de Los Ángeles todos los invitados estaban pendientes de la actriz. Su papel en el film merecía muchos menos elogios que su imagen encantadora y radiante que había conseguido cautivar al mismísimo Clark Gable, desde que habían coincidido en el rodaje de Casada por azar.   

En su casa, Luise Rainer, observaba a lo lejos las luces del Pueblo de Nuestra Señora la Reina de los Ángeles del río Porciúncula, como la bautizaron sus fundadores españoles, y a la que ahora todo el mundo conocía como Los Ángeles. Imaginaba la Grand Avenue repleta de un público enfervorizado y a los invitados al acto impacientes por conocer a los ganadores. Su jefe Louis B. Mayer había insistido hasta la saciedad para que asistiera a la entrega de premios, no en balde ella también estaba nominada a la mejor actriz por El Gran Ziegfeld. Sin embargo, convencida de que el premio recaería en Carole, prefería disfrutar de una velada tranquila con su esposo Clifford. Sus certidumbres tenían una base sólida, pese a estar muy satisfecha con su papel. Era, tan solo, su segunda película, el primer musical, y la Lombard una rutilante estrella con docena y media de exitosas películas en su haber y convertida en protagonista de La reina de Nueva York.  Sabía que Hollywood era un mundo difícil y ella apenas hacía dos años que había aterrizado en los Estados Unidos. Por otra parte, era conocida por su apoyo a la causa republicana española y el mundo del cine desconfiaba de su ascendencia alemana. Un coctel demasiado explosivo para ser saboreado sin atragantarse por el público americano, complaciente con divorcios, infidelidades y escándalos, pero poco indulgente con los temas políticos y las ideas progresistas.      

 En una de las mesas del Biltmore Hotel, Louis B. Mayer todavía confiaba en que la Metro se llevaría alguna de las estatuillas. Hubiera querido que Luise estuviese allí, no consideraría ninguna vergüenza que su pupila fuese derrotada por la Lombard, además confiaba en que El Gran Ziegfeld obtuviera el premio a la mejor película. Comentaba nerviosamente con su esposa Margaret Shenberg y con el jefe de publicidad de la MGM, Howard Strickling, los pormenores de la velada. Desde el improvisado escenario, el maestro de ceremonias George Jessel iba anunciando los premios. Al llegar al de mejor actriz pidió a Bette Davis, vencedora el año anterior, que hiciera la entrega de la estatuilla a la nueva ganadora. El nombre de Luise Rainer sonó fuerte y potente en toda la sala. Mayer pegó un brinco y ordenó a Howard que saliera pitando para traerse a Luise a la ceremonia, mientras rogaba a Jessel que continuara con el resto de los premiados hasta que llegara su actriz.

Luise Rainer apareció en el Biltmore Hotel apenas una hora después con un bonito vestido blanco, para entonces El Gran Ziegfeld ya había recibido la estatuilla a la mejor película y a la mejor coreografía. Se dirigió al escenario con paso firme y decidido. George Jessel cogió la estatuilla y sin llamar a Bette Davis de nuevo, se la entregó a la vencedora. Luise en su breve parlamento dio las gracias a sus compañeros de reparto y habló a los asistentes de un país que desde hacía varios meses luchaba por sus libertades. Todos se dieron cuenta de que la nueva estrella de Hollywood, además de ser una buena intérprete, se interesaba por más cosas que no fueran el celuloide y el glamur.

Fragmento de Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)

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Autógrafo de la actriz

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Su segundo Oscar  consecutivo por  La buena tierra  (1937)

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La Buena tierra. Foto: Movies from the 20’s – 60’s

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Foto de Luise Rainer en París por Robert Capa

La actriz estaba de gira por Londres con la obra Behold the Bridge en el Shaftesbury Theatre y había querido viajar a París, “mientras pueda hacerlo”, había dicho. Robert le hizo unas magníficas fotos frente al edificio de l’Opéra Garnier. Luego comieron los cuatro en un restaurante cercano. Durante la sobremesa, Luise se interesó por los últimos momentos de la República y el éxodo de los vencidos. Cuando le hablaron de los campos de internamiento y de la maternidad de Elna, prometió recaudar fondos entre sus amigos de Hollywood para los niños españoles. “Tal vez tarde mucho tiempo en regresar a París”, comentó y al despedirse les dijo: “Ojalá viva suficientes años para ver reinstaurada la República en España”. Ellos sonrieron encandilados.

Al regresar al 37 de rue Froidevaux, Capa se mostraba intranquilo por las palabras de Luise.

–      Creo que tenéis razón y que la amenaza de guerra es muy real. Yo soy un judío escapado del “paraíso” nazi. Deberíamos largarnos a los Estados Unidos, mi madre vive allí con mis tías desde que se separó de mi padre. Podríamos pedir a la embajada norteamericana el visado correspondiente, tú eres italiano Pietro y tú, Hugo, puedes demostrar que tus padres viven en La Habana y que vas a visitarles vía Nueva York…

Fragmento de Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)

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Uno de los vehículos de la Cruz Roja para la República Española financiados por las actrices  actores y escritores de Hollywood. En la parte trasera, solo, en el centro, podemos ver el nombre de Luise Rainer.

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Fue esposa del escritor Clifford Odets y más tarde el publicista Robert Knittel. En la foto con este último.

El final de año se acercaba y Hugo quiso llevar a Nicoletta al teatro. Al placer de ver la obra de Luigi Pirandello, Seis personajes en busca de autor, se añadía la de tener la oportunidad de volver a saludar a la primera actriz de la obra. Luise Rainer encabezaba el cartel en el Shaftesbury Theatre y al final de la representación saludó con efusividad a la pareja. Decidieron ir a cenar al hotel Waldorf donde se hospedaba Luise y celebrar el encuentro. Iniciaron la conversación rememorando aquella sesión fotográfica con Capa, recordando el París alegre y bullicioso que ahora sufría la ocupación nazi.  Luise matizaba el adjetivo nazi con mucho énfasis, tratando diferenciar a los alemanes de aquellos fanáticos de ideas totalitarias.

–        Una nación que no cree en sus intelectuales, en la cultura de sus pueblos y que incluso la ridiculiza, está llamada a fracasar y es ahí donde quiere llevarnos Hitler.

La conversación fue fluida y amena, Nicoletta no podía ocultar su admiración por Luise, si su actuación en el escenario le había parecido maravillosa, su naturaleza era arrolladora. Tampoco a Luise le paso desapercibida la conversación y la personalidad de Nicoletta.

–        Así que eres siciliana, ¿no es cierto? Como Pirandello.

–       Efectivamente, él era de una pequeña población cercana a Agrigento, apenas a 120 kilómetros de San Giovanni. Gracias a su Nobel, muchos sicilianos supieron lo que eran los premios del inventor sueco, incluso algunos empezaron a leer.

Luise estalló en una franca carcajada.

Fragmento de Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)

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Se sintieron cómodos, era el regalo de aquella noche londinense en vísperas de finiquitar un año en el que medio mundo había combatido contra el otro medio, cuando las diferencias entre los seres humanos son tan pocas que ni siquiera las ideologías ni las religiones son capaces de definirlas si no es con las armas, el odio, el dinero o la represión. Dos horas bastaron para que naciera entre las dos mujeres un sentimiento de amistad y confidencia, tanto que Luise se sintió reconfortada por contarle a Nicoletta su reciente separación del dramaturgo Clifford Odets.

–     Fue un error, no le quería, pero me sentía tan sola y desplazada en Hollywood… Allí, por lo general, el amor forma parte de los contratos artísticos y la pasión dura lo que el rodaje de una película.

–      Lo siento mucho – dijo Nicoletta, tratando de consolarla.

–      No te preocupes querida, la verdad no es mala solo es inexorable y pronto me consolaré; el mes que viene regresó a América para actuar en un musical: A Kiss for Cinderella, que se estrenaráen el “Music Box Theatre de Nueva York”, ojalá pudierais asistir.

–     Me temo que hasta que no acabe esta guerra no nos será posible – respondió Hugo con una sonrisa.

Mientras duró la estancia de Luise en Londres, Nicoletta compartió varias tardes con su nueva amiga. Entre otras cosas, le habló sin parar de Fiorella, que Luise conocía por aquellas referencias de París que la habían convertido en el ángel recaudador de la maternidad de Elna. Aquellas reseñas de la bella enfermera siciliana tendrían unas consecuencias insospechadas.

Fragmento de Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)

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Con Charles Champlin

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Con Albert Einsten 

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Con Fellini y los actores de La Dolce Vita

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Con otros autores y actrices de Hollywood. Luise-Rainer-Clark-Gable-Jean-Harlow-Norma-Shearer Foto:classic-movies-29852725-475-372

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Autógrafo de la actriz. Foto: Movies from the 20’s – 60’s

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La impaciente voz de Luise Rainer sacó a Nicoletta de sus pensamientos, sin darse cuenta se estaba acariciando el vientre como setenta años antes en Roma.

  • Nicoletta, Nicoletta, ¿estás ahí?
  • Sí, Luise sigo aquí – respondió regresando del lejano pretérito.
  • ¿Y qué ocurre? – moduló la intranquila voz de la amiga.
  • Sigue lloviendo, pero parece que a nadie le molesta. Ahora toma la palabra el presidente Hollande: “Hace 70 años aquí se anunciaba que Francia había vuelto a su casa. La liberación de Parísfue una esperanza para el mundo entero…” Se escuchó a través de los altavoces resonar en toda la plaza.
  • ¿Qué más dice, Nicoletta? – exclamó Luise en tono impaciente.
  • Ahora recuerda a los españoles de La Nueve. La gente vitorea las palabras de su presidente. Tal vez estén presentes Rafael Gómez o Luis Royo, los últimos supervivientes de La Nueve. Las campanas siguen redoblando.
  • Ya las oigo Nicoletta. Ahora falta que se cumpla nuestro deseo.
  • Sí Luise, sí. ¡La República! – dijo echando una mirada de reojo a la revista que se deslizaba desde el butacón al suelo, cayendo por el lado de la contraportada –. Ya sabes que no podemos morir sin verla de nuevo – bromeó.
  • No, Nicoletta, nuestro deber es tratar de ser testigos. Ya no están ni Fiorella, ni Elisabeth, ni Hugo, ni Pietro, ni Robert, ni Martín, ni tantos que lucharon por ella. Pero quedan sus hijos y sus nietos; tus hijos.
  • Sí Luise, el espejo del futuro tiene una franja morada; ya sabes, París, Berlín, Barcelona… Madrid. La Nueve no morirá.

Fragmento de Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)

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Foto: Luisa Rainer web.

Su página de Twitter:  https://twitter.com/LuiseRainer

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LA NUEVE EN EL CINE

A pesar del olvido de tantos años y las reivindicaciones de estos últimos, existen multitud de pruebas de la llegada de La Nueve al París ocupado la tarde del 24 de agosto de 1944.

En la página de esta web LA NUEVE en el cine podéis encontrar unos cuantos reportajes cinematográficos en el que aparecen los vehículos de La Nueve. Como algunos de los vídeos son largos, he puesto el minuto y segundo en el que aparecen. Disfrutad.

 

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Lili Marleen, una canción de Pingüinos en París

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Muchas de las canciones que aparecen en mi novela las podéis escuchar pinchando en:  https://pinguinosenparis.com/canciones/

Sin embargo, hoy quiero destacar una de ellas: Lili Marleen. Una canción que fue bien recibida en las trincheras de unos y de otros. Ojalá, algún día, la música sustituya a la guerra. Aquí la podéis escuchar en todas las versiones y tiempos.

Mientras tanto, como una promesa de que los pueblos podrán entenderse mejor con la música que con la guerra, una canción escrita durante la Gran Guerra y  basada en el poema “La canción de un joven soldado de guardia” del alemán Hans Leib,  armonizada por Norbet Schultze, se estaba popularizando en el frente africano entre las tropas del Afrika Corps. A través de las ondas de radio Belgrado, diariamente a las 21.57, recorría trincheras y frentes, salvando la barrera de los idiomas, las patrias y las necedades, contando simplemente la historia de amor de un hombre y una mujer. Lili Marleen, sería el canto de paz de millones de combatientes de una u otra bandera. La radio había hecho un nuevo milagro.

Fragmento de Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)

 

La historia de la canción gracias a un  magnífico montaje de Vintage Music.

 

La versión más famosa la de Marlene; sin embargo, ella la cantó después de la guerra. A continuación podéis escuchar la canción en las voces y versiones que llegaron a los campos de batalla.

 

Versión alemana 1939

 

 

Versión inglesa de Vera Lynn 1944

 

Versión italiana de Carlo Buti de 1943

 

Versión francesa de  Suzy Solidor 1941. Escuchad la voz de Suzy, cantante, escritora y modelo de famosos pintores.

 

En ruso por Natalia Shmidt

 

Versión húngara

Con subtítulos en español

Otras versiones poco conocidas  o distintas.

 

Versión: Nina Hagen & Nana Mouskouri

 

La versión más salvaje: la de Interterror

 

La de Hanna Schygulla

 

De la película de Fassbinder, espectacular escena de Hanna Schygulla.  Un resumen del espíritu de la canción. La guerra paraba unos minutos para escuchar Lili Marleen.

Orquestada por el trompetista inglés Eddie Calvert

 

Cantada por coro: Coro Von St. Helena y Orquesta Arno Flor.

 

Cantada por un buen coro que no he podido averiguar su nombre.

 

Orquestada.  James Last – Lili Marleen
del albúm:  (Jahrhundert Melodien (Melodies Of The Century)) 1982

 

Por Amanda Lear

 

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Lili Marleen, una de las canciones que aparecen en Pingüinos en París

Un símbolo de la II Guerra Mundial fue la canción Lili Marleen. En la novela se explica el momento en que la canción pasa a ser patrimonio de todos los combatientes. De uno y otro bando. Su interprete ideal fue la actriz Marlene Dietrich.

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Mientras tanto, como una promesa de que los pueblos podrán entenderse mejor con la música que con la guerra, una canción escrita durante la Gran Guerra y  basada en el poema “La canción de un joven soldado de guardia” del alemán Hans Leib,  armonizada por Norbet Schultze, se estaba popularizando en el frente africano entre las tropas del Afrika Corps. A través de las ondas, diariamente a las 21.57, recorría trincheras y frentes, salvando la barrera de los idiomas, las patrias y las necedades, contando simplemente la historia de amor de un hombre y una mujer. Lili Marleen, sería el canto de paz de millones de combatientes de una u otra bandera. La radio había hecho un nuevo milagro.

Fragmento de Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)

Con un de los mejores subtítulos en español que he encontrado.

 

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Luise Rainer, ganadora de dos Oscar, en Pingüinos en París

Luise Rainer, ganadora de dos Oscar es otro de los personajes que aparecen en la novela. Aquí os dejo algo de su historia y algún párrafo de sus apariciones en el libro.

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Haceros seguidores de esta página pulsando en el recuadro correspondiente. Sabréis mucho sobre la novela y sus personajes.

Luise Rainer fue una estrella del cine y del teatro nacionalizada en Estados Unidos pero nacida el 12 de enero de 1910 en Düsseldorf (Alemania). En 1935 se mudó a Hollywood por  temor a su ascendencia judía. Su primera película en el cine americano fue en Escapade. En sus  dos películas siguientes ganó sendos Oscar consecutivos. El primero de ellos por El gran Ziegfeld (1936) donde interpretaba a  Anna Held y el segundo por La buena tierra (1937), donde interpretaba a la resignada campesina O-Lan. Fue una entusiasta defensora de la República Española, recogiendo fondos  para ayudar a los niños españoles. Falleció en Londres el 30 de diciembre de 2014.

 

 

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En una de las mesas del Biltmore Hotel, Louis B. Mayer todavía confiaba en que la Metro se llevaría alguna de las estatuillas. Hubiera querido que Luise estuviese allí, no consideraría ninguna vergüenza que su pupila fuese derrotada por la Lombard, además confiaba en que El Gran Ziegfeld obtuviera el premio a la mejor película. Comentaba nerviosamente con su esposa Margaret Shenberg y con el jefe de publicidad de la MGM, Howard Strickling, los pormenores de la velada. Desde el improvisado escenario, el maestro de ceremonias George Jessel iba anunciando los premios. Al llegar al de mejor actriz pidió a Bette Davis, vencedora el año anterior, que hiciera la entrega de la estatuilla a la nueva ganadora. El nombre de Luise Rainer sonó fuerte y potente en toda la sala. Mayer pegó un brinco y ordenó a Howard que saliera pitando para traerse a Luise a la ceremonia, mientras rogaba a Jessel que continuara con el resto de los premiados hasta que llegara su actriz.

Fragmento de “Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)”

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Su boda en 1945

Nicoletta Cervi trató de imaginar el rostro de su amiga: sereno y sonriente a la par, dos cualidades que la habían convertido en su día en una gran estrella del teatro y del celuloide. Notó la impaciencia de su interlocutora a través del auricular y prosiguió con la narración para que su amiga no perdiera detalle.

        –     Están formadas varias unidades del ejército y la banda de L’Armée interpreta una nueva pieza. Espera, ahora llega Anne Hidalgo, ¿recuerdas que te hablé de ella?

          –   Imagino lo orgullosa que se sentirá. ¿Y nuestra bandera?

          –   Sí, Luise, ondea junto a la francesa como en los dos años anteriores, hay estandartes de regimientos franceses y de asociaciones de combatientes…

Escuchó gemir al otro lado del teléfono. – No llores Luise, es todo muy bonito.

            –  Perdona Nicoletta, cuando superas la centena cada vez cuesta más retener las lágrimas… de alegría. Me viene a la memoria una frase de aquel director sueco…  

            –  ¿Ingmar Bergman?

            –  El mismo. Solía decir poco más o menos que envejecer es como escalar una gran montaña: mientras se sube las fuerzas disminuyen, pero la mirada es más libre y la vista más amplia y serena.

Fragmento de “Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)”

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Segundo Oscar

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Primer Oscar

 

Aquel año habían sido nominadas para mejor actriz una pléyade de estrellas hollywoodienses que eclipsaban a las celestiales, entre ellas Carole Lombard por su interpretación en la película Al servicio de las damas. Algunos medios de comunicación pronosticaban su triunfo; iba a conseguir su primer trofeo de la Academia. En el salón del Biltmore Hotel de Los Ángeles, todos los invitados estaban pendientes de la actriz. Su papel en el film merecía muchos menos elogios que su imagen encantadora y radiante que había conseguido cautivar al mismísimo Clark Gable, desde que habían coincidido en el rodaje de Casada por azar.   

En su casa, Luise Rainer, observaba a lo lejos las luces del Pueblo de Nuestra Señora la Reina de los Ángeles del río Porciúncula, como la bautizaron sus fundadores españoles, y a la que ahora todo el mundo conocía como Los Ángeles. Imaginaba la Grand Avenue repleta de un público enfervorizado y a los invitados al acto impacientes por conocer a los ganadores. Su jefe Louis B. Mayer había insistido hasta la saciedad para que asistiera a la entrega de premios, no en balde ella también estaba nominada a la mejor actriz por El Gran Ziegfeld. Sin embargo, convencida de que el premio recaería en Carole, prefería disfrutar de una velada tranquila con su esposo Clifford. Sus certidumbres tenían una base sólida, pese a estar muy satisfecha con su papel. Era, tan solo, su segunda película, el primer musical, y la Lombard una rutilante estrella con docena y media de exitosas películas en su haber y convertida en protagonista de La reina de Nueva York.  Sabía que Hollywood era un mundo difícil y ella apenas hacía dos años que había aterrizado en los Estados Unidos. Por otra parte, era conocida por su apoyo a la causa republicana española y el mundo del cine desconfiaba de su ascendencia alemana. Un coctel demasiado explosivo para ser saboreado sin atragantarse por el público americano, complaciente con divorcios, infidelidades y escándalos, pero poco indulgente con los temas políticos y las ideas progresistas.  

Fragmento de “Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)”

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La famosa foto que le hizo Capa frente L’Opera  Garnier de París

Les propuso acompañarle a un reportaje fotográfico para Luise Rainer, una estrella de Hollywood, alemana y judía como Gerda, ahora residente en los Estados Unidos donde había ganado dos Oscar en los años 1936 y 1937. Ellos aceptaron gustosos la invitación, conocían la fama de Luise como ferviente defensora de la República Española y que gracias a su ayuda Joris Ivens había podido rodar en el 37, Spanish Earth, un documental sobre la guerra española y que costó una discusión entre sus dos guionistas John Dos Passos y Ernest Hemingway, quien, además, prestaría su voz como narrador.

Fragmento de “Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)”

 

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Frente a su estrella en el Paseo de la Fama de Los Ángeles.

 

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Con Albert Einsten

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Con otras estrellas

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Con Charlie Chaplin

 

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