Roma, ciudad abierta.

El 14 de marzo de 1944, Roma fue declarada ciudad abierta. Los continuos bombardeos aliados ponían en peligro la monumental capital y las autoridades alemanas decidieron que Roma, al igual que París en 1940, merecía ser salvada. Roma había sufrido la ocupación alemana como si se tratara de una ciudad enemiga.

Ocupación de Roma por los alemanes el 10 de septiembre del 43. Foto:  http://www.16ottobre1943.it/it/loccupazione-nazista-di-roma.aspx

Roma había sufrido desde septiembre del 43 hasta su liberación la ocupación alemana. Los alemanes habían llegado como conquistadores y no como aliados. Durante la primera semana de ocupación requisaban a punta de pistola los vehículos en mitad de la calle, aquello podía entenderse como una necesidad militar para controlar la ciudad. No obstante, siguieron el mismo procedimiento para conseguir joyas y dinero de los transeúntes y así como en París habían procurado mantener un orden policial, en Roma se convertían en vulgares atracadores. Se prohibieron los taxis y circular en bicicleta con la excusa de evitar atentados por parte de los partisanos. A menudo, con el pretexto de restricciones energéticas, cortaba la corriente de los transportes públicos con lo que los trolebuses y tranvías dejaban de funcionar durante horas. Solamente había gas durante hora y media al mediodía y 30 minutos por la noche. Tampoco los hogares podían disponer de teléfono bajo la sospecha de espionaje. El invierno del 43-44 había sido frío y mucho más por el corte del gasóleo; los palacetes romanos de techos altos y pisos de mármol se quedaron tan fríos como las chabolas del extrarradio. El toque de queda fue muy estricto y más de un romano perdió la vida desafiándolo. El ya habitual racionamiento se endureció y el mercado negro hizo su agosto en pleno invierno y las requisas practicadas en las redadas de las SS eran de nuevo revendidas a los estraperlistas por oficiales corruptos.

Extracto de Pingüinos en París.

 

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Foto: Mundo Militaria

Sin embargo, Roma no caería en poder de los aliados hasta el 4 de junio. En el ínterin entre marzo y junio, las tropas de ocupación alemanas todavía practicaron sus métodos represivos sobre la población civil. Así es el caso de la masacre Fosas Ardeantinas ocurrido el 24 de marzo en repuesta a un atentado   del grupo partisano GAP (Gruppi d’Azione Patriottica) el día 23 de marzo y en el que murieron 28 policías (tres más morirían en días posteriores) y dos civiles italianos. Hitler ordenó  a Herbert Kappler, comandante de la Gestapo en Roma  que ejecutara a 10 civiles por cada policía muerto. Un total de 335 civiles italianos, redondeando la cifra exigida por el dictador alemán, fueron conducidos a  unas minas abandonadas en el extrarradio de Roma y ejecutados.

Memorial de las Fosas. Foto: Universitat Politècinca de Catalunya

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Foto  e historia de Happler: https://it.wikipedia.org/wiki/Herbert_Kappler

Pese a todo, el mayor temor de los romanos durante la ocupación fue el reclutamiento forzado de hombres de todas las edades a los que deportaban a Alemania o ponían a trabajar en las defensas de la ciudad. Luego estaba la sempiterna persecución a los judíos romanos. En octubre más de mil de ellos fueron deportados a Auschwitz. Los actos de sabotaje eran duramente castigados con detenciones y fusilamientos. En el mes de marzo uno de estos ataques fue salvajemente escarmentado. Hitler ordenó fusilar a diez italianos por cada víctima del atentado. Herbert Kappler, comandante de la Gestapo en Roma, envió al paredón a 335 civiles internos en las cárceles romanas por motivos diversos redondeando la cifra exigida por el perturbado de Berlín. El lugar de tal atrocidad fueron las Fosas Ardeatinas en el extrarradio romano. El Papa, pese a saberlo con anterioridad, calló pávidamente. La ocupación había sido abusiva, ratera, dura y asesina. El resultado fue un feroz aborrecimiento hacia los alemanes por parte de la población urbana. No hubo, como en París, una mínima confraternización; los godos fueron odiados por casi todos los romanos.

Extracto de Pingüinos en París.

La película.

En enero de 1945, Roberto Rossellini realiza un película sobre la ocupación alemana y  basada en hechos reales, llamada: Roma città aperta. El film tuvo varios premios:

Resultado de imagen de ROMA CIUDAD ABIERTA Nominada al Oscar: Mejor guión
 Círculo de Críticos de Nueva York: Mejor película extranjera
 Festival de Cannes: Gran Premio del Festival (Ex-aequo)
Y contó con un reparto excepcional: 
Aldo Fabrizi, Anna Magnani, Marcello Pagliero, Maria Michi, Harry Feist,Vito Annichiarico, Francesco Grandjacquet, Giovanna Galletti, Carla Rovere

 

 

Alfonso XIII en Pingüinos en París

En varios momentos de mi novela aparece la figura de un decadente Alfonso XIII, huido de España al proclamarse la República y exiliado en Roma donde entra en contacto – muy directo – con una de las protagonistas del libro.

Precisamente hoy, 28 de febrero se cumple el aniversario de su muerte en su exilio romano. Fue el 28 de febrero de 1941.

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Cuando la bandera republicana ondeó al viento el 14 de abril de 1931, Alfonso XIII comprendió que su vida iba a cambiar, pero no de una forma radical porque al exilio se llevó su fama y maneras de sátiro, su adicciones y una fortuna que al cambio representarían 48 millones de Euros. Había sido rey desde su nacimiento, aunque hasta su mayoría de edad y coronación, el 17 de mayo de 1902, su madre Cristina de Hasburgo asumió la regencia.

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Días después de su marcha salía de España la ya ex reina Victoria Eugenia de Battenberg, hartísima esposa de Alfonso XIII. La República española tuvo la galantería de devolverle a Victoria las llamadas “joyas de pasar de las reinas españolas” que habían quedado en España.

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Lo que más recordaría el Pueblo español de la real pareja fue el bombazo de Mateo Morral el día de sus desposorios.

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El monarca sólo tuvo dos gestos sobresalientes en su reinado que interesaran al Pueblo, su visita a las Urdes…

y cuando convirtió algunas dependencias del Palacio Real en una oficina de la esperanza para quienes tenían gentes desaparecidas durante la Gran Guerra. La oficina tramitó, junto con la Cruz Roja, los paraderos y la repatriación de cuantos prisioneros, de uno y otro bando, recibían noticias.

Pero si en algo destacó el Borbón fue en la persecución de cuantas mujeres hermosas se le ponían a tiro.

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Tanto le gustaban que no dudó en ser guionista y productor de películas pornográficas para su uso y consumo y que los hermanos Baños filmaron para él.  “El confesor”, “Consultorio de señoras” y “El ministro” permanecieron ocultas más de setenta años, hasta que aparecieron de forma misteriosa en un convento valenciano. Fueron restauradas por la Generalitat valenciana y se conservan en la Filmoteca de Valencia.

 

 

Volviendo a Don Alfonso, el jueves 16 de abril  de 1944 se reunió en el hotel Meurice de París con su familia, donde se alojó en una confortable y carísima suite.  Alfonso, nada más llegar, encargó a Quiñones que le comprara media docena de camisas de seda . Días después adquirió un veloz Bugatti y se dedicó a conceder entrevistas y a conocer la noche parisina. Harta de todo, la reina Victoria se fue a Inglaterra abandonando marido e hijos. Tuvo que reclamar su dote y los intereses de los años compartidos con Alfonso, además de una pensión alimenticia.

El ex monarca se marchó a Roma y se alojó de continuo en una suite del Gran Hotel, concretamente la número 35, donde vivió los diez años que le quedaban, mientras no se encontraba en uno de sus numerosos safarís o persiguiendo amantes y juegos por París o Montecarlo.

El rey, según sus cronistas, falleció el  en la suite 35 del Gran Hotel a causa de una afección cardíaca. Sin embargo, el motivo de este fallo coronario fue debido a las numerosa infecciones dentarias, como su dentista Florestán Aguilar,  – ya fallecido en aquellas fechas – le había advertido en multitud de ocasiones. Fue enterrado en la iglesia de iglesia de Santa María de Montserrat de los Españole en Roma hasta la repatriación de sus restos a España  el 19 de enero de 1980. A su muerte sólo le restaban 18 millones de euros; en diez años había gastado más de 30.

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