El general Patton en Pingüinos en París

El general Patton es uno de los personajes que aparecen en mi novela Pingüinos en París (Bajo dos tricolores). El carismático personaje vivirá en el libro sus triunfos africanos, el desembarco de Sicilia y su ostracismo en la isla por orden de su amigo y jefe Dwight D. Eisenhower.  Mientras tanto el general… dirigía la invasión aliada de la Italia continental.

No obstante, Patton tuvo de nuevo su oportunidad en el asalto a Europa, pese a no intervenir en el desembarco de Normandía.  Dirigió a sus tropas hasta llegar al mismo corazón de Babiera y Checoslovaquia llegando hasta Pilsen con intención de llegar a Praga antes que los rusos. Sin embargo,  recibió la orden directa de Eisenhower de detenerse.  Sus soflamas anticomunistas y su deseo de continuar la guerra contra los aliados de la U.R.S.S., le convirtieron en un militar incómodo y políticamente incorrecto.

Murió el 21 de diciembre de 1945 víctima de un extraño accidente de circulación a los pocos meses de acabar la guerra. Según algunas versiones, su Cadillac fue embestido por un camión que se dio a la fuga – cosa muy improbable porque está comprobado que fue un camión militar de las tropas de ocupación – y que la ambulancia en la que trasladaban a Patton fue a su vez embestida por otro vehículo. Otras versiones aseguran que después del aparatoso accidente los ocupantes del vehículo  y el general apenas sufrieron rasguños.  y que fue un francotirador quien hirió a Patton en el cuello – herida que no aparece en su informe médico  y sí la de la cabeza-, pero que durante su recuperación murió en el hospital. Algunos autores, como el historiador y escritor Robert Wilcox, confiesan haber hablado con Douglas Bazata el francotirador en cuestión, quien aseguraba haber obrado por orden de la OSS antecesora de la CIA, pero otros lo desmienten. También existe la teoría de un atentado de los soviéticos.

Ante tantas teorías conspirativas, la respuesta puede ser la más sencilla: un accidente automovilístico con un camión conducido por el sargento Thomson. El ingreso en el hospital Heildelberg Center con una herida en la cabeza y la muerte del general por complicaciones hospitalarias.

 

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George Smith Patton, Jr.  Nació en San Gabriel, California el 11 de noviembre de  1885 y falleció en Heidelberg, Alemania el 21 de diciembre de 1945. General norteamericano famoso por su fuerte carácter y por considerar los carros de combate el arma más importante de las tropas de asalto. Mandó unidades blindadas en los combates de África del Norte; durante la invasión de Sicilia ; y en el frente europeo. Entre el Cuerpo de Ejército bajo su mando se encontraba la División Leclrec y por ende La Nueve.

A la mañana siguiente, los soldados del 180 estaban deseosos de entrar en combate. Compton se dirigió de nuevo a su compañía. “Recordad las palabras del general” – dijo refiriéndose a lo predicado por George Patton antes del comienzo de la invasión: “Cuando un fascista o un nazi se rindan apuntad entre la cuarta y quinta costilla y disparad.”

Patton había ganado la carrera de Mesina, la 3ª División de Infantería americana entró en la ciudad cuando de su puerto partían las últimas embarcaciones de hombres y material para la Italia continental. Fue una victoria completa, aunque pírrica.  Más de 100.000 hombres y 10.000 vehículos de las tropas del Eje habían pasado el estrecho. Eisenhower no quedó demasiado satisfecho con la actuación del general George Smith Patton en la campaña, sobre todo cuando llegaron a sus oídos ciertos abusos del viejo “sangre y agallas” a sus propios hombres y la masacre cometida en Biscari por del capitán Compton a la que se unía otra escabechina realizada en el mismo lugar por el sargento Horace West. Ambas, promovidas por las arengas y la soberbia de Patton. “Dadles en el hígado. Nos reconocerán como matadores, y los matadores son inmortales”, repetía a sus hombres.

 Así que el general en jefe de las fuerzas aliadas, Eisenhower, a pesar de ser su amigo, decidió bajarle un poco los humos y dejar a su exaltado general en Sicilia y relevarle del mando del VII Ejército en las vísperas de la invasión del continente por las tropas angloamericanas. Patton recibió la noticia en uno de sus períodos de inestabilidad emocional y pidió a su estado mayor que localizara un lugar donde aislarse mientras le retenían en Sicilia. Uno de sus coroneles le sugirió el nombre de un pueblecito de la Ragusa donde había sido muy bien acogido. 

Extractos de Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)

 

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Patton en GELA (Sicilia) julio 1943

Patton

Patton se incorporó para brindar, estaba un tanto chispeado por el vino y deseoso de impresionar a su anfitriona. Ella lo contemplaba sobrecogida, era consciente de que a sus cincuenta y tres años ya no era una jovencita y, a pesar de ello, todavía sabía sacar provecho a su belleza y elegancia. Se dijo a sí misma que aquel hombretón con pinta de vaquero de película de Hollywood, de cabeza cónica, mirada penetrante y aspecto de ricachón californiano podía ser un buen compañero de juegos.

– Por la conquista de Europa – brindó Patton alzando su copa.

-Y por la libertad – añadió Alfonso en inglés.

Patton le miró condescendiente y se limitó a gustar de nuevo el vino Nero d,Avola de la cercana Siracusa.

-Tengo entendido que es usted… socialista.

-Sí mi general.

-¿Tienen mucho que ver con los comunistas?

-Son de la misma cepa. Aunque de aromas distintos.

-Ya – dijo Patton dando un trago y tomando asiento…

Extractos de Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)

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Fotografía de Patton con el general Bradley  de William Alexander Scott III. Ohrdruf, [Thuringia] Alemania,  12 abril de 1945

 

Aquella noche descubrieron afinidades políticas entre el general y don Cornelio y ciertas inclinaciones emotivas entre doña Desiderata y su invitado. No había transcurrido una semana cuando el general de la moderna caballería blindada pudo cabalgar sobre el todavía lozano cuerpo de su anfitriona y contarle sus aventuras, desde sus correrías por Méjico, en las que había matado a Julio Cárdenas, un general de Villa, a su quinto puesto en el pentatlón moderno de las Olimpiadas de Estocolmo.

En realidad gané yo. Aquellos jueces no vieron que no había fallado mi segundo tiro, sino que la bala se había colado por el mismo agujero que la primera – repetía con orgullo.

-Querido, a mí no me importa nada que dispares dos veces al mismo agujero – le decía Desiderata.

Extracto de Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)

 

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Patton contra Mas Latrie de Francia en los juegos Olímpicos de 1912 Photo: IOC

 

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Entierro de Patton

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Con su famoso Colt al cinto.

LA NUEVE EN EL CINE

A pesar del olvido de tantos años y las reivindicaciones de estos últimos, existen multitud de pruebas de la llegada de La Nueve al París ocupado la tarde del 24 de agosto de 1944.

En la página de esta web LA NUEVE en el cine podéis encontrar unos cuantos reportajes cinematográficos en el que aparecen los vehículos de La Nueve. Como algunos de los vídeos son largos, he puesto el minuto y segundo en el que aparecen. Disfrutad.

 

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Lili Marleen, una canción de Pingüinos en París

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Muchas de las canciones que aparecen en mi novela las podéis escuchar pinchando en:  https://pinguinosenparis.com/canciones/

Sin embargo, hoy quiero destacar una de ellas: Lili Marleen. Una canción que fue bien recibida en las trincheras de unos y de otros. Ojalá, algún día, la música sustituya a la guerra. Aquí la podéis escuchar en todas las versiones y tiempos.

Mientras tanto, como una promesa de que los pueblos podrán entenderse mejor con la música que con la guerra, una canción escrita durante la Gran Guerra y  basada en el poema “La canción de un joven soldado de guardia” del alemán Hans Leib,  armonizada por Norbet Schultze, se estaba popularizando en el frente africano entre las tropas del Afrika Corps. A través de las ondas de radio Belgrado, diariamente a las 21.57, recorría trincheras y frentes, salvando la barrera de los idiomas, las patrias y las necedades, contando simplemente la historia de amor de un hombre y una mujer. Lili Marleen, sería el canto de paz de millones de combatientes de una u otra bandera. La radio había hecho un nuevo milagro.

Fragmento de Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)

 

La historia de la canción gracias a un  magnífico montaje de Vintage Music.

 

La versión más famosa la de Marlene; sin embargo, ella la cantó después de la guerra. A continuación podéis escuchar la canción en las voces y versiones que llegaron a los campos de batalla.

 

Versión alemana 1939

 

 

Versión inglesa de Vera Lynn 1944

 

Versión italiana de Carlo Buti de 1943

 

Versión francesa de  Suzy Solidor 1941. Escuchad la voz de Suzy, cantante, escritora y modelo de famosos pintores.

 

En ruso por Natalia Shmidt

 

Versión húngara

Con subtítulos en español

Otras versiones poco conocidas  o distintas.

 

Versión: Nina Hagen & Nana Mouskouri

 

La versión más salvaje: la de Interterror

 

La de Hanna Schygulla

 

De la película de Fassbinder, espectacular escena de Hanna Schygulla.  Un resumen del espíritu de la canción. La guerra paraba unos minutos para escuchar Lili Marleen.

Orquestada por el trompetista inglés Eddie Calvert

 

Cantada por coro: Coro Von St. Helena y Orquesta Arno Flor.

 

Cantada por un buen coro que no he podido averiguar su nombre.

 

Orquestada.  James Last – Lili Marleen
del albúm:  (Jahrhundert Melodien (Melodies Of The Century)) 1982

 

Por Amanda Lear

 

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LA NUEVE: Los famosos half-track de La Nueve.

 

 

LA NUEVE: LOS HALF -TRACK

 

Cuento en mi novela que:

Los half- track era unos vehículos del tipo semioruga. Es decir, un todoterreno con ruedas  convencionales, instaladas en la parte delantera para la dirección y con orugas, tipo carro de combate, en la parte trasera para la tracción. Esta combinación le hacía muy operativo y capaz de  soportar mucha carga, tanto de hombres, de pertrechos, o remolcando piezas de artillería .

Para 1940, el half-track había sido estandarizado en el ejército norteamericano como vehículo para la infantería mecanizada. La 2ªDB, Segunda División Blindada de la Francia Libre, conocida como La División Leclerc,  fue dotada de semiorugas M2 y M3. Su novena compañía: La Nueve, bautizó a sus vehículos con nombres españoles.  A continuación podéis  ver algunos de ellos:

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De Gaulle pasando revista a los half – track de La Nueve, antes del desfile del 26 de agosto de 1944.

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El Almiral Buiza, bautizado con el nombre del último almirante republicano.

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El Brunete.

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El Don Quijote (Don Quichotte) con su tripulación y otros miembros de La Nueve.

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El Ebro.

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El Cap Serrat

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El Madrid, con Ramón Gualda

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El Guadalajara, con su tripulación en el Bois de Boulogne

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El “Los Cosacos” (Les Cosaques) en Estrasburgo

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El España Cañí, rebautizado como Libération

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El Guernica

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El Los Pingüinos (Les Pingouins)

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El Santander

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El Teruel

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El Nous Voilà

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Imágenes del desfile del día 26-8-1944

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El “Almiral Buiza” maqueado como “Teruel”. Los Half track llevaban el nombre en la parte delantera. La banderas es la española republicana. Desfile del 26-8-1944

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Desfile del 26-8-1944

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Cap Serrat

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Preparación del desfile.

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El Resistance en la plaza del Ayuntamiento el 24-8-1944

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Domingo Baños en el Guadalajara

 

Liberación de Estrasburgo 24 de noviembre de 1944. La Nueve

El día 23 de noviembre de 1944 la 2ªDB, La División del general Leclerc liberaba la ciudad de Estrasburgo y con ella La Nueve.

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Philippe Leclerc de Hautecloque  fue designado comandante de las Fuerzas  Francesas de Liberaciónen del Chad,  en enero de 1941 y poco después, el 1 de marzo de 1944 tomaba  Koufra a  los fascistas  italianos. Al día siguiente Leclerc hizo jurar a sus hombres,  en su mayoría por tropas indígenas, que tomarían Estrasburgo.

…Juramos no abandonar las armas hasta que nuestros colores, nuestros bellos colores, ondeen  sobre la Catedral de Estrasburgo.  Dijo Leclerc

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Foto: El Litoralcom.ar

La decisión de dar el mando a Leclerc de la Segunda División Blindada no tuvo opositores. Aquel joven militar, capaz de sacar lo mejor de sus tropas, debía de aglutinar fuerzas para dotar a su división de los mejores hombres. En esta ocasión, no podía contar con sus soldados del Chad que le habían acompañado en todas las campañas desde Gatroun a  Kufra y dónde les hizo jurar que no abandonarían las armas hasta que la bandera francesa ondeara en Estrasburgo. Curiosa situación la de aquellos hombres de color, de etnias y de religiones distintas, jurando recuperar una ciudad de la que ni siquiera conocían su emplazamiento, entusiasmados  por la arenga de un joven oficial que apenas contaba cuarenta años, de aspecto frágil, ademanes enérgicos y  ascendencia aristocrática. Ahora, aquellos soldados que habían combatido ferozmente a su lado eran enviados a sus casas y a sus aldeas. Pero antes fueron obligados a devolver sus armas y sus nuevos uniformes, con lo que tuvieron que regresar con los viejos, desgarrados y mendicantes.

Párrafo de Pingüinos en París

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Leclerc recurrió a los valientes republicanos españoles para que fueran la base de su división. La primera incorporación había sido la del francés Joseph Putz, un héroe de la Primera Guerra Mundial y combatiente en la Guerra Civil española, donde había comandado fuerzas de las Brigadas Internacionales y que conocía muy bien el valor de los españoles. El sistema de reclutamiento empleado por Putz tuvo poco de ortodoxo: fue convenciendo a los españoles de los Cuerpos Francos y de la Legión Extranjera para que se incorporaran a la nueva división, en concreto a su batallón adscrito al III Regimiento de Marcha del Chat. Para promover este enganche contaba con uno de los capitanes más prestigiosos de la Legión Extranjera, Miguel Buiza. Así que fueron captando a cuantos españoles pudieron. Muchos combatientes republicanos desertaron de sus otros destinos para ser incluidos en la 2ªDB, incluso cambiaron de nombre y falsificaron su documentación. Otro de los colaboradores de Putz en las tareas de reclutamiento fue Miguel Campos, un canario de rostro ovalado y frente despejada, carácter introvertido, valiente y audaz; su brillante dialéctica era capaz de convencer a cualquiera y su mayor obsesión consistía en regresar a España para proseguir la guerra contra Franco. Miguel se dedicó a visitar a sus compatriotas de otros batallones para incorporarlos al de Putz. Convenció a cientos de ellos. Pronto el batallón fue conocido como el “Batallón Hispano o el de los Pingüinos”.

Extracto de Pingüinos en París

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El Brunete en Alsalcia

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Sherman de la División  Leclerc en Badonviller,  Wikipedia

En octubre de 1944, la 2DB atraviesa el Mosela,  El “sous-groupement” del teniente coronel La Horie se instala en Xaffevillers, dentro del regimiento, La Nueve, será una de las compañías más combativas. En estos ataques La Nueve tendrá las bajas siguientes.

  • 12 / 09 / 1944, MORILLAS Manuel, Sergento-Jefe. muerto en Andelot
  • 13 / 09 / 1944, ALMENDRO Antonio, soldado de primera, muerto en Hymont
  • 15 / 09 / 1944, DIEZ José, Sergento, muerto en  Châtel-sur-Moselle
  • 16 / 09 / 1944, BENITEZ Bernado, doldado, muerto en Châtel-sur-Moselle
  • 16 / 09 / 1944, CAÑERO Juan, Cabo, muerto en Châtel-sur-Moselle
  • 14 / 10 / 1944, VÁZQUEZ Alicio, soldado, muerto en Ménarmont
  • 14 / 10 / 1944, RAMON-FABREGAS (David Estartit), Sergento-jefe, muerto en Ménarmont
  • 31 / 10 / 1944, LECHADO Francisco, soldado, muerto en Pettonville.

  Una pieza clave de la línea defensiva alemana  es Baccarat, en la Lorena, y a menos de cien kilómetros de  Estrasburgo. Leclerc envía a La Horie y asus hombres a tomar  Badonviller, por el norte. La Nueve, mandada por Amado Granell – Dronne  está ausente – será la infantería mecanizada que romperá las primeras resistencia alemanas. La toma del pueblo de Badonviller tiene que hacerse casa por casa. Durante estos combates perderán la vida los siguientes componentes de La Nueve:

  • 01 / 11 / 1944, MESTRAS-PERÉZ Mateo, soldado de primera, muerto en Hablainville
  • 01 / 11 / 1944, CARIÑO Antonio, Sargento,  muerto en Vacqueville
  • 01 / 11 / 1944, GONZÁLEZ  Augustín, soldado de primera, muerto en  Vacqueville.
  • 11 / 11 / 1944, PEREA Julian, soldado, muerto en Vacqueville.
  • 16 / 11 / 1944, BOTCAZON Roger, soldado, muerto en Badonviller
  • 16 / 11 / 1944, BULLOSA Manuel, sargento, muerto en Badonviller
  • 16 / 11 / 1944, CASTILLO Pedro, soldado, muerto en  Badonviller
  • 16 / 11 / 1944, DUROS Jean, Sergento, muerto en Badonviller
  • 16 / 11 / 1944, MARTÍNEZ Antonio, soldado, muerto en  Badonviller
  • 16 / 11 / 1944, LÓPEZ-SÁNCHEZ Nicolás, soldado,  muerto en Badonviller
  • 17 / 11 / 1944, BONGARD Auguste, soldado, muerto en Badonviller
  • 17 / 11 / 1944, LAFUENTE José, Sergento, muerto en Badonviller
  • 18 / 11 / 1944, KRON Francis, Subteniente,  muerto en Badonviller

También falleció en el ataque el comandante de la unidad el teniente coronel La Horie, entre otros muchos.

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Memorial de La Horie en  Badonviller, wikipedia:

El 20 de noviembre Putz visita a La Nueve y felicita a sus hombres por su coraje en Badonviller. Granell está extenuado. El día 22 abandona definitivamente La Nueve.

Estrasburo es liberado  el 23 de noviembre de 1944

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Foto de AP PHOTO. Half -track  de la 2DB en la ciudad de Estrasburgo.

 

 

La noche de los cristales rotos (Kristallnacht) en Pingüinos en París

La noche del 9 al 10 de noviembre de 1938 se recuerda como La noche de los cristales rotos o  Kristallnacht. Fueron  una serie de asaltos y ataques combinados en Alemania y Austria  llevados a cabo contra ciudadanos judíos y negocios de propiedad judía, incluida la quema de Sinagogas, por las Tropas de Asalto  de las SA, apoyadas por parte de la población civil. Los hechos se relatan en la novela y también la excusa para tales atropellos, que fue la del asesinato de un diplomático alemán tal día como mañana 7 de noviembre ( en 1838).  Ernst vom Rath era el secretario de la embajada alemana en París  y su asesino  un joven judío polaco de origen alemán llamado Herschel Grynszpan. En la novela podréis encontrar esta historia, incluido  qué paso con Herschel Grynszpan después de los hechos.

 

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Miles de nazis se lanzaron a la calle en una reacción supuestamente espontánea contra el suceso de París. Aquella fue la “Noche de los cristales rotos” o Kristallnacht. Las calles de Berlín se cubrieron de una alfombra de vidrios rotos que chispeaban bajo la luz de las antorchas, y las sinagogas de varias ciudades ardieron con el fuego purificador de los intolerantes. El “mártir”, como ya llamaban los alemanes a Ernst vom Rath, había sido vengado. Europa consentía a Hitler sus atrocidades, muy pronto lo pagaría.

Fragmento de Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)

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El diplomático alemán Ernst vom Rath

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Herschel Grynszpan

 

Transcurridos varios días, Herschel aún no tenía noticias de Ernst. Ni siquiera le había llamado. Fue a verle a la embajada. El alemán lo llevó a una terraza cercana.

– Por Dios Herschel, me comprometes. No sabes cómo están las cosas… soy miembro del partido.

– Ya, si saben que te acuestas con un judío, se acabó tu carrera política.

– Así es, no quiero… no puedo verte más, Herschel. Olvídame.

El joven polaco se marchó. Todo su mundo se había venido abajo. No sabía si le dolía más la situación de su familia o la actitud cobarde de Ernst.  Ya en casa de sus tíos, escribió una carta para sus padres:

Queridos padres, no puedo hacer otra cosa. Que Dios me perdone. Mi corazón sangra cuando oigo hablar de la tragedia de 17.000 judíos. Debo protestar para que el mundo entero me escuche…  Perdónenme. Herschel

  A la mañana siguiente salió de casa antes de las nueve, compró un revólver y munición por algo más de doscientos francos y se dirigió a la embajada alemana. Ernst vom Rath le recibió visiblemente furioso.

– Ya te dije que no quería verte más.

Herschel sacó el revólver de su gabardina.

– Solamente eres un sucio boche – dijo y disparó cinco tiros, tres de ellos dieron en el abdomen del alemán; la cristalera que quedaba a su espalda saltó hecha pedazos.

Herschel se quedó allí plantado, sin soltar el arma y viendo cómo Ernst se retorcía de dolor. Así le encontró la policía. No opuso ninguna resistencia cuando le arrestaron. Inmediatamente fue enviado a la cárcel juvenil de Fresnes, cercana a París. Una ambulancia trasladó al diplomático alemán al hospital…

Fragmento de Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)

Lili Marleen, una de las canciones que aparecen en Pingüinos en París

Un símbolo de la II Guerra Mundial fue la canción Lili Marleen. En la novela se explica el momento en que la canción pasa a ser patrimonio de todos los combatientes. De uno y otro bando. Su interprete ideal fue la actriz Marlene Dietrich.

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Mientras tanto, como una promesa de que los pueblos podrán entenderse mejor con la música que con la guerra, una canción escrita durante la Gran Guerra y  basada en el poema “La canción de un joven soldado de guardia” del alemán Hans Leib,  armonizada por Norbet Schultze, se estaba popularizando en el frente africano entre las tropas del Afrika Corps. A través de las ondas, diariamente a las 21.57, recorría trincheras y frentes, salvando la barrera de los idiomas, las patrias y las necedades, contando simplemente la historia de amor de un hombre y una mujer. Lili Marleen, sería el canto de paz de millones de combatientes de una u otra bandera. La radio había hecho un nuevo milagro.

Fragmento de Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)

Con un de los mejores subtítulos en español que he encontrado.

 

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Luise Rainer, ganadora de dos Oscar, en Pingüinos en París

Luise Rainer, ganadora de dos Oscar es otro de los personajes que aparecen en la novela. Aquí os dejo algo de su historia y algún párrafo de sus apariciones en el libro.

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Haceros seguidores de esta página pulsando en el recuadro correspondiente. Sabréis mucho sobre la novela y sus personajes.

Luise Rainer fue una estrella del cine y del teatro nacionalizada en Estados Unidos pero nacida el 12 de enero de 1910 en Düsseldorf (Alemania). En 1935 se mudó a Hollywood por  temor a su ascendencia judía. Su primera película en el cine americano fue en Escapade. En sus  dos películas siguientes ganó sendos Oscar consecutivos. El primero de ellos por El gran Ziegfeld (1936) donde interpretaba a  Anna Held y el segundo por La buena tierra (1937), donde interpretaba a la resignada campesina O-Lan. Fue una entusiasta defensora de la República Española, recogiendo fondos  para ayudar a los niños españoles. Falleció en Londres el 30 de diciembre de 2014.

 

 

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En una de las mesas del Biltmore Hotel, Louis B. Mayer todavía confiaba en que la Metro se llevaría alguna de las estatuillas. Hubiera querido que Luise estuviese allí, no consideraría ninguna vergüenza que su pupila fuese derrotada por la Lombard, además confiaba en que El Gran Ziegfeld obtuviera el premio a la mejor película. Comentaba nerviosamente con su esposa Margaret Shenberg y con el jefe de publicidad de la MGM, Howard Strickling, los pormenores de la velada. Desde el improvisado escenario, el maestro de ceremonias George Jessel iba anunciando los premios. Al llegar al de mejor actriz pidió a Bette Davis, vencedora el año anterior, que hiciera la entrega de la estatuilla a la nueva ganadora. El nombre de Luise Rainer sonó fuerte y potente en toda la sala. Mayer pegó un brinco y ordenó a Howard que saliera pitando para traerse a Luise a la ceremonia, mientras rogaba a Jessel que continuara con el resto de los premiados hasta que llegara su actriz.

Fragmento de “Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)”

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Su boda en 1945

Nicoletta Cervi trató de imaginar el rostro de su amiga: sereno y sonriente a la par, dos cualidades que la habían convertido en su día en una gran estrella del teatro y del celuloide. Notó la impaciencia de su interlocutora a través del auricular y prosiguió con la narración para que su amiga no perdiera detalle.

        –     Están formadas varias unidades del ejército y la banda de L’Armée interpreta una nueva pieza. Espera, ahora llega Anne Hidalgo, ¿recuerdas que te hablé de ella?

          –   Imagino lo orgullosa que se sentirá. ¿Y nuestra bandera?

          –   Sí, Luise, ondea junto a la francesa como en los dos años anteriores, hay estandartes de regimientos franceses y de asociaciones de combatientes…

Escuchó gemir al otro lado del teléfono. – No llores Luise, es todo muy bonito.

            –  Perdona Nicoletta, cuando superas la centena cada vez cuesta más retener las lágrimas… de alegría. Me viene a la memoria una frase de aquel director sueco…  

            –  ¿Ingmar Bergman?

            –  El mismo. Solía decir poco más o menos que envejecer es como escalar una gran montaña: mientras se sube las fuerzas disminuyen, pero la mirada es más libre y la vista más amplia y serena.

Fragmento de “Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)”

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Segundo Oscar

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Primer Oscar

 

Aquel año habían sido nominadas para mejor actriz una pléyade de estrellas hollywoodienses que eclipsaban a las celestiales, entre ellas Carole Lombard por su interpretación en la película Al servicio de las damas. Algunos medios de comunicación pronosticaban su triunfo; iba a conseguir su primer trofeo de la Academia. En el salón del Biltmore Hotel de Los Ángeles, todos los invitados estaban pendientes de la actriz. Su papel en el film merecía muchos menos elogios que su imagen encantadora y radiante que había conseguido cautivar al mismísimo Clark Gable, desde que habían coincidido en el rodaje de Casada por azar.   

En su casa, Luise Rainer, observaba a lo lejos las luces del Pueblo de Nuestra Señora la Reina de los Ángeles del río Porciúncula, como la bautizaron sus fundadores españoles, y a la que ahora todo el mundo conocía como Los Ángeles. Imaginaba la Grand Avenue repleta de un público enfervorizado y a los invitados al acto impacientes por conocer a los ganadores. Su jefe Louis B. Mayer había insistido hasta la saciedad para que asistiera a la entrega de premios, no en balde ella también estaba nominada a la mejor actriz por El Gran Ziegfeld. Sin embargo, convencida de que el premio recaería en Carole, prefería disfrutar de una velada tranquila con su esposo Clifford. Sus certidumbres tenían una base sólida, pese a estar muy satisfecha con su papel. Era, tan solo, su segunda película, el primer musical, y la Lombard una rutilante estrella con docena y media de exitosas películas en su haber y convertida en protagonista de La reina de Nueva York.  Sabía que Hollywood era un mundo difícil y ella apenas hacía dos años que había aterrizado en los Estados Unidos. Por otra parte, era conocida por su apoyo a la causa republicana española y el mundo del cine desconfiaba de su ascendencia alemana. Un coctel demasiado explosivo para ser saboreado sin atragantarse por el público americano, complaciente con divorcios, infidelidades y escándalos, pero poco indulgente con los temas políticos y las ideas progresistas.  

Fragmento de “Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)”

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La famosa foto que le hizo Capa frente L’Opera  Garnier de París

Les propuso acompañarle a un reportaje fotográfico para Luise Rainer, una estrella de Hollywood, alemana y judía como Gerda, ahora residente en los Estados Unidos donde había ganado dos Oscar en los años 1936 y 1937. Ellos aceptaron gustosos la invitación, conocían la fama de Luise como ferviente defensora de la República Española y que gracias a su ayuda Joris Ivens había podido rodar en el 37, Spanish Earth, un documental sobre la guerra española y que costó una discusión entre sus dos guionistas John Dos Passos y Ernest Hemingway, quien, además, prestaría su voz como narrador.

Fragmento de “Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)”

 

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Frente a su estrella en el Paseo de la Fama de Los Ángeles.

 

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Con Albert Einsten

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Con otras estrellas

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Con Charlie Chaplin

 

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Robert Capa en Pingüinos en París (Bajo dos tricolores) II

En esta segunda parte están las fotos de Capa en la Segunda Guerra Mundial de momentos que parecen en la novela.

Hoy, 22 de octubre, se cumplen 103 años del nacimiento de  Robert Capa, un genio fotográfico y uno de los mejores fotoreporteros  de la historia. Él es uno de los personajes de mi novela “Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)”. Os dejo algunas de sus apariciones en el libro y  las fotos de referencia.

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Capa viajando a Liverpool. Foto Magnum

Su buque arribó al puerto de Halifax, en Nueva Escocia, donde permanecieron atracados hasta el día siguiente para formar parte del convoy protegido de veinticuatro buques de distintas nacionalidades con destino a Europa. Aquella noche de espera fue aprovechada por Capa para recorrer una docena de barcos y catar  los licores de cada nacionalidad. La travesía fue pródiga en fotos, cada detalle, cada estela de mar abierta por el convoy y cada atardecer reflejado en barcos y en hombres fue atrapado para narrar su regreso a Europa. También pasaron sustos y miedos durante el trayecto, los submarinos alemanes, como tiburones hambrientos, les acosaron durante el peligroso y largo viaje a Liverpool, aunque sin llegar a atacarles.

Párrafo de Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)

 

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No hizo falta anunciarles que sobrevolaban sobre Sicilia. Las explosiones de las baterías italianas y alemanas producían destellos de verbena que iluminaban el interior del avión y recortaban el semblante de los soldados pintándoles contraluces en el rostro. Una explosión sacudió al aparato en forma de malavenida. El piloto giró los mandos al divisar la costa siciliana. Pese a las explosiones y a las sacudidas nadie comentaba nada. En el interior de la nave todo era silencio, tan solo roto por los flashes de la Leica de Capa. Algunos comenzaron a vomitar, un olor a agrio se extendió por el avión…

Párrafo de Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)

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Foto Robert Capa

Robert Capa había pasado toda la noche colgando de aquel árbol en un bosque de no sabía dónde. Le dolían los hombros de soportar su propio peso sujeto a las correas del paracaídas. Se decía a sí mismo que no estaba asustado y que alguno de sus compañeros de salto vendría a por él; se escuchaban cañonazos y disparos lejanos y eso le tranquilizaba porque era una clara señal de que no combatían en las inmediaciones. A pesar de todo, no se atrevía a pedir ayuda por si era escuchado por el enemigo o mal interpretado por los amigos ya que su inglés no era demasiado bueno y su acento demasiado oriental.

Párrafo de Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)

 

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Foto de Capa (Sperlinga, Sicilia)

Robert Capa observó los dedos moteados y arrugados del anciano señalando sobre el mapa el camino a seguir y el encuadre fotográfico de su cara arrugada, llena de pliegues y viejas sonrisas. Su Leica inmortalizó aquel rostro y aquella vestimenta campesina de pantalón holgado y cordel al cinto. El pequeño grupo reanudó su marcha camino de una colina rocosa que guardaba la carretera que conducía a Gangi.

 Párrafo de Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)

 

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Robert sintió un miedo insuperable y corrió hacia la barcaza que iniciaba su derrota hacia el buque nodriza, tomó la última foto de aquel día desde la cubierta de la nave salvadora. La silueta del Chase se recortó en el horizonte. Hacía tan solo seis horas que partiera del buque y un mundo de sensaciones habían transcurrido en el espacio de tiempo que dura una excursión campestre. Al llegar a la nave se cruzó con la última oleada de infantería de la 16 que embarcaba en ese momento; la cubierta del buque estaba ya llena de heridos, barrida de lamentos, de sollozos y de bolsas blancas con los restos de lo que apenas horas antes habían sido jóvenes cargados de vida y de esperanza. Del bolsillo de uno de ellos que estaba siendo embolsado asomaba un juego de naipes. El muchacho había perdido su partida más importante.

Párrafo de Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)

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Fotos de Robert Capa del día D, excepto la última en la que aparece con cigarrillo en la boca. Todas de MAGNUM PHOTOS- Collection Capa

Superó su miedo e hizo más fotos a pesar de la poca luz y de las columnas de humo. Todo era un caos, los infantes permanecían aplastados contra el sábulo, algunos muertos o heridos; otros, atemorizados. Terminó el primer rollo de la Contax, estaba entumecido, las manos le temblaban, la ropa mojada le helaba las piernas; recordó que había abandonado su flamante Burberrys en la barcaza. Cambió de refugio y se parapetó detrás de un vehículo anfibio al que las llamas habían consumido y puso nueva película.

Párrafo de Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)

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Foto de Jack Lieb, julio1944

 Tomaron fotos con la famosa abadía al fondo, incluso rodaron un cortometraje. Allí coincidieron con un grupo de amigos de Ernest, como Bill Walton o Maurice Chevalier y su esposa. Maurice trataba de recuperar su prestigio, un tanto marchito a causa de sus actuaciones para los ocupantes alemanes, y que el público francés perdonaría pronto a su chansonnier favorito. Decidieron comer todos juntos en el restaurante del hotel de Mere Poularde, en pleno centro de Mont Saint-Michel, probar sus exquisitas tortillas y disfrutar de aquellas mini vacaciones. A pesar del penoso accidente en Inglaterra, Hemingway se sentía contento. Francia empezaba a ser una fiesta.

Párrafo de Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)

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La rapada de Chartreuse de Robert Capa

El padre la esperaba con un hatillo de ropa. Simone empezó a caminar, sujetando muy fuerte a su bebé. La gente se fue arremolinando a su alrededor, al llegar a la calle del Cheval Blanc la rodeaban y la seguían más de un centenar de personas. Encabezaba la comitiva su padre George Touseau, cabizbajo, con el hatillo en la mano izquierda y el rostro adusto; un pobre ignorante votante de extrema derecha y filonazi. La muchedumbre iba cercando a la desgraciada riendo e increpándola; los pequeños, imitando a sus mayores, se burlaban de ella. A Simone solamente le preocupaba su bebé que dormía el sueño de los inocentes en brazos de su madre. Capa se adelantó unos metros y esperó en el centro de la rue du Cheval Blanc la llegada de aquella iconoclasta procesión…

Párrafo de Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)

 

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Ya en su habitación, Capa hizo una recapitulación de lo acontecido. Trató de recordar los nombres de los blindados que habían entrado los primeros en París como le habían contado sus amigos. Solo pudo acordarse de un nombre: el Teruel. ¡Y qué diablos es el Teruel!, pensó. Imaginó uno de los Sherman y su enorme ilusión transformó los hechos para siempre. Él había entrado de los primeros en París a bordo de un Sherman de la Segunda División Blindada de nombre Teruel… y se durmió pensando en Gerda.

 Párrafo de Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)

 

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Fotos de Capa para Life y otras revistas

La escolta se puso en marcha. Desfilaron entre vivas y ovaciones de los ciudadanos y de los resistentes de las FFI convertidos en activos espectadores. Los cantos de la Marsellesa repetían: “Libertad, libertad querida…”, y los feroces soldados de La Nueve marchaban por la Avenida de los Campos Elíseos. Los días de gloria habían llegado. Entre el público alguien desplegó una bandera republicana española de veinte metros. La emoción recorrió la médula espinal de aquellos hombres. “¡París, Berlín, Barcelona… Madrid!”, empezaron a gritar. Era la esperanza de los hijos de otra patria, lejos de sus casas, con el solo deseo de volver y echar al dictador de sangre impura. Los Guernica, Teruel, Guadalajara, Madrid, Ebro o España Cañí no pedían venganza sino justicia. Capa iba captando instantáneas de la emoción popular, de las caras de alegría y los rostros de felicidad. Disparaba y disparaba la Contax, que tanto había visto por su obturador y que, sin embargo, seguía asombrándose del poder de expresión de los humanos, capaces de dibujar en sus miradas el estado de sus almas. Fotos de De Gaulle sonriendo a una multitud enfervorizada, de paisanos entusiasmados, de gendarmes impotentes para contener a la gente, de mujeres jóvenes y no tan jóvenes, encaramándose a los vehículos para besar a los soldados. No era el único, docenas de fotoreporteros dejaron constancia del paso de los vehículos de La Nueve bajo el Arco del Triunfo.

Párrafo de Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)

 

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De repente sonaron unos disparos, la multitud se lanzó al suelo atemorizada. Capa hizo unas cuantas fotografías del instante, rostros de sorpresa y de temor. De Gaulle se mostraba impasible, le había costado mucho llegar allí para que unos francotiradores le aguaran  la fiesta. Varios miembros de las FFI se lanzaron a la búsqueda de los emboscados. Algunas familias con niños se refugiaron detrás de los jeeps o al amparo de los blindados, hubo unos instantes de confusión que concluyeron a los pocos minutos. Desde los half – track respondieron al fuego y los disparos cesaron…

Párrafo de Pingüinos en París (Bajo dos tricolores)

 

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Si la foto no es lo suficientemente buena, es que no te has acercado lo suficiente.

(Robert Capa)