
Firmando con el banderín de la novena compañía del Regimiento de Marcha del Tchad: La Nueve.

Gracias a mi amigo Javier Gómez que confeccionó el banderín.



Firmando con el banderín de la novena compañía del Regimiento de Marcha del Tchad: La Nueve.

Gracias a mi amigo Javier Gómez que confeccionó el banderín.




Froidevaux 37, París. Fotos Ana Elisa Martínez. Agosto 2014
Fragmento de Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)


Froidevaux 37, París. Fotos de Ana Elisa Martínez, agosto 2014
Fragmento de Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)



Capa viajando a Liverpool. Foto Magnum
Párrafo de Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)

Párrafo de Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)

Foto Robert Capa
Párrafo de Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)

Foto de Capa (Sperlinga, Sicilia)









Foto de Jack Lieb, julio1944

La rapada de Chartreuse de Robert Capa










Si la foto no es lo suficientemente buena, es que no te has acercado lo suficiente.
(Robert Capa)

Foto: Robert Capa (Endre Endrö Friedmann)
Párrafo de la novela: Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)

Budapest en la época en que nació Robert Capa.


Trosky en Copenhague por Capa
Párrafo de la novela: Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)

Gerda Taro y Robert Capa en París, foto de Fred Stein
Párrafo de la novela: Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)

Gerda Taro, foto de Robert Capa encontrada en la maleta mejicana.
Párrafo de la novela: Pingüinos en París (Bajo dos tricolores

Niña en Barcelona, foto de Robert Capa

Refugiados, Robert Capa

Gersa y Capa en el frente de Madrid. Magnum fotos
Párrafo de la novela: Pingüinos en París (Bajo dos tricolores



Fotos de milicianos de Robert Capa o de Gerda Taro
Párrafo de la novela: Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)


Las famosas fotos de Capa del miliciano muerto

Gerda en París

Frente de Teruel, foto de Robert Capa
Párrafo de la novela: Pingüinos en París (Bajo dos tricolores

Luise Reiner en París, foto de Capa
Párrafo de la novela: Pingüinos en París (Bajo dos tricolores


Tal día como el pasado lunes moría en Caracas (Venezuela), era el 10 de octubre de 1988 y fue enterrado en Choroní una localidad costera venezolana que Pujol consideraba el mejor lugar del mundo. Medio siglo antes, había sido reclutado por el Ejército Popular de la República Española y llevado al Ebro dónde se pasó a las tropas franquistas. Su educación burguesa y el recuerdo de lo que había vivido en Barcelona le hicieron tomar, pese a su incuestionable ideología liberal, esta decisión y de la que siempre se arrepintió.
Cuando Europa estalló con la más terrible de las contiendas, Pujol decidió hacer la “guerra” al lado de los Aliados y para eso trabajaron, junto con su esposa Aracelí, como agentes dobles, engañando a los alemanes haciéndoles creer que tenía una extensa red de espías al servicio de los nazis. Pero, la famosa red “Arabel” nunca existió; él y su esposa residían en Lisboa haciendo creer a Hitler y a Canaris que estaban en Londres. El servicio secreto inglés lo incorporó a su servicio de espionaje con el nombre de Garbo. En 1942 se traslada al fin a Londres y aquí empieza su leyenda.
Muchos fueron los servicios que prestó Garbo al MI5 y a los Aliados, pero el más brillante y con el que evitó cientos de miles de muertes, tanto de aliados como de alemanes, fue el famoso engaño de la Operación Overlord, el desembarco de Normandía. Pujol hizo creer al estado mayor alemán que el desembarco al continente sería por el Pas de Calais. Los alemanes concentraron la mayor y mejor parte de sus fuerzas allí. Seis horas antes del Dia D, Pujol comunicó al mando alemán que habría un desembarco en Normandía, pero que sólo se trataba de una operación de distracción. Las fuerzas alemanas esperaron semanas el ataque por Calais, lo que dio tiempo a los Aliados para consolidar sus posiciones. Todo esto lo cuento en mi nueva novela“Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)”, en la que Pujol es uno de los personajes que en ella aparecen.
Sólo hubo una circunstancia que puso en peligro la jugada perfecta de Garbo. Su esposa Aracelí cansada de la comida inglesa, de vivir en Londres y llena de morriña por España, amenazó con ir a la embajada española y pedir su regreso y el de sus hijos a España. Trabajo le costó al MI5 convencerla de que, con su actitud, podía poner en peligro muchas vidas. Corría el año 1943 y Pujol era el espía favorito de la Abwehr, el servicio de inteligencia alemán y el mejor agente del MI5.
Terminada la Segunda Guerra Mundial y temiendo las represalias de los nazis supervivientes, el MI5 preparó un viaje de Pujol a Angola y allí el espía fingió su propia muerte por efectos de la malaria. De nuevo los había engañado a todos, y se largó de incognito a Venezuela donde se casó con Cermen Cilia de la que tuvo dos hijos y una hija a los que contaba, como una fábula que nunca creyeron, que él había sido un gran espía. Nadie supo de él hasta que el escritor inglés Nigel West, seudónimo de Rupert Allason, le “resucitó”. En 1984 fue recibido por la reina Isabel II, viajó por diversos países europeos y a su querida Barcelona en la que se reencontró con los dos hijos de su primer matrimonio, que le consideraban muerto.
“Demasiados macarrones, demasiadas patatas y no suficiente pescado”, como repetía Aracelí González, pudieron echar por tierra los engaños de Garbo a Hitler, no sabemos como el MI5 convenció a la dama, tal vez haciéndole llegar algunos percebes de su Galicia natal.

En su face:
O en su página web:
http://www.buscameenelciclodelavida.com/2016/10/pinguinos-en-paris-bajo-dos-tricolores.html



Tal y como cuento en la novela, el día 26 de agosto de 1944 y después de que La Nueve primero, el 24, y el resto de la División Leclerc el 25, entraran en París, se celebró un magno desfile por la liberación de la ciudad presidido por De Gaulle, el general Leclrec y los dirigentes más destacados de la Resistencia y del FFI (las Fuerzas Francesas del Interior). Por expreso deseo de De Gaulle su guardia de honor en aquel desfile sería La Nueve, en consideración a su hazaña del 24. A su derecha e izquierda desfilaron los half-track «Les Pingouins» y «Les Cosaques», seguidos del «Don Quijote» y el «Madrid» y a continuación el resto de la compañía. En un punto del recorrido, a la altura de la plaza del ayuntamiento parisino, fueron recibidos por disparos alemanes. La muchedumbre que esperaba a la comitiva se lanzó al suelo hasta el cese de la agresión, que fue contestada por los half-track y por los miembros de la Resistencia. Hay numerosas fotos al respecto, pero la que pongo en la cabecera llama la atención porque se mezcla el temor de unos cuantos que se lanzan al suelo, con la aparente tranquilidad de otros que siguen paseando o contemplando los Sherman aparcados en la plaza. Distintas formas de ver la vida… y la muerte. Me gustaría recibir vuestros comentarios al respecto.
Otras fotos del momento:

Foto de Robert Capa. Tampoco tiene desperdicio: fijaos en la monja sentada en uno de los jeeps de la prensa.


En la misma plaza en el mismo momento.